Universidad de Verano IJM 2018

17/10/2018

Videos de mi participación en la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana de 2018:

Evolución e instituciones sociales

Familia, libertad y Estado, diálogo con Jose Ignacio del Castillo y Domingo Soriano de moderador

Inmigración, multiculturalismo e Islam, modero el diálogo con Eva Sáenz-Díez y Alberto Mingardi


El objetivismo y sus problemas (y II)

21/09/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Sectarismo

El objetivismo ha sido criticado por su sectarismo. Puede parecer absurdo que una escuela filosófica que aparentemente defiende la razón, el individualismo y la libertad, pueda ser la base de un culto. Parte del problema es que los objetivistas dicen valorar la razón pero a menudo la usan de forma incorrecta y con poca o nula capacidad crítica: creen que han encontrado la verdad fundamental, completa y definitiva, y ya no siguen buscando, revisando, corrigiendo, ampliando; sufren de sesgo de confirmación y se fijan en sus aciertos, con ejemplos favorables, y no en sus límites, en sus problemas, en los casos conflictivos (porque los desconocen o porque eligen intencionadamente ocultarlos). La rigidez dogmática de las ideas objetivistas, junto con algunos absurdos arbitrarios distintivos, las hace adecuadas para que sirvan como credo de un grupo sectario.

Los objetivistas sufren de un hiperliderazgo de una sola persona carismática y persuasiva, una líder venerada, infalible, incapaz de equivocarse, a quien consideran la persona más brillante y genial de la humanidad. Los seguidores deben mostrar lealtad y admiración al líder y a sus ideas: hay una ortodoxia, un dogma presuntamente racional sobre el que no se admiten dudas, y el que no está plenamente de acuerdo es un hereje, un enemigo, alguien a quien excomulgar. Como ideología basada en una sola persona ególatra y con escasa capacidad autocrítica, el objetivismo comparte los sesgos y miserias de su creadora.

Según el objetivismo, con grave desconocimiento de la psicología humana, las emociones son resultado de las ideas: las emociones inadecuadas son causadas por ideas incorrectas, irracionales; siendo así, las críticas y las valoraciones negativas contra el objetivismo de algún enemigo o de algún seguidor potencial con crisis de fe pueden calificarse como errores de individuos no racionales, y por lo tanto intelectualmente incompetentes, que deben ser ignorados o corregidos.

En el movimiento objetivista ha habido diversas denuncias, expulsiones, luchas por el poder, purgas y cismas. El conflicto más relevante fue con Nathaniel Branden, mano derecha y amante secreto de Ayn Rand: solo sus respectivas parejas conocían inicialmente su relación, y les habían convencido para aceptarla porque que rechazarla sería algo irracional (su forma favorita de manipulación, si tú no haces lo que yo quiero o piensas como yo pienso, entonces es que eres irracional); el hecho de que la mantuvieran en secreto quizás indicaba que se avergonzaban de ella, aunque seguramente habrían argumentado que el resto del mundo, siendo irracional, no los habría entendido y aceptado. Aunque su aventura prácticamente había terminado anteriormente, Rand rompió públicamente y de forma oficial con Branden cuando descubrió que este tenía otra amante: naturalmente racionalizó su ataque de celos con la excusa de que había traicionado al objetivismo. Leonard Peikoff fue nombrado formalmente heredero intelectual oficial.

Un ejemplo que ilustra el carácter sectario de los objetivistas es que consideraban que fumar era un signo de distinción, poder y capacidad intelectual (el control del fuego, el fuego de las ideas): como Ayn Rand fumaba y racionalizaba su adicción (o vicio), algunos la imitaban como señal de conformidad (naturalmente sin reconocer públicamente que se trataba de una señal de conformidad).

Los objetivistas han sido calificados como randroides: tal vez se deba a sus problemas para entender y gestionar las emociones, o a su frecuente falta de sentido del humor y espontaneidad.

Sobre estos temas, ver:

The Unlikeliest Cult in History, de Michael Shermer

The Sociology of the Ayn Rand Cult, Branden´s Judgment Day, y Mozart Was a Red, de Murray Rothbard

Formación y valor intelectual de Ayn Rand

Ayn Rand tenía una formación filosófica sesgada y relativamente pobre: aparte de basarse casi exclusivamente en Aristóteles y criticar de forma disparatada a otros pensadores (especialmente de forma obsesiva y ridícula a Kant), casi nunca cita o referencia directamente en profundidad y detalle a ningún autor que no sea ella misma, tal vez porque sus lecturas de fuentes primarias eran relativamente escasas y sus interpretaciones de diversos pensadores frecuentemente constituían hombres de paja fáciles de quemar pero también de refutar por ser meros eslóganes, simplificaciones absurdas o tergiversaciones. Rand se consideraba a sí misma filósofa, pero apenas tuvo relación con otros filósofos profesionales, quienes por lo general o no conocían su trabajo o lo desdeñaban. Según Rand casi toda la filosofía moderna de los últimos siglos era decadente, y no estar de acuerdo con ella y su sistema implicaba estar en contra de la vida, la mente y la realidad. Advertía contra los “metafísicos sociales” y el uso de “anticonceptos”; tenía especial manía a los “analistas lingüísticos” o estudiosos del lenguaje, tema sobre el cual ella mostraba un total desconocimiento (en ocasiones confunde significado y referencia de las palabras o significantes).

Su formación científica era muy incompleta: no sabía nada de evolución, lo que al menos tuvo la sinceridad de reconocer. Rand no propone hipótesis, ni pone en duda, ni se pregunta, ni reconoce problemas o límites con sus ideas. En sus libros frecuentemente realiza afirmaciones rotundas sin contrastación empírica ni base científica y sin ningún tipo de referencia: pueden parecer ciertas o de sentido común, pero no son resultado de la experimentación o la observación cuidadosa. Opina sin fundamento sobre las capacidades y el desarrollo cognitivo del niño y del humano primitivo, sobre cómo aprenden a conceptualizar, sobre cómo funciona la mente humana y animal (presuntamente incapaz de abstracción), sobre el consciente y el inconsciente, la razón y la emoción. Por ejemplo cree que la experiencia sensorial de un bebé es un caos indiferenciado, lo cual no es cierto: el recién nacido (incluso el embrión en fases avanzadas de la gestación) es capaz de detectar y diferenciar ciertos patrones sensoriales (imágenes, sonidos, sabores, olores); esta capacidad crece y se desarrolla, pero no es inicialmente nula porque el cerebro humano no es una tabula rasa al nacer como afirman los objetivistas. Afirma que las primeras palabras que aprende un niño denotan objetos visuales: no se pregunta cómo aprenden a hablar y conceptualizar los niños ciegos. Afirma que las capacidades matemáticas y conceptuales se desarrollan simultáneamente, y que el niño aprende a contar cuando está aprendiendo sus primeras palabras: desconoce que hay grupos humanos que hablan y conceptualizan pero apenas tienen aritmética.

Individuo y sociedad

Según Rand no se puede aprender nada del ser humano estudiando la sociedad: debe estudiarse el individuo como elemento más fundamental de la sociedad; la sociedad es útil solamente para comerciar bienes y servicios y para compartir información y conocimiento. Enfatiza tanto al individuo que no entiende por qué existe el grupo, la sociedad. Ignora la posibilidad de compartir ciertos bienes comunes (calles, plazas, parques, carreteras, infraestructuras como el alcantarillado), las relaciones no comerciales de ayuda mutua para la seguridad ante accidentes o malas rachas, y la producción y consumo de servicios comunes como la defensa.

Contra el anarcocapitalismo

Rand es muy crítica con los anarcocapitalistas, a quienes tacha de jipis irresponsables, irracionales y antisistema. Su crítica es breve, superficial y muy floja. Sus menciones al gobierno se refieren casi exclusivamente a la necesidad de un código objetivo de justicia: misma ley imperativa, conocida y predecible para todos los ciudadanos, y mismos procedimientos de resolución de conflictos; cree que la justicia privada sería arbitraria, como si no pudiera seguir principios objetivos. No especifica cuáles deben ser los contenidos detallados de esa ley objetiva o si pueden deducirse mediante la razón. Ignora los problemas legales del derecho internacional (países con leyes diferentes e incluso incompatibles), que implicarían la necesidad de un gobierno mundial para que no haya conflictos entre ciudadanos de diferentes países. Confunde la competencia violenta entre fuerzas armadas con la competencia comercial entre agencias de protección por ofrecer sus servicios en un mercado libre. Demuestra poca habilidad en lógica formal y en el manejo de los cuantificadores existencial y universal: confunde que todo conflicto deba tener un juez imparcial con que deba haber un único juez imparcial para todos los conflictos (uno de los errores inconscientes más habituales en defensa del Estado). Sobre la necesidad de cobrar impuestos para mantener al Estado, Rand ingenuamente cree que los ciudadanos racionales los pagarían voluntariamente porque entenderían su necesidad y los beneficios asociados: si esto fuera así, ni siquiera haría falta un contrato constitucional, ya que sus contenidos podrían deducirse por cualquier persona racional. No explora cómo surge históricamente el Estado ni por qué cada Estado tiene jurisdicción sobre un territorio y unos ciudadanos dados.

Definiciones y conceptos

Rand da mucha importancia a las definiciones de los términos y los conceptos como herramientas de identificación y clasificación rigurosa de las entidades a partir de rasgos comunes (el género, lo que comparten con un grupo más amplio) y diferentes (la especie, lo que separa de otros). Utiliza ejemplos didácticos simples para ilustrar sus ideas (por ejemplo una mesa como caso particular de mueble), pero realiza simplificaciones excesivas, evita ejemplos conflictivos o problemáticos (quizás porque no ha pensado en ellos), y se equivoca con algunas definiciones; al menos reconoce que las definiciones pueden cambiar con el avance del conocimiento humano.

Define al ser humano como animal racional, definición filosófica clásica, pobre por incompleta y problemática (la racionalidad no es fácil de definir, no es el único rasgo distintivo de los humanos, y los humanos también son irracionales), y además arbitraria: ¿por qué no ser vivo, o primate, o cultural, o lingüístico, o moral, o hipersocial? Define al animal como ser vivo con facultades de consciencia y locomoción: parece desconocer clasificaciones taxonómicas o cladísticas básicas de biología más allá de animales y plantas; ignora que todos los seres vivos son sistemas cibernéticos y tienen ciertas capacidades más o menos desarrolladas de percepción y comprensión de su entorno; ignora que hay seres vivos con capacidades de locomoción que no son animales (procariotas), y que hay animales sin capacidades de locomoción (esponjas, anémonas); ignora rasgos esenciales de los animales como el ser eucariotas, heterótrofos y multicelulares; cree falsamente que el ser humano es el único animal capaz de compartir información y conocimiento mediante la cultura. Define a los organismos como entidades que poseen capacidades de acción generada internamente, de crecimiento mediante el metabolismo, y de reproducción: según esta definición los seres vivos incapaces de crecer o reproducirse (estériles) no serían organismos.

Rand afirma que el proceso de formación de conceptos no está completo hasta que sus unidades constituyentes estén integradas en una sola unidad mental mediante una palabra específica: ignora que hay conceptos representados por expresiones compuestas, como justicia social, número natural, cubiertos para pescado, etc.

La estructura de su sistema conceptual es jerárquica, con conjuntos y subconjuntos anidados de forma recursiva y particiones exhaustivas: las propiedades de las entidades se van añadiendo o especificando desde lo más abstracto hacia lo más concreto, pero no cabe la posibilidad de que se combinen, modifiquen o pierdan rasgos heredados de clases superiores, lo que sucede frecuentemente en la naturaleza. Fuerza a la realidad a encajar a golpes en una clasificación simplista y cuadriculada con la cual además parece querer impresionar a sus seguidores. Las ontologías más modernas no exigen jerarquías conceptuales sino que aceptan otras estructuras, como las redes semánticas.

Rand da mucha importancia a los conceptos como producto y herramienta de la razón humana. Sin embargo el conocimiento humano no se basa solo en conceptos y sus expresiones lingüísticas (conocimiento simbólico): también es muy relevante el conocimiento subsimbólico, procedimental, tácito, no articulado (cómo hacer las cosas aun sin saber explicarlo).

Rand critica a los nominalistas (sin mencionar a ninguno) afirmando (falsamente) que estos defienden que los conceptos se forman arbitrariamente y por capricho. En el análisis de qué conceptos son necesarios y cuáles no, cuándo son necesarios nuevos conceptos, y qué entidades incluir en qué concepto cuando hay algún problema, Rand es autoritaria: basándose en una presunta economía conceptual (que para ella es obvia) afirma que los conceptos solo deben ampliarse cuando sea necesario (sin especificar para qué), y que son los filósofos los que deben velar por el rigor conceptual; ofrece varios ejemplos sencillos en los que impone su criterio particular (cisnes negros, marcianos racionales pero con aspecto de arañas), e ignora la posibilidad de que los filósofos pudieran no ponerse de acuerdo sobre el uso de los conceptos, algo que sucede con frecuencia. Su principal ejemplo para los casos límite es el de los colores y sus transiciones, un caso relativamente simple (parece que solo hay un parámetro esencial, la frecuencia o longitud de onda), pero en el cual muestra que no domina el problema de la percepción sensorial y la dependencia holística del contexto. No entiende que las palabras no tienen significados objetivos compartidos de forma universal, sino que los hablantes dan significados más o menos compartidos a las palabras en su uso práctico, y puede ser que no se pongan de acuerdo (véase por ejemplo términos éticos importantes como “libertad” o “justicia”, cómo significan cosas distintas para diferentes personas).

Rand critica a la mayoría de los seres humanos porque no son rigurosos en sus usos de los conceptos: utilizan aproximaciones vagas en lugar de definiciones precisas y claras, y a menudo hablan y no saben lo que quieren decir. Este problema existe, pero la filosofía del objetivismo, con sus errores asociados, no es la solución. Rand acusa a la gran mayoría de personas de usar palabras que “denotan sentimientos no identificados, motivos no admitidos, impulsos subconscientes, asociaciones aleatorias, sonidos memorizados, fórmulas rituales, señales de segunda mano […] son incapaces de distinguir pensamiento de emoción, cognición de evaluación, observación de imaginación, incapaces de discriminar entre existencia y consciencia, entre objeto y sujeto, incapaces de identificar el significado de cualuquier estado interior—y pasan sus vidas como prisioneros asustados dentro de sus propios cráneos, temerosos de mirar fuera a la realidad, paralizados por el misterio de su propia consciencia”. Es un discurso manipulador típicamente sectario, dirigido a que sus seguidores crean que ellos no son así, como el vulgo, sino que son especiales, valientes, conscientes, racionales.

Memética y cultura

La capacidad de copiar o imitar (junto con la capacidad de crear o innovar) es una característica esencial del ser humano y la base de la cultura, y no precisa de una racionalidad consciente o intencional. Rand solo enfatiza la creatividad y critica a los imitadores como parásitos intelectuales (o incluso ladrones) de los pensadores o artistas originales. Su defensa de la propiedad intelectual es floja y posiblemente interesada.

Amor y sexo

Rand afirma que el amor puede medirse, y cuando intenta demostrarlo lo único que hace es comparar ordinalmente unas preferencias o valoraciones con otras; no ofrece ninguna relación cuantitativa con una unidad básica de referencia, que es lo que según ella misma es una medición. Dice que el amor existe en diversos niveles (desde el gusto al afecto), de los cuales el más alto o intenso sería el amor romántico: no menciona el amor de una madre o un padre por sus hijos, e ignora que el enamoramiento del amor romántico es en realidad una adicción y no simplemente la expresión de un valor superior. Para ella la esencia de la feminidad es adorar al héroe, admirar al hombre, someterse al hombre.

Sobre la homosexualidad, Rand muestra su ignorancia sobre el tema al mencionar un ejemplo hipotético de un adolescente que se ha vuelto homosexual porque sus padres le han asustado con lo pecaminosas que son las mujeres.

Estética y valores

Las ideas estéticas de Rand son básicamente un intento de justificación de sus propias novelas y una defensa de sus preferencias particulares disfrazada de argumentación racional objetiva. Sus obras son maniqueas y con personajes de blanco y negro y de cartón piedra: buenos muy buenos y muy guapos y malos muy malos y muy feos.

Cuando habla de valores Rand no se refiere a preferencias subjetivas (que para ella serían hedonistas, arbitrarias o caprichosas), sino a valores filosóficamente objetivos, cosas buenas o malas, mejores o peores, según criterios presuntamente racionales, como por ejemplo la gran obra literaria de Víctor Hugo, muy superior en valor a una revista del corazón. Afirma que una persona racional solo disfruta una fiesta si esta es agradable, que es como no decir nada o negar la subjetividad de las valoraciones. Rand sufre la típica arrogancia del intelectual sofisticado que se cree que sus preferencias particulares por entidades más complejas y difíciles son objetivamente superiores a las preferencias vulgares de los demás; es un claro ejemplo del uso pedante del arte (su producción y su apreciación) como señal costosa de estatus intelectual, cultural y social. Según ellas los valores deben ser razonados, comprendidos: no basta con querer cosas, es necesario saber por qué uno quiere esas cosas.

Rand rechaza los bailes modernos de su época por ser histéricos, por buscar el placer en la inconsciencia (como el emborracharse): no entiende la importancia de la desinhibición, del estado de flujo, del bienestar que se puede alcanzar simplemente haciendo cosas, meditando o sintiendo sin necesidad de razonar. Su presunto uso de la razón es frecuentemente una racionalización de sus filias y fobias.

Kant

Las críticas contra Kant, a quien no cita directamente y a quien considera la cumbre del misticismo, son especialmente obsesivas y absurdas. Compara a su sistema con “un hipopótamo bailando la danza del vientre” y basado en que “el conocimiento humano no es válido porque su consciencia posee identidad”. Como la consciencia tiene una naturaleza específica y no otra, no es válida: “el hombre es ciego porque tiene ojos, sordo porque tiene oídos, engañado porque tiene mente; y las cosas que percibe no existen, porque las percibe”.

Kant no invalida el conocimiento humano sino que reconoce que es falible y procesado, e intenta compatibilizar racionalismo y empirismo: el conocimiento opera indirectamente mediante categorías innatas (espacio, tiempo, causalidad) y representaciones o modelos de la realidad (fenomenología).

Egoísmo vs. altruismo

El problema del egoísmo y el altruismo es que son términos y conceptos complejos que pueden fácilmente ser malinterpretados y que requieren explicaciones claras. También conviene especificar si son ideas descriptivas (positivas) o prescriptivas (morales, normativas). Rand entiende el altruismo como si fuera algo obligatorio, como si siempre fuera coactivo, violento, impuesto: el altruista sería alguien engañado o una víctima del parasitismo o la depredación. Llama sacrificio (autosacrificio) a la pérdida neta (intercambiar valor menor por valor mayor). Hace un hombre de paja del altruismo, como que defiende la muerte o se basa en la muerte, mientras que el egoísmo se basa en la vida. No comprende que si es posible interpretar de forma sensata y liberal el egoísmo, también puede hacerse lo mismo con el altruismo. Ignora los estudios biológicos, psicológicos y económicos acerca de la evolución de la cooperación, el altruismo recíproco, la reciprocidad indirecta y el altruismo ostentoso como señal honesta costosa de riqueza y poder que incrementa la reputación y estatus social del individuo. Que la moral deba basarse en el desarrollo humano, como Rand bien defiende, no implica que la respuesta correcta sea el egoísmo.

El objetivismo menciona el interés racional pero quizás no está claro qué es el interés y qué añade el calificativo “racional” a la idea de interés. No dice que actuar según el propio interés sea legítimo o esté permitido, sino que es obligatorio: pero si actuar de forma egoísta y por el propio interés es un deber moral, ¿cuál es el castigo por incumplir libre y voluntariamente ese deber, quién es el perjudicado por este incumplimiento y quién tiene derecho a castigarlo y exigir una compensación?

Razón y violencia

Rand rechaza y denuncia la violencia y afirma que su uso no puede ser racional: una cosa es la razón y otra incompatible la violencia. Ignora que según las circunstancias puede ser perfectamente racional (aunque ilegítimo o inmoral) para un individuo usar la violencia contra otros.

Errores varios

Sobre los nativos americanos, Rand afirmó que eran salvajes, que no estaban civilizados, que no utilizaban derechos de propiedad y que no tenían derecho a sus tierras, por lo cual era legítimo arrebatárselas y expulsarlos. Como guionista cinematográfica muy ligada al mundo del cine, su conocimiento del tema parece proceder de una película de indios (los malos) y vaqueros (los buenos).

En su novela y película El manantial hay una escena que se parece mucho a una violación (además realizada por Howard Roark, el héroe protagonista), pero que no merece ninguna denuncia: tal vez es que la mujer en el fondo quería ser forzada por el ser racional superior al cual al final se rinde (hay escenas similares en La rebelión de Atlas). El arquitecto Howard Roark demuele un edificio con explosivos porque considera que han distorsionado su proyecto original: su intento de justificación mediante un largo monólogo es especialmente flojo.

En la novela (y películas) La rebelión de Atlas el protagonista John Galt es un genio que inventa él solo un motor o generador de energía eléctrica a partir de electricidad estática ambiental, algo entre imposible, ineficiente o inútil según las leyes del desarrollo tecnológico y de la termodinámica. Hay un accidente de tren en el cual muchos pasajeros mueren en un túnel, y Rand repasa por qué ellos mismos son parcialmente culpables de su destino. Francisco d’Anconia sabotea y arruina su propia compañía (difunde rumores que provocan pánico), arruinando también a los demás accionistas (que serían parásitos de sus esfuerzos). En la Quebrada de Galt los protagonistas creen que van a prosperar mucho gracias a que son una sociedad libre y respetuosa del derecho de propiedad, pero ignoran factores como el pequeño tamaño de su mercado y la inexistencia de relaciones con el resto del mundo (lo cual dificultaría la división del trabajo y la acumulación de capital).

Libros

Rand, Ayn, Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas)

Rand, Ayn, The Fountainhead (El manantial)

Rand, Ayn, Philosophy: Who Needs It

Rand, Ayn & Leonard Peikoff, Introduction to Objectivist Epistemology

Rand, Ayn & Nathaniel Branden, The Virtue of Selfishness: A New Concept of Egoism

Rand, Ayn, Nathaniel Branden, Alan Greenspan, & Robert Hessen, Capitalism: The Unknown Ideal

Peikoff, Leonard, Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand

Para explorar más (pendiente de lectura por el autor):

Binswanger, Harry, The Biological Basis of Teleological Concepts

den Uyl, Douglas & Douglas B. Rasmussen (eds.), The Philosophic Thought of Ayn Rand

Kelley, David, The Evidence of the Senses

Kelley, David, A Theory of Abstraction

Kelley, David, Unrugged Individualism

Kelley, David, The Contested Legacy of Ayn Rand

Rand, Ayn, For the New Intellectual

Rand, Ayn, The Romantic Manifesto

Rand, Ayn, The New Left: The Anti-Industrial Revolution

Sciabarra, Chris Matthew, Ayn Rand: The Russian Radical

Otras referencias y críticas (acertadas o desacertadas)

Objectivism (Ayn Rand), Wikipedia

Objetivismo.org

The Ayn Rand Institute

The Atlas Society

The Objective Standard

The Ayn Rand Society

The Journal of Ayn Rand Studies

The Ayn Rand Lexicon: Objectivism from A to Z (edited by Harry Binswanger)

Objectivism Reference Center What Ayn Rand Read Criticisms of Objectivism

Sense of Life Objectivists

Ayn Rand at Stanford Encyclopedia of Philosophy

Cato Unbound: What’s living and dead in Ayn Rand’s moral and political thought; with Douglas Rasmussen, Roderick Long, Neera Badhwar & Michael Huemer.

Why I Am Not an Objectivist, by Michael Huemer

Objectivism and the Primacy of Existence, by Michael Huemer

The Objectivist Theory of Free Will, by Michael Huemer

Critique of “The Objectivist Ethics”, by Michael Huemer

Rationally Speaking: About Objectivism, part I: Metaphysics, by Massimo Pigliucci

Rationally Speaking: About Objectivism, part II: Epistemology, by Massimo Pigliucci

Rationally Speaking: About Objectivism, part III: Ethics, by Massimo Pigliucci

Rationally Speaking: About Objectivism, part IV: Politics, by Massimo Pigliucci

Ayn Rand on Human Evolution, by Larry Arnhart

The Biological Teleology of Ayn Rand’s Ethics, by Larry Arnhart

Guardians of Ayn Rand, by Eliezer Yudkovsky

Ayn Rand Contra Human Nature, blog by Greg S. Nyquist

Philosophy shrugged: ignoring Ayn Rand won’t make her go away, by Skye C. Cleary

ARI (Ayn Rand Institute) Watch

Objectivism at RationalWiki

Garbage and Gravitas (Ayn Rand was a melodramatist of the moral life: the battle is between the producer and the moochers, and it must end in life or death), by Corey Robin

Atlas Shrieked: Ayn Rand’s First Love and Mentor Was A Sadistic Serial Killer Who Dismembered Little Girls, by Mark Ames

The System That Wasn’t There: Ayn Rand’s Failed Philosophy, by Nicholas McGinnis

10 (insane) things I learned about the world reading Ayn Rand’s “Atlas Shrugged”, by Adam Lee

10 more depraved lessons I learned reading Ayn Rand’s “Atlas Shrugged”, by Adam Lee


Café Viena del Instituto Juan de Mariana

28/07/2018

Café Viena del Instituto Juan de Mariana (podcast con José Augusto Domínguez).


El objetivismo y sus problemas (I)

20/07/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El objetivismo

El objetivismo es la filosofía de Ayn Rand y sus seguidores. Los objetivistas afirman que se trata de un sistema filosófico completo y consistente (un conjunto bien integrado de ideas sobre cómo el ser humano debe pensar y actuar), y que tiene utilidad práctica porque sirve para prosperar y ser feliz en el mundo real.

Se basa en los principios de realidad objetiva (metafísica, ontología), razón (epistemología), interés propio individual o egoísmo virtuoso (ética), y capitalismo (política):

– La realidad existe y es como es (los hechos son los que son y no de otra manera) independientemente de la mente, de las percepciones y deseos de los humanos: querer algo no lo hace real. El universo existe aparte de cualquier conciencia, la cual no crea la realidad sino que la percibe, la comprende, la conoce. Se opone al misticismo religioso (la realidad como ilusión, lo sobrenatural como fundamento más real), al idealismo platónico, y al constructivismo que afirma que la realidad es construida arbitrariamente de forma subjetiva y social.

– La razón es la única herramienta para conocer la realidad (procesando, integrando e interpretando la información percibida por los sentidos para conseguir identificaciones no contradictorias) y guiar la acción: es el medio básico de supervivencia para un ser humano. El racionalismo filosófico del objetivismo no es opuesto al empirismo, la observación y la experimentación como formas de obtención de conocimiento sobre el mundo exterior a la mente, sino que los engloba dentro de las funciones de percepción sobre las cuales actúa la razón. Se opone a la revelación o iluminación divina y al escepticismo radical que afirma que no es posible conocer la realidad.

– Cada individuo debe actuar en su propio provecho, sin sacrificarse por otros y sin sacrificar a otros, persiguiendo su propio interés egoísta racional y su felicidad como el más alto objetivo moral de su vida: cada ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para los fines de otros. Se opone claramente al altruismo coactivo del colectivismo, y aparentemente al altruismo en general.

– El sistema político y económico ideal es el capitalismo liberal, con intercambios libres y voluntarios para beneficio mutuo, sin agresiones y con un gobierno mínimo que proteja la vida, la libertad y la propiedad. Se opone a los totalitarismos autoritarios (socialismo, comunismo, fascismo), a la socialdemocracia (redistribución de riqueza, estado del bienestar), y al anarcocapitalismo.

En estética defiende un realismo romántico: el arte sirve para plasmar ideas en formas físicas (obras de arte) que ilustran esas ideas y provocan respuestas emocionales; se enfatiza el carácter heroico del ser humano.

Los seguidores del objetivismo suelen considerarlo un sistema verdadero, correcto, completo y cerrado, al cual no ven ningún problema: así es inmune a críticas, y se convierte en un dogma estático incapaz de corregir posibles errores, crecer, enriquecerse, adaptarse y mejorar. La incapacidad crítica puede deberse a sesgos cognitivos (como el sesgo de confirmación) o a dinámicas sectarias en los grupos objetivistas.

Sobre la utilidad práctica, es cierto que a nivel económico, político y social el capitalismo o liberalismo es el único sistema ético (compatible con la libertad individual) y que más prosperidad consigue; sin embargo la promoción del egoísmo para la consecución individual de la felicidad puede implicar problemas de integración social y relaciones públicas, y además requiere un apoyo empírico y científico del cual el objetivismo carece (teorías y datos).

Metafísica objetivista

El objetivismo utiliza una metafísica (ontología) y una lógica clásicas (aristotélica, tomista) relativamente elementales: hay ideas de identidad (A es A) y de no contradicción, pero las definiciones se presentan como verdaderas o falsas, los conceptos aparecen como categorías perfectas, sin problemas de imprecisión en la definición, sin límites difusos o zonas grises, y como si solo existiera un único modelo correcto del mundo. Defiende una idea de causalidad determinista de la acción de cada entidad según su naturaleza en la que no tiene lugar el azar (indeterminismo, aleatoriedad, probabilidades), en conflicto con ideas científicas modernas como la mecánica cuántica. El objetivista no se da cuenta de que la ontología es una forma de pensar acerca del mundo real, y que su pensamiento puede ser erróneo al intentar imponer una estructura o categorización descriptiva inadecuada (algunos llegan a criticar la mecánica relativista y la mecánica cuántica como irracionales): critica a quien niega la realidad simplemente mediante el deseo, pero impone las afirmaciones de su propio pensamiento lógico racional sobre el mundo.

El objetivismo enfatiza la existencia de lo que existe con una determinada identidad concreta y específica, y que esto implica una causalidad en las acciones o interacciones de esas cosas: tal vez convendría además preguntarse por qué existen una cosas y no otras, enfatizar que hay cosas que simplemente no existen, que hay términos o conceptos imaginarios, sin referentes reales (dioses, demonios, ángeles, milagros, almas inmortales), e investigar por qué esas ideas imaginarias son tan frecuentes e importantes para los seres humanos.

La búsqueda de axiomas verdaderos, absolutos, tautológicos, irrefutables, que no puedan negarse sin contradecirse (contradicción performativa), y de definiciones categóricas perfectas, claras y precisas, tal vez ignora otras cosas relevantes, especialmente los problemas del uso del lenguaje y los significados y referentes de las palabras usadas: problemas de límites graduales y difusos, o de usos semánticos múltiples y no compartidos: ¿qué es un ser humano o una montaña, dónde comienza y dónde acaba, cuándo empieza a existir y deja de hacerlo?

Igual que a la realidad le da igual lo que uno sienta por ella, a la realidad le da igual cómo uno piense que es, cómo la categorice o conceptualice, o cómo utilice el lenguaje para describirla: tal vez los pensamientos presuntamente lógicos y racionales son desacertados y no describen ni explican adecuadamente la realidad; quizás las teorías relativista y cuántica no violan principios metafísicos irrefutables sino que muestran que estos principios son, al menos en parte, defectuosos o problemáticos, y que deben ser revisados.

El objetivismo y la razón

El objetivismo defiende la ciencia pero se queda en una filosofía clásica limitada y no incorpora conocimientos científicos relevantes: biología, evolución, psicología (evolucionista, social, moral), memética (imitación, cultura), sociología, ciencia cognitiva, neurociencia, economía conductual, teoría de juegos, cibernética, computación, inteligencia artificial. Pretende conocer la naturaleza humana pero tiene una visión poco científica de la conciencia e ideas erróneas sobre el inconsciente (o subconsciente).

El objetivismo tiene una base natural (a favor de lo real y contra lo sobrenatural) y cierto contenido biológico: el fundamento de la ética es la supervivencia y prosperidad del ser humano, cuya vida es un proceso de acción automantenida y autogenerada (ideas semejantes o equivalentes a la agencia, la autopoyesis y la autonomía). Sin embargo no profundiza en lo biológico y carece de ideas evolutivas (reproductores, vehículos, interactores, selección, adaptación), especialmente las relacionadas con niveles de integración y organización y sus transiciones (genes, cromosomas, células, organismos, grupos). Suele hacer afirmaciones erróneas como que los animales solo tienen instintos innatos automáticos (esto es falso porque tienen cierta capacidad para aprender y desarrollar cultura), mientras que el ser humano tiene una mente que comienza como una tabula rasa y que solo dispone de la razón como herramienta esencial de supervivencia: esto es falso porque existen múltiples capacidades instintivas y habilidades esenciales como las emociones (que no son caprichos irracionales y que son la fuente de las preferencias o afectos) y los sentimientos morales (la moral no es solamente racionalidad), la capacidad de imitar (copiar, cultura), la capacidad innovadora o creativa, la capacidad de pensamiento analógico (metáforas, traspaso de conocimiento entre diferentes dominios), y las habilidades sociales para la acción en grupos cooperativos.

Según el objetivismo la razón es la capacidad intelectual identificadora y clasificadora mediante la abstracción, la detección de semejanzas y diferencias y la producción y utilización de conceptos y leyes mediante inducción y deducción. La razón es considerada el único absoluto del hombre y se critica la irracionalidad de creencias absurdas como las religiosas, pero no queda claro qué significa que la razón es un absoluto (¿una capacidad universal perfecta?). El objetivismo reconoce la falibilidad, la no omnisciencia y la posibilidad de avance del conocimiento humano, pero tiene una visión ingenua de la percepción de la realidad como un proceso directo o inmediato (realiza una crítica desacertada de la síntesis kantiana entre racionalismo y empirismo para la explicación del conocimiento mediante el uso de representaciones y categorías básicas innatas), e ignora las ilusiones perceptuales (alucinaciones o espejismos, inevitables aunque se comprendan conscientemente), las heurísticas y los sesgos cognitivos en la toma de decisiones.

Es cierto que la mente no crea la realidad, pero sí crea las representaciones, percepciones o visiones de la realidad, los modelos, las teorías que se utilizan para describir, conocer, comprender, explicar y predecir la realidad; esta construcción no es arbitraria, pero sí puede presentar algunas diferencias subjetivas entre individuos, y se ve afectada por influencias sociales y culturales (la lógica formal puede ser universal, pero la lógica entendida como la forma de pensar y argumentar de la gente no lo es).

El objetivismo critica la versión extrema y absurda del escepticismo que afirma que el mundo no puede conocerse en absoluto. Sin embargo el escepticismo sensato y el racionalismo crítico lo que proponen es dudar y criticar como estrategia para no equivocarse de forma grave. Es posible conocer la realidad, pero no es posible (o es extremadamente difícil) conocer perfectamente la realidad; además es fácil autoengañarse, engañar a otros y ser engañado por otros; conviene tener un talante crítico y tener cuidado con las sensaciones de certeza absoluta y los axiomas presuntamente irrefutables (pueden ser verdaderos pero vagos o incompletos).

El objetivismo pone tanto peso y énfasis en lo racional, no solo como algo descriptivo sino también prescriptivo, que ignora o desprecia el ámbito de lo emocional (afectos, sentimientos): insiste en que el individuo debe pensar, que es una obligación moral, en lugar de una posibilidad. Si decide no pensar entonces simplemente se deja dominar por sus emociones o sentimientos: ignora el papel esencial y el valor adaptativo de las emociones y los sentimientos como procesadores de información y generadores de conducta exitosa; la razón es un instrumento que no puede operar solo, sin motivaciones, sin mecanismos generadores de preferencias, sin reacciones emocionales. El objetivismo habla de interés racional, como si la razón determinara objetivamente o fuera juez último de los intereses; no entiende que razón y emoción no son contradictorias o enemigas sino que son complementarias, ambas son necesarias y ninguna es suficiente; las emociones no son arbitrarias, y en último término la razón es sierva o instrumento de las emociones o valoraciones (porque razonar o pensar reflexivamente es un tipo de acción intencional, y toda acción intencional requiere una motivación que la impulse y dirija). La razón es muy importante y distintiva de los seres humanos, pero no lo es todo ni es el único rasgo fundamental de la humanidad.

El racionalismo del objetivismo a veces parece un discurso de la razón diciéndose a sí misma (y a sus equivalentes en otros individuos) lo estupenda y potente que es, ignorando el conflicto de interés implicado en esta afirmación. El objetivismo no entiende que no pensar (no razonar) puede ser una estrategia de acción óptima en determinadas circunstancias según enseñan la economía de la cognición, la memética, la sociología y la teoría de juegos: pensar es costoso (consume recursos) y arriesgado (son posibles el error, el fracaso de no alcanzar ningún resultado y las consecuencias imprevistas no deseadas), por lo cual no siempre es beneficioso; puede ser más eficiente copiar automáticamente lo que opinan o hacen otros (aunque no se entienda por qué) por ser una conducta frecuente exitosa, o para mostrar conformidad y no ser el diferente o heterodoxo; el autoengaño y la hipocresía pueden ser adaptativos para engañar mejor a otros y para integrarse en un entorno social en el cual muchos creen en cosas absurdas como señal honesta costosa de pertenencia, compromiso y lealtad a un grupo (la racionalidad crítica puede ser letal en ámbitos de fanatismo religioso, y la vida es previa a la razón); el objetivismo acierta en su ateísmo (los contenidos sobrenaturales o milagrosos de la fe son falsos, absurdos o sinsentidos), pero no entiende la función de la religión como autoengaño compartido funcional para la cohesión social; la irracionalidad puede ser una buena estrategia para garantizar la honestidad en ciertas interacciones cooperativas (pasiones desatadas como el enamoramiento y los celos son garantías de fidelidad y confianza o de represalias ante la traición en relaciones humanas muy importantes).

Las creencias fantasiosas o autoengaños pueden ser resultado de un funcionamiento inadecuado de la mente humana (la imaginación puede ser creativa pero también generar descripciones o explicaciones erróneas), pero también pueden ser mecanismos de protección ante realidades dolorosas inevitables, de evasión, de consuelo, de distracción, o de entretenimiento. La insistencia en desear algo intensamente para que se realice sin necesidad de hacer nada más puede ser un timo pseudocientífico (típico de manipuladores y de manuales de autoayuda de baja calidad), pero la insistencia en el deseo también puede ser un mecanismo para el mantenimiento de la motivación para la realización efectiva de una acción muy extendida en el tiempo y muy costosa (los deseos pueden contribuir a cambiar la realidad de forma limitada si guían la acción de forma adecuada).

El objetivismo entiende la razón como una capacidad individual para conocer el mundo y tomar mejores decisiones personales. Sin embargo la ciencia cognitiva muestra que la razón es sobre todo una herramienta de argumentación, persuasión y justificación en un entorno social: es mucho más eficiente pensar con y contra otros, y muchos argumentos son racionalizaciones para manipular a los demás, legitimar la conducta propia y criticar la ajena. Las inteligencias individuales suelen ser muy limitadas y el progreso humano se debe sobre todo a la inteligencia social o colectiva como agregación o coordinación de todas las capacidades individuales (división del trabajo intelectual, uno acepta que no puede pensarlo todo por sí mismo y tiene cierta confianza en el pensamiento de otros). Los humanos no son poderosos solamente porque son racionales, sino también porque son sociales y se agrupan para ser muchos, hacer cosas juntos (como la guerra contra otros humanos) y ayudarse unos a otros. La razón sola, sin las emociones prosociales, no podría conseguir esta socialización, y la razón se utiliza especialmente para la interacción social humana y no tanto para el conocimiento del mundo físico y biológico.


Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (videos)

02/07/2018

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la conferencia en el Instituto Juan de Mariana)

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la entrevista en el Instituto Juan de Mariana)


Mi participación en Liberacción 2018 (IJM)

20/06/2018

Videos de mi participación en Liberacción 2018 del Instituto Juan de Mariana:

¡Hits del año! + recomendaciones (con Luis Torras)

Formación a la carta: hacia una mayor independencia y libertad (con Antonio de la Hoz del Club de los Viernes, Irune Ariño de Students for Liberty, Laura Mascaró, y José Rodríguez de Value Kids)


Eric Beinhocker y la economía de la complejidad

20/06/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En su libro The Origin of Wealth: Evolution, Complexity, and the Radical Remaking of Economics, Eric Beinhocker estudia en profundidad la economía de la complejidad y sus implicaciones para los negocios, las finanzas, la sociedad y la política.

Resalta que la riqueza y la complejidad de la economía, manifestadas en la cantidad, calidad y diversidad de bienes y servicios, han crecido de forma repentina y explosiva desde la Revolución Industrial, y que esto ha sucedido de forma espontánea, sin nadie al mando. La economía neoclásica tradicional no puede explicar esto, ya que estudia sistemas en equilibrio que no pueden crecer bruscamente, innovar de forma creativa o autoorganizarse.

El concepto o hipótesis de equilibrio se hace predominante en la ciencia económica cuando a finales del siglo XIX marginalistas como Walras y Jevons incorporan ideas procedentes de la física del momento (física clásica), ya que las matemáticas de los sistemas aislados y en equilibrio permiten plantear y resolver modelos económicos sencillos. Sin embargo, estos modelos implican simplificaciones excesivas y se basan en suposiciones o aproximaciones a menudo muy poco realistas. Las ideas de equilibrio han sido parcialmente revisadas con ideas como perturbaciones externas, fricciones, rigideces y desfases temporales (ajustes no instantáneos), pero estas correcciones son insuficientes.

En la economía real los precios raramente vacían totalmente los mercados: suele haber excesos de inventarios sin vender o pedidos pendientes de cumplir, los precios no se determinan mediante subastas y las estrategias comerciales de las empresas dificultan sus ajustes instantáneos. La ley de un solo precio no se cumple: hay diferenciación de productos (no son homogéneos, hay marcas comerciales), discriminación de precios por los vendedores según la capacidad de pago y la intensidad del deseo de los compradores, y es importante la experiencia de compra. Los agentes no siempre operan a su máximo potencial de eficiencia: la capacidad de producción no suele utilizarse totalmente sino que algunos recursos se mantienen en reserva por precaución ante imprevistos. La oferta y la demanda no se encuentran directamente sino que lo hacen a través de intermediarios o especialistas en mercados organizados. Existen costes de transacción y los arbitrajes tienen costes y riesgos. No todos los intercambios imaginables son posibles. Los agentes no siempre intentan optimizar, sino que a veces se contentan con soluciones meramente satisfactorias. Algunos procesos que se suponen aleatorios o estocásticos (como el presunto paseo aleatorio de las cotizaciones bursátiles) en realidad no lo son o tienen distribuciones de probabilidad diferentes de la normal.

Beinhocker propone que la economía es un sistema complejo adaptativo: está constituida por múltiples agentes diferentes y heterogéneos que actúan e interaccionan de muchas formas distintas cooperando o compitiendo, y que se asocian y organizan de formas variadas y a diversos niveles; las instituciones sociales y los patrones macroeconómicos emergen espontáneamente a partir de conductas microeconómicas individuales (orden desde abajo hacia arriba); los planes, diseños y estrategias de los diversos agentes individuales y colectivos evolucionan en el tiempo, cambian de forma creativa e innovadora para adaptarse de forma más exitosa a las circunstancias que sus propias conductas generan.

Es necesario un cambio de paradigma de la ciencia económica basado en ideas de complejidad procedentes de la biología y de la física moderna más avanzada: caos (no linealidad, regularidades o patrones complejos, atractores dinámicos, cuasioscilaciones, sensibilidad a condiciones iniciales o efecto mariposa, dependencia del camino, accidentes congelados, rupturas espontáneas de simetría, equilibrios puntuados); catástrofes (discontinuidades, cambios de fase, transiciones bruscas, avalanchas, ráfagas de actividad); cibernética (agentes inteligentes con sistemas de control y coordinación de la conducta basados en construcción de modelos y obtención, procesamiento y transmisión de información); sistemas abiertos y en no equilibrio (energía y entropía); dinámica interna propia (no solo perturbaciones exógenas) con posibles bucles de realimentación negativa (amortiguadores, equilibradores) y positiva (amplificadores, desequilibradores); estructuras y efectos de red con diferentes topologías posibles; agentes heterogéneos y capaces de aprender; evolución (algoritmo generador de orden sin diseñador y basado en diversidad, selección y reproducción o amplificación) y adaptación (ajuste exitoso a las circunstancias del entorno); patrones emergentes y órdenes espontáneos (autoorganización, sincronización).

La ciencia económica no puede ignorar sus fundamentos físicos, biológicos y evolutivos. La actividad humana tiende a generar más orden, valor y complejidad. La acción produce orden (menor entropía) mediante procesos irreversibles, lo cual termodinámicamente implica que se consume o disipa energía libre y se generan residuos e incrementos globales de entropía (más desorden neto, polución). No todos los órdenes producidos son valiosos, sino que son seleccionados según su utilidad o aptitud para satisfacer deseos y necesidades humanas: la riqueza es orden valioso. El control de la producción de riqueza requiere inteligencia y conocimiento: la actividad económica es esencialmente cognitiva. Los órdenes más complejos tienden a producirse progresiva y gradualmente mediante la combinación o modificación evolutivas de órdenes más simples.

Es necesaria una transición desde suposiciones de una realidad simple con agentes omniscientes (racionalidad perfecta) a una realidad compleja con agentes limitados (racionalidad acotada, ecológica, con los sesgos y heurísticas que estudia la economía del comportamiento). La información es imperfecta, incompleta, quizás incorrecta, ambigua, costosa y cambiante; la capacidad cognitiva de los agentes es limitada y falible. Los agentes no son solamente egoístas: también pueden actuar por altruismo recíproco como cooperadores condicionales. Hacen falta teorías que expliquen los procesos de generación acumulativa de coordinación social partiendo de lo imperfecto, parcial y local, en lugar de asumir una coordinación perfecta, total y global que luego se relaja de algún modo.

Este cambio de paradigma tiene importantes consecuencias empresariales, sociales y políticas. Como sistema hipercomplejo la economía no se puede predecir, controlar o planificar de forma centralizada. La evolución es la idea fundamental para el crecimiento. Las soluciones innovadoras a los problemas se encuentran y mejoran mediante generación y comprobación de múltiples propuestas (prueba y error dispersa, descentralizada), en un proceso de búsqueda gradual y en paralelo en el espacio de estados o de posibilidades de diseño de las diferentes entidades involucradas: tecnologías físicas (recetas de producción, diseño de máquinas), tecnologías sociales (instituciones como lenguaje, derecho, dinero, familia; formas de gestión o administración de recursos y equipos humanos; cultura de sociedades y empresas; importancia de la reciprocidad, la confianza, el capital social) y planes de negocio (estrategias empresariales de búsqueda de ventajas competitivas como concepto económico, ejecutadas por firmas o corporaciones como concepto legal).

Existen equivalencias o analogías entre la evolución biológica (de genomas formados por genes e interactuando a través de organismos) y la evolución económica (de planes de negocios formados por elementos modulares intercambiables y ejecutados por empresas): en la evolución biológica el éxito en la supervivencia y reproducción de los organismos gracias a su genotipo y fenotipo implica más copias de los genes y más control de recursos (biomasa); en la evolución económica el éxito de las empresas debido a planes de negocio acertados implica la copia de sus elementos modulares acertados por otras empresas y el crecimiento e incremento del poder económico de la empresa por la acumulación de beneficios.

Los procesos evolutivos incluyen actividades complementarias de exploración y explotación: búsqueda de oportunidades (exploración) y aprovechamiento de las mismas (explotación); estas actividades implican un conflicto o tensión entre el carácter más específico y estático de los recursos dedicados a un aprovechamiento óptimo de oportunidades existentes (estrategias que implican compromisos a largo plazo en forma de capital fijo y organización burocrática) y la necesidad de adaptabilidad, flexibilidad y asunción de riesgos de los procesos de búsqueda innovadora en entornos inciertos y cambiantes. Como las oportunidades tienden a agotarse y las ventajas competitivas se pierden por el avance de los competidores, la estrategia empresarial adecuada es la que combina con acierto la explotación presente y la exploración de nuevos objetivos para el futuro.

La organización y los recursos de una empresa deben estar adaptados a sus objetivos, a sus planes de negocio en los nichos en los cuales opera. La estructura empresarial debe combinar adecuadamente las necesidades de jerarquía y burocracia con las posibilidades de libertad y espontaneidad. Como es difícil cambiar objetivos con recursos dados, ambos deben coevolucionar: un nuevo objetivo requiere nuevas habilidades, las cuales a su vez pueden permitir otros nuevos objetivos. El proceso evolutivo de adaptación e innovación funciona a tres niveles: individuos, organizaciones empresariales y mercados. Los individuos aprenden para mantener o mejorar su puesto de trabajo en las empresas; las empresas aprenden para obtener beneficios y mantenerse o crecer; y el mercado selecciona las mejores empresas y elimina a las menos capaces. La adaptación es difícil y se enfrenta a problemas en todos los niveles: incapacidad de reconocer la necesidad del cambio, aversión a riesgos y pérdidas, intereses creados opuestos al cambio, rigidez o reducción de flexibilidad al optimizarse para una tarea específica, promoción de lo exitoso en el pasado frente a la necesidad de cambios para un futuro diferente.

En el ámbito político Beinhocker propone superar la dicotomía entre izquierda y derecha y las batallas ideológicas estériles de eficiencia vs. justicia o Estado vs. mercado: ambos son necesarios y complementarios en dosis adecuadas para conseguir procesos evolutivos eficientes. Cree que la derecha defiende siempre a los mercados como la solución a todos los males porque se basa en teorías económicas tradicionales demasiado simples. Sin embargo, los mercados no son perfectos y funcionan dentro de instituciones sociales que, según él, requieren de gobiernos: leyes mercantiles, de protección del consumidor, de seguridad en el trabajo, de equilibrio entre cooperación y competencia (leyes antimonopolio). Beinhocker reconoce que el Estado puede causar daños con regulaciones desacertadas, pero ignora cómo estos problemas pueden ser resueltos en ausencia de un monopolio de la violencia y la jurisdicción; de forma algo sorprendente no profundiza lo suficiente en los procesos de autoorganización y órdenes espontáneos, y menciona de forma superficial algunos ejemplos poco convincentes o relevantes de fallos de privatizaciones o liberalizaciones. Su análisis moral utilitarista es entre pobre e ingenuo: los derechos de propiedad y los mercados son solamente herramientas sociales muy poderosas, no normas éticas universales para evitar conflictos y permitir la división del trabajo; cree que las normas de reciprocidad fuerte entre individuos obligan al Estado a ofrecer una red de seguridad y a garantizar que todos los ciudadanos tengan iguales oportunidades para participar en el sistema económico, ignorando los mecanismos no estatales de ayuda mutua y caridad; analiza la desigualdad y la movilidad social y cree que el liberalismo puro no parece correcto porque condena a muchas personas a la pobreza de por vida; defiende los mercados, la ciencia y la democracia sin analizar los problemas de esta última (teoría de la elección pública). Ignora que la crítica al Estado no es solo por ineficiencia: también es por injusticia y por la posibilidad siempre presente de corrupción. Sus propuestas de cambio de paradigma social y político son parcialmente sensatas pero muy poco radicales o revolucionarias.

Es interesante comprobar que en este libro no se mencionan los fallos de mercado, las externalidades positivas o negativas, o los bienes públicos, ideas importantes y presentes en la ciencia económica dominante. Falta también un concepto esencial de la ciencia de la complejidad como la autorreferencia (recursividad, reflexividad). Muestra ciertos sesgos profesionales como consultor empresarial: dedica muchas páginas a los planes de negocio y a la cultura empresarial, y estudia por qué existen empresas, pero no analiza por qué existen asociaciones políticas (esencialmente, el problema de la guerra o violencia a gran escala y las transiciones evolutivas entre niveles de asociación y organización). Su comprensión de la teoría del valor es en parte defectuosa y no suficientemente subjetiva: cree que el uso de una bomba no puede considerarse como una transformación generadora de valor, ignorando que la destrucción de males (el enemigo y su poder) es beneficiosa (lo que es bueno para unos puede ser malo para otros). Cree que la economía de la complejidad puede ayudar a gestionar mejor los ciclos macroeconómicos y critica la teoría de la eficiencia de los mercados, pero ignora el rol pernicioso del intervencionismo monetario, los bancos centrales y los descalces de plazos y riesgos.

Un posible problema con sus críticas a la economía neoclásica es que tal vez sean, al menos en parte, caricaturas u hombres de paja que no reflejen fielmente el estado actual de la ciencia económica en su cuerpo dominante principal, el cual puede haber asumido parte de las ideas de la economía de la complejidad. Afirma que el modelo económico neoclásico no reconoce los límites termodinámicos explícitamente, pero sí lo hace de forma indirecta a través del reconocimiento de la necesidad de factores escasos y costosos para la producción (especialmente energía), sus costes y externalidades; además los límites entrópicos a la acción económica están muy lejos y son poco relevantes porque existen fuertes de energía libre relativamente abundantes; y existe una ciencia económica de los recursos naturales, su búsqueda, obtención, uso y conservación. La idea de equilibrio termodinámico (igualdad de fuerzas o procesos que se contraponen y anulan mutuamente de modo que no hay cambio neto ni trabajo) es análoga pero no equivalente a la idea de equilibrio en los mercados (mecanismos de ajuste (más o menos rápidos y potentes) para que los mercados se vacíen, quizás en un entorno de capacidades y preferencias cambiantes, no constantes).

La escuela austriaca de economía y la economía de la complejidad tienen muchos puntos en común y pueden enriquecerse mutuamente: Beinhocker menciona con frecuencia y aprobación a Friedrich Hayek; Roger Koppl es un economista austriaco interesado en la teoría de la complejidad; J. Barkley Rosser es un economista especializado en complejidad que se interesa por la economía austriaca. Las diferencias principales están en que la economía de la complejidad se apoya en las ciencias naturales (no las separa de las sociales), es pragmática y no se obsesiona con purismos metodológicos (apriorismo praxeológico), y recurre sistemáticamente al uso de las matemáticas sin renunciar al realismo (simulaciones informáticas o modelos basados en agentes) y a la contrastación empírica.

REFERENCIAS:

Beinhocker, Eric, The Origin of Wealth: Evolution, Complexity, and the Radical Remaking of Economics (2006, Boston: Harvard Business School Press)

Presentación (pdf) de Eric Beinhocker de The Origin of Wealth

Eric Beinhocker

The Radical Remaking of Economics, with David Sloan Wilson & Eric Beinhocker (at Evonomics)

Para profundizar:

Complexity economics en Wikipedia.

Complexity Economics en Exploring Economics.

Koppl, Roger (2009), “Complexity and Austrian Economics”, Handbook of Research on Complexity, chapter 15, Edward Elgar.

Rosser, J. Barkley (2010), “How complex are the Austrians?”, in What is so Austrian about Austrian Economics? edited by Roger Koppl, Steven Horwitz & Pierre Desrochers (Advances in Austrian Economics, Volume 14), Emerald Group Publishing Limited, pp.165–179.

Rosser, J. Barkley (2012), “Emergence and complexity in Austrian economics”, Journal of Economic Behavior & Organization, Elsevier, vol. 81(1), pp. 122-128.

Rosser, J. Barkley (2015), “Complexity and Austrian Economics”, The Oxford Handbook of Austrian Economics, edited by Christopher J. Coyne & Peter J. Boettke, Oxford University Press.