Sindicalismo indecente

07/10/2009

Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO, y Cándido Méndez secretario general de UGT, son claros representantes del trogloditismo sindical. Reclaman “trabajo decente para todos los trabajadores del mundo”, como si hablaran legítimamente en nombre de todos ellos y supieran lo que es la decencia. Si los presuntos trabajadores reclaman trabajo decente, ¿pueden los empresarios reclamar empresas decentes? Quizás se conformarían con tener que cargar con menos trabajadores indecentes, también conocidos como parásitos sindicales.

Estos grandes intelectuales hablan de “décadas de desregularización” como todos los tontos que no saben decir “desregulación”.

El recurso más valorado de la humanidad debe ser el capital humano.

A sus órdenes: gracias por decirnos qué es lo que tenemos que valorar todos y cada uno de nosotros. Aunque por otro lado tienen parte de razón sobre la importancia que tiene el capital humano: es una lástima que ellos personalmente carezcan completamente de él; no son un activo sino un pasivo, una carga, un lastre del que es mejor deshacerse. Quizás les convendría disimular y no insistir tanto en valorar la inteligencia, la empresarialidad, las ganas de trabajar… todo aquello de lo que no pueden honestamente presumir.

La economía de mercado no garantiza el crecimiento ni la justicia social y, como se ha demostrado, ni siquiera la eficiencia económica.

¿Dónde han visto una economía de mercado, por favor, que se nos ha extraviado y andamos muy preocupados? Lo sorprendente es el crecimiento que se consigue a pesar de la cantidad de obstáculos que ponen los vagos y necios de distintos pelajes que reclaman esa falaz entelequia de la “justicia social”.

Exigimos medidas para la creación de empleo, que aumenten la estabilidad, garanticen la negociación de los expedientes de regulación de empleo en las empresas con dificultades e incentiven la igualdad entre hombres y mujeres, la formación, la seguridad y la salud laboral.

Por exigir que no quede: no saben hacer otra cosa, no han creado un empleo productivo en su vida.

Es inaceptable que desde esos mismos centros de poder económico y empresarial se den las recetas para salir de la crisis, proclamando reformas laborales que precaricen aún más el empleo y la protección social de los trabajadores, olvidándose que las reformas que deben llevarse a cabo deben comenzar por la regulación financiera internacional, la gobernanza global de Naciones Unidas y la reforma del tejido productivo.

No se puede aceptar y además nosotros, los más incompetentes entre los necios irrecuperables, nos vamos a encargar de “regularizar” (lo opuesto a desregularizar, claro) las finanzas y de reformar la estructura de la producción, que es cosa trivial; y ya de paso nos encargaremos de Naciones Unidas y gobernaremos el mundo en nuestros ratos libres. De nada.


Sindicalistas en el día del trabajo

02/05/2009

Cada 1 de Mayo sin falta nuestros líderes sindicales mayoritarios nos obsequian con unas cuantas perlas de su limitado repertorio intelectual (son nuestros porque les pagamos entre todos, queramos o no, aunque más bien es como si nosotros fuéramos suyos).

Este año Cándido Méndez (secretario general de UGT) denuncia el “intento de la CEOE por tumbar años de diálogo y consenso social en España. Actitudes más propias de un lobby, que busca ajustar cuentas con los trabajadores y chantajear al Gobierno, que de una organización empresarial respetable.” Será porque que la CEOE es un lobby y no una organización empresarial respetable, igual que los sindicatos son lobbies y no organizaciones laborales respetables.

Naturalmente Méndez pide y ofrece “esfuerzo”, “responsabilidad” y sobre todo mucho “diálogo social” frente a los malvados que promueven el conflicto social. Denuncia que la debacle la sido “provocada por el capital especulativo”. Sí, el capital suele especular, es decir intenta prever el futuro para decidir qué alternativas de inversión son más beneficiosas, comprando o vendiendo según las circunstancias y las expectativas. Algo que debe de ser malísimo.

Y es que “la banca, en España, inflaba la burbuja inmobiliaria intoxicando a miles de familias, hipotecándolas de por vida sobrevalorando sus bienes”. Pobres familias intoxicadas en las urgencias de los hospitales, que los bancos les dieron más dinero y por más tiempo que el que justamente merecían.

También denuncia “la liberación del suelo aprobada por el Gobierno del PP aportó base legal para que la burbuja no perdiese gas”. El suelo está mejor esclavizado que liberado, no vaya a ser que la gente lo utilice según sus preferencias particulares. Cándido Méndez quizás no entiende que el incremento de oferta de suelo en todo caso tuvo el efecto contrario al que él pretende (en Estados Unidos son los estados con más restricciones urbanísticas los que más han sufrido la burbuja).

Se permite este retrógado personaje criticar a los bancos y a los empresarios (esos ricachones malvados, egoístas y pretenciosos), aquí todos son malos salvo los currantes.

Nos quieren hacer olvidar que bancos sólidos, pero gripados, han cortado el crédito a la economía parándola en seco con dramáticas repercusiones especialmente en un sector sobredimensionado, la construcción, que crecía proporcionando ingentes beneficios a algunos que competían por el tamaño de su yate y su posición en la revista Forbes. Para una buena parte de los empresarios de nuestro país en estos últimos años no era aplicable el axioma del ex canciller alemán, Helmut Schmidt, “los beneficios de hoy son la inversión de mañana y los empleos de pasado mañana”.

Al “movimiento sindical” (parece absurdo referirse al movimiento de estos estáticos reaccionarios) no se le puede llevar la contraria, porque se siente provocado, lanzado al conflicto como pobres marionetas sin vida propia: “nos quieren utilizar como el recambio de la tensión social que hace unos años se encargó de provocar la Conferencia Episcopal”. Y es que hay una “agenda oculta” a cargo de Aznar, su demonio favorito.

La mayor desvergüenza de Méndez es hablar en nombre de “los trabajadores y las trabajadoras” a cuya inmensa mayoría no representa en absoluto. Su discurso es de una hipocresía sin límites: declaran pretender “que no se destruya empleo, que se mantenga el poder adquisitivo de los salarios y las pensiones y que los que han perdido su empleo tengan protección social. Nos movilizamos por la ética del trabajo, la dignidad del ser humano y la convergencia entre el beneficio y la moral.” Justo lo contrario de lo que realmente hacen y consiguen. La ética del trabajo resulta un poco difícil cuando la libertad en las relaciones entre contratante y contratado es prácticamente inexistente; la dignidad del ser humano es el tótem favorito de todos los granujas sin mejores argumentos; y las pretensiones de superioridad moral de las hordas de liberados sindicales resultan lamentables.

“España y Europa saldrán de la crisis si trabajan unidas, no hay otra alternativa.” No hay alternativa más allá de la unión colectivista: igual que un ejército.

“Europa es el modelo más avanzado de cohesión y bienestar social.” La engañifa del bienestar tutelado por el Estado y sus parásitos, y la cohesión típica de sólidos como las piedras.

Por su parte Ignacio Fernández Toxo (secretario general de CCOO) propone “un pacto por la economía y el empleo” y reclama “un nuevo orden económico mundial”. El problema es que lo que hace falta es justo lo contrario de lo que exige: más gasto estatal en todo lo imaginable (investigación, educación, pensiones, protección “social”…), o sea subsidios para todos. Parecen humanistas preocupados por las personas, pero su libertad no les interesa lo más mínimo: los quieren cautivos y dependientes del asistencialismo estatal gestionado por los sindicatos oficiales, o sea ellos mismos al mando.

Una novedad curiosa: quiere que se aborde “la jubilación anticipada por realización de trabajos penosos, tóxicos o peligrosos”. Por pedir, que no quede: se trata de dejar de trabajar y que paguen otros.

Juan Ramón Rallo los describe muy bien.