Biología y humanidades: ciencias naturales y ciencias sociales

12/06/2017

Biología: ciencia de la vida

La vida no es algo misterioso, imposible o muy difícil de conocer, comprender, definir, describir o explicar. La vida puede estudiarse y comprenderse científicamente: la biología es la ciencia de la vida.

El conocimiento científico acerca de la vida (explícito, simbólico, lingüístico, formalizado, declarativo, descriptivo, explicativo, teórico y empírico) no es del mismo tipo que el conocimiento práctico que tienen los organismos para hacer lo adecuado para seguir vivos (implícito, subsimbólico, procedimental, práctico, predictivo): la inmensa mayoría de los seres vivos no saben describir o explicar qué es la vida y cómo funciona, pero están vivos y saben qué hacer, de forma limitada e imperfecta, para mantenerse con vida, desarrollarse y reproducirse. Un animal desea comer y beber y sabe cómo conseguir alimento y agua aunque no sepa nada de bioquímica y metabolismo; ese animal también evita sustancias nocivas sin saber que existen los microorganismos patógenos; un organismo busca un entorno con una acidez adecuada aunque no sepa qué son los protones responsables de esa acidez; una célula mantiene un metabolismo autocatalítico aunque no sepa qué es el metabolismo o la catálisis.

Los organismos necesitan tener conocimiento acerca de su entorno, el cual incluye partes inertes y otros seres vivos con los cuales interactúan: cooperadores o competidores, amigos o enemigos, presas o depredadores, parásitos o huéspedes, miembros o no del mismo grupo social. El conocimiento biológico es muy útil para los humanos: para la alimentación (los humanos son heterótrofos, se alimentan de materia orgánica procedente de otros seres vivos mediante la recolección, la caza, la pesca, la agricultura o la ganadería), la salud (medicina humana y veterinaria como biología aplicada), el medio ambiente (gestión de un entorno agradable y propicio), la ingeniería y la arquitectura (biomímesis: copia de soluciones naturales o inspiración en ellas).

Biología y humanidades

El conocimiento sobre biología y evolución puede servir como fundamento para comprender mejor las ciencias humanas y sociales y sus fenómenos esenciales: economía, psicología, sociología, grupos, moralidad, cultura, derecho, arte, lenguaje, intencionalidad, conciencia, religión. Todos estos ámbitos y fenómenos pueden explicarse a partir de ideas biológicas y evolutivas.

Para aprovechar el conocimiento que proporciona la biología a las ciencias humanas y sociales no es necesario dominar los detalles técnicos propios de especialistas: química orgánica, bioquímica, genética, terminología de partes de células y organismos y cómo funcionan, clasificaciones de especies de organismos (taxonomía o cladística). Es suficiente con conocer algunas ideas esenciales que son fácilmente accesibles y que son compartidas por otras ciencias como la economía y la psicología: acción, control, recursos, escasez, elección, costes, oportunidades, peligros, inversión, coordinación, comunicación, cooperación, competencia, asociación, tiempo, riesgo, incertidumbre, intercambio, negociación, interacción estratégica.

Una teoría integral de la acción y la mente no se limita al ámbito de lo humano sino que se fundamenta en una teoría de la vida y su evolución. Los seres humanos, como seres vivos, comparten algunos rasgos esenciales con todos los organismos, y muchos rasgos con muchos seres vivos. Las características peculiares de los humanos son respuestas evolutivas particulares a los problemas universales de la vida en las circunstancias concretas del nicho ecológico específico de la especie humana. Lo humano es continuo o común con lo animal porque procede de lo animal, y es discontinuo o diferente porque añade facultades propias diferenciadoras que generan nuevos problemas y soluciones.

Algunos errores intelectuales extendidos y persistentes se deben en buena medida al desconocimiento de realidades biológicas o naturales: el humano creado por los dioses y caído, el buen salvaje, la tabla rasa, el espíritu en la máquina, la moral o ley reveladas, la inteligencia y la conciencia como dones divinos o realidades irreducibles a lo material y determinista.

Solamente algunos seres humanos tienen conocimientos científicos de biología. Muchas personas no solo desconocen lo que aporta la biología sino que incluso tienen ideas contrarias a la realidad de la vida: creen que la vida requiere alguna intervención sobrenatural de un creador o un diseñador inteligente para su origen o mantenimiento, que la evolución biológica es imposible o está dirigida teleológicamente, o que hay vida tras la muerte (el más allá, la reencarnación, la resurrección).

La biología es una ciencia tan poderosa que puede explicar, con la ayuda de otras ciencias derivadas como la psicología evolucionista, la memética, la antropología y la sociología, por qué muchos humanos tienen ideas erróneas acerca de la vida: por limitaciones intelectuales; por sesgos cognitivos sistemáticos hiperactivos (atribución de intencionalidad, búsqueda de significado); por capacidades de engaño, autoengaño e hipocresía; por miedo a la muerte, ansias de inmortalidad, y necesidad de consuelo propio y ajeno ante la pérdida de seres queridos; por imaginación y deseo de una existencia ideal de riqueza, poder, estatus, placer, amor, amistad y éxito, en contraste con la soledad, los dolores, las miserias, los fracasos, las frustraciones, los problemas o las limitaciones de la realidad; por creencias religiosas con contenidos y normas de conducta útiles para la identificación, coordinación, control y cohesión de grupos sociales.

Biología, economía y psicología

La economía y la psicología son ciencias humanas, pero no son ciencias que estudien o expliquen exclusivamente lo humano: también se aplican a los seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos. La biología está estrechamente relacionada con la economía y la psicología: los organismos son agentes económicos y su acción o conducta debe ser dirigida de algún modo. Los organismos actúan, necesitan obtener y utilizar recursos y deben economizar, asignar los medios escasos disponibles, elegir entre alternativas, asumir costes, riesgos e incertidumbre. Un organismo necesita un sistema de control cibernético, que para muchos animales es un sistema nervioso con una psique asociada que incluye emociones y cognición.

La vida implica competencia y cooperación. Existen relaciones conflictivas violentas (depredación, parasitismo, combates por estatus, guerras), pero también hay mercados biológicos: intercambios de bienes y servicios (alimentos, sexo, protección, cuidados corporales, transporte), precios, cantidades, calidades, negociaciones, publicidad, engaño, confianza, reputación. La competencia requiere capacidades estratégicas para vencer al rival, y la cooperación requiere habilidades de coordinación (y posiblemente comunicación) con los colaboradores. La cooperación social es muy exitosa y los grupos como unidades de convivencia y acción son adaptaciones evolutivas muy poderosas: por eso la mente de los animales sociales (y sobre todo la de los seres humanos) está especialmente orientada o dedicada a la interacción social, especialmente dentro de grupos delimitados.

La mente humana se diferencia de la de otros animales en que tiene capacidades singulares útiles para la construcción o fabricación de herramientas y la transformación del entorno (habilidades técnicas, físicas, ingenieriles), y en que es flexible y adaptativa ante entornos cambiantes (aprendizaje, curiosidad, investigación, creatividad). Sin embargo la mente humana destaca sobre todo por sus capacidades y preferencias orientadas a la cooperación social: cognición, emociones, intencionalidad, conciencia, moral, normas, instituciones, cultura, lenguaje.

La inteligencia técnica (para el mundo físico y el ámbito de la vida no humana) y la inteligencia social no son independientes sino que interactúan y se refuerzan mutuamente: la inteligencia técnica es socialmente útil (el conocimiento es poder) y atractiva (incluso sexualmente); las habilidades sociales pueden reforzar las capacidades técnicas o ingenieriles, ya que mediante la imitación o el lenguaje es posible aprender de otros, enseñar a otros, acumular conocimiento y transmitirlo mediante mecanismos culturales.

Los antecesores de los humanos se humanizan fundamentalmente mediante la socialización progresiva. Las oportunidades y amenazas principales no proceden solamente del entorno no humano (condiciones ambientales, alimentos, depredadores): lo más importante para un humano es otro ser humano como potencial competidor o cooperador, de modo que las interacciones entre humanos implican fuertes presiones evolutivas para los propios humanos (selección sexual y social). Estas presiones sociales constituyen bucles de realimentación positiva: cada mejora adaptativa de unos implica una necesidad para otros de mejorar o extinguirse gradualmente.

El ser humano tiene una teoría de la mente: es capaz de representarse y comprenderse a sí mismo y a otros individuos como agentes con mente intencional consciente, con creencias y deseos, con pensamientos y emociones; esta capacidad estratégica permite al individuo cooperar y competir mejor con o contra otros (mente humana maquiavélica que planifica, predice, se anticipa, considera alternativas, sorprende, se comunica, engaña).

La cultura se basa en las capacidades de innovación e imitación en un entorno social. La transmisión cultural es reforzada por capacidades de comunicación mediante un lenguaje simbólico sofisticado, el cual es simultáneamente producto y vehículo de la cultura. La cultura se genera socialmente y además sirve para coordinar, identificar y cohesionar grupos de cooperadores.

El ser humano inventa y cuenta historias, produce obras de arte y participa en retos físicos o competiciones deportivas. El arte y el deporte son productos del deseo de generar belleza (estímulos estéticos agradables, atractivos) y no solo admirar la existente; de la voluntad de superación personal; y del deseo de captar la atención de otros y conseguir atractivo sexual y estatus social mediante la producción de señales honestas costosas (con objetos, historias y eventos interesantes que son resultado de capacidades físicas, psicomotrices y creativas especiales).

Los sentimientos morales son emociones o afectos orientados a promocionar y proteger la cooperación social, premiando a los honestos y castigando a los tramposos. Las normas morales que regulan la convivencia y la cooperación eventualmente se formalizan y dan lugar a sistemas jurídicos (derecho).

Las creencias religiosas son autoengaños compartidos funcionales: son ideas atractivas, en parte resultado de sesgos cognitivos y emocionales, que pueden servir de consuelo personal ante los fracasos o pérdidas vitales y que son útiles para la cooperación social como marcos de referencia normativos comunes y señales honestas costosas de pertenencia y lealtad a un grupo.

Consiliencia

La consiliencia es un término que se refiere a la convergencia o concordancia de evidencias independientes como fundamento del conocimiento: si muchas pistas sin relación entre sí apuntan a la misma conclusión (como flechas que indican una misma dirección o un mismo objetivo), esta es probablemente válida; si varias mediciones con diferentes aparatos y mecanismos coinciden, los datos son seguramente buenos.

La consiliencia es también la unidad del conocimiento, la integración de las diversas disciplinas científicas especializadas en un marco unificado y consistente. La conexión entre ámbitos de investigación aparentemente separados e independientes es posible y fructífera, y es una tarea especialmente necesaria en el caso de la relación entre las ciencias naturales y las ciencias humanas: el ámbito de lo humano, lo social y lo cultural necesita librarse del lastre sobrenatural y místico y desarrollar una fundamentación física, biológica y natural.

La consiliencia se basa en que la realidad es una, conexa y coherente: no existen ámbitos aislados, y es posible construir los niveles más complejos a partir de los más simples. Lo físico y natural tiene una existencia previa a lo humano e independiente de ello: puede haber mundo inerte y orgánico sin presencia humana. En el sentido contrario, lo físico y natural es la base única de la existencia de lo humano: sin realidad física y biológica no hay realidad humana, y no hace falta nada más (ningún ámbito sobrenatural imposible) para comprender lo humano.

Los fenómenos humanos y sociales emergen evolutivamente a partir de regularidades físicas básicas: lo cultural y lo artificial son subconjuntos especiales de lo biológico y lo natural. Con la consiliencia no se trata de ignorar lo específico y diferente de las humanidades, sino de conectar lo humano con la naturaleza y anclarlo al mundo real para comprenderlo mejor.

Es posible hacer investigación en un ámbito concreto de la realidad sin necesidad de conectarlo apenas con los demás, y de hecho muchos avances científicos requieren una alta especialización: sin embargo la perspectiva integradora sirve para incrementar la consistencia y la salud de todo el árbol del conocimiento, obteniendo múltiples apoyos que refuercen las ideas verdaderas y eliminando errores que de forma aislada podrían no ser detectados o incluso prosperar y expandirse.

La consiliencia del conocimiento científico se demuestra de forma constructiva, explicando cómo a partir de lo físico y lo químico emerge espontáneamente lo biológico (ciencias naturales), y cómo la evolución de la vida produce lo humano (humanidades, ciencias sociales: antropología, psicología, economía, sociología, moralidad, cultura, arte, lenguaje, religión, instituciones, ciencia, tecnología, derecho). Esta explicación es simple en sus ideas principales pero compleja en los detalles: incluye teoría e historia, tiene muchos elementos y etapas, y emplea de forma complementaria el análisis y la síntesis, la descomposición y la reconstrucción, el reduccionismo y el holismo, el estudio de los elementos y las relaciones de un sistema y el estudio del sistema en su conjunto.

Un concepto fundamental y ejemplo de consiliencia y de la oposición intelectual a la misma es la teoría de la evolución biológica: es una teoría con múltiples apoyos de evidencias convergentes (genética, biología molecular, biología en general, paleontología, geología, biogeografía, anatomía y fisiología comparadas, taxonomía); es una idea que sirve para explicar cómo a partir de lo biológico surge lo humano y lo social (conecta la vida con la mente, la intencionalidad, la conciencia); y sin embargo sufre una fuerte oposición de grupos de interés cegados por sus sesgos ideológicos y sus creencias religiosas en lo sobrenatural (creacionismo, teoría del diseño inteligente).

Referencias

John Brockman, The Third Culture: Beyond the Scientific Revolution

Humberto Maturana & Francisco Varela, Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living

Humberto Maturana & Francisco Varela, The Tree of Knowledge: The Biological Roots of Human Understanding

Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature

Matt Ridley, Nature Via Nurture: Genes, Experience, and What Makes us Human

Michael L. Rothschild, Bionomics: Economy As Ecosystem

Michael Shermer, The Mind of the Market: How Biology and Psychology Shape Our Economic Lives

Edward O. Wilson, On Human Nature

_ Consilience: The Unity of Knowledge

_ The Social Conquest of Earth

_ The Meaning of Human Existence

_ Sociobiology: The New Synthesis

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Liberalismo, humanidades y ciencias naturales

01/11/2006

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El liberalismo es fundamentalmente filosofía política, un cuerpo de conocimiento ético y económico acerca de la convivencia social de los seres humanos. Muchos de sus defensores son humanistas (gente de letras, economistas, juristas, filósofos, historiadores), aunque desgraciadamente no todos los humanistas son liberales.

Muchos de los críticos del liberalismo (obviamente no los únicos) son gente de ciencias, estudiosos de la naturaleza (físicos, biólogos), ingenieros. Sus ámbitos se caracterizan por el rigor del formalismo matemático y la comprobación empírica controlada. Han tenido grandes éxitos en la comprensión y la manipulación de sistemas simples, y erróneamente extrapolan sus métodos epistemológicos al ámbito de las sociedades humanas, órdenes espontáneos hipercomplejos no diseñables intencionalmente ni planificables de forma centralizada y coactiva. No entienden que la ingeniería social no funciona (el orden no viene de la orden), y no saben apenas nada de economía y ética, lo cual además comparten con la gran mayoría de quienes se consideran expertos en economía y ética (esos humanistas que no son liberales).

Muchos liberales (reales y presuntos) son ignorantes en los ámbitos de las ciencias naturales. Pero algunos (desconocidos o famosos) de forma temeraria critican algunas de las teorías científicas más sólidas, como la relatividad, la mecánica cuántica y la evolución biológica; lo hacen patéticamente, quedando en ridículo intelectual, a menudo por referencias de segunda mano a escritores marginales que se creen genios cuando son locos equivocados. Parecen creer que el ser humano tiene un alma mágica sobrenatural que fundamenta su consciencia y su libre albedrío, y que el bien y el mal son decididos y sancionados por la divinidad. Defienden a sus memes religiosos antes que reconocer la verdad de la realidad: y es posible explicar científicamente por qué lo hacen, aunque no suele servir de nada contárselo (también esto es predecible).

El subjetivismo es perfectamente compatible con el naturalismo. La acción y la elección están integradas en la biología humana como mecanismos de supervivencia. La ciencia cognitiva y la psicología evolucionista explican cómo la mente humana es muy sofisticada pero no requiere milagros para sentir emociones y sentimientos morales, tomar decisiones, preferir, elegir, actuar. No son necesarios imposibles espíritus incausados para dirigir la conducta. La mente no es un misterio insondable, no surge de la nada, es la descripción funcional a alto nivel de la actividad del cerebro. Los seres vivos son agentes autónomos, y los seres humanos son agentes autónomos intencionales (capaces de planificar, de preparar el futuro y no simplemente reaccionar ante el presente). Cada persona toma decisiones particulares por la interacción entre su sistema cognitivo (único en sus detalles, resultado de sus genes y su historia ambiental pasada) y la información percibida de las circunstancias de su entorno (realidad objetiva).

No nos quedemos sólo en las humanidades desconectados del mundo físico, biológico y psicológico. El materialismo naturalista reduccionista es cierto y funciona; no es ningún prejuicio metafísico. Las ciencias naturales sirven de fundamento profundo del liberalismo y es un completo disparate ir en su contra en lo que tienen de correcto. No parece acertado renunciar al conocimiento científico (provisional, revisable, criticable, pero también abundante, preciso, consistente y explicativo) a favor de la superstición. Los liberales somos pocos y sabemos que la mayoría (socialistas y conservadores) están equivocados (o son deshonestos) respecto a la organización social. Pero la analogía no vale en las ciencias naturales: no nos pasemos de listos con nuestra pose rebelde negando lo que ya se sabe; así la gente inteligente no nos tomará en serio y nos hará aun menos caso (si es que eso es posible).