Emilio Lledó, liberticida

05/10/2011

Artículo en Revista Ideas de Libertad Digital.


Las plagas de Emilio Lledó

14/09/2009

Según Emilio Lledó, filósofo y escritor, abundan las plagas sociales.

Estas plagas contradicen los ideales de cualquier sociedad saludable, deteriorando los cerebros y los comportamientos.

A continuación pasa a mostrar un caso de un cerebro deteriorado: el suyo propio.

Con avaricia e ignorancia buena parte del llamémosle empresariado, en lugar de crear verdadera riqueza, se ha dedicado a deteriorar el país y sus costas con la más salvaje especulación inmobiliaria. Muchos de estos individuos explican ahora, hipócritamente, que así se creaban puestos de trabajo. ¡Como si alguna vez, salvadas todas las respetables excepciones, hubieran pensado en algo que no fuera su fácil ganancia!

Mucha indignación moral y acusación de maldad, hipocresía, avaricia e ignorancia, pero poca inteligencia. Resulta que las viviendas no son verdadera riqueza: destruyámoslas entonces sin compensar a sus dueños, que les haremos un favor porque estaban engañados valorando sus propiedades, que “deterioraban” el país.

Precisamente el poderío industrial y científico de algunos de los grandes países europeos se debe al cuidado que han tenido en desarrollar una extraordinaria enseñanza pública que daba las mismas oportunidades a todos los ciudadanos -¿no es esa igualdad uno de los ideales de la democracia?- y contra la que, en esos países, no han podido competir las instituciones privadas, animadas, muchas veces, por sectas e ideologías, que se alimentan con las peores formas de irracionalidad, de discriminación, señoritismo y fanatismo. Los que han tenido la suerte de vivir en alguno de estos países descubrieron la libertad, la pasión por el conocimiento, la creatividad, que se ha estimulado en estos centros públicos de enseñanza que, a pesar de tantos cambios, siguen creyendo en la educación como el capital más productivo del progreso social. Progreso que no puede quedar en manos de quienes sacan provecho económico o ideológico de sus “privatizaciones”.

Así que la enseñanza pública es maravillosa: sólo aquí debemos de ser la excepción; bueno, quizás también otras potencias industriales y científicas como… la principal de ellas, Estados Unidos, con una enseñanza pública patéticamente deplorable. Resulta que lo único que merece la pena resaltar de las instituciones privadas es su relación con sectas e ideologías irracionales y discriminatorias: debe de ser que con el Estado eso no pasa; y quizás le dé miedo criticar la religión por su propio nombre. Pretender que la enseñanza pública fomenta la creatividad y la libertad es verdaderamente risible: funcionarios del mundo a cargo del capital humano… Y es que el progreso no puede darse si hay provecho económico y privatizaciones: público bueno, privado caca; pensamiento profundo, la filosofía al poder.

Por supuesto que el abandono de la sanidad pública que en algunas comunidades autónomas se está llevando a cabo y que responde a las falacias y errores que arrastra el sofisma mortal de la “libre empresa”, pone de manifiesto, con la crisis de estos días, su absoluta impotencia. Crisis cuyas causas reales, que apenas se mencionan ya, barruntamos, y cuyo análisis serviría para mostrar la falsedad de ese llamado liberalismo, que pretende eliminar cualquier control del Estado, para que unas nuevas formas de oligarquías puedan seguir campando por sus respetos, contra el respeto que deben a la sociedad con cuyos manejos se enriquecen.

¿Qué sanidad pública se está abandonando, por favor? ¿Tienen que ser funcionarios o entidades públicas las que proporcionen los servicios del estado del bienestar o puede utilizarse la competencia y la libre elección de proveedores por los ciudadanos?

La “libre empresa” (así, entrecomillada como peligrosa y sospechosa de lo peor) como sofisma mortal. Seguramente Lledó la conoce de lejos, dudo que haya organizado alguna o trabajado para alguna: como mucho habrá comprado algún bien o servicio mortalmente sofístico y absolutamente impotente.

El llamado liberalismo, causante de la crisis actual: un genio de la economía este filósofo, quizás fobósofo por las memeces que perpetra. Resulta que los liberales pretendemos que las oligarquías campen por sus respetos: eso es malo, pero es peor lo de que le falten al respeto a la sociedad, que es una señora muy respetable.

Lledó defiende “un concepto de identidad democrática cuyos principios serían, por ejemplo, la justicia, la decencia, la cultura, la solidaridad, la lucha por la igualdad, etcétera, y en la que todos los seres humanos nos identificamos, como son idénticos, desde la estructura corporal que nos sostiene, nuestros pulmones, nuestros estómagos, nuestros corazones”.

A saber qué entiende por justicia (social, seguro) y si la solidaridad será voluntaria;  la libertad quizás esté en el etcétera (o tal vez no esté). Porque nuestros pulmones, nuestros estómagos, nuestros corazones, son idénticos: sólo se enferma por azar. Los cerebros no aparecen en la lista, lo cual es de agradecer, porque mi cerebro y el suyo son claramente distinguibles.

Mencionaré, de paso, esa plaga de la estupidización colectiva que llevan a cabo algunos medios de comunicación, incluida la ceguera que produce buena parte de los llamados “videojuegos”. Ya que se habla tanto de proyectos educativos más o menos “boloñeses”, se olvida de que la educación está, sobre todo y por desgracia, no en las escuelas, institutos y universidades, sino en esos medios de comunicación que ciegan y atontan a ciudadanos que merecerían mejor trato.

Después de la estupidización que causa el propio Emilio Lledó sorprende que quede algo que estupidizar para la televisión y los videojuegos: tema este último que seguro que ha investigado en profundidad con abundante práctica personal. Un filósofo nunca falta al rigor intelectual.

Por último, sorprende, aunque es comprensible y conveniente, la campaña contra el tabaco, cuando mucho más peligrosa, desde todos los puntos de vista, es la utilización descontrolada de medios de transporte que corrompe el aire público, las posibilidades de vida para los seres humanos y para la naturaleza; y que cada semana, como otras muchas enfermedades, produce más víctimas que la gripe que nos están condimentando para el próximo otoño.

La campaña contra el tabaco es conveniente: ha hablado un filósofo así que no hay más que decir. Los medios de transporte se usan de forma descontrolada: el volante, el acelerador y el freno son accesorios ornamentales. El código de la circulación es entretenimiento literario. Y el aire efectivamente es público, aunque gracias a los avances tecnológicos del capitalismo cada vez está más limpio.