Tonterías de Amparo Estrada

01/11/2009

Según Amparo Estrada, “la crisis actual también ha puesto al descubierto las debilidades del modelo neoliberal”:

En la mayor parte de Europa tenemos un Estado del Bienestar que no se disfruta en otros países, con asistencia sanitaria gratuita y universal, educación pública obligatoria, sistema de pensiones, subsidios de protección a los parados…

Los que lo tenemos disfrutamos tanto del Estado del Bienestar que no se nos permite decidir no participar en el mismo, como si en lugar de impedir caer en la adicción se impidiera salir de la adicción. Además es presuntamente gratuito pero hay que pagarlo, lo uses o no; y con la educación no basta con pagarla, encima hay que recibir el adoctrinamiento estatal durante unos cuantos años.

Podríamos reflexionar sobre el círculo virtuoso del gasto social. Ahora que tanto se habla de los estímulos económicos que permitan impulsar la demanda y el consumo para salir de la crisis, hay que recordar que el gasto social también ayuda a ello.

Podríais reflexionar si tuvierais un mínimo de inteligencia y supierais usarla, pero no es el caso. Efectivamente el gasto social impulsa el consumo, lo cual equivale a darle la puntilla a la economía con la excusa de estimularla. Es más bien un círculo vicioso eso de gastar más y más…

Cuando se introdujo el Estado del Bienestar, se liberó renta de los trabajadores –que ya no tenían que ahorrar para la educación de sus hijos o para la sanidad o las pensiones de su vejez– lo que mejoraba el poder adquisitivo de los salarios y les permitía destinar ese dinero al consumo, y eso, a su vez, impulsó el crecimiento económico.

¿Acaso los trabajadores no pagan impuestos para mantener el Estado del Bienestar? ¿Eso no disminuye su renta? Es cierto que durante un tiempo se puede recurrir al endeudamiento, al pan para hoy y hambre para mañana. Pero si no se ahorra (porque parece que no hace falta, todo es gratis a costa de papá Estado) el mañana nos traerá feas sorpresas: y resulta que hoy ya es ese mañana en el cual se ha consumido en exceso y la economía está descapitalizada. El crecimiento económico no se impulsó, sino que se falsificó.

Ahora deberíamos hacerlo otra vez. No se va a frenar la presión para mantener la contención de los salarios, por lo tanto es necesario mejorar el poder adquisitivo de estos garantizando unos servicios públicos que, como cuando surgió el Estado del Bienestar, permitan que los trabajadores no tengan que financiar la educación de los hijos, la sanidad o mantener gastos irracionales de transporte o vivienda.

Los progresistas siempre recomiendan en tono admonitorio las mayores idioteces: incrementemos el tamaño del Estado y sigamos gastando sin que nadie ahorre y así revivirá la economía. Y la factura que la pague otro. Sobre todo la de esos “irracionales” gastos de transporte…

Hay que mejorar la cualificación profesional de los trabajadores, con formación en nuevas tecnologías, que les dé capacidad para variar de rama de actividad o de sector, en función de la evolución de la economía y del mercado de trabajo. Eso significa renovar el sistema educativo de forma que sólo lo puede hacer el sector público.

Efectivamente el sector público es único para gestionar la educación tan mal como lo hace.


La desigualdad y la crisis

22/10/2009

Artículo en Libertad Digital.


Joan Majó y los impuestos

03/10/2009

Joan Majó, ingeniero y ex ministro socialista, está a favor de que suban los impuestos, “¡pero no ahora!”. Un liberal podría suscribir este principio si se aplicara siempre de forma consistente: hoy se pide que ahora no se suban los impuestos; cuando mañana sea hoy se pedirá que ahora no se suban los impuestos; y así indefinidamente, como aquel cartel de “hoy no se fía; mañana sí”.

Parece que Majó entiende algo sobre la crisis:

Somos menos ricos de lo que creíamos y, a base de endeudarnos, vivíamos por encima de nuestras posibilidades.

Pero lo estropea muy deprisa:

La solución de la crisis, nadie lo discute, pasa por aumentar mucho el gasto público en forma de inversiones que den ocupación y de ayudas que mitiguen situaciones socialmente difíciles.

Nadie lo discute: ¿es Majó tan tonto que cree que conoce a todo el mundo y sabe lo que piensan, o miente con total descaro? La solución a la crisis está en reducir el intervencionismo estatal, parte del cual se expresa como gasto público con la falacia de que hay que aprovechar los recursos que están ociosos y sólo el sector público puede permitirse hacerlo.

A medio plazo, los impuestos tienen que subir… Estamos en una perspectiva de incremento de impuestos en los próximos años. Modestamente, pienso que quien dice lo contrario se equivoca o intenta engañar.

Con socialistas de todos los partidos a cargo del gobierno no resulta aventurado predecir que los impuestos vayan a subir. Otra cosa es que esa subida sea una necesidad inevitable: la sociedad puede vivir mucho mejor con reducciones de impuestos que dejen el dinero en los bolsillos de sus legítimos dueños, los ciudadanos que se lo han ganado.

Mientras la crisis sigue presente y supone, entre otras cosas, una fuerte reducción del consumo, lo más inmediato es cambiar la tendencia y reactivarlo de forma selectiva y socialmente justa.

Así que los gobernantes van en contra de las preferencias demostradas de los ciudadanos, que prefieren ahorrar, reducir deuda y restringir su consumo: ellos van a reactivar el consumo, y encima de forma selectiva, en lo que ellos prefieran (cuando hablan de justicia se refieren a los mecanismos populistas más eficientes en la compra de votos mediante la distribución del expolio fiscal). ¿La democracia no consistía en que los políticos representaban la voluntad popular?

Creo un error y una injusticia seguir poniendo en el mismo saco las rentas del ahorro y las plusvalías de la especulación.

¿Qué diferencia hay entre ambas aparte de que una suena más o menos bien y la otra está cargada de connotaciones negativas? ¿Se va a privilegiar a la deuda en perjuicio de las acciones? ¿Es que no hemos tenido suficientes excesos de endeudamiento? ¿Se va a insistir en que el ahorro tiene que ser a largo plazo al mismo tiempo que se permite que los bancos desajusten la madurez de su activo y su pasivo de forma sistemática? ¿Y si los ahorradores se dedican a corregir desajustes a corto plazo? ¿Se les va a castigar por hacerlo?

Pienso que no hay errores de política. Creo que hay errores de oportunidad y aún más errores de comunicación. Por descontado, la oportunidad y la comunicación forman parte de la política.

Es curioso cuando la gente asegura que piensa al proferir sandeces que demuestran que no piensa en absoluto. Aquí se afirma que P es un conjunto vacío, que O y C no son conjuntos vacíos y que O y C son subconjuntos de P. Y el señor tiene título de ingeniero y ha sido ministro (pero esto último ya “todos sabemos” que lo puede ser cualquiera).


Ramón Jáuregui, el mercado y el Estado

02/10/2009

Ramón Jáuregui, eurodiputado socialista, quiere limitar las retribuciones variables (bonus, primas, blindajes, stock-options) en el sector financiero, en contra de “la doctrina oficial del pensamiento económico liberal”. Resulta que los liberales somos (o éramos) la oficialidad: y nosotros creyéndonos radicales marginados antisistema.

Más allá de las formulaciones técnicas que se adopten, una cosa es indiscutible: quienes despreciaban al Estado e idolatraban al mercado, han visto destruidas sus aparentemente firmes convicciones cuando la política en estado puro ha sido llamada con urgencia al quirófano de la crisis.

No se puede discutir, tal vez porque lo ha dicho un político que manda mucho desde muy lejos, allí en Bruselas. No menciona a ningún idólatra del mercado, ni ningún ritual, oración o sacrificio propiciatorio; quizás cree que los que defienden los mercados sólo tienen fe y convicciones en lugar de conocimiento y experiencia, algo que seguramente a él le es bastante ajeno.

Queda muy gracioso un político que presume de su intervencionismo coactivo, reclamado por él mismo y sus adláteres, que pretende culpar al mercado del veneno que ellos mismos han inoculado a la economía, y que ahora pretende ser cirujano cuando más bien es un carnicero depredador chapucero.

Es la economía, los bancos, las bolsas, las empresas, los trabajadores, la sociedad entera quienes miran angustiados a sus instituciones representativas para resolver los problemas. Y al hacerlo, las instituciones se reivindican como fundamentos de una organización social, de una sociedad política. Triunfa lo público frente a la expansión egoísta de lo privado y al individualismo descreído e insolidario.

Si es la sociedad entera ¿para qué ir sector por sector? ¿Y por qué habla de las empresas y no de los empresarios? La desfachatez de los políticos para describir falazmente la realidad no conoce límites: proyectan sus obsesiones, filias y fobias particulares y creen que las comparte la sociedad entera, sin darse cuenta con sus pocas luces de que basta un solo discrepante para falsificar sus afirmaciones; pretenden politizar, colectivizar, eliminar la libertad de esos individuos egoístas, insolidarios y descreídos (¿pero no éramos idólatras?). Naturalmente que triunfa lo público: tienen el monopolio de la violencia y no dan opción a decir que no.

Se reafirma el papel interventor y arbitral de la política sobre los intereses particulares del mercado. Es el orden democrático el que se refuerza frente a la desregulación y la intervención marginal del Estado, con que se nos veía intoxicando desde hace más de veinte años. ¡Justamente lo que proclama la izquierda!

Esos intereses particulares que sólo triunfan en el mercado si sirven de forma competente a otros intereses particulares, algo que debe ser feísimo. Pobre Estado marginal, miles de páginas de leyes y regulaciones no son suficientes para una clase política que claramente padece una intoxicación por algún tipo de droga que impide el pensamiento racional.

Los idiotas de la izquierda se creen moralmente superiores y juegan en sus delirios a ser árbitros, reguladores, interventores: en la realidad no son más que parásitos, megalómanos, metomentodos violentos.

La cumbre de Pittsburgh ha formalizado la decisión de los países más poderosos de la tierra (85% del PIB mundial) de constituirse en el gobierno del mundo, ante la evidencia de que los problemas que afrontamos son supranacionales y requieren respuestas globales. Desde la crisis financiera al cambio climático, desde la seguridad energética a la paz mundial, sólo las decisiones coordinadas y planetarias serán eficaces.

Decisiones planetarias: qué gran título para una obra de éxito… de ficción literaria. Porque los socialistas no entienden que el problema de la coordinación no se resuelve desde arriba, desde las cúspides del poder; sólo funcionan adecuadamente los órdenes libres y espontáneos, los que se proponen desde abajo y se ajustan localmente mediante pruebas, errores y aciertos adaptativos.

Pero, claro, la complejidad de diseñar una gobernanza a la globalización es enorme, especialmente en un marco en el que es imprescindible poner límites a los mercados sin coartar la actividad económica. Precisamente por ello debemos pensar más allá de los instrumentos, métodos y marcos teóricos convencionales. Debemos considerar ideas nuevas y transgresoras.

Parece que al menos les suena el problema de la complejidad. Pero no es imprescindible “poner límites a los mercados”, lo que en realidad hace falta es liberalizarlos de verdad y no de boquilla, liquidar los bancos centrales, eliminar las leyes de curso legal forzoso, acabar con la obligatoriedad de las garantías de los depósitos, y olvidar las garantías implícitas o explícitas a los que fracasen en la competencia del mercado.

Jáuregui sólo menciona dos ideas que ni son nuevas ni son transgresoras. La primera, “vincular la retribución variable de los altos ejecutivos no sólo a los beneficios, sino también a las pérdidas, de manera que las primas reflejen los verdaderos riesgos que se toman en la banca”. Esto serán las propias empresas privadas (si es que lo son realmente) quienes deban decidir si merece la pena y puede hacerse eficientemente: no son los burócratas y los tecnócratas los más capaces de tomar estas decisiones sobra las que saben más bien poco.

La otra “valiente” idea es la vieja estupidez de la Tasa Tobin sobre los movimientos de capital. Citar a otros socialistas, como el comisario Almunia, que cree que es una magnífica idea, o diversos ministros y altos cargos europeos, no sirve para dar validez a la idea, sino para demostrar que los colectivistas de todo el mundo comparten ampliamente las mismas memeces y tienen las mismas ganas de confiscar toda la riqueza ajena que puedan.

La base moral y política del discurso que soporta esta idea es inapelable. Resulta evidente que la crisis que vivimos ha sido creada por excesos de entidades y directivos pertenecientes a lo que genéricamente podríamos llamar el capital financiero del sistema. Los Estados de todo el mundo han tenido que emplear ingentes cantidades de recursos públicos para sanear los daños y garantizar el funcionamiento del sistema.

Es curioso cómo los más ineptos califican como inapelables sus sandeces; les gusta sobre todo si se trata de juicios morales en ámbitos sobre los cuales lo ignoran prácticamente todo. Los principales causantes de esta crisis han sido los gobernantes y sus banqueros centrales en sus intentos por controlar y dirigir los capitales financieros. Luego han metido mano en el dinero ajeno y han gastado sin freno para que pareciera como que hacían algo inteligente.

Y cuando los Estados quieren compensar sus gastos y reducir sus déficits públicos y recurren a la fiscalidad, las rentas más altas y las grandes fortunas, las rentas del capital, etc., no aportan nada porque se esconden del fisco o se escapan de él hacia espacios fiscales opacos. En consecuencia, somos los ciudadanos los que volvemos a endeudarnos a través del Estado o sufragamos el coste de la crisis con los impuestos indirectos (desde el IVA a los combustibles). ¿Es esto aceptable?

Es inaceptable que se gasten ingentes cantidades de recursos en salvar empresas fracasadas y mantener bancos y cajas de ahorros zombis. Es inaceptable que no se reduzca el gasto público. Es inaceptable que las rentas medias y bajas no puedan huir también de las despreciables manazas de Hacienda. Es inaceptable que sujetos con obvias taras mentales traten de diagnosticar problemas que no entienden y que receten curas que agraven al enfermo.

Quisiera terminar este artículo, como lo hacía el ministro alemán: Si alguien tiene una idea mejor, que la diga.

Jáuregui, escucha (o lee): cualquiera tiene una idea mejor que las tuyas. El problema es que no te vas a dar por enterado, y además ni quieres ni puedes entenderlas.

Pero ya que lo pides, un pequeño ejemplo de Gabriel Calzada en Expansión.


El gran error de Estefanía

18/09/2009

Joaquín Estefanía, divulgador profesional de falacias económicas keynesianas y krugmanitas, escribe sobre un gran error:

El 15 de septiembre de 2008 … quebraba el banco de inversión Lehman Brothers (LM) y se generaba el pánico. La Reserva Federal (Fed) y el Tesoro lo dejaron caer, haciendo una excepción respecto a lo que había ocurrido hasta el momento.

La gran paradoja es que en el único momento en el que el capitalismo aplica su darwiniana regla de oro, deja caer a un banco con problemas y es coherente con lo que predica, parece el principio del fin y todo el mundo habla de “el gran error”.

Estefanía parece sugerir que en cuanto se deja que el capitalismo funcione solo inmediatamente sucede el desastre. Pero el sistema económico actual está muy lejos de ser capitalista, abundan las intervenciones, regulaciones y redistribuciones coactivas por parte de los gobiernos: que además ni siquiera son estables, existe un grave riesgo de inestabilidad institucional, de modo que no se respeta el imperio de la ley sino que se decide a golpe de arbitrariedad del político o burócrata de turno (a estos los salvo, a estos los dejo caer), lo cual genera incertidumbre en los agentes económicos (véase Robert Higgs, Regime uncertainty).

Los bancos centrales no son instituciones propias del capitalismo (y son los principales causantes de la crisis por su manipulación monetaria y crediticia), y el tesoro público es una entidad estatal. Así que es absurdo creer que este caso se trata del capitalismo aplicando la selección competitiva que sí le es propia.

Estefanía, desde su púlpito en El País, pretende conocer a todo el mundo, sabe lo que piensan y resulta que todos creen que dejar caer a Lehman fue un gran error.

Pero resulta que John Cochrane y Luigi Zingales, catedráticos de finanzas en la Universidad de Chicago, no están de acuerdo con su apreciación. Más bien fue el alarmismo incompetente de la Reserva Federal y del Tesoro, asegurando que el sistema financiero estaba al borde de la catástrofe, que no podían explicar los detalles pero que necesitaban gigantescas sumas de dinero para salvar la situación, lo que desató el pánico.


Felipe González y la crisis económica

14/09/2009

Según el socialista ex presidente del Gobierno Felipe González, en Japón ha habido “un cambio de gobierno inexplicable tras 50 años de hegemonía liberal pura”. Si cree que lo que había antes en Japón era liberalismo puro no sorprende que considere inexplicable un cambio de gobierno, porque no se entera de nada. Japón lleva decenios con unos sistemas industrial y financiero profundamente intervenidos por el gobierno.

Respecto a la crisis, asegura que la culpa “parece que ahora la tienen los gobiernos”, por lo que alertó de que la causa “está en una implosión del sistema financiero, que ha venido funcionando como un casino financiero mundial sin reglas”.

Efectivamente la culpa la tienen los gobiernos, las apariencias (que convendría aclarar para quién) a veces no engañan. El sistema financiero no es un juego de azar (hay que ser muy tonto para creerlo) y tiene una enorme cantidad de regulaciones (hay que ser muy deshonesto para negarlo). ¿Le sonarán los bancos centrales y las normas de Basilea?

Parece que las entidades financieras “siguen vendiendo los mismos productos que antes, pero no dan crédito”. Si siguen vendiendo lo mismo que antes, tal será porque alguien lo compra, y ahora no pueden escudarse en que no entienden sus riesgos con la que está cayendo. El que el crédito se haya reducido (en algunos ámbitos sólo se ha reducido su velocidad de crecimiento), ¿es lo mismo que no haya crédito en absoluto? Ciertas distinciones quizás sólo pueden esperarse de personas honestas e inteligentes.


Excelente McCoy sobre el sueldo de los directivos

09/05/2009

Aquí.

En una sociedad que necesita por qués como el comer, y cuanto más inmediatos mejor, está claro que los gestores de las entidades son la víctima propiciatoria ideal para descargar sobre ella la ira popular, que cualquiera se atreve con políticos, bancos centrales, supervisores o la propia ciudadanía.

Si lo que se hace es legal, habrá que hacer descansar la responsabilidad en aquél que fija los límites de la legalidad, ¿no creen?