Recopilación de artículos sobre dinero, crédito, banca y finanzas (actualización)

28/12/2012

La banca con reserva fraccionaria (o aquí)

Asientos reservados

Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

Producción, preservación e intercambio de valor: los intermediarios

Producción, preservación e intercambio de valor: el dinero

Servicios e información no pueden ser dinero

El dinero mercancía

Dinero, unidad de cuenta y cálculo económico

El dinero como institución evolutiva

La producción de dinero

Problemas del dinero mercancía

Dinero y deuda

Nociones básicas de finanzas

Plazos, coste y riesgo del crédito

Dinero, deuda y banca

Banca, pagos y finanzas

El dinero interno bancario

La estabilidad de la banca

Dinero, finanzas y economía: (I) el mercado libre

Dinero, finanzas y economía: (y II) la intervención estatal

Crisis: dinero, crédito, banca, Estado

El descalce de plazos y riesgos (1)

El descalce de plazos y riesgos (y 2)

– En Libre Mercado:

El riesgo de la deuda pública


El descalce de plazos y riesgos (1)

30/11/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Los compradores quieren pagar lo menos posible y obtener la máxima cantidad y calidad, negocian tirando del precio hacia abajo. Los vendedores quieren cobrar lo máximo posible y entregar la mínima cantidad y calidad posible, negocian tirando del precio hacia arriba. Además entre ambos suele haber intermediarios, que compran a los productores (vendedores) y venden a los consumidores (compradores); puede haber varios niveles de intermediación en una estructura de producción y distribución compleja. El intermediario quiere comprar barato y vender caro con el máximo margen de beneficio posible.

Hay más intercambios (mayor actividad económica) si los intermediarios reducen su margen unitario y aceptan comprar más caro y vender más barato, pero esto desincentiva su labor (salvo que les compense una mayor rotación). Una posible solución es subvencionar a los intermediarios, pero el dinero tiene que salir de algún lado, probablemente de los bolsillos de los compradores y vendedores en su calidad de contribuyentes, o produciendo dinero (en realidad pseudodinero) a muy bajo coste (generando inflación que erosiona el poder de compra de los tenedores de dinero y activos a tipo de interés fijo).

Otra posibilidad es que los intermediarios realicen algún truco, manipulación o transformación, como un engaño sobre la calidad o seguridad de sus mercancías o servicios. El intermediario compra barato mercancía mala o insegura, y la vende cara como mercancía buena y segura. Todo el mundo parece feliz: vendedores, intermediarios, compradores, y la sociedad en su conjunto.

El problema es que el engaño no puede funcionar indefinidamente ya que eventualmente los bienes de mala calidad se muestran como lo que realmente son: se estropean, dejan de funcionar e incluso provocan accidentes y graves pérdidas. Los productores de bienes de mala calidad dejan de poder venderlos a los precios anteriores; quienes los compraron en el pasado descubren que no son tan ricos como creían; y todo el mundo odia y acusa de sus problemas a los intermediarios (estafadores, imprudentes e irresponsables).

Los bancos (y otros intermediarios financieros como la banca en la sombra) descalzan (transforman, desajustan) plazos y riesgos cuando por un lado (su pasivo) piden prestado a corto plazo y ofreciendo (presuntamente) completa seguridad a sus depositantes y demás prestamistas, y por el otro lado (su activo) prestan o invierten a más largo plazo y con más riesgo e incertidumbre.

Un prestamista (acreedor) quiere prestar con el mínimo riesgo, al mínimo plazo posible, y lo más caro posible (mayor tipo de interés); un prestatario (deudor) quiere recibir prestado pudiendo asumir riesgos, al máximo plazo posible, y lo más barato posible (menor tipo de interés). La transformación de plazos y riesgos parece contentar a todos: pero tiene un coste incomprendido por muchos, el de las crisis económicas recurrentes por descoordinación intertemporal y asunción excesiva de riesgos.

Los bancos son gestores de cobros y pagos e intermediarios financieros. Estas dos funciones son complementarias y permiten al banco aprovechar su conocimiento especializado: al tener relaciones comerciales duraderas y al conocer los ingresos y gastos y la posición financiera de un cliente, el banco puede evaluar más fácilmente su crédito y así concederle o no un préstamo. Pero estas dos funciones también pueden mezclarse de forma imprudente y destructiva, cuando el banco utiliza los saldos de tesorería de sus clientes, o su ahorro a muy corto plazo, para realizar préstamos más arriesgados y a más largo plazo.

Para realizar cobros y pagos los bancos ofrecen a sus clientes sus propios pasivos líquidos (seguros y a muy corto plazo): billetes (si pueden legalmente emitirlos y les interesa hacerlo), y depósitos en cuenta. Un banco prudente debería respaldar esos pasivos con activos de las mismas o muy semejantes características (reservas monetarias y deuda muy segura y a muy corto plazo que pueda liquidarse rápidamente en cualquier circunstancia sin pérdidas) para poder hacer frente a las eventuales retiradas de fondos de sus clientes y así ser solvente y no estar expuesto a la posibilidad de quebrar.

Como intermediarios financieros los bancos captan ahorros de muchos pequeños agentes económicos (agregación) y evalúan la solvencia de otros agentes a los cuales prestan esos mismos fondos. Prestamistas y prestatarios finales ocasionalmente podrían prescindir de intermediarios: empresas que venden sus bonos o acciones directamente a los mercados, ahorradores que los compran. Pero el banco, como cualquier intermediario, tiene conocimiento especializado que le permite por un lado asistir a los ahorradores sin esos conocimientos, y por otro internalizar los costes y beneficios de la evaluación de la solvencia de los potenciales deudores: un deudor que se evalúa a sí mismo no es fiable; un evaluador externo (agencia de calificación de riesgos) puede o no ser fiable (problemas de reputación, captura o corrupción), o proporciona un bien público por el cual le es difícil cobrar (asume el coste de investigar y pierde el control de esa información al ofrecérsela a otros).

Los bancos, como cualquier intermediario, ganan dinero porque compran barato y venden más caro: por el diferencial entre el tipo de interés que pagan a sus prestamistas y el que cobran a sus prestatarios (además de posibles comisiones). Para ser viables económicamente y dar beneficios a sus accionistas los bancos no necesitan descalzar plazos y riesgos.

Pero un banco puede caer en la tentación de intentar obtener mayores beneficios incrementando ese diferencial entre ingresos y gastos si descalza plazos y riesgos: pide prestado a corto plazo y poco riesgo (más barato) y presta a mayor plazo y con más riesgo (más caro).

Con el descalce de plazos y riesgos se expande el crédito y la economía aparenta prosperidad creciente: los bancos ganan más dinero y pueden ofrecer sus servicios a menor precio; los depositantes tienen derecho a recuperar su dinero cuando quieran con seguridad (o eso creen); los receptores de préstamos no están presionados por pagos a corto plazo y pueden embarcarse en proyectos empresariales más especulativos; la sociedad parece disponer de más ahorro e inversión sin necesidad de renunciar al consumo.

Pero el descalce de plazos y riesgos es insostenible y causa las crisis económicas. Muchos economistas (*) aseguran que la esencia de la banca es la transformación de plazos (si no lo hicieran no serían bancos sino otra cosa), que esa es su función social, la cual permite disponer de más ahorro e inversión productiva: es un error intelectual muy grave que les impide comprender los ciclos económicos de origen financiero, al no entender las componentes temporales y de riesgo del crédito (la calidad del mismo).

Como en todo timo o truco de magia, en la aparente y falaz bondad de la transformación de plazos (parece que se obtiene algo a cambio de nada) hay algo que muchos observadores no son capaces de percibir o cuya importancia ignoran: el incremento sistemático del riesgo y la descoordinación intertemporal. Todo el sistema bancario y los agentes a quienes este financia están asumiendo sistemáticamente más riesgos y extendiéndose más hacia el incierto futuro que lo que los ahorradores están dispuestos a soportar.

Mediante el descalce de plazos y riesgos los bancos no redistribuyen y gestionan los riesgos mediante leyes estadísticas de grandes números, sino que crean más riesgo, incertidumbre, fragilidad e inestabilidad, y además de forma opaca y compleja (balances incompletos o indescifrables, ingeniería financiera incomprensible). No se trata de riesgos exógenos accidentales, aislados y descorrelacionados, sino de riesgos endógenos, correlacionados (se realimentan mutuamente y tienden a manifestarse y producir efectos nocivos de forma simultánea), generados de forma sistemática, conjunta y masiva por las entidades financieras (con la inestimable ayuda del Estado).

La asunción excesiva de riesgos termina inevitablemente por pagarse en forma de crisis económicas que muestran los desajustes y descoordinaciones de la economía, tanto en el ámbito productivo real como en el ámbito monetario, crediticio y financiero. El sistema es tan frágil que termina colapsando de forma espontánea o no es capaz de resistir alguna perturbación externa.

Las crisis económicas no suceden inmediatamente, lo que las haría menos intensas: los desajustes son graduales (años), y las correcciones son bruscas (horas, días). La expansión crediticia se prolonga y tiende a ocultar los peligros y los desajustes que genera bajo una falsa apariencia de prosperidad: todos los negocios son rentables, sube la bolsa, los pisos se revalorizan, todo se vende, todo el mundo tiene trabajo. Los errores se acumulan y la burbuja se hincha gradualmente hasta que explota rápidamente y de forma catastrófica.

(*) No son solo economistas intervencionistas, como Paul Krugman (Don’t be narrow minded, If banks are outlawed only oulaws will have banks) o Bradford DeLong (The maturity transformation and liquidity transformation and safety transformation industry), quienes no entienden los problemas del descalce de plazos y riesgos. Algunos liberales (neoclásicos y austriacos) también caen en este fatal error.


Crisis: dinero, crédito, banca, Estado

29/10/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Vivimos una crisis económica grave, caracterizada por paro, recursos desaprovechados, empobrecimiento, decrecimiento, impagos, desahucios, viviendas vacías o inacabadas, terrenos devaluados, pérdidas y quiebras empresariales, déficit público, deudas muy difíciles de pagar, falta de confianza y crédito.

Hemos llegado a esta crisis a causa de una expansión crediticia insostenible: el crédito demasiado fácil y barato, el optimismo infundado y nada realista (por exuberancia irracional, efecto manada, e incultura financiera: “el ladrillo nunca baja”; “las casas suben de precio porque la gente puede pagarlas”; “la economía va bien”; “hemos acabado con los ciclos económicos”), han originado una burbuja financiera, un endeudamiento exagerado, una prosperidad ficticia, un exceso de asunción de riesgos que ha derivado en daños inevitables.

Buscamos culpables: el mercado o el Estado; la libre competencia evolutiva entre alternativas, o la planificación coactiva centralizada.

El mercado libre no puede ser culpable porque no existe: no se respetan los derechos de propiedad ni hay libertad contractual; no se privatizan beneficios y pérdidas; abundan las regulaciones, prohibiciones, obligaciones, garantías, subvenciones, protecciones. Además el mercado no es un agente, una entidad unitaria cohesionada, sino un sistema y un proceso mediante el cual múltiples agentes intentan coordinarse, cooperar y competir. Muchos de estos actores económicos han cometido errores sistemáticos: bancos, cajas, banca en la sombra, agencias de calificación de riesgos, sector inmobiliario (constructoras, promotoras, agencias de tasación), familias, inversores, ahorradores, especuladores, trabajadores. Pero estos errores han sido fomentados y agravados por el intervencionismo estatal en los ámbitos monetario y crediticio.

El Estado es un agente poderoso y omnipresente, que interviene, dirige, regula y supervisa todos los aspectos de la economía de forma torpe y defectuosa por problemas de conocimiento e incentivos, y sus errores provocan daños generalizados. El gobierno presuntamente actúa con sabiduría, experiencia e imparcialidad, pero en realidad se equivoca sin asumir la responsabilidad y el coste de sus errores, impone reglas arbitrarias, injustificadas o disfuncionales, elimina la libre competencia evolutiva entre alternativas descentralizadas, dificulta la generación y transmisión de información, desactiva los mecanismos naturales de vigilancia, protección y generación de confianza de la sociedad, y genera riesgo moral de forma sistemática. “Papá Estado vigila, así que no te preocupes y sigue durmiendo tranquilo.”

En teoría el Estado actúa para evitar, mitigar o compensar el ciclo económico de expansión y depresión presuntamente causado por el libre mercado. En realidad es el Estado su principal causante por el envilecimiento de la moneda, la expansión insostenible del crédito y el fomento de la asunción excesiva de riesgos. Las intervenciones estatales descoordinan las estructuras productivas y financieras del sistema económico: los bancos centrales, emisores monopolistas de dinero y supervisores y protectores de la banca privada, generan inflación, desestabilizando el valor del dinero, y manipulan a la baja los tipos de interés, responsables de la coordinación intertemporal y las decisiones de consumo y ahorro; los estados ofrecen garantías explícitas o implícitas de refinanciación o rescate a ciertos agentes privilegiados, los bancos y algunos de sus acreedores, los cuales adaptan su conducta al marco legislativo asumiendo más riesgos para intentar obtener mayores beneficios, a sabiendas de que sus posibles pérdidas serán socializadas con la excusa del riesgo sistémico por ser entidades demasiado grandes e interconectadas para caer.

Para comprender los ciclos económicos es esencial entender el dinero, el crédito y la banca, y su distorsión por parte del Estado.

El dinero es el bien cuyo valor o poder adquisitivo es lo más estable o invariante posible (liquidez, para todas las personas, en todo momento y lugar, en cualquier cantidad, como comprador o vendedor). Debe ser fungible, duradero, fácilmente almacenable y transportable (alto valor por unidad de masa y volumen), reconocible, divisible, producible en unidades homogéneas, y con una baja y estable relación entre flujo y existencias. El dinero es necesario, junto a los intermediarios, para unir a vendedores y compradores de bienes y servicios en una sociedad extensa con especialización y división de trabajo.

El dinero cumple tres funciones que deben estar adecuadamente equilibradas: medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta. El intervencionismo estatal suele distorsionar la función de depósito de valor (poder no intercambiar mientras no se desee hacerlo y guardar reservas líquidas para el futuro), generando inflación, para forzar a los agentes a realizar más intercambios (aunque no sean libres y voluntarios) y así aparentar prosperidad y crecimiento (“estimular la economía”) y obtener recursos fiscales.

El dinero es una institución social, evolutiva, espontánea y adaptativa: es un patrón de conducta repetitivo, generado mediante imitación generalizada de conductas empresariales exitosas, que facilita la coordinación social. No requiere ninguna intervención estatal para su existencia.

Tener dinero o saldos de tesorería tiene el riesgo de su posible robo y el coste de oportunidad de lo que no se compra con ese dinero o los rendimientos que no se obtienen al invertirlo (en préstamos, compra de bienes de capital o acciones).

Para economizar el uso de dinero los agentes económicos pueden realizar intercambios incompletos, diferidos, a crédito: se entregan bienes o servicios presentes a cambio de promesas de entrega de dinero en el futuro; se genera una deuda entre un deudor (deber de pago) y un acreedor (derecho de cobro). El tipo de interés de la deuda depende de su plazo y riesgo: a menor plazo y riesgo, menor es el interés.

El crédito se concede en función del conocimiento y la confianza que tiene el acreedor en la solvencia (honestidad y capacidad de pago) del deudor; suele reforzarse mediante garantías como colateral y avalistas. Las deudas pueden cancelarse entre sí, pagarse a su vencimiento, renovarse, o impagarse (morosidad).

Las deudas a muy corto plazo y cuyo cobro es muy seguro pueden llegar a aceptarse como medio de pago (complementos o sustitutos monetarios): circulan, se monetizan. Los comerciantes, que interaccionaban frecuentemente y se conocían, utilizaban sus letras de cambio como sustitutos del dinero.

Los bancos extienden el uso del crédito como medio de pago a toda la sociedad al utilizar su conocimiento especializado para comprar deuda segura como activo (lo que tienes o te deben), y emitir su propio pasivo (lo que debes) convertible a la vista (billetes y depósitos) para el uso de sus clientes. Esta creación privada de medios de pago es sostenible si el activo del banco que respalda sus pasivos monetizados es seguro y a corto plazo.

Un banco puede caer en la tentación de incrementar sus beneficios descalzando plazos y riesgos y monetizando activos cada vez menos líquidos: pidiendo prestado a corto plazo (más barato) y prestando a más largo plazo o con más riesgo (más caro); así los bancos expanden el crédito, facilitan el endeudamiento insostenible propio y de otros agentes sin que haya ahorro real a los plazos correspondientes. Pero este desajuste hace que el cobro de los billetes y depósitos de ese banco sea menos seguro, que no se acepten como medio de pago (o que lo hagan con descuento), y puede ocasionar retiradas masivas de dinero por los depositantes, pudiendo hacer quebrar al banco si este no puede vender sus activos suficientemente rápido y sin excesivas pérdidas. Un banco en un mercado libre no podría descalzar plazos y riesgos impunemente y generar el ciclo económico. Pero sí puede hacerlo si está respaldado por el Estado.

No sólo los bancos pueden intentar descalzar plazos: cualquier agente puede pretender financiar proyectos largos mediante deuda a más corto plazo, confiando en que le renovarán constantemente la deuda pero arriesgándose a que le corten el grifo de la financiación y tener que liquidar su proyecto inacabado y con pérdidas. Pero el descalce de plazos de los bancos es especialmente grave porque afecta a toda la economía por su papel de intermediarios de pagos y de financiación, y por la relativa opacidad de sus actividades al interponerse entre prestamistas y prestatarios.

El Estado interviene históricamente de forma sistemática en los ámbitos monetarios y crediticios: monopoliza o certifica la acuñación de la moneda (y engaña al respecto al devaluarla); impone leyes de curso legal forzoso para impedir que prosperen dineros alternativos de mejor calidad; privilegia a algunos grandes bancos a cambio de que faciliten su financiación comprando deuda pública; nacionaliza los bancos centrales; incumple sus promesas de pago y elimina la convertibilidad de los billetes; garantiza los depósitos de todos los bancos privados a cambio de regular su actividad, y refinancia a los bancos a tipos de interés bajos mediante la creación de nuevo dinero de mala calidad (respaldado por activos poco líquidos).

Para evitar los ciclos y las crisis económicas es fundamental desnacionalizar el dinero y dejar que funcione como una institución social, permitir la competencia entre dineros alternativos, eliminar o privatizar los bancos centrales, no garantizar los depósitos de los bancos para que sus clientes se responsabilicen de comprobar su liquidez y solvencia, y permitir quebrar a los bancos y otras entidades financieras sin proteger a sus acreedores.


Coloquio – Análisis teórico e histórico de la crisis

01/09/2012

Video del coloquio en la VII Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana, con Juan Ramón Rallo, José Ignacio del Castillo y Miguel Anxo Bastos. Modera: Martín Krause.


El papel del dinero, el crédito y la banca en la génesis de la crisis

01/09/2012

Video de la clase de la VII Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana.


Artículos sobre dinero, crédito, banca y finanzas

13/03/2012

Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

Producción, preservación e intercambio de valor: los intermediarios

Producción, preservación e intercambio de valor: el dinero

Servicios e información no pueden ser dinero

El dinero mercancía

Dinero, unidad de cuenta y cálculo económico

El dinero como institución evolutiva

La producción de dinero

Problemas del dinero mercancía

Dinero y deuda

Nociones básicas de finanzas

Plazos, coste y riesgo del crédito

Dinero, deuda y banca

Banca, pagos y finanzas

El dinero interno bancario

La estabilidad de la banca

Dinero, finanzas y economía: (I) el mercado libre

Dinero, finanzas y economía: (y II) la intervención estatal

– Anterior a la serie en el IJM:

La banca con reserva fraccionaria (o aquí)

– En Libre Mercado:

El riesgo de la deuda pública


Plazos, coste y riesgo del crédito

23/08/2011

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El tipo de interés de un préstamo tiene tres componentes: preferencia temporal (la prima del presente respecto del futuro), estimación de riesgo de impago (prima de riesgo) y expectativas de inflación.

La preferencia temporal es relativamente estable. La inflación es un fenómeno monetario generalizado (en el sentido de que afecta a todos los que tienen dinero, derechos de cobro u obligaciones de pago); podría ser prácticamente nula si el dinero fuera una auténtica institución de mercado libre; existiendo múltiples divisas, la inflación puede ser diferente para cada una.

El riesgo depende de cada préstamo y deudor concreto (privado o público, y con sus correspondientes garantías y avales), aunque puede verse afectado por percepciones generalizadas de la salud de la economía en su conjunto que pueden cambiar rápidamente y de forma conjunta (psicología de masas, contagios de desconfianza).

Los contratos de préstamo o crédito pueden incluir restricciones que los acreedores imponen a los deudores para reducir o mitigar los riesgos: presentación de cuentas, límites a más endeudamiento, especificación de las actividades a las cuales se dedican los fondos. También se utilizan garantías reales (hipoteca sobre bien inmobiliario) o personales (posibilidad de expropiar bienes o embargar ingresos futuros) y avalistas (personas que se hacen cargo de la deuda en caso de impago).

El tipo de interés de un préstamo depende de la duración del mismo. En condiciones normales mayor plazo implica mayor tipo de interés: la curva de tipos (representación gráfica del interés en función del plazo) tiene pendiente positiva; el tipo de interés a corto plazo es menor que el tipo de interés a largo plazo. La inversión de la curva de tipos (que el tipo a corto sea mayor que el tipo a largo) suele indicar alguna anomalía o crisis económica.

La deuda es más líquida (de valor más estable y seguro) cuanto más corto sea su plazo: más extensión hacia el futuro implica más riesgo e incertidumbre (el deudor tiene más tiempo y probabilidades de tener problemas, quebrar e impagar la deuda en parte o en su totalidad).

La forma de la curva de tipos se debe a la interacción entre la oferta y la demanda de crédito para cada plazo (teniendo en cuenta también la especulación, las expectativas de evolución futura de los tipos de interés). Los deudores prefieren deber a largo plazo (en el caso del crédito para la producción, para tener más tiempo para llevar a cabo proyectos más complejos y productivos, por lo cual podrán asumir una financiación más cara) y no tener restricciones sobre qué hacer con los fondos prestados (poder asumir riesgos); los acreedores prefieren tener derechos de cobro a corto plazo (poder recuperar rápidamente su dinero si lo necesitan) y con pocos riesgos (poder exigir prudencia a sus deudores).

A la fecha de vencimiento de un préstamo el acreedor debe disponer de fondos para amortizarlo por completo, negociar una extensión del mismo con el deudor (renovar o reestructurar el crédito) o declararse en quiebra y liquidar los activos. Los fondos necesarios pueden proceder de los ingresos generados por la actividad productiva (si el proyecto ya ha alcanzado la fase de comercialización y venta), de la venta de algún bien o activo o de la obtención de un nuevo crédito con un acreedor diferente.

Un proyecto productivo que no va a generar ingresos por un tiempo puede financiarse mediante múltiples créditos sucesivos a corto plazo, o mediante un solo crédito a largo plazo. Al financiarse a largo plazo el acreedor paga más por el préstamo pero tiene una situación financiera más sólida y solvente, no necesita preocuparse constantemente por obtener ingresos o renovar créditos, no depende de otros. La financiación a corto plazo es más barata pero más arriesgada: el deudor tiene una posición financiera delicada, depende frecuentemente de encontrar nueva financiación, y esta podría desaparecer o incrementar fuertemente su precio, lo que podría arruinarlo.

Más descalce de plazos entre activos a largo y pasivos a corto, sea para una empresa o para la economía en su conjunto, implica más riesgo, más descoordinación entre los proyectos productivos y sus financiadores (los ahorradores que además son consumidores), más sensibilidad a cambios y problemas, menos resistencia, mayor probabilidad de fracasos y pérdidas. Estos riesgos no pueden desaparecer, pero pueden distribuirse u ocultarse.

Si las empresas se financiaran directamente de los ahorradores no podrían llevar muy lejos estos desajustes: la refinanciación sería cada vez más difícil y las quiebras incentivarían la prudencia de los inversores.

Un banco (o el sistema bancario en su conjunto) puede agravar el problema porque puede intentar realizar arbitraje sobre la curva de tipos y descalzar plazos mezclando sus funciones de gestión de pagos (dinero y deuda a muy corto plazo) e intermediación financiera (deuda a más largo plazo y acciones). El banco distorsiona y envilece sus complementos o sustitutos monetarios para expandir el crédito. Oculta y redistribuye riesgos, agregando los de muchos agentes y concentrándolos en sí mismo; pero es entonces el propio banco el proclive a quebrar cuando haya problemas, y además como intermediario de pagos y finanzas pondrá en peligro a todas sus múltiples contrapartes (riesgo sistémico).