Tonterías políticamente correctas sobre el cambio climático

21/08/2009

Karl-Heinz Florenz, diputado alemán al Parlamento Europeo del Partido Popular Europeo y ponente sobre el cambio climático, perpetra este engendro de artículo, Cambio climático: actos para un futuro mejor.

Se ha dicho muchas veces a lo largo de los años que la juventud es nuestra esperanza. Sin embargo, en la carrera por asegurar los escasos recursos y proteger nuestro clima, el tiempo se ha acabado y no podemos esperar a que las generaciones futuras encuentren soluciones a los problemas actuales. A menos que encontremos soluciones sostenibles (y las pongamos en práctica) pronto, nuestros hijos no tendrán materias primas con las que calentar sus hogares o producir bienes; ahora más que nunca su futuro está en nuestras manos. Es una gran responsabilidad, pero también una oportunidad única para que esta generación de dirigentes sean los arquitectos del mañana.

Juventud, divino tesoro. La juventud actual, tras sufrir la estupidificación pública obligatoria que se conoce como educación obligatoria estatal, difícilmente puede ser la esperanza de nadie. Quizás de los pensionistas que esperen saquear a otros como ellos han sido saqueados. Eso sí, la juventud es el futuro sin hacer ningún esfuerzo: el tiempo pasa.

Si el tiempo se ha acabado ¿para qué seguimos corriendo? ¿Sabe este diputado que todos los recursos económicos son escasos por definición? ¿Conoce el funcionamiento de los mercados de futuros? ¿No se cansa de repetir la tontería del agotamiento de los recursos? ¿Qué problemas hay actualmente tan graves que tenemos que transportar en el tiempo a las generaciones futuras para que nos los resuelvan?

La muletilla política de moda es “sostenible”. Si lo que se propone es sostenibilidad ya no hace falta pensar con un mínimo de rigor, todo estará bien, hasta la memez más extrema. Nuestros hijos (“todo es por los niños”), pobrecitos, podrían carecer de materias primas para calentar sus hogares y para producir bienes, ¡qué desastre! Repitan conmigo: la energía fluye, la materia se recicla (física); derechos de propiedad y precios (ética y economía).

Efectivamente gran parte del futuro está en manos de los burócratas aborregados y aborregantes que aspiran a convertirse en los arquitectos del mañana, necios que se creen sabios y responsables.

Garantizar que tomamos las decisiones acertadas es una tarea compleja, entran en juego numerosos factores y no nos quedan muchas oportunidades para asegurarnos de que hacemos las cosas bien.

Es prácticamente imposible que dada su incompetencia puedan hacer las cosas bien. Pero ni se plantean que la solución es que ellos dejen de tomar decisiones en nombre de cientos de millones de personas y se las impongan coactivamente.

Cabe esperar que la cumbre de Copenhague de diciembre dé a luz un nuevo acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto. Esperamos que la cumbre también ayude a dejar claro que la acción contra el cambio climático no es solo una necesidad para garantizar el desarrollo en el futuro, sino que resulta imprescindible para superar la actual crisis económica y financiera. Mediante acciones concretas, no solo protegeremos el clima, el medio ambiente y ayudaremos a fortalecer nuestra economía, sino que también garantizaremos un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos.

Esta estupidez se repite mucho: como estamos endeudados hasta las cejas y con la estructura productiva descoordinada, démonos el lujazo de utilizar energías caras y así reactivaremos las finanzas y la economía. También podríamos salir en procesión para que llueva (esto último al menos no hace menos probable que llueva).

Qué graciosos y originales resultan los políticos garantizando “un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos”. ¿Dónde se puede reclamar por el incumplimiento de esta garantía?

La Unión Europea debe dar ejemplo. Para ello, ha fijado unos niveles de referencia para que los demás sigan el objetivo de reducir para 2020 las emisiones de carbono en un 20 % (y el 30 % en el marco de un acuerdo internacional). No podemos mostrar signos de flaqueza si queremos avanzar hacia dichos objetivos; pero es necesario emprender acciones comunes y con perspectivas de futuro.

Los líderes europeos se creen moralmente superiores cuando son los responsables de sociedades envejecidas y carentes de impulso emprendedor. Pero no mostremos signos de flaqueza, que se nos puede notar que todo es fachada. Sigamos sacando pecho hasta asfixiarnos.

Si bien es verdad, con políticas tan específicas se corre el riesgo de crear de manera inadvertida desequilibrios en otros ámbitos. Es importante que todas las partes interesadas trabajen duro y de forma coordinada para evitar que esas desigualdades ocurran. Por lo tanto, me complace participar en un proyecto de la Fundación Rey Balduino en cuyo marco se organizarán una serie de debates que reunirán a expertos en materia de política social y cambio climático. Las conclusiones extraídas del proyecto representarán una valiosa contribución para los responsables políticos europeos sobre el mejor modo de incluir cuestiones en la agenda social y los objetivos de reducción del cambio climático.

Vamos a esforzarnos y a coordinarnos bien y todo saldrá de maravilla. Debatamos mucho, hagamos la pelota a quienes organicen proyectos que nos permitan lucirnos y presentarnos como expertos. Y luego justifiquemos nuestro intervencionismo político en las conclusiones de esos programas que previamente hemos apoyado.

Aunque las políticas de reducción no tienen como finalidad abordar la desigualdad social, una buena gestión de esta cuestión puede ofrecer muchas oportunidades. Tiene la capacidad de crear nuevos empleos, infundir nuevo vigor a las economías y, en colaboración con otros ámbitos políticos, abrir el camino hacia un futuro mejor menos marcado por las desigualdades. Sin embargo, para conseguir beneficios a largo plazo se requiere una estrategia a corto plazo; todos debemos apoyar iniciativas como la de la Fundación Rey Balduino para poder tomar las decisiones correctas hoy.

Mezclémoslo todo, el clima, la igualdad y la economía. Hemos recibido una orden: hay que apoyar estas iniciativas, y no se hable más. Todos, que nadie se escaquee. Porque no vamos a dejar que los ciudadanos decidan cada uno en su ámbito e intenten acertar por su cuenta y riesgo. Nosotros, los políticos, vamos a decidir correctamente por ellos. Palabra de Karl-Heinz Florenz.


Más viñetas de Ramón sobre el cambio climático

13/07/2009

Las viñetas de Ramón en El País siguen constituyendo una recopilación segura de estupideces.

Aquí:

Yo soy un país rico porque llevo muchísimos años contaminando sin pagar nada a cambio.

No aclara a qué país se refiere: quizás escribe de forma genérica, o tal vez juega a que sus lectores lo adivinen. Seguro que contaminar sin pagar nada a cambio es la única razón de que ese país sea rico: ciencia económica de alta calidad. No aclara tampoco a qué contaminación se refiere, pero se supone por lo siguiente que es la emisión de dióxido de carbono, cuya categorización como contaminante está entre problemática y absurda.

Me acusan de calentar el planeta, pero yo lo niego y compro opiniones escépticas al respecto.

¿Pero no eran las malvadas industrias energéticas de los combustibles fósiles las que hacían todo esto? ¿Las acusaciones son ciertas? ¿Quién las hace? ¿Calentar el planeta es un crimen, algo malo con toda seguridad para todo el mundo en todas las circunstancias? ¿Hay alguna prueba de la compra de opiniones escépticas? ¿El escepticismo es malo? ¿Tenemos que creernos la versión oficial sin rechistar? ¿No hay algunos países comprando opiniones no escépticas al respecto?

Mi intención es llevar a la humanidad hasta el mismo borde del abismo climático.

Aquí la estupidez ya se desborda. Es dudoso que un colectivo como un país pueda tener intenciones como un ser humano individual. Ramón quizás no sabe o no considera aquí que además de las intenciones deseadas y previstas, existen consecuencias no deseadas, no previstas, efectos colaterales no intencionados. Es imposible conocer con absoluta certeza los contenidos concretos de la intencionalidad de un agente, como mucho pueden realizarse suposiciones inteligentes. La imputación de maldad catastrofista de Ramón muestra que su capacidad en este ámbito es más bien defectuosa: hay un país que activamente intentar causar una catástrofe climática que afecte a toda la humanidad. ¿Algún documento o prueba que demuestre este plan diabólico?

Ahora ya no me piden que pague: ahora soy yo el que digo: “¡¿Remamos todos juntos o no remamos?!”

¿Ya no le piden que pague? ¿Está seguro? ¿O sea que puede hacer lo que quiera? ¿Es Ramón un colectivista criticando una propuesta de acción colectiva?

Aquí:

“… Y el que venga detrás, que arree.” Dijo el pronuclear.

¿Algún pronuclear dice eso? ¿Podría dar algún nombre y cita específica? ¿Se refiere al presuntamente horrible problema de los residuos?

Aquí:

Frenar el calentamiento es muy fácil. Sólo tienen que dejar de contaminar.

Los sucios dicen que es imposible.

Porque no quieren cambiar.

¿Seguro que es tan fácil frenar el calentamiento? ¿Emitir dióxido de carbono es contaminar? ¿No emitir más dióxido de carbono no tendrá alguna que otra consecuencia no deseada, algún coste económico? ¿Él es limpio y se dedica a insultar a los demás llamándoles sucios?

Si no quieren cambiar, ¿por qué obligarles e ir en contra de sus preferencias?

Aquí:

¿Por qué los que han provocado el calentamiento siguen sin hacer nada?

El problema no es que no hagan nada. El problema es que no sienten nada.

¿Realmente no hacen nada? ¿Absolutamente nada? ¿Los costosos subsidios a las energías renovables, el gravar las emisiones de dióxido de carbono y las continuas campañas mediáticas moralizantes no son nada en absoluto?

El problema no es hacer o no lo correcto sino sentir o no: esto es típico de los imbéciles, que sustituyen todo lo que ignoran por lo mucho que sienten, y además acusan a los demás de no sentir nada (no de sentimientos inadecuados, sino de ausencia de sentimientos, como máquinas impersonales).


Joaquín Estefanía y el cambio climático

24/05/2009

Joaquín Estefanía nos recuerda una cita de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, que “declaró que el dióxido de carbono, junto con otros cinco gases contaminantes, supone una seria amenaza contra la salud”:

En las actuales circunstancias, la conclusión de que los gases de efecto invernadero en la atmósfera suponen un peligro para la salud y el bienestar público es convincente y apabullante.

El dióxido de carbono, a diferencia de otros gases tóxicos, no es contaminante. Puede contribuir al incremento de la temperatura, pero esto no implica automáticamente amenazas o peligros para la salud. Muere más gente en invierno por el frío que en verano por el calor. No vivimos en todas partes en climas óptimos cuya alteración sólo pueda producir perjuicios.

Según Estefanía:

Estas tesis corrigen las doctrinas negacionistas de los neocons sobre el CC, que tuvieron su principal manifestación en el hecho de que Bush abandonó la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto. Ya sólo una minoría muy ideologizada (como el presidente checo Václav Klaus o Aznar) sigue sin reconocer el CC como producto de la acción del hombre y plantea el falso dilema de dedicar los recursos escasos del planeta a otros problemas aparentemente más urgentes (lucha contra el terrorismo, ayuda al desarrollo, malaria, sida, etcétera). A estas alturas, existe un consenso en que el CC no debe tratarse como una posibilidad de elección entre varias alternativas, sino como un fallo de mercado, teniendo en cuenta sus características más negativas: globalidad, largo plazo, incertidumbre e irreversibilidad de sus efectos.

Qué malos son los que no hacen profesión de fe de las verdades oficiales promulgadas por las agencias gubernamentales. Si la principal manifestación de un negacionista es abandonar la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto, resulta que Al Gore (vicepresidente con Bill Clinton) es sospechoso de negacionista: toda su retórica sobre la verdad incómoda debe de ser una cortina de humo, pues mientras pudo no hizo gran cosa al respecto.

Los recursos escasos no son del planeta (a quien es absurdo asignar posesiones), sino de personas concretas que pueden usarlos para unas cosas o para otras: el coste de oportunidad existe, y es muestra de ineptitud económica pretender que se trata de un falso dilema. La urgencia y la importancia de los problemas no las deciden presuntos expertos como Estefanía, sino cada ser humano en su ámbito de actuación. Para los economistas del Consenso de Copenhague el cambio climático resulta ser el menos importante y urgente entre muchos otros problemas que reclaman recursos económicos escasos.

Ese presunto “fallo de mercado” ¿no será en realidad un fallo del Estado al no saber determinar y defender adecuadamente los derechos de propiedad? Respecto a los efectos del cambio climático, a Estefanía se la ha escapado que son inciertos, que no están claros: quizás va a ser que el debate científico tiene sentido después de todo. Y tal vez no entiende que el hecho de que el cambio climático sea global, a largo plazo e irreversible (siendo esto último falso) no lo hace automáticamente negativo.

Estefanía aplaude que PP y PSOE olviden “los cantos de sirena de los que entienden que el CC será algo que sólo afectará a nuestros tataranietos”. Ha construido un hombre de paja, porque el argumento real es que los costes o beneficios futuros son valorados con un descuento respecto a los costes o beneficios presentes o más cercanos, y además nuestros descendientes serán más ricos que nosotros y por lo tanto mejor preparados para afrontar esos posibles costes.


Ramón, el cambio climático y los transgénicos

09/05/2009

Ramón, viñetista de El País, no es precisamente un prodigio de inteligencia y rigor analítico:

Aquí compara al dióxido de carbono con un virus con colores muy feos, cuando en realidad es una sustancia inorgánica (pero esencial para la vida a través de la fotosíntesis) incolora e inodora. Y el humo que suele salir de las chimeneas industriales es vapor de agua.

Aquí asume que todo en el cambio climático es a peor. Sobre todo más feo,  o sea que es una cuestion estética.

Aquí asegura que los humanos ignoramos las consecuencias del cambio climático (él pretende conocerlas muy bien), que somos tontos porque no nos importa el deshielo del Ártico, y que tendremos que dormir con mosquiteras (realmente ridículo).

Aquí se alegra de que todo va a cambiar porque los previamente malvados estadounidenses con Obama por fin reconocen los graves efectos del CO2. Gravísimos, seguro.

Su “opinión” (por llamarla de alguna manera) sobre los transgénicos es más o menos igual de estúpida:

Aquí como una bomba nuclear genética.

Aquí muestra lo que le falta.

Es sólo una pequeña muestra, no pretende ser un análisis exhaustivo.


La ética de la libertad y el cambio climático (2): Efectos, mitigación o adaptación

29/03/2009

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La ética concierne solamente a los seres humanos: no hay ningún deber natural de preservar el medio ambiente, el cual no tiene valor intrínseco porque las valoraciones son producto de la actividad mental de agentes cognitivos emocionales.

La contaminación por encima de ciertos niveles es considerada normalmente una agresión ilegítima porque los contaminantes dañan directamente a los seres humanos y no tienen efectos beneficiosos. El cambio climático está relacionado con el medio ambiente pero es muy diferente de la contaminación.

El cambio climático antropogénico puede ocurrir debido a cambios de uso del terreno y a la emisión de gases de efecto invernadero. Los cambios de uso del terreno pueden alterar la reflectividad o albedo de la superficie del planeta, y parece difícil considerarlos una acción ilegítima. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero que procede de la respiración y de la quema de combustibles fósiles; etiquetarlo como contaminante es un abuso del lenguaje, ya que es necesario para la fotosíntesis y no es tóxico. Algunas actividades humanas, como plantar árboles, retiran dióxido de carbono de la atmósfera. Es extremadamente difícil probar relaciones específicas entre emisiones humanas de dióxido de carbono, cambios climáticos locales y sus efectos particulares.

El cambio climático, sea calentamiento o enfriamiento global, tiene múltiples posibles causas y efectos, y la valoración de los efectos puede ser diferente en diferentes partes del planeta. Las regiones frías pueden beneficiarse del calentamiento y lamentar más enfriamiento, mientras que las regiones cálidas pueden beneficiarse del enfriamiento y lamentar más calentamiento. Los alarmistas del cambio climático parecen ser reaccionarios climáticos que no aceptan ningún cambio. No hay ningún clima óptimo, y puede haber conflictos sobre su determinación si los seres humanos consiguen controlarlo. Aunque los seres humanos estén adaptados a sus climas actuales, esto no implica que sería difícil adaptarse a diferentes climas si los cambios no son excesivos.

El cambio climático podría suceder rápidamente a escala geológica, pero es lento para la escala temporal humana, permitiendo una adaptación informada con planificación para el futuro. Las políticas públicas de mitigación del cambio climático tienen costes seguros inmensos en el presente y proporcionarían escasos e inciertos beneficios en el futuro. Los relativamente pobres de hoy se sacrificarían para presuntamente ayudar a los relativamente ricos del mañana.

La temperatura no es el único fenómeno asociado con el cambio climático y seguramente no es el más relevante para el bienestar humano, ya que los seres humanos viven en amplios rangos térmicos. El nivel del mar, las precipitaciones y los fenómenos meteorológicos extremos pueden ser mucho más importantes.

El nivel del mar puede elevarse lentamente debido al calentamiento global, pero el proceso es muy lento, de modo que es posible preparar protecciones y amortizar capital si es necesario; la libertad de migración puede ayudar a la relocalización de personas cuyas tierras se vuelvan inhabitables. Las precipitaciones deberían en general incrementarse con el calentamiento global, aunque su distribución podría variar. Y la dependencia de los eventos meteorológicos extremos de la temperatura es compleja y poco conocida.

Para casi todos los problemas humanos asociados al calentamiento global, la influencia en ellos del clima es normalmente pequeña en comparación con otros factores más importantes que pueden tratados de forma más fácil y eficiente. Los alarmistas del cambio climático parecen ignorar soluciones relativamente simples para los problemas que mencionan. Los seres humanos son proactivos, no se someten de forma pasiva a las influencias naturales, y la evitación del cambio climático no es necesariamente la mejor opción.

El agua potable es un problema donde no hay derechos de propiedad, mercados y precios del agua. Las enfermedades tropicales dependen fuertemente de condiciones socioeconómicas. Las naciones subdesarrolladas son pobres principalmente por sus instituciones sociales inadecuadas. Es posible protegerse de las olas de calor mediante el acondicionamiento térmico adecuado (y el calentamiento global reduciría las olas de frío y sus muertes asociadas). La extinción de especies se debe mayoritariamente a destrucción de hábitats naturales o invasión humana (o a matanzas directas, como con la caza y la pesca).

Los catastrofistas del calentamiento global parecen olvidar otras realidades más importantes y urgentes que compiten por la asignación de los recursos escasos exigidos para la mitigación del cambio climático. Es demencial declarar al cambio climático el peor problema de la humanidad cuando hay guerras, hambre, enfermedades, pobreza.

Para algunos ecologistas radicales y muchos políticos, el cambio climático es el problema más importante para la civilización humana, y pretenden hablar en nombre de toda la humanidad. Pero para ellos todos los problemas parecen ser extremos, carecen de la noción de costes de oportunidad relativos. Su lenguaje moral impone deberes a los ciudadanos que parecen estar recibiendo órdenes acerca de lo que deben hacer y lo que deben evitar sin importar el coste.

Los gobiernos se suponen necesarios para proteger a sus ciudadanos contra agresiones, pero son muy incompetentes en esta tarea y a menudo son responsables de sus propias agresiones institucionales al prohibir actividades perfectamente pacíficas y voluntarias; ahora con el cambio climático parecen considerar el calentamiento global antropogénico una acción indeseable ilegítima. Algunos radicales incluso intentan censurar y criminalizar el disenso de los escépticos, negacionistas o minimizadores. Pero el pensamiento y la palabra, aunque estén equivocados o sean falsos, no son nunca auténticos crímenes. Puede haber grupos de intereses especiales a ambos lados del debate luchando por sus políticas públicas favoritas: no solamente compañías del carbón, el petróleo o la energía nuclear, sino también las fuertemente subsidiadas energías renovables.

Aunque la ciencia del clima más oficial y mayoritaria pueda estar en lo correcto, la ignorancia respecto a la economía, la filosofía política y la ética es abismal. Las entidades más importantes para un ser humano son otros seres humanos (para lo bueno y para lo malo), no el medio ambiente. Los humanos pueden ser especialmente nocivos cuando están organizados políticamente e inspirados por el colectivismo. Los posibles daños del cambio climático deberían ser comparados con los posibles daños de la intervención burocrática gubernamental y la opresión política. Tal vez toda la histeria respecto al cambio climático sea una excusa para incrementar la extensión del poder político o una distracción de otros problemas más graves. Las instituciones sociales son lo más importante, y actualmente son profundamente defectuosas: es posible una mejora inmensa, y la libertad es la solución.


La ética de la libertad y el cambio climático (1): Libertad, propiedad y agresión

27/03/2009

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Una ética normativa con reglas universales, simétricas y funcionales está basada en el principio fundamental del derecho de propiedad. La ética de la libertad y los derechos de propiedad es la ley natural, el sistema de normas adecuadas a la naturaleza humana que permite el desarrollo y la convivencia social armoniosa y pacífica evitando, minimizando o resolviendo los conflictos tanto como sea humanamente posible.

La propiedad es el dominio de decisión legítima por el dueño, el espacio en el cual cada persona es libre de actuar según sus preferencias sin interferencia violenta de otros, cuyas valoraciones al respecto son éticamente irrelevantes. Todas las acciones pacíficas realizadas por el dueño en su propiedad están permitidas, y ninguna acción es obligatoria (no hay deberes positivos naturales). El derecho de propiedad es un derecho negativo de no interferencia. Los seres humanos no tienen derechos naturales positivos que impliquen que otros deben hacer algo por ellos, y no existen los deberes naturales hacia otros (pasados, presentes o futuros). Los derechos y deberes positivos surgen mediante contratos.

La libertad no significa una absoluta ausencia de restricciones: mi libertad termina donde comienza la libertad de los demás; mi propiedad es finita y limitada por la propiedad de otros. La libertad y el derecho de propiedad son equivalentes al principio de no agresión: el inicio del uso de la fuerza no es legítimo; la fuerza sólo puede ser usada para la defensa y el establecimiento de justicia. La agresión, la invasión de la propiedad de otros sin su consentimiento, está prohibida. El agresor debe reparar los daños y compensar a la víctima.

La agresión no es solamente la noción estrecha de violencia criminal realizada por una persona contra otra y sus posesiones (asesinato, asalto, daños físicos, violación, rapto, robo). La agresión en un sentido abstracto es cualquier interferencia física perjudicial suficientemente intensa o nociva causada por una persona o sus posesiones sobre la propiedad de otros.

La propiedad, ser el dueño de algo, no es siempre buena: la propiedad no implica solamente el derecho de usar y disfrutar medios para la acción. La propiedad puede ser mala: el dueño es responsable por los daños que sus acciones y sus posesiones pudieran causar a otros (intencionados o no intencionados, conocidos o desconocidos, previstos o imprevistos). Toda acción implica la producción de residuos no deseados o desechos de los cuales el propietario debe hacerse cargo para que no dañen a otros.

Todas las cosas reales están interconectadas de forma directa o indirecta mediante fuerzas fundamentales, de modo que un cambio en una entidad causa algún efecto, grande o pequeño, sobre otras entidades. Pero las normas éticas se refieren solamente a cambios y efectos causados por la acción humana que puedan dañar a otros y originar conflictos. Estas interacciones pueden involucrar materia (sólidos, líquidos, gases; partículas macroscópicas o microscópicas), energía (calor, ondas electromagnéticas, ondas de presión) o alteraciones de condiciones ambientales naturales (fenómenos como luminosidad, presión, temperatura, vientos, humedad). Los efectos pueden ser más o menos fuertes o débiles, concentrados o difusos, directos o indirectos, locales o globales, frecuentes o infrecuentes, acumulativos o no acumulativos, instantáneos o retrasados, temporales o permanentes.

Debido a las limitaciones de la mente humana, la realidad se estudia a menudo de modo simplificado como si fuera simple y lineal: pero la naturaleza es de hecho una compleja red de entidades y relaciones. Una causa puede tener múltiples efectos sobre diferentes personas, algunos positivos y otros negativos. Un efecto puede tener múltiples causas, naturales o artificiales, por una persona o por muchas personas haciendo lo mismo (respirar) o realizando acciones complementarias (construir y conducir vehículos, producir y consumir energía). En sistemas caóticos no lineales pequeñas causas pueden tener grandes efectos (debido a amplificadores, desestabilizadores, o bucles de realimentación positiva), pero también grandes causas pueden tener pequeños efectos (debido a amortiguadores, estabilizadores, bucles de realimentación negativa).

Para ser calificados como agresiones, los eventos reales deben como mínimo ser detectables físicamente, perceptibles psicológicamente y relevantes para las preferencias humanas. Las condiciones reales objetivas no constituyen automáticamente problemas. Son las valoraciones humanas las que perciben las situaciones como oportunidades o amenazas, beneficios o perjuicios, bienes o males. Y es la posible incompatibilidad de las preferencias humanas subjetivas lo que origina los conflictos: lo que a uno le gusta puede disgustar a otro.

Los contenidos específicos de la noción de agresión son en cierto modo abiertos y debatibles; no es un concepto con límites abruptos, es parcialmente difuso y arbitrario. No puede ser completamente determinado mediante la deducción utilizando la razón pura, depende de costumbres, tradiciones, convenciones (bloquear la luz solar, luces de alta intensidad, sonidos a alto volumen, contaminantes). Algunos criterios objetivos pueden ser utilizados para determinar si un evento es considerado adecuadamente como agresión o no: intensidad, relación directa, extensión, duración, acumulación.

Una ética de la libertad funcional necesita incluir principios de responsabilidad y reglas de legítima defensa. Los principios de justicia tradicionales y sensatos imputan la carga de la prueba de la agresión al acusador, quien debe demostrar más allá de una duda razonable la culpabilidad del acusado. No es el acusado quien debe probar su inocencia (si así fuera, toda persona debería disponer de pruebas de inocencia para cualquier acción y momento de su vida, ya que siempre podría ser acusado de algo). La defensa legítima puede ser invocada por el receptor actual o posible de los efectos de una acción si hay peligro demostrable claro y presente, y no simplemente si alguien no puede asegurar completamente que no es así. La defensa se vuelve ilegítima (se transforma en agresión) si no puede ser demostrado que existe riesgo de daño real.

El principio de precaución propuesto por muchos ecologistas exige que el iniciador de una actividad demuestre su completa inocuidad, y el Gobierno no necesita demostrar daño probable para detenerla. Probar que algo es absolutamente inocuo es impracticable en ámbitos novedosos, donde el aprendizaje se realiza mediante ensayos y errores, y por lo tanto este principio paralizaría la innovación. La adquisición de conocimiento de costosa y el conocimiento pleno es imposible.

La noción de agresión se basa en las consecuencias o resultados de acciones (los efectos reales en el mundo), y no en el conocimiento o las intenciones de los agentes. Los sentimientos morales instintivos tienden a excusar o reducir la responsabilidad si no hay intencionalidad o si los daños son efectos secundarios imprevistos: esto es en parte así porque los sentimientos morales evolucionaron como instintos genéticos en tiempos remotos cuando los ancestros humanos tenían poca capacidad de acción. Pero con la acumulación de capital y tecnología es necesario exigir el uso responsable de herramientas potentes, y advertir a las personas de que su ignorancia o falta de previsión no les excusará por los daños que puedan provocar. Este tipo de normas proporciona incentivos a los agentes para considerar plenamente todas las posibles consecuencias de sus actos, y no sólo aquellas que pretenden conseguir, ya que serán juzgados según los efectos reales de sus acciones.

Los derechos de propiedad funcionan muy bien cuando la realidad es fácilmente separable, cuando los efectos de las acciones son directos, locales, concentrados y recaen principalmente sobre el propietario y sus posesiones y eventualmente sobre otras personas adyacentes fáciles de identificar. Pero los elementos de la realidad a menudo están entrelazados de formas enredadas. Los objetos sólidos macroscópicos tienden a permanecer en sus posiciones estables; pero los fluidos (líquidos y especialmente gases) tienden a moverse, y los fotones y la energía térmica tienden a fluir, se esparcen y cruzan barreras legales si no son detenidos por alguna barrera física.

Las externalidades son efectos de acciones de un agente sobre la propiedad de otros; pueden ser positivas (como los regalos, no prohibidos ni obligatorios) o negativas. Una agresión es una externalidad negativa. Las externalidades negativas difusas son problemáticas y difíciles de regular. Muchas víctimas podrían sufrir una molestia o pérdida muy pequeña por las acciones de un agente: podría parecer ridículo considerar ilegítimas las acciones que producen efectos tan pequeños y sería muy costoso para cada una de las víctimas exigir al agente que pare o les compense. Las externalidades pueden hacerse importantes por los efectos acumulativos y persistentes de pequeñas acciones de muchos agentes. En una agresión clara es posible y relativamente fácil determinar quién está haciendo qué a quién, a quién se debe parar o quién debe compensar a quién por qué. En las externalidades difusas puede ser muy difícil determinar y conectar agentes, acciones, efectos y receptores de efectos.

Como las agresiones implican daños, podría considerarse ingenuamente que es mejor tratarlas como un concepto muy inclusivo, para evitar muchas pérdidas. Pero asumir que algo es una agresión y prohibirlo tiene consecuencias que podrían ser peores que simplemente tolerarlo. Cuantas más acciones sean consideradas acciones ilegítimas, más uso de la fuerza queda justificado. Los costes del sistema necesario para detectar y castigar a los agresores y compensar a las víctimas podrían exceder a sus beneficios (siempre teniendo en cuenta que es extremadamente problemático realizar comparaciones interpersonales de utilidad y adiciones o sustracciones de utilidad o análisis de costes y beneficios sociales). Podría ser mejor aprender a vivir con algunas realidades cambiantes, adaptarse a ellas, que intentar evitarlas. Especialmente porque los seres humanos son buenos en la adaptación, mediante la cual han colonizado la mayor parte del planeta con condiciones ambientales muy diferentes.

Otorgar automáticamente al Estado la responsabilidad de ocuparse de externalidades negativas difusas puede ser un error inmenso. El Estado es el monopolio de la jurisdicción y la violencia, y es a menudo ilegítimo (dictadores, o incluso líderes democráticos para los anarquistas), muy ineficiente y posiblemente corrupto (falta de motivación o incentivos y falta de conocimiento o imposibilidad del socialismo, teoría de la elección pública).

Lo que a menudo se conoce como fallo de mercado es usualmente sólo el resultado de una determinación inadecuada de los derechos de propiedad. Los mercados nunca son perfectos por los seres humanos tienen capacidades limitadas; quienes proponen que el Estado arregle presuntos problemas que los individuos no pueden resolver libremente parecen olvidar que el Estado está formado por seres humanos, y quizás no los mejores (los burócratas no son ángeles desinteresados, y los peores podrían alcanzar las cimas del poder).


Amigos de la ciencia y la libertad (o un análisis crítico de periodismo basura)

26/10/2007

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Rafael Méndez, periodista del diario que recientemente ha dejado de proclamarse independiente (por algo será) cree que la ciencia aún tiene enemigos… ¡qué miedo! Escribe sobre ciencia alguien cuyo conocimiento científico es obviamente escaso: confunde calor, temperatura y energía, se nota que habla de oídas del cambio climático (se luce cuando añade algo personal), repite de forma acrítica las presuntas verdades oficiales y olvida cuidadosamente mencionar los datos y teorías contrarios a las mismas.

“Simplificando: a más CO2, más calor; menos CO2, menos.” Sí: o sea, que sí que es una simplificación, claramente excesiva. No está tan claro cuán intenso es el efecto directo (y mucho menos los indirectos mediante mecanismos de realimentación positivos y negativos) de los gases de efecto invernadero (de los cuales el principal es el vapor de agua, cosa que no se suele decir). Además no menciona un asunto clave, y es que también puede ser que a más temperatura más CO2 (no es simplemente una posibilidad, se sabe que ha sucedido a menudo durante la historia climática de la Tierra), porque algunos sumideros como el mar se transforman en fuentes de CO2.

“En los años, 70, pero sobre todo en los 80 y los 90, los científicos comenzaron a ver que las concentraciones de CO2 en la atmosfera subían de forma alarmante e inexorable.” Lo de alarmante e inexorable lo añade él con mucha soltura. “2005 y 1998 fueron los años más calientes desde que hay registros y seis de los siete años más cálidos han ocurrido desde 2001”. Esto ya no está tan claro después de las revisiones que ha realizado recientemente la NASA: el ganador resulta ser 1934. “El Ártico ha alcanzado este año su mínimo histórico”. Pero se sabe que se debe a vientos inusualmente fuertes que favorecían la disgregación del hielo. Se olvida mencionar que en la Antártida cada vez hay más hielo.

“El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, que agrupa a 4.000 expertos, dio por zanjada cualquier controversia sobre la responsabilidad de la mano del hombre en el calentamiento”. De esos expertos sólo una pequeña parte son climatólogos, y ni son todos los que están ni están todos los que son. Recientemente se está reconociendo que la variabilidad natural del clima se está minusvalorando, y que el ser humano influya sobre el clima no implica que todo el cambio climático sea antropogénico. En ciencia las controversias no se zanjan porque un organismo oficial produzca un informe que, además, es mucho menos alarmista de lo que a muchos ecofanáticos les gustaría.

“A no ser que uno tenga poderosas razones, oponerse a la ciencia no suele ser rentable para la propia imagen. Pero en este caso hay muchos intereses.” La “oposición” es parte misma de la ciencia y se hace desde dentro: la crítica es esencial para el avance científico. Lo que no suele ser rentable para la propia imagen es tener el valor de denunciar que el emperador va desnudo, que la opinión mayoritaria puede estar equivocada. Naturalmente en este caso hay muchos intereses por ambos bandos y, aunque parezca extraño, son mucho mayores en el lado “oficial” (tengan o no razón). Algunos sabemos por qué somos escépticos: para otros resulta más cómodo sugerir que participamos en turbias conspiraciones; para qué se van a molestar en conocernos.

“Admitir que el planeta se calienta implica que hay que hacer algo para evitar las desastrosas consecuencias (no hoy, como dicen los detractores, sino en 50 o 100 años). Supone intentar reducir el consumo de combustibles fósiles: petróleo y carbón. Implica ahorrar energía y elegir las fuentes renovables o la energía nuclear. Por eso, políticos, economistas y empresas decidieron, 100 años después, que Arrhenius no tenía razón.” En este párrafo Méndez desbarra sin control. Las consecuencias del calentamiento global pueden ser negativas o positivas (qué herejía recordar esto último) según las valoraciones subjetivas de las personas; lo de los desastres lo añaden siempre los alarmistas (además aquí no queda claro si el desastre toca ya hoy o en cien años, cuando no se piensa con precisión es difícil escribir y que se entienda). Muchos pueden preferir un planeta más caliente, o sea, que su “implicación” es un abuso de la lógica. O incluso prefiriendo menos temperatura, tal vez el coste de evitarlo sea excesivo. El ahorro es algo que cualquier consumidor hace en la medida en que merezca la pena, pero no es un fin en sí mismo. Las fuentes renovables son muy queridas por los amigos de la naturaleza pero también resultan muy ineficientes, nada económicas (con las tecnologías actuales no significan ahorro sino despilfarro). Reconozcamos el valor de mencionar la energía nuclear, que a tantos mueve a la histeria: qué pena estropearlo luego con la estúpida acusación genérica contra políticos, economistas y empresas.

“Greenpeace ha acusado a la estadounidense Exxon-Mobil de financiar decenas de grupos de presión e instituciones para hacer dudar del cambio climático. Su intención no ha sido negarlo, sino sembrar la duda. Han copiado la estrategia que años antes siguieron las tabacaleras para poner en duda que el tabaco causase cáncer.” Claro, si Greenpeace acusa seguro que es cierto, las petroleras sólo pueden ser malvadas, la duda es muy mala para la fe verdadera del pensamiento único y los críticos escépticos en realidad no queremos negar nada… ¡Un momento! ¿Entonces por qué nos denominan “negacionistas” como a los del Holocausto? ¿En qué quedamos? “Entre 1998 y 2005, Exxon-Mobil gastó 16 millones en estudios para negar el calentamiento”. ¿Lee este pobre hombre lo que él mismo escribe para intentar no contradecirse? ¿Sabe lo que es una contradicción? “El American Enterprise Institute, financiado por Exxon-Mobil con 1,12 millones de euros, ofreció el año pasado 7.000 euros por cabeza a algunos científicos del IPCC para rebajasen las conclusiones de este grupo, según el diario británico The Guardian.” Qué fácil es recurrir a “aquél dijo” (The Guardian) para seguir propagando una leyenda urbana que distorsiona gravemente la verdad.

“El negacionismo del cambio climático cae en todo el mundo”. ¿Pero negamos o no negamos? Si cae en todo el mundo, ¿por qué siguen planteándolo como un grave problema contra el cual hay que luchar? No especifica a qué se refiere con lo de negar el cambio climático, no sea que los detalles y los matices de un tema hipercomplejo les fastidien los simplones topicazos que la inane progresía es capaz de asumir en sus muy limitadas inteligencias.

“Parte de la derecha cree que la ecología, y especialmente la lucha contra el cambio climático, es un invento para suplir al socialismo. Consideran que los llamamientos a dejar el coche en casa o a cambiar hábitos de vida son una intromisión intolerable del Estado en la vida privada. Para sustentar esta teoría desacreditan a los científicos”. El socialismo sigue presente en todos los partidos, tanto de derechas como de izquierdas; la ecología (ciencia del medio ambiente) y el ecologismo (ideología política) no son lo mismo; muchos ecologistas son como sandías, verdes por fuera y rojos por dentro, no comprenden y desprecian los mercados libres y claman por el intervencionismo estatal: son hechos comprobables, no simples consideraciones de la siempre perversa derecha. Para un liberal todo llamamiento pacífico es legítimo por tonto que sea, pero es que eso no es lo que hace el Estado como monopolista de la coacción legal. Y respecto a los “científicos”, que son personas, no todos merecen crédito: cuando uno dice una cosa y otro la contraria al menos uno está equivocado; ¿acaso no se les ataca cuando dicen algo impopular? ¿Les suena el premio Nobel James Watson?

“La organización que más hace por rebajar el cambio climático es el Instituto Juan de Mariana, que asegura no tener ánimo de lucro, ni afiliación política, y cuya misión consiste en dar a conocer los beneficios de la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos”. Narbona nos va a dar un premio por ser los mejores en la lucha contra el cambio climático. O eso o este mindundi no acaba de expresarse bien (o quizás ni siquiera comienza a hacerlo). No sólo aseguramos esas cosas, sino que son ciertas (compruébelo quien quiera). “En la web afirman que se financian únicamente con donaciones individuales”. ¿De veras? ¿Dónde? ¿Realmente no está claro que lo que no aceptamos es subvenciones públicas, o sea estatales, pero sí de grupos, empresas, asociaciones, fundaciones?

“Este diario intentó ayer, sin éxito, contactar con el Instituto Juan de Mariana”. Risas, por favor. ¿Lo intentaron muchos y con mucho esfuerzo y sudores? ¿De verdad que querían pero se les había olvidado el teléfono en el otro pantalón? ¿Realmente es “ese diario” un imponente grupo multimedia al que nada se le escapa? Cuando tanta gente contacta con nosotros con suma facilidad, pedimos alguna prueba fehaciente de este presunto intento de contacto. Si demuestra que es cierto, sólo queda inferir que como periodista lo intenta pero no puede: vamos, que es un incompetente. Bellísima persona, eso seguro. Rigor periodístico, ínfimo.

“Muchos de estos críticos han puesto la política por encima de la ciencia. Como hizo Lysenko, el supuesto genetista comunista que decidió que Mendel y la herencia eran una patraña y que todos los guisantes y los hombres nacían iguales. Con sus teorías y el apoyo soviético, condenó a la hambruna a millones de personas.” Su uso de la analogía bordea lo criminal. Por favor, dé nombres de críticos a los que compara con un indeseable como Lysenko. Y recuerde que no fueron las teorías las asesinas, sino los soviéticos, que eran ¿adivinan? ¿URSS?… socialistas.