La comunicación honesta mediante señales costosas

14/08/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Un animal puede beneficiarse si consigue engañar a otros y a su vez no ser engañado. La evolución produce una carrera de armamentos entre formas de engañar o manipular contra formas de detectar engaños o protegerse de ellos. Pero la evolución también genera mecanismos de comunicación que benefician al emisor y al receptor mediante señales informativas de alguna aptitud, característica o circunstancia real: las señales fiables distinguen o discriminan lo verdadero de lo falso, al honrado del tramposo, al sincero del mentiroso, al competente del incompetente.

Una señal valiosa y honesta se basa en una diferencia real entre sus posibles emisores, y puede ser difícil de falsificar si es cara o costosa. Toda señal de una determinada intensidad tiene un coste y puede implicar algún riesgo, pero estos pueden ser mucho menores (o los beneficios mayores) para el comunicador sincero. El emisor honesto puede permitirse algo que resulta prohibitivo para el tramposo. El coste de la señal no es sólo el de su producción física, sino que incluye también todas sus consecuencias potencialmente negativas: atraer algún peligro, servir para resaltar algún defecto o imperfección.

Una posible forma de señalar honestamente aptitud biológica (poder, salud, riqueza, fuerza, atención, compromiso) es algún rasgo (conducta o morfología) que suponga un handicap para su ejecutor o portador, que le implique algún coste, dificultad o problema que un individuo menos apto no puede asumir.

La comunicación puede referirse a oportunidades de cooperación (emparejamiento sexual entre machos y hembras, información sobre localización de alimento entre miembros de un grupo), posibilidad de competencia (relaciones adversarias entre depredadores y presas, advertencias en la competición por recursos) o necesidad de ayuda (crías que reclaman alimento y protección a los progenitores). La comunicación puede suceder entre colaboradores (para ser elegidos) o enemigos (para ser evitados), y entre miembros de una misma especie o entre animales de especies diferentes.

Algunos ejemplos de señales honestas costosas:

– La cola del pavo real macho desplegada y agitada ante las hembras como ornamento sexual: “estoy sano y bien alimentado, y no temo indicar mi localización a posibles depredadores”. Abundan todo tipo de cantos, bailes y otros rasgos (como olores, marcas que resaltan alguna parte del cuerpo, coloración conspicua, simetrías, construcciones) utilizados como señales en exhibiciones para atraer pareja.

– En algunos insectos, sustancias químicas tóxicas como las feromonas indican que su portador es robusto y puede aguantarlas y utilizarlas como veneno contra sus depredadores. Las amebas sociales utilizan moléculas específicas para agregarse en condiciones de estrés ambiental.

– Los brincos de las gacelas ante sus posibles atacantes: “te he visto y te demuestro que me sobran fuerzas para escapar de ti, no pierdas tu tiempo y tu energía persiguiéndome a mí, busca otra presa más débil”. Algunas aves cantan cuando están siendo perseguidas por un depredador; algunas bandadas realizan movimientos bruscos para conseguir que el miembro más débil sea rápidamente atrapado y ahorrarse así todos los demás una persecución prolongada.

– Los gritos de advertencia de algunas aves, que en realidad no son solo para sus compañeras, sino que sirven principalmente para informar al depredador de que ha sido detectado y no va a pillarlas por sorpresa: las señales son útiles tanto para la presa como para el depredador, que no malgasta su energía inútilmente.

– En los juegos infantiles de correr y pillar, los niños más rápidos no se molestan en alejarse inmediatamente del que debe pillar a otros: su cercanía indica que pueden escapar fácilmente; si son perseguidos pueden burlarse del perseguidor mientras corren.

– Algunos depredadores señalan su presencia a sus presas y amagan movimientos de ataque (como dos boxeadores tanteándose) para detectar cuáles son los puntos débiles de sus víctimas y elegir a las más fáciles.

– Los rasgos físicos llamativos que alertan de algún peligro o amenaza (aposematismo): colores brillantes de animales venenosos o de sabor desagradable.

– Las exhibiciones de fuerza y motivación para disuadir a los competidores (amenazas creíbles como sustituto de la agresión): postura confiada (aproximación chulesca exponiéndose al peligro, gestos de desprecio al enemigo), vocalizaciones graves que indican relajación y confianza, canciones rítmicas ordenadas o miradas fijas al rival que reflejan seguridad, determinación y concentración, muestras de indiferencia, combates rituales.

– Las señales de sumisión o reconocimiento de inferioridad o derrota ante rivales superiores: agacharse, humillarse, arrodillarse, apartar la mirada, exponer una parte vital del cuerpo (el lobo derrotado expone su cuello a las fauces del vencedor).

– Los avisos de crueldad de los combatientes para conseguir que los enemigos se rindan sin luchar (piratas que amenazan con castigar duramente a quienes opongan resistencia).

– Las señales de determinación indicando el coste que uno está dispuesto a asumir para conseguir algo: autoinfligirse algún daño. Los intentos de suicidio pueden ser peticiones extremas de ayuda.

– Las señales de estatus, dominación o prestigio: el consumo derrochador, extravagante y conspicuo de un rico (vehículos de lujo, mansiones, joyas, ropas a la última moda, símbolos de estatus social), o la generosidad pública ostentosa (ceremonia del potlatch). El altruismo puede practicarse de forma competitiva para alcanzar prestigio social y así tener mejores oportunidades de cooperación (en el emparejamiento sexual, en los negocios).

– La obesidad en las culturas en las cuales la obtención de alimento es problemática.

– Una educación certificada exigente de un trabajador que ofrece sus servicios en el mercado laboral.

– La realización de proezas deportivas o artísticas típicas de jóvenes para atraer pareja (señales de fuerza o habilidad).

– La fuerza de los lazos sociales (capacidad, interés y compromiso con una relación o grupo) puede comprobarse mediante imposiciones, forzando al individuo a asumir un coste, poniéndoselo difícil para ver cuánto aguanta. Muchas hembras exigen cortejos prolongados y regalos prenupciales, o tienen caprichos y cambios de humor aparentemente inexplicables. Algunos machos (en especies en las cuales aportan una alta inversión parental) agreden a las hembras durante el cortejo para comprobar su persistencia. Algunos animales se limpian y acicalan unos a otros mucho más que lo requerido por la mera higiene. Los grupos suelen exigir demostraciones de lealtad y conformidad: tatuajes distintivos, mutilaciones, ritos de iniciación humillantes, creencias fervientes absurdas, rituales religiosos.

– Las señales de cohesión y coordinación de un grupo: canciones, rituales o movimientos coherentes, armónicos, unificados.

– Los gritos de las crías en el nido para ser alimentadas por sus progenitores. Estos gritos son amenazas de perjudicarse a sí mismas porque las ponen en peligro de ser descubiertas por un depredador (como algunos aspectos llamativos de las crías de algunas especies). El miembro más débil de una asociación de pareja puede chantajear al más fuerte con amenazas de dañarse a sí mismo, si este último está interesado en el bienestar del otro. Esta conducta no es generalizada entre crías de animales porque sólo puede ser utilizada si el riesgo de gritar no es demasiado grande (de hecho las crías no gritan si saben que hay un depredador cerca).

La producción del lenguaje humano por lo general tiene costes muy bajos, por lo cual es fácil utilizarlo para el engaño y la manipulación. Es posible mejorar su fiabilidad incrementando los costes para los incompetentes, deshonestos o mentirosos: fijarse en lo que la gente hace, no en lo que dice (descontar su hipocresía y considerar sus intereses); en lugar de vagas promesas informales, usar contratos con cláusulas penalizadoras por incumplimiento, avales y garantías; en vez de mensajes hablados privados, emplear documentos persistentes, grabaciones, testigos; en lugar de ambiguas predicciones de presuntos expertos que no se juegan nada, recurrir a apuestas y mercados financieros.


La verdad o la vida

14/06/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La gente suele decir que quiere saber la verdad y que es sincera cuando habla. Pero lo que a menudo en realidad quiere es pensar, oír o leer cosas que le gusten, que le consuelen, que se correspondan con sus preferencias, que le resulten útiles, que le vengan y le hagan sentir bien, que apoyen sus causas, que confirmen sus prejuicios y sesgos, independientemente de que sean verdaderas o no. Y las limitaciones intelectuales y emocionales no son la única fuente de error y falsedad: el engaño, la mentira y la hipocresía son rasgos muy humanos.

Los seres vivos son agentes cibernéticos que actúan conforme a sus representaciones o modelos del mundo y a la información concreta acerca del entorno que perciben a través de sus sentidos. Las capacidades cognitivas son siempre limitadas e imperfectas: el error es posible.

La competencia evolutiva, mediante generación de alternativas y selección de las más aptas, produce modelos progresivamente más completos, correctos y realistas, y sensores con mayor capacidad y resolución: los organismos conocen gradualmente mejor la realidad y actúan de forma más competente.

Sin embargo, que la capacidad de obtención y procesamiento de información crezca no garantiza que la cantidad de errores necesariamente desaparezca o se reduzca, ya que el entorno tiende a hacerse gradualmente más complejo y difícil de conocer por la propia sofisticación evolutiva de los seres vivos: los organismos son cada vez más aptos pero las tareas que deben realizar son también más difíciles. Además muchos seres vivos no desean ser detectados o comprendidos e intentan activamente confundir a otros para que no puedan predecir o controlar su conducta.

Los animales sociales interactúan mediante procesos de comunicación, con transmisión y recepción de señales o mensajes. Los seres humanos pueden expresar algunas partes de su conocimiento acerca de la realidad de forma simbólica mediante el lenguaje natural, con palabras y frases. Una proposición es verdadera si se corresponde con la realidad, si la representa fielmente, y falsa en caso contrario.

No todas las proposiciones tienen valor de verdad (ya que no todas son descripciones de la realidad), y el valor de verdad no es la única característica relevante de una frase: también importa su precisión (o vaguedad, ambigüedad), su concreción (o generalidad), lo completa que es y la cantidad de información que contiene.

A un individuo le interesa conocer información verdadera relevante para actuar de forma exitosa, teniendo en cuenta sus costes de obtención y procesamiento. La coordinación de múltiples agentes requiere producir, transmitir, recibir y procesar grandes cantidades de información. Las limitaciones cognitivas de los seres humanos hacen que la dirección centralizada de la actividad económica sea muy difícil, especialmente en sociedades extensas, dinámicas y complejas: el socialismo es imposible.

Pero las imperfecciones y límites de la observación, la razón y la comunicación no son los únicos problemas para la producción y difusión de información veraz. No sólo es que no se pueda: también es que no siempre se quiere.

La verdad es a menudo inconveniente: a la presa le perjudica que el depredador la detecte con facilidad, y si puede se esconde o camufla (mimetismo), no indica abiertamente su localización; el depredador tampoco quiere ser descubierto y se acerca en silencio, oculto y en contra del viento; los combatientes intentan confundir y sorprender a sus enemigos; las empresas mantienen secreta su estrategia; los criminales de todo tipo no quieren que se conozcan sus hechos delictivos; el individuo que se avergüenza de algo no desea que se muestre en público; el empleado o colectivo que se escaquea, cumple mal con su deber o incluso sabotea las operaciones, no quiere ser descubierto; los engaños, infidelidades o traiciones se realizan a escondidas.

Los individuos pueden no sólo callar u ocultar la verdad sino también distraer la atención o difundir activamente falsedades útiles para ellos: difamar a los enemigos, hacerse las víctimas, esparcir rumores que destruyan reputaciones ajenas. La capacidad de mentir y engañar sin que se note es una aptitud útil para la supervivencia y el progreso. También lo es la capacidad de detectar mentiras y engaños. Hay espías (y contraespionaje) porque unos desean saber lo que otros no quieren que se sepa.

Como hacer trampas puede resultar beneficioso, los seres humanos son a menudo instintivamente hipócritas: insisten en que los demás cumplan las normas mientras ellos mismos intentan saltárselas cuando pueden y se indignan al ser descubiertos y denunciados.

Una forma de conseguir no ser detectado en un engaño a otros es engañarse a uno mismo creyendo falsedades útiles, especialmente en el ámbito de la moralidad y la cooperación: cada uno es bueno y leal, y dudar de ello es un atentado inaceptable contra su honor; los enemigos son malos y traicioneros, no tienen honor ni dignidad. Para que funcione bien, el autoengaño debe ser inconsciente, automático y no reconocido, de modo que todos niegan engañarse a sí mismos.

La verdad no lo tiene difícil solamente por las relaciones de competencia o enemistad. Los grupos de cooperadores, amigos, familiares, seres queridos, suelen compartir engaños, absurdos y falsedades: no se dicen verdades ofensivas, conflictivas, incómodas; se halagan de forma exagerada; y callan o no denuncian los errores o trampas propios que pueden dañarlos, desprestigiarlos y dejarlos en evidencia; puede haber cadáveres en los armarios y basura bajo las alfombras. Ciertos temas y sus verdades asociadas son de mala educación, falta de cortesía y tacto: eso no se dice, eso no se toca. La inteligencia emocional choca contra la inteligencia analítica: vamos a llevarnos bien, haya paz social, no seamos impertinentes o demasiado listos para nuestro propio bien.

La creencia ferviente en algún absurdo distintivo (supersticiones y dogmas religiosos, ideologías políticas) puede servir como cohesionador, señal de pertenencia, coste de entrada y permanencia y prueba de compromiso y lealtad del grupo. Los colectivos organizados son muy poderosos, y para integrarse en ellos y congraciarse con sus miembros y líderes uno debe adaptar lo que cree y dice, apegándose emocionalmente a ciertas presuntas verdades absolutas (credo de la comunidad de creyentes, doctrina oficial del partido), rechazando radicalmente otras y autocensurando pensamientos peligrosos: eso es tabú, la fe es una gracia, hay que luchar contra la duda y no caer en la tentación de dejar de creer. El librepensador, hereje, heterodoxo, disidente o blasfemo es repudiado, expulsado o eliminado. Mediante la censura y las listas de obras denunciadas o prohibidas el grupo puede impedir que sus miembros lleguen a conclusiones inconvenientes.

Aunque para el conocimiento de la realidad conviene ser escéptico, crítico y consciente de la ubicuidad del engaño y la mentira, algunos individuos llevan su torpe suspicacia demasiado lejos y simplemente sustituyen unas falsedades por otras: es el mundo de la credulidad selectiva (mi versión es la verdad verdadera, no como los disparates de otros) y las conspiranoias (son sólo unos pocos poderosos quienes estafan desde clubes secretos a todos los demás incautos, la verdad está ahí fuera). Por otro lado están todas las pseudociencias, populares falacias que aparentan rigor intelectual: parapsicología, diseño inteligente, ufología, curanderos, etc.

Queda la ciencia como baluarte de la verdad: el ideal científico consiste en conocer objetivamente la realidad generando nuevas teorías e intentando destruirlas para filtrar los errores. Pero los científicos son por lo general seres humanos parciales y preocupados por su propio estatus intelectual y social: aspiran a ser líderes admirados, les cuesta y duele reconocer que se han equivocado, quieren que les den la razón y sufren sesgos de confirmación y autoengaño; a menudo no tienen ideas sino que las ideas son memes atrincherados que los tienen a ellos.


Biología, economía y moralidad

02/10/2012

Conferencia en el Instituto Juan de Mariana el sábado 6 de octubre a las 20:00.

Hablaré de cómo los tres ámbitos están interconectados en un marco naturalista y evolucionista: qué son la vida y la acción, y cómo a partir de estos dos conceptos básicos surgen las preferencias, la cognición, la intencionalidad y las normas. Emisión por streaming.

 


La ética de la libertad

01/09/2012

Audio de la clase de la VII Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana, grabada por Luis Iglesias para Educación para la Libertad.


De la interacción física a la acción intencional

26/07/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Las partículas materiales interaccionan unas con otras según sus propiedades físicas y químicas. Estas interacciones pueden dar lugar a agregados complejos estables formados por diversos componentes (núcleo atómico, átomos, moléculas). Algunos sistemas son agentes: poseen una estructura que les permite realizar trabajo: son máquinas que actúan mediante la liberación restringida de energía en ciclos termodinámicos (ciertas rigideces relativas dirigen de forma no aleatoria el flujo de la energía liberada en alguna reacción). La acción tiene costes: consume energía y puede implicar un desgaste o deterioro del agente.

Los seres vivos son agentes autopoyéticos: trabajan para construirse a sí mismos, usan energía y materiales de su entorno para su mantenimiento y reproducción; también actúan sobre su entorno, modificándolo para su conveniencia. Los organismos son sistemas complejos altamente estructurados y ordenados: están formados por múltiples agentes más básicos integrados en un todo coherente.

Los organismos vivos son agentes autónomos: tienen un sistema de control cibernético que dirige su conducta en su propio interés, de modo que tienden a actuar de forma adecuada para su supervivencia (los que no lo hacen mueren). Los organismos y sus diversos subsistemas tienen repertorios de acciones posibles que deben ser seleccionadas o activadas de algún modo por el sistema de control (no puede hacerse todo a la vez y conviene que los diversos subagentes estén coordinados para complementar y no anular sus efectos).

En un organismo complejo (como un animal) su sistema de control está constituido por agentes especializados (sensores y neuronas) en la recepción, procesamiento y transmisión de información: la percepción y el pensamiento son también acciones; los efectores realizan las acciones indicadas por los agentes controladores o directores del comportamiento. La evolución produce de forma gradual (a partir de mecanismos preexistentes) modos de control de la acción más complejos y exitosos.

La acción podría no ser controlada sino producirse al azar: pero la acción aleatoria, desconectada de la situación del mundo, es peligrosa e ineficiente y no es tan adaptativa como la reacción que conecta un determinado estado de la realidad (externa e interna) con una acción concreta acertada, como acercarse a una oportunidad o alejarse de un peligro (del entorno inorgánico o de otros seres vivos). Las reacciones representan asociaciones estables entre estados percibidos y acciones elegidas.

La reacción inmediata y directa frente a oportunidades y peligros es menos adaptativa que la preacción o reacción anticipada e indirecta frente a atributos del entorno que informan de dichas oportunidades y peligros, dando al agente tiempo para prepararse (adelantar la huida, esconderse, iniciar la caza). Un organismo con una inteligencia más desarrollada es capaz de representar en modelos abstractos en su sistema cognitivo algunas regularidades del mundo, de modo que puede predecir la evolución de su entorno mediante el cálculo mental a partir de datos sobre condiciones iniciales y de contorno. Las capacidades de previsión y anticipación (memoria y procesamiento) se hacen evolutivamente más complejas y potentes, sobre todo porque a menudo son actividades estratégicas: los seres vivos intentan predecir no solo al entorno inorgánico, sino especialmente a otros seres vivos que a su vez son agentes anticipativos. La predicción estratégica requiere de cierta capacidad de imaginación acerca de las posibles acciones de otros organismos.

El control intencional de la acción se consigue mediante una inversión del procesamiento de la información en el sistema cibernético: en lugar de predecir qué estados futuros sucederán a partir de la situación presente, el agente fija en su mente un objetivo futuro (lo imagina y lo desea) y piensa qué debe hacer para alcanzarlo. Un agente intencional no solo prevé y reacciona sino que además imagina estados deseados del mundo y utiliza su conocimiento de la realidad para descubrir posibles combinaciones de recursos y acciones que lleven al objetivo querido. El agente intencional es proactivo y emprendedor: no solo reacciona frente a lo que se encuentra o prevé, sino que elabora con antelación un plan para su propia conducta y se prepara para posibles problemas y alternativas. La intencionalidad es un modo de generación de conducta y también es un modo de interpretación y comprensión del comportamiento de otros agentes, lo que facilita la coordinación necesaria para la cooperación social.


La competencia por el control de la acción en los seres vivos

10/05/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Un ser vivo es un agente autónomo autopoyético: trabaja construyéndose a sí mismo e intentando alcanzar sus objetivos deseados, controla su conducta para su propio beneficio, y sus valoraciones tienden a reflejar lo adecuado para su supervivencia; un agente heterónomo no controla su conducta sino que actúa controlado por otro agente al cual sirve (por ejemplo, una máquina artificial, o un organismo esclavizado).

La capacidad de control y acción de un organismo siempre es limitada y falible. Los agentes autónomos evolutivamente más exitosos son los que consiguen más poder, más capacidad de decisión y acción y menos restricciones: tienen más medios a su disposición (energía, materiales, conocimiento, derechos) y sufren menos limitaciones o cargas (obstáculos físicos, prohibiciones, deberes).

El sistema de control de un organismo (su aparato cognitivo, sistema nervioso o cibernético) controla directamente la conducta del propio individuo del cual forma parte. Pero el funcionamiento de este sistema depende de las interacciones del sujeto con su entorno, que puede incluir otros organismos que influyen sobre él, participando así en la determinación de la conducta; y el mismo individuo puede intentar a su vez controlar a otros organismos.

La capacidad de acción de un organismo (y sus resultados) puede ser utilizada por otro. Un ser vivo puede aprovecharse de otro destruyéndolo y comiéndoselo (o utilizando algunas partes como ropas, adornos o herramientas). Es posible aprovecharse de otro ser vivo sin destruirlo, tomando algo de él: alimento (leche materna, secreciones de algunos insectos como la miel de las abejas), protección, calor. Y también es posible usar a otro organismo como agente, controlarlo, influir sobre su conducta, capturar parcialmente su sistema de control. Un virus, por ejemplo, captura los mecanismos de control de una célula (a la cual termina matando) para que sus ribosomas produzcan copias del propio virus.

Todo organismo es un agente que puede ser utilizado como medio o instrumento por otros agentes: su capacidad de actuar puede ponerse al servicio de los fines o intereses de otros individuos (que pueden ser compatibles o incompatibles con los propios). Esta instrumentalización o servidumbre puede ser voluntaria (libre) o involuntaria (esclavitud), simétrica (cooperación) o asimétrica (parasitismo), consciente o inconsciente.

Una forma directa y simple de control es la fuerza física bruta que permite al fuerte (amo) someter al débil que no puede defenderse (esclavo). Pero también existen mecanismos psicológicos (cognitivos y emocionales) de manipulación: persuasión, seducción, chantaje, amenazas.

La competencia entre organismos por el poder de controlar la acción da origen a una carrera de armamentos evolutiva en la cual se desarrollan de forma progresiva aptitudes para controlar y para evitar ser controlado. Los agentes más exitosos son aquellos que pueden influir sobre los demás para que actúen en su beneficio, al tiempo que se defienden de los intentos de manipulación en su contra. Los individuos pueden tener muy diferentes capacidades en este ámbito: desde los incautos ingenuos hasta los más hábiles seductores. Las técnicas de manipulación se vuelven gradualmente más indirectas, sofisticadas y sutiles para evitar el posible rechazo de los intentos directos y obvios.

Un manipulador exitoso debe conseguir que el agente manipulado se deje controlar: esto puede suceder porque no es capaz de evitarlo (no puede resistirse a la influencia ajena o ni siquiera se da cuenta de ella) o porque no quiere hacerlo. Ciertas técnicas de manipulación se basan en el engaño y la ocultación, dependen de que el sujeto no se dé cuenta de que está siendo controlado por otro. La manipulación puede implicar alterar las valoraciones ajenas, de modo que a un agente no le importa ser manipulado o incluso lo prefiere (seducción sexual, publicidad, lavado de cerebro de una secta).

Un ser vivo puede aprovecharse de lo que hace otro, de los resultados de su acción, de forma natural y espontánea, sin necesidad de comunicación, pero estas interacciones tienen un rango limitado. La disponibilidad de un lenguaje facilita enormemente la coordinación entre agentes, que pueden expresar de algún modo sus intereses, deseos u órdenes. El lenguaje puede utilizarse para describir el mundo y transmitir información, pero es fundamentalmente una herramienta de interacción y manipulación: permite dar órdenes, expresar deseos, persuadir, seducir, argumentar, explicitar normas y las consecuencias de su incumplimiento.


El altruismo (y II)

27/04/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Como todas las demás conductas de un organismo, el comportamiento egoísta o altruista se controla y decide mediante mecanismos o capacidades de cognición y generación de valoraciones que son resultado de la coevolución adaptativa de múltiples seres vivos en interacción.

Las capacidades cognitivas permiten a cada organismo reconocer y distinguir a otros individuos y así poder practicar el altruismo selectivo (con parientes) o recíproco (con otros cooperadores). Las capacidades cognitivas son limitadas e imperfectas: existe la posibilidad de cuidar por equivocación de un organismo no emparentado creyendo que es una cría propia, o ayudar a un agente que en realidad no es un buen cooperador o no es miembro de un grupo de ayuda mutua pero pretende serlo. Este error puede ser provocado por algunos parásitos, que intentan aprovecharse de los mecanismos altruistas haciéndose pasar de forma engañosa como parientes o miembros del colectivo, mimetizándose con ellos, adquiriendo rasgos superficiales identificables que confundan a los benefactores; estos a su vez pueden desarrollar defensas para no ser engañados: la evolución produce carreras de armamentos entre sistemas de detección y sistemas de engaño.

Las valoraciones de los agentes son subjetivas en el sentido de que son generadas por cada individuo y dependen de sus características y circunstancias particulares. Pero estas preferencias no son arbitrarias: surgen evolutivamente mediante generación de variantes y retención de las versiones exitosas, de modo que las valoraciones de los agentes supervivientes tienden a reflejar cálculos inconscientes acertados de beneficios y costes, directos e indirectos, para el individuo y para sus semejantes. El placer y el dolor tienden a reflejar lo adecuado y lo inadecuado para la vida, son señales de valor biológico.

Las valoraciones son generadas por la estructura y la actividad del cerebro de cada organismo, las cuales dependen de influencias genéticas y ambientales (historia y circunstancias particulares de cada individuo, cultura común). En organismos sociales con sistemas cognitivos sofisticados las preferencias pueden generarse dinámicamente de forma interactiva y recursiva: cada individuo puede influir sobre las valoraciones de los demás y a su vez forma sus preferencias teniendo en cuenta influencias ajenas.

Algunos seres vivos son individualistas, no cooperan en grupos sociales. Prefieren vivir solos, no desean compañía ni la necesitan. Pueden ignorar a otros organismos o percibirlos como oportunidades (comida) o amenazas (depredadores o competidores por recursos escasos como el territorio).

Algunos sujetos cooperan simplemente porque valoran más lo que reciben que lo que dan: es posible construir evolutivamente agentes con preferencias puramente egoístas que cooperen solamente porque comprenden el posible beneficio de ciertos intercambios, sin necesitar de preocuparse por el bienestar ajeno. Pero el intercambio pactado de forma explícita requiere una cognición avanzada y capacidades lingüísticas que no están al alcance de todos los seres vivos.

La cooperación estable entre organismos puede conseguirse si las valoraciones de un agente consideran el bienestar de otros individuos (o simplemente provocan conductas que benefician a otros): relaciones de amor, amistad, filantropía. Los sentimientos de unos por otros (o por el grupo) fomentan la construcción de agregados estables basados en relaciones fiables.

La acción altruista puede conseguirse mediante mecanismos emocionales que generan bienestar psíquico o placer al ayudar, o que producen malestar o remordimientos si no se ayuda: las valoraciones de un agente tienen en cuenta las necesidades y preferencias de los demás, de modo que este disfruta al hacer algo por ellos, o sufre si no lo hace (empatía). Una emoción básica que genera comportamiento altruista es el amor de los progenitores por las crías, que los motiva a cuidarlas hasta su madurez. Estos afectos pueden extenderse a la pareja reproductiva o a otros cooperadores miembros de un grupo de asistencia mutua (amigos, camaradas).

Es posible construir altruistas ingenuos que den sistemáticamente a todos sin condiciones y sin recibir nada a cambio y disfruten al hacerlo, pero esto tiende a disminuir sus propias posibilidades de supervivencia y se autoeliminan rápidamente. Los procesos de decisión de la conducta altruista deben considerar los costes para quienes la proporcionan y los beneficios para quienes la reciben (y si se trata de altruismo recíproco o intercambio, esos mismos elementos con los roles invertidos). Los sentimientos que motivan la conducta altruista discriminan según el estado de necesidad del receptor, la capacidad del donante y la relación entre ambos (parentesco, pertenencia al mismo grupo, posibilidad de reciprocidad).

Los receptores de ayuda pueden intentar estimular las conductas generosas de otros: las crías parecen adorables y encantadoras, o activan mecanismos de angustia y preocupación en sus progenitores (llantos); algunos miembros del grupo se presentan como necesitados, dan pena (mendigos). Los potenciales donantes pueden intentar defenderse de las influencias ajenas modulando su sensibilidad para no ser parasitados por hábiles manipuladores: crías que exageran su necesidad, vagos que se presentan como víctimas.

Algunos actos altruistas, especialmente los asimétricos entre progenitores y crías, se basan fundamentalmente en la satisfacción psíquica del donante, quien no espera recibir nada a cambio además de las manifestaciones de amor por parte de las crías, que refuerzan el placer, fortalecen los sentimientos y estabilizan la relación. Pero en el altruismo recíproco debe haber sentimientos y actos complementarios en ambos sentidos: el receptor agradece la ayuda y se siente obligado o en deuda con el donante, de modo que intenta devolver el favor para mantener la relación cooperativa y no aparecer como una carga neta para los demás.

Surge entonces el problema de cómo estimar el valor de los bienes o servicios entregados y recibidos. Para que las relaciones de cooperación sean simétricas y de mutuo beneficio, y aunque las valoraciones individuales sean subjetivas, los grupos sociales intentan de algún modo conseguir referencias comunes que sirvan para estimar cómo saldar satisfactoriamente deudas pendientes (valores objetivos o intersubjetivos, criterios de justicia que sirven también para compensar por daños causados). Los pactos contractuales formalizan las relaciones de cooperación especificando qué debe cada parte entregar y recibir, pero estos no siempre son posibles o deseables (tienen costes de transacción y pueden debilitar los vínculos emocionales).

Los organismos inteligentes capaces de distinguir a otros individuos y recordar su historia de relaciones pueden asignarse unos a otros un estatus o reputación (positiva o negativa) como cooperadores. El agente altruista cuya acción es percibida y valorada por otros está invirtiendo en su capital social, el cual puede proporcionarle beneficios futuros: para conseguir esto la acción debe ser conocida de algún modo (no ocultada) y valorada positivamente (no vale cualquier acción).

La dinámica de la gestión de la reputación es compleja. Los miembros de un grupo intentan influir sobre los demás para obtener beneficios, para conseguir su ayuda, para orientar la acción ajena (individual o colectiva) según sus preferencias e intereses; y lo hacen de forma parcialmente honesta y parcialmente tramposa, engañando si creen que no serán descubiertos, y evitando en lo posible ser engañados o manipulados (hipocresía natural).

Los individuos envían (consciente o inconscientemente) señales a los demás intentando mostrar que son buenos cooperadores para mejorar su reputación o estatus moral en el grupo, enfatizando los sacrificios propios y los beneficios para otros. Pero las señales pueden manipularse y el lenguaje permite la mentira y la distorsión: es posible exagerar las aportaciones propias (o minimizar las de los competidores), o fingir necesidad y presentarse como víctimas.

Además las señales demasiado obvias o directas pueden estar mal vistas, pueden generar tensiones y envidias: cada individuo intenta entonces fomentar su propia reputación sutilmente (quizás de forma indirecta mediante afiliaciones o alianzas con otros que tengan prestigio y que hablen bien de él), dentro de un marco de sentimientos y normas morales que fomentan la humildad y disuaden contra la ostentación para evitar excesivas desigualdades y fricciones dentro del grupo (resentimiento de los fracasados frente a los triunfadores).

Las acciones tienen intenciones y resultados. Un agente puede tener intención de ayudar, pero los resultados de su acción pueden ser nocivos para los receptores (daños inmediatos, generación de dependencias), porque tienen valoraciones diferentes o porque el agente no controla por completo las consecuencias concretas de su acción.

Además de las acciones altruistas, existen conversaciones sobre dichas acciones y sobre el altruismo en abstracto. Los agentes pueden presentar sus acciones como bien intencionadas, desinteresadas; la gente habla del altruismo, lo promueve, lo valora positivamente, asegura que pretende lo mejor para todos: así intentan mejorar su imagen, su estatus moral, con muy poco coste (hablar suele ser mucho más fácil que actuar con éxito); y al promover el altruismo cada uno intenta fomentar que los demás tengan conductas altruistas, de las cuales eventualmente pueden obtener algún beneficio como receptores de los efectos de las mismas.

Las conductas altruistas, inicial o fundamentalmente instintivas, pueden reforzarse mediante herramientas culturales como mitos o ideas religiosas que indican conductas a imitar o evitar y que suelen incluir incentivos y desincentivos para las mismas (premios y castigos, promesas de vida eterna y placentera para los buenos cooperadores, dolor infernal para los egoístas).