Beatriz Gimeno contra Peter Singer sobre la legalización de la prostitución

26/11/2016

Peter Singer es un filósofo utilitarista de reconocido prestigio: puede estar equivocado en muchos asuntos, pero suele ser interesante leer sus artículos y libros. Beatriz Gimeno es una actitivista política española de Podemos defensora de los derechos LGBT: no destaca como pensadora y sus escritos muestran sistemáticamente graves taras intelectuales.

Peter Singer ha escrito un artículo bastante bien argumentado: Razones para legalizar el trabajo sexual. A Beatriz Gimeno no le ha gustado y ha perpetrado una lamentable réplica: Desinforma, que si es acerca de la prostitución seguro que cuela. Acusa a Singer de desinformar, mentir y decir tonterías: cree el ladrón que todos son de su condición.

Singer describe el deseo sexual y cómo las personas pueden utilizar los intercambios monetarios para satisfacer sus deseos. Gimeno replica:

Que sea un deseo fuerte no lo convierte en un derecho. Y eso mismo lo podíamos hacer extensivo a otros deseos o necesidades, pero no voy a entrar en la razón neoliberal que convierte cualquier deseo individual en un derecho al que se puede acceder por precio.

Singer describe las relaciones sexuales y los mercados, pero no comete el torpe error de inferir prescripciones a partir de descripciones, sino que como buen utilitarista investiga las consecuencias de prohibir o permitir ciertas actividades.

Según Gimeno para un liberal cualquier deseo se convierte en un derecho accesible por precio: o sea que si alguien quisiera practicar el sexo con Beatriz Gimeno tendría derecho a ello a cambio de un precio; curiosamente este precio no queda especificado y no se sabe si podría ser cualquier cantidad; tampoco queda claro si se trata de un derecho negativo (de no interferencia coactiva) o positivo (que obliga a otro a su satisfacción).

Gimeno no entiende que el hecho de legalizar una actividad voluntaria y libremente consentida entre dos personas significa que no está prohibida por terceros: que las partes tienen el derecho a negociar y a llegar a acuerdos, e igualmente a negarse a intercambiar o relacionarse; no se trata de que una parte tenga derecho a exigir a la otra la satisfacción de sus deseos a cambio de dinero. Gimeno es simplemente una autoritaria intolerante que quiere prohibir relaciones libres de otros y que carece de la inteligencia necesaria como para pensar argumentos mínimamente presentables en apoyo de su causa.

[…] sí quiero entrar en que no son los seres humanos los que compran sexo porque tienen deseos fuertes y ubicuos, son los seres humanos hombres.

¿Las mujeres no tenemos deseos sexuales fuertes y ubicuos? Resulta que sí los tenemos, pero que eso no nos da derecho a comprar sexo, porque comprar sexo es, en realidad, un privilegio sexual masculino. Escribir un artículo sobre prostitución y no hablar de que es una actividad absolutamente generizada, en la que las mujeres son la mercancía y los hombres los que compran, descalifica el artículo. El autor se empeña en hablar de “personas” y ni una sola vez, ni una sola, habla de mujeres y hombres.

Porque si es una actividad generizada es de eso de lo que hay que hablar en primer lugar. Preguntarse por qué los hombres compran sexo, por qué hay millones de mujeres en el mundo dispuestas u obligadas a venderlo pero, sobre todo, qué consecuencias tiene la existencia de ese mercado en las relaciones de género.

Los seres humanos que compran sexo son mayoritariamente hombres pero no son solamente hombres. Las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a comprar sexo, y si no lo hacen tal vez sea porque no quieren o no lo necesitan: no sólo no se trata de un privilegio sexual masculino, sino que la mujer puede considerarse el lado fuerte en la negociación porque sabe que la otra parte, el hombre, es quien tiene el deseo más fuerte y urgente y está dispuesto a pagar. También hay hombres que venden sexo, pero Gimeno obvia este incómodo hecho.

Las mujeres no son ninguna mercancía porque el hombre que paga a una prostituta está contratando la prestación de un servicio y no la compraventa o alquiler de ningún bien. Esperar un mínimo rigor terminológico tal vez sea demasiado.

Gimeno está sesgada por su visión feminista liberticida y exige a cualquiera que hable o escriba sobre prostitución qué es lo primero que debe mencionar: la asimetría entre hombres y mujeres. Quien no lo haga así queda absolutamente descalificado, al menos según su muy limitada capacidad de calificar.

Este artículo no permite extenderse en dichas consecuencias pero de manera muy simple ayer en Podemos denunciábamos las consecuencias que tienen los artículos sobre deportes, muy machistas, en dichas relaciones; denunciamos también en Murcia que una empresa de transporte se anuncia con una mujer desnuda y eso nos parece que incide negativamente en la igualdad; nos parece también que el amor romántico apuntala relaciones desiguales…

Efectivamente en Podemos hacen muchas cosas de forma muy simple, más bien simplista. Están obsesionados por el igualitarismo liberticida en las relaciones de género.

¿No tiene absolutamente ninguna consecuencia para la igualdad el hecho de que un varón, por el hecho de serlo, rico o pobre, europeo o asiático, de cualquier edad y condición, sepa, desde que tiene uso de razón que por el hecho de ser varón goza del privilegio de poder acceder por precio al cuerpo de una mujer?

Los varones no pueden “saber” algo que es falso. Y Gimeno debería aclarar quién es esa mujer a cuyo cuerpo cualquier varón puede acceder por precio: ¿es una mujer concreta, la misma para todos los varones, son algunas mujeres, o se trata de cualquier mujer, o sea de todas las mujeres?; ¿el precio sería el mismo para todos los clientes y todas las mujeres?; ¿si alguna mujer se niega a aceptar un precio a cambio de sexo dónde hay que denunciar?

El artículo continúa diciendo que el estado debe abstenerse de criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos. En España la prostitución no está penalizada, por lo que regularla significaría exactamente lo contrario de lo que el autor exige; significaría que el Estado se inmiscuiría en las relaciones sexuales entre adultos, sean por precio o no.

El artículo de Singer no es acerca de España. En muchos sitios la prostitución está en un limbo legal: no está explícitamente prohibida pero tampoco permitida.

Muchas trabajadoras sexuales no están por apoyar que el Estado favorezca aún más a la industria del sexo, sino que piden al estado que las libere de ella. El autor confunde sin parar legalizar, prohibir, regular, penalizar, no sabe de qué habla.

Hay tanta diferencia intelectual entre Singer y Gimeno que esta resulta especialmente patética al acusarlo de estar confundido.

Dice el autor también que una de las razones de legalizar es evitar la corrupción policial. Miente. En España la prostitución no es ilegal (es obvio, esa sí que es ubicua) y a pesar de eso, la corrupción policial alrededor de la misma es grande y así lo han denunciado los medios a menudo, igual que en otros países donde está regulada. También dice que la prohibición del trabajo sexual vuelve mucho más peligroso para quienes lo ejercen pedir ayuda a las autoridades. De nuevo miente. En España la prostitución no es ilegal, pero las mujeres, aun así, no denuncian a sus proxenetas. Y no lo hacen porque, simplemente, no están protegidas.

Con completa desvergüenza Gimeno acusa a Singer no de estar equivocado sino de mentir, o sea de decir falsedades a sabiendas. La corrupción policial tal vez nunca pueda evitarse por completo, pero en los mercados negros, ilegales o de legalidad dudosa, seguramente es mayor.

Gimeno asume que todos los proxenetas son explotadores y esclavizadores que deben ser denunciados: no se plantea la posibilidad de que algunas prostitutas tal vez prefieren libremente trabajar para un empresario del sector.

¿Puede explicar alguien cómo la prostitución mejora a la sociedad en su conjunto? ¿Cómo mejora la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres?

Que la prostitución sea legal mejora la situación de quienes libre y voluntariamente desean participar en ella: tal vez empeore la situación de quienes de forma autoritaria, como Gimeno, quieren imponer a la fuerza sus preferencias, morales o no, sobre los demás. Las sociedades suelen mejorar cuando no hacen caso a los totalitarios cruzados de causas liberticidas. La lucha por la igualdad entre mujeres y hombres tal vez haya que entenderla como igualdad en libertad ante la ley, y no de la forma coactiva que promueve Beatriz Gimeno.


Beatriz Gimeno contra Jesús Neira

24/06/2009

Beatriz Gimeno, ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, afirma:

Me alegro de que este medio haya explicado cómo es Jesús Neira. La verdad es que yo no me atrevía a hacerlo. Y no hablo ahora de sus ideas políticas que por lo que nos hemos enterado, son cuanto menos curiosas. Hablo, precisamente de aquello por lo que más se le valora socialmente, su supuesta defensa de las mujeres. En realidad, Neira es un machista de los de antes. Eso no quiere decir que yo le niegue cierto valor personal, pero el valor no es suficiente para ocupar un cargo público. Una persona como él, por más méritos al valor que tenga, de ninguna manera debería estar al frente de ningún organismo ni institución dedicada a luchar por la igualdad de género. Quiero creer que muchas personas saldrían en defensa de una mujer -o de cualquier persona- a quien se esté pegando en plena calle. Pero de ahí a ser un héroe feminista hay un trecho muy largo en el que, por lo menos, hay que hablar con la persona en cuestión a ver qué opina de las cosas. Con Jesús Neira no habló nadie y ahora pasa lo que pasa.

Jesús Neira supuestamente defiende a las mujeres. Beatriz Gimeno supuestamente tiene cerebro. Eso sí, es una feminista de las de ahora, de lo más progre y políticamente correcta.

Existe un machismo criminal y delictivo que es el de aquellos que maltratan y asesinan a las mujeres y que, afortunadamente, son los menos.

Existe un feminismo criminal y delictivo que es el de aquellas que maltratan y asesinan a los hombres y que, afortunadamente, son las menos.

Después hay un machismo de menor intensidad, el de toda la vida, el de aquellos que piensan que las mujeres son distintas de los hombres y que merecen un trato diferente.

Después hay un feminismo de menor intensidad, el de ahora mismo, el de aquellas que piensan que las mujeres son iguales a los hombres, y que cuando no lo son exigen que la igualdad se lleve a cabo mediante la coacción estatal.

Es el machismo de todos aquellos que están a favor de diferenciar a niños y niñas en la escuela, aquellos que defienden que hombres y mujeres -iguales en dignidad, como dice la Iglesia- tienen sin embargo distintas capacidades y por tanto deben ocupar esferas sociales distintas, lo que al final se traduce en el machismo de toda la vida: ellas en casa, ellos a trabajar fuera.

¡Cómo se le ocurre a alguien pensar que las capacidades de hombres y mujeres puedan ser diferentes! Lo que no queda claro es cómo se pasa de allí al deber de ocupar una esfera social distinta. Las personas suelen hacer y ser lo que quieren y pueden: el deber suele imponerse desde fuera, sobre todo desde el Estado que se supone debe garantizar la maravillosa igualdad.

Esta última postura no excluye sino que, al contrario, muchas veces lleva aparejado una especie de trato supuestamente deferente hacia las mujeres. Se nos cede al paso al llegar a una puerta, pero no se nos cede ni una pizca de poder; se nos hace reinas de la casa, pero para que nos quedemos dentro. Es el machismo de nuestros abuelos y de muchos de nuestros padres (en el mejor de los casos).

Obsérvese cómo utiliza la voz pasiva para ocultar quién no les da poder y hacerse la víctima. Al hablar de sus padres y sus abuelos obviamente está mostrando que ha tenido ciertos problemas con su historia personal que ella traspasa a todos los demás.

Yo ya me había dado cuenta de que Jesús Neira es de estos cuando recién salido del coma, en la primera entrevista que le hicieron, le preguntaron por su opinión sobre el machismo que se observaba en los colegios y en los jóvenes y sobre cómo erradicarlo. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que afirmar que hay que enseñar a los niños a tratar a las niñas con “deferencia”. Ni una sola vez en toda la entrevista pronunció la palabra “igualdad”, que es lo que hay que enseñar a los niños, y no deferencia. En todo caso habrá que enseñar a niños y niñas a tratar a cualquier otra persona con educación, pero en ningún caso las niñas merecen ningún trato especial que enmascare la desigualdad. Las mujeres no queremos deferencia, queremos igualdad y eso es lo que hay que enseñar. Por eso me parece nefasto que alguien al que sólo se le ocurre eso de la deferencia esté al frente de un organismo de igualdad, aunque tratándose de un organismo de Esperanza Aguirre no me extrañaría que se dieran clases de ceder el paso y después se hicieran exámenes. En fin, que Jesús Neira no es partidario de la igualdad entre hombres y mujeres y estoy segura de que estará de acuerdo con que el feminismo es un mal que extiende eso que la iglesia llama “la perversa ideología de género”. Neira no cree en la igualdad de género y Aguirre le ha puesto a cuidar de ella. Fabuloso.

Esta doña nadie se considera representante de todas las mujeres y habla en su nombre para informarnos de lo que todas quieren. Además desde su superioridad moral nos ordena lo que hay que enseñar: igualdad. Dada su ínfima calidad intelectual y personal es dudoso que pueda entender que muchos se resistan a igualarse a ella.