Más sobre dinero fiat y el billete del banco central

30/09/2013

Gracias a Juan Ramón Rallo (aquí y aquí) y a los demás comentaristas (especialmente Manuel Polavieja) del artículo anterior.

Me he equivocado al escribir que el billete del banco central en un sistema de dinero fiat no es un pasivo (se sobreentiende que exigible) del banco central; y también se equivocan quienes afirman que sí lo es. Y en realidad ninguno se equivoca, porque no es una cuestión de esencias sino de interpretaciones, y ambas son posibles y en cierto modo complementarias (como el modelo onda partícula de la mecánica cuántica), dependiendo de cómo se entiendan ciertos términos y conceptos.

El sistema monetario actual es tan anómalo y tramposo que permite interpretar al billete fiat (y a las monedas) como un activo coactivo sujeto a ciertas reglas de producción y destrucción, o como un pasivo inconvertible mal determinado (definido de forma recursiva en términos de sí mismo en unidades abstractas sin ancla, referencia o concreción externa, lo que algunos llaman deuda irregular, sin formalizar y especificar qué se debe); en ambos casos su aceptación en los cobros y su utilización en ciertos pagos es obligatoria para los ciudadanos (por leyes de curso legal forzoso).

El dinero en sentido estricto es un activo que no es el pasivo de nadie más, como la moneda de oro o plata. Los sustitutos o complementos monetarios son algunas deudas muy seguras y a corto plazo que se monetizan, son dinero en sentido más amplio, se usan como medios de pago y cobro: estas deudas son un pasivo para el deudor y un activo para el acreedor; tienen un emisor deudor original, y al estar monetizadas van circulando y cambiando de acreedor.

En un sistema de banca libre cualquiera puede emitir deuda e intentar que se use como medio de pago, pero sin poder obligar a nadie a aceptarla como tal; normalmente lo hacen algunos bancos comerciales en forma de billetes o depósitos a la vista. Esta deuda está definida en función de algún dinero en el cual la misma es obligatoriamente convertible: es un compromiso u obligación de pago de una cantidad de dinero. Dinero y deuda están así relacionados porque gran parte de la deuda es monetaria y ciertas deudas (no todas) se monetizan, pero la producción de dinero (minería, acuñación) es legalmente independiente de la producción de sustitutos monetarios.

También puede existir deuda o pasivos no monetarios, como las obligaciones de entregar ciertos bienes o servicios (más o menos especificados, como los contratos de futuros, los cheques regalo o los vales de algunos establecimientos comerciales).

Hay dos formas de cancelar y extinguir una deuda monetaria (sin considerar impagos o reestructuraciones): pagarla con dinero o compensarla con otra deuda igual pero de sentido contrario; los efectos sobre los balances de los agentes involucrados son diferentes.

Al recibir dinero como medio de pago de una deuda, el balance del acreedor mantiene su tamaño pero cambia su composición: un activo (el derecho de cobro) es sustituido por otro (dinero); el balance del deudor se encoge, se reduce su pasivo (elimina la obligación de pago) y también su activo (entrega el dinero). Al compensarse deudas ambos agentes, acreedor y deudor, ven reducidos sus balances al desaparecer sus derechos de cobro (activos) y obligaciones de pago (pasivos).

Los procesos contrarios suceden cuando la deuda se genera: un prestamista que entrega dinero a cambio de una promesa de pago sólo cambia la composición de su activo pero no el tamaño de su balance; el prestatario expande su balance con el dinero recibido en el activo y la deuda asumida en el pasivo. Si dos agentes intercambian promesas de pago, ambos incrementan sus balances con deuda en pasivo y activo.

Siempre existe la posibilidad de que el deudor pague y cancele su deuda con el acreedor entregándole dinero porque la deuda se define así: el acreedor no puede negarse a aceptar el pago de la deuda con la cantidad de dinero y en las condiciones pactadas (fecha, lugar). La compensación de deudas, sin embargo, es en principio opcional (no obligatoria, a no ser que se haya pactado previamente en otro sentido), y para tener lugar debe ser aceptada por ambas partes. En general las deudas no sólo tienen cantidades diferentes, también pueden ser de plazos o riesgos distintos. Puede tener sentido compensar deudas a la vista, pero una de las partes, o las dos, pueden exigir que se les pague con dinero.

En un sistema con dinero fiat y banco central emisor monopolista, el banco central produce deuda (promesas de pago en su pasivo como deudor) en forma de depósitos de los bancos privados miembros o asociados al banco central, y también produce billetes cuando dichos bancos privados los reclaman a cambio de esos depósitos. Los bancos privados emiten su propia deuda en forma de depósitos de sus clientes (familias, empresas, organismos públicos), pero no pueden emitir sus propios billetes.

El banco central tiene en su activo promesas de pago de otros agentes: normalmente letras del Tesoro y deuda de los bancos privados (y otros activos más exóticos, con más riesgo y mayor plazo, según cómo de intervencionista e imprudente sea la política monetaria). Las deudas de estos agentes se cancelan mediante compensación de deudas (tienen depósitos en el banco central) o mediante entrega de dinero: y queda pendiente determinar si la entrega de billetes del banco central al propio banco central es entrega de dinero o compensación de deuda, según cómo se interprete su naturaleza.

Si este billete es un pasivo (deuda) del banco central, en este sistema no existe dinero en sentido estricto y todos los medios de pago son deuda mal definida, inconvertible, sin referencia externa. Las deudas sólo se compensan unas con otras.

Si este billete es un activo que no es pasivo del banco central, entonces se trata del dinero en sentido estricto. Es un activo anómalo porque tiene valor no porque los agentes se lo otorguen libremente, sino porque el Estado obliga a los ciudadanos a aceptarlo en los cobros y a utilizarlo como medio de pago de los impuestos. Es un bien presente (no tienes que esperar ni hay descuento) cuyo valor depende, al menos en parte, de que exista la coacción estatal para enviar al individuo a la cárcel si no lo consigue para pagar sus impuestos.

El banco central (y el Estado) no sólo produce el dinero fiat, también promueve su uso al utilizarlo e imponer su uso, generando así demanda. Además el banco central no lo produce de forma arbitraria y unilateral ni se desentiende del mismo sino que gestiona activamente su cantidad y poder adquisitivo.

Que el billete no sea un pasivo del banco central no quiere decir que el banco central no tenga ninguna obligación o restricción legal respecto a la emisión (o destrucción) de dichos billetes. Todos los pasivos son obligaciones de entregar algo (normalmente dinero, pero pueden ser bienes o servicios cuyo valor monetario habrá que contabilizar), pero no todas las obligaciones son pasivos contables exigibles. Es obligatorio cumplir las leyes de todo tipo y nivel y las reglas contractuales, pero las restricciones legales no aparecen en el pasivo exigible del balance contable de ninguna entidad y muchas obligaciones contractuales tampoco (por ejemplo, el deber de pagar los salarios de los trabajadores, o un alquiler comprometido durante un tiempo).

El banco central está sometido a normas establecidas en las leyes que regulan su actividad. Sus obligaciones pueden incluir determinar la cantidad de dinero base (billetes y depósitos del banco central), estabilizar su poder adquisitivo, u otras. Los bancos centrales de países más desarrollados no pueden simplemente imprimir billetes y dárselos al gobierno para que los gaste (en teoría ni siquiera pueden prestarle directamente al Estado), sino que ligan la producción de billetes a su solicitud por bancos privados que tengan depósitos en cuenta con ellos, y a su vez estos depósitos se crean mediante préstamos del banco central al banco privado (ventanilla de descuento con determinados colaterales como garantías) u operaciones de mercado abierto de compra de activos al banco privado (normalmente deuda pública en forma de letras del Tesoro).

El banco central no sólo produce billetes o depósitos, también puede destruirlos o retirarlos de la circulación cuando quiere una política monetaria más contractiva (vendiendo deuda pública u otros activos en su posesión). Los depósitos, al ser deuda, pueden cancelarse con otra deuda contraria. Los billetes, en caso de estar en posesión del banco central, pueden ser destruidos o no: su coste de producción es tan bajo que es poco relevante si se guardan o si se destruyen y vuelven a crear; el banco central no destruye el oro que recibe porque este no es fácil de volver a producir una vez destruido (y porque sabe que el oro tiene valor incluso en ausencia de coacción estatal).

El banco central influye sobre la economía inyectando o retirando sus billetes y depósitos (todo lo que está en posesión del banco central desaparece de la circulación del resto de la economía). Para inyectar necesita que los bancos privados le pidan prestado; para retirar necesita tener algún activo que vender; por esto tiene sentido el activo del banco central, para mostrar cómo puede defender su divisa y así conseguir que se confíe en ella; y por esto puede ser útil tener la información sobre cuánto dinero fiat hay y compararlo con el valor de los activos del banco central.

El banco central debe aceptar el billete como medio de pago por dos razones: porque es su emisor original y se compromete a compensar unas deudas con otras (y entonces se considera el billete como deuda); y porque legalmente, al ser dinero fiat, todo el mundo está obligado a aceptarlo. El billete no es un pasivo del banco central porque se puedan cancelar deudas del banco central con él, ya que eso también puede hacerse con dinero en sentido estricto (si es que este existe).

En un sistema de patrón oro el banco central acepta el oro como medio de pago de sus propias deudas, pero eso no convierte al oro en un pasivo del banco central: simplemente el contrato de deuda especifica cómo se realizará el pago.

Si la moneda de oro fuera de curso legal forzoso, su productor, fuera quien fuera, estaría obligado a aceptarla como medio de pago por otros bienes o servicios que quisiera proporcionar. Y todo el mundo estaría igualmente obligado: para compraventas de bienes y servicios, para pago de deudas, para compra de activos financieros, para pago de impuestos, tasas, multas.

El que el banco central esté obligado a aceptar un determinado dinero fiat como pago de sus créditos simplemente indica que es una entidad a la cual se aplica la misma ley que a todos los demás agentes. Sí que sería sospechoso, y nada igualitario, que el Estado impusiera el uso de una moneda a sus ciudadanos pero excluyera de esa obligación a su propio banco central y a otros organismos como la Hacienda pública.

Si el billete es un pasivo del banco central porque debe aceptarlo como pago de sus deudas, también es un pasivo de todo el mundo porque todos deben aceptarlo como pago de sus deudas. También sería un pasivo del Estado porque se compromete a aceptarlo como pago de los impuestos. Así todos los billetes serían una especie de extraño pasivo social, que aparece simultáneamente en múltiples balances y que obliga a todos pero sin especificar a qué obliga (precios, cantidades y calidades de bienes y servicios).

Los cheques de compra y vales regalo son pasivos de sus emisores, pero en lugar de generar una obligación de pago de dinero son una obligación de entrega de mercancía (o servicios) por su valor nominal: son un pasivo indeterminado o irregular porque no se especifica qué cantidad y calidad de bienes puede comprarse por ese valor (sólo que no puede discriminarse entre otros dineros y los vales, deben cotizar a la par en esa operación de compraventa), y el emisor no está obligado a tener ningún producto a un precio que interese al poseedor del vale (suelen cotizar en mercados secundarios bastante por debajo de la par). Esos cheques o vales son pasivos porque su emisor los produjo como tales. Pero si una tienda publica una serie de precios (comprometiéndose a cumplirlos) por sus productos en una determinada forma de dinero, es decir que el poseedor de ese dinero puede exigir legítimamente parte del activo de la tienda a cambio del mismo ¿entonces ese dinero es un pasivo de la tienda? Obviamente no.

La obligación de aceptar algo como medio de pago no lo convierte en un pasivo, sino al revés: el hecho de que algo sea un pasivo de un agente, que además se compromete a compensar deudas, implica que ese pasivo puede utilizarse como medio de pago de deudas a ese agente (si a entonces b no es lo mismo que si b entonces a). El argumento de que el billete es un pasivo del banco central porque este debe aceptarlo como pago es erróneo porque está invertido.

Para comprender la naturaleza del billete es posible analizar qué sucede con el balance del banco central cuando se genera y cuando desaparece, tanto los propios billetes como las deudas. Pero este análisis no es concluyente porque ambas interpretaciones son posibles.

Recibir un dinero activo en sentido estricto como la moneda de oro no reduciría el balance del banco central sino que cambiaría su composición; si el billete se considera deuda, al recibirlo se cancelan deudas y se reduce el balance del banco. Pero el hecho de que el balance del banco central se reduzca cuando le pagan sus deudas con sus billetes no convierte a estos billetes automáticamente en sus pasivos: también es posible considerar al billete como un activo coactivo y anómalo que el banco está obligado a destruir, o simplemente no contabilizar en su balance, al recibirlo como pago.

La distinción entre billete fiat y depósito en el banco central no es arbitraria. Es verdad que legalmente son prácticamente iguales en muchos sentidos, aunque no en todos. No todos los agentes tienen acceso a cuentas en el banco central, mientras que el billete puede usarse incluso en el extranjero, al portador y de forma anónima.

El depósito del banco central con dinero fiat ha heredado las características del depósito con patrón oro, sólo que no es convertible en oro, sólo en billetes; el billete del banco central ya no es convertible en nada, y como era el segundo escalón de la pirámide monetaria y ya no hay primer escalón se ha transformado en el primer escalón. Una base de muy pobre calidad, pero base al fin y al cabo.

La pirámide monetaria, bancaria y financiera se construye de forma recursiva a partir de una base. La base es dinero externo no deuda, y todos los demás niveles son deuda o participaciones de distintos agentes (promesas de entrega de dinero o de deuda de otro nivel). Toda estructura recursiva bien construida requiere una condición de finalización. En esta estructura, debe existir alguna deuda que obliga al pago de dinero (no otra deuda) y este dinero no puede a su vez ser deuda (¿deuda de qué?). Por esto es desafortunado hablar de dinero fiat como deuda irregular: todo el sistema quedaría completamente mal definido, sin ancla concreta.

En esta discusión estamos explorando los límites de ciertos conceptos y realidades: pasivo, deuda, dinero. El sistema actual es tan chapucero y confuso (es lo que se suele hacer en los fraudes, conseguir que no quede nada claro) que considero muy desafortunado insistir en que “los billetes de los bancos centrales son indudablemente pasivos de los bancos centrales”. No: si forzamos la definición de lo que es un pasivo contable, quizás puedan interpretarse así. Pero también pueden entenderse (a mi juicio de forma más honesta) como un dinero externo de mala calidad (se usa como unidad de cuenta, medio de intercambio y depósito de valor), con características anómalas, que se mantiene como tal por la coacción estatal.

El test de Rallo para distinguir un activo de un pasivo monetario es erróneo en su aplicación al billete del banco central con dinero fiat; no se entiende que si se interpreta como un activo puro (no pasivo de nadie) no es un activo cualquiera sino un activo peculiar (anómalo, coactivo) con ciertas reglas de producción y destrucción, con monopolio de producción y sin costes de producción (al banco central le da igual destruir billetes que no le cuesta prácticamente nada volver a producir).

Afirma Rallo: “Todo activo que no sea el pasivo de alguien más (es decir, todo activo que no sea una deuda) sólo puede extinguirse generando una pérdida neta en el patrimonio de los agentes que integran una sociedad. Por ejemplo, si yo tengo 100 onzas de oro y las destruyo, mis fondos propios se reducirán correspondientemente sin que los fondos propios de nadie aumenten nominalmente.”

Esto es cierto para otros activos reales, pero es erróneo justamente para el activo dinero (sobre todo en la medida en que no tenga valor de uso): las pérdidas del tenedor de esas onzas extraviadas o destruidas se compensan (de forma más o menos exacta, indirecta y no inmediata) con las ganancias reales (pequeñas y muy distribuidas) de todos los demás agentes que tengan dinero (menos dinero y mismos bienes implica mayor poder adquisitivo del dinero); lo que importa en economía no son las magnitudes nominales sino las reales.

Continúa Rallo: “Supongamos que el balance del banco central es el siguiente. Activo: 1.000 dólares de deuda pública; Pasivo: 900 dólares en billetes + 100 dólares en fondos propios. Si el Estado recauda impuestos por 900 dólares en billetes y los utiliza para amortizar su deuda pública en poder del banco central, el banco central verá minorar su activo en 900 dólares: 900 dólares de deuda pública se repagan y los 900 billetes se extinguen (imaginemos que el banco central los quema). Si los billetes del banco central no fueran un pasivo del banco central, estaríamos ante una destrucción de su activo (deuda pública) sin contrapartidas, con lo que debería anotarse unas pérdidas de 900 dólares y deberíamos concluir que el banco central está quebrado. Pero, en realidad, no lo estará porque la minoración del activo (de la deuda pública) irá de la mano de una reducción de su pasivo (billetes), con lo que los fondos propios no sufrirán cambio alguno. Tampoco habrá ganancias, por cierto, para el Estado. Verá minorar su deuda (en 900 dólares) a cambio de ver minorar su activo de tesorería (900 dólares en billetes).”

El error, que es grave, está aquí: “Si los billetes del banco central no fueran un pasivo del banco central, estaríamos ante una destrucción de su activo (deuda pública) sin contrapartidas, con lo que debería anotarse unas pérdidas de 900 dólares y deberíamos concluir que el banco central está quebrado.” La interpretación que hace Rallo es correcta si se entiende que el billete es un pasivo del banco central; pero parece no darse cuenta de que si el billete no es un pasivo del banco central es necesario corregir el balance de partida (lo que no hace, mezclando las dos interpretaciones), y entonces el banco central tendría inicialmente 1.000 dólares de deuda pública (activo) y 1.000 dólares de fondos propios (todo es pasivo no exigible ya que estamos considerando que el billete no es un pasivo; no se puede considerar que el billete no es un pasivo y dejarlo apuntado en el pasivo exigible). Los 900 dólares en billetes no aparecen en el balance, son un activo puro (no pasivo) en poder de los ciudadanos; el Estado los confisca, recompra 900 dólares de su propia deuda y reduce el balance del banco central a 100 dólares de activo y 100 dólares de fondos propios, no estando quebrado.

Este test de pérdidas y ganancias no demuestra nada sobre si el billete es pasivo o no, porque ambas interpretaciones son posibles. Pero sí es útil entender quién gana y quién pierde con las operaciones del banco central para comprender por qué el sistema está organizado así.

La inconvertibilidad es originalmente resultado de un impago del Estado de su propia deuda denominada en oro, acompañada de la confiscación del oro de los ciudadanos y su inmediata reevaluación (o devaluación del dólar en oro), y con leyes de curso legal forzoso que obligan a usar el dinero determinado por el Estado y prohíben cláusulas de pagos en oro.

El Estado concede al banco central el monopolio de emisión de billetes (producto con coste prácticamente cero pero alto valor) a cambio de que le entregue gran parte de sus beneficios operativos y además lo regula de tal manera que debe comprar su deuda (no directamente sino a través de los bancos privados), lo que tiende a reducir el tipo de interés de la misma.

El oligopolio de bancos privados puede descalzar plazos y riesgos impunemente, incrementando sus beneficios, sabiendo que en caso de necesidad el banco central los refinanciará a bajos tipos de interés creando más medios de pago e inflación que sufrirán finalmente los ciudadanos.

El poder de producir un activo tan importante como el dinero base de una sociedad, y además a coste casi nulo, requiere algún tipo de límites o regulaciones. El banco central de un país desarrollado no puede imprimir billetes y gastarlos libremente: debe hacerlo mediante préstamos que se le solicitan; su negocio y sus beneficios, como los de cualquier otro banco, consiste en dar préstamos a agentes solventes y cobrarlos. Y además los gobernantes prometen (y sistemáticamente incumplen) que el dinero y el crédito se gestionarán de forma científica por expertos independientes para incrementar el bienestar social y el crecimiento económico.


Videos de la Universidad de Verano del IJM 2013

27/09/2013

Videos de la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana:

Francisco Capella – Dinero, deuda y banca

Francisco Capella – La psicología de los errores económicos y financieros


Dos cuestiones monetarias

12/09/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

¿Debe el dinero tener valor de uso?

Según la visión evolucionista, el dinero es una institución social que surge espontáneamente: ciertos bienes más líquidos (de valor más invariante) tienden a ser progresivamente más aceptados como medio de pago y cobro; son valorados no sólo por su utilidad inicial directa para el agente económico (valor de uso o industrial) sino sobre todo por la posibilidad de intercambiarlos por otros bienes o servicios (poder adquisitivo o valor de intercambio). El bien que realiza la función de dinero debe tener originalmente algún valor de uso: las semillas de cacao son comestibles, la sal condimenta y preserva los alimentos, el oro ornamenta y tiene aplicaciones industriales.

Pero este valor de uso podría reducirse mucho o incluso llegar a desaparecer si disminuye la demanda no monetaria del bien, sea porque cambien las preferencias de los individuos o por desarrollos tecnológicos (que aparezcan otros bienes que cubran mejor dichas funciones). Entidades como el dinero papel fiat o el bitcoin no tienen valor de uso.

El que exista el valor de uso puede limitar las pérdidas de los poseedores de un bien si este se desmonetiza, pero esto seguramente es un pobre consuelo ya que el valor de intercambio suele ser mucho mayor. Además la demanda no monetaria puede ser problemática, ya que el hecho de que exista y pueda cambiar (sobre todo si es bruscamente) puede dificultar la invariancia de valor del dinero mediante ajustes entre su oferta y su demanda en todas sus formas.

¿Es el dinero fiat un pasivo del banco central?

Originalmente el billete de banco (sea de un banco privado, público, comercial o central) es una promesa de pago a la vista de una cantidad de dinero específica al portador (casi nunca es un certificado de guarda y custodia). El dueño del billete tiene un derecho de cobro (un activo) y el banco una obligación de pago (un pasivo), y así se refleja en las contabilidades de ambos. Esto es así mientras se mantiene la convertibilidad del billete (dinero interno bancario) en oro o plata (o cualquier otra forma de dinero externo o dinero en sentido estricto).

Pero habiendo sido abandonado el patrón oro, con monopolio de emisión de billetes (y monedas) por el banco central público (y la casa de la moneda), y con leyes de curso legal forzoso (dinero fiat), el papel no convertible tiene una naturaleza anómala. Pasa de ser un pasivo a un pasivo impagado (suspensión de convertibilidad), y finalmente a un activo coactivo (dinero fiat impuesto por el Estado).

La cantidad de billetes en circulación sigue apareciendo en los balances de los bancos centrales como un pasivo de los mismos, pero esto es absurdo ya que no les supone ninguna obligación legal de pago, lo que define si algo es un pasivo exigible. Quizás se hace así por inercia (conservar la tradición contable), porque no se entiende la realidad o por ocultar el delito y fraude que supuso el impago de la suspensión de convertibilidad.

Los depósitos que los demás bancos tienen en el banco central sí son pasivos del mismo, y si los depositantes reclaman los billetes el banco central simplemente procede a imprimirlos y entregarlos.

El billete del banco central es un activo que no es el pasivo de nadie (como solía ser la moneda o lingote de oro), la base de la pirámide monetaria y bancaria actual. Es un activo peculiar: puede producirse sin apenas costes para su emisor y no tiene ningún valor de uso. Su valor depende de la inercia en los usos de los agentes económicos, de la existencia o ausencia de alternativas y sobre todo de la coacción estatal (que no tiene alcance universal): obligación de su aceptación al cobro y para extinguir deudas por particulares, y uso para pago de tasas e impuestos.

Es un activo cuya producción por el banco central está limitada y restringida por las leyes que regulan su actividad, las cuales pueden cambiar según los países y con el tiempo y pueden incluir múltiples fines: conservar el poder adquisitivo interno (inflación nula o baja) o externo (mantener tipos de cambio), estabilizar el sistema bancario y financiero (evitar corridas y quiebras bancarias, colapsos y crisis económicas), mantener o activar el crecimiento económico (evitar el desempleo de recursos productivos, mantener bajos los tipos de interés, generar inflación).

Para realizar estas funciones el banco central necesita comprar, tener y vender ciertos activos (oro, divisas extranjeras, deuda pública), que se reflejan correctamente en su balance como tales. Pero estos activos no generan ingresos ni se venden para pagar las obligaciones del pasivo constituido por los billetes de banco o dinero fiat, ya que esas obligaciones no existen. Una balanza contable más fiel y realista eliminaría este pasivo falaz e incrementaría los fondos propios o patrimonio neto.

El dinero fiat podría volver a ser un pasivo en el futuro, si se aceptara de nuevo su convertibilidad por una cantidad específica de oro, por ejemplo, pero que pueda volver a ser un pasivo en el futuro no lo convierte en un pasivo en la actualidad.


Recopilación de artículos sobre dinero, crédito, banca y finanzas (nueva actualización)

28/05/2013

La banca con reserva fraccionaria (o aquí)

Asientos reservados

Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

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– En Libre Mercado:

El riesgo de la deuda pública


En defensa de la reserva fraccionaria de la banca

30/03/2013

En defensa de la reserva fraccionaria de la banca.

Podcast con Luis Iglesias en Educación para la Libertad.


La escabrosa historia de amor entre la banca y el estado (video)

25/03/2013

Video de la conferencia “La escabrosa historia de amor entre la banca y el estado” en el Instituto Juan de Mariana.

No se ve la presentación que utilicé. Sí se ve aquí.


Entrevista sobre La escabrosa historia de amor entre la banca y el Estado

04/03/2013

En el Instituto Juan de Mariana.