Recomendaciones

18/10/2017

Para erradicar la pobreza, más capitalismo, de Juan Ramón Rallo

4 Ways Kids Are Biologically Driven to Self-Educate, by Peter Gray

A conversation with Deirdre McCloskey, by James Pethokoukis

Why the trial by ordeal was actually an effective test of guilt, by Peter T. Leeson

A Letter to Jamie Dimon, and anyone else still struggling to understand cryptocurrencies, by Adam Ludwin

Anuncios

Recomendaciones

17/10/2017

‘Help Catalonia’: un vídeo plagado de falsedades

El auto de prisión provisional de Sánchez (ANC) y Cuixart (Omnium), de Manuel Conthe

¿Por qué es urgente subir los tipos de interés?, de Daniel Lacalle

Cómo identificar a magufos y charlatanes, de Pepo Jiménez

“Soy inspector de Barcelona y sí, se adoctrina en los colegios”


Tonterías selectas

17/10/2017

Help Catalonia Save Europe

Esteban Hernández escribe sobre Elizabeth Warren

No permitamos a los ricos hacerse más ricos a costa de los bienes públicos, de George Monbiot

Las pensiones como una cuestión de Justicia, de Pedro González de Molina, secretario de Educación de Podemos Canarias

Oliver Ibáñez, La verdad al descubierto


Tonterías selectas

16/10/2017

Patriotismo de banderita, de Alejandro Inurrieta

Esta exaltación de lo español, tan cercano al futbol, al jamón serrano o a los toros, choca frontalmente con lo que debería ser un verdadero amor al país, más allá de un trapo o el grito de júbilo cuando desfila el ejército o la policía. Así, tenemos otros ejemplos muy cercanos en los que nos deberíamos mirar si queremos ser patriotas de verdad. Francia puede ser un espejo para entender lo que es un verdadero patriota. Lo primero que choca cuando uno convive en el país vecino es cómo miman y defienden el patrimonio público. Este patrimonio engloba todo, no solo el patrimonio físico (monumentos o un simple banco en la vía pública), sino la riqueza inmaterial que supone la lengua, el cine, la cultura francesa por encima de todo. Pero también defienden, en una suerte de chovinismo económico, sus empresas y sus productos propios. Es decir, son franceses de verdad, y no solo de himno o banderita cada 14 de julio, donde se plasma la exaltación de lo que fue un hito en la historia europea: La Revolución Francesa.

Los valores que salieron de esa revuelta, Igualdad, Libertad y Fraternidad aún perduran en el imaginario francés, aunque los sucesivos gobiernos, tanto de la derecha, como de la supuesta izquierda, con la ayuda de la UE, estén intentando minar el espíritu y sobre todo la obra ingente del ideario republicano en materia de derechos y protección social. Con todos sus posibles defectos, la maquinaria pública en Francia sobrevive a los diferentes gobiernos, incluso desafiando las absurdas leyes de la UE. La vieja idea de apoyo a los más débiles, utilizando la redistribución económica vía impuestos, ha calado tanto entre los franceses, que será difícil romper esta férrea coraza que permite a los franceses sortear mucho mejor los ciclos económicos. Son conocidas las medidas, por ejemplo, para apoyar la familia y el nacimiento de hijos, o para defender en el marasmo cultural anglosajón, la excepcionalidad del cine francés y la lengua francesa, infinitamente más apoyada que el castellano, aunque se hable menos a lo largo del mundo globalizado.

Pero también defienden con uñas y dientes a las empresas que salen fuera a exportar. Su sector exterior goza de un apoyo presidencial que hace muy difícil competir con empresas francesas fuera de nuestras fronteras, lo que aporta potro elemento real de lo que significa amor al país. Por supuesto, y eso contrasta mucho con la práctica en España, los investigadores, los maestros o los médicos en Francia, tienen mucho más aprecio social que los futbolistas o personajes de la farándula, lo que explica la diferencia en esfuerzo económico que hace el país vecino en materia de educación o investigación.

Otro factor que determina el patriotismo debería ser el grado de compromiso con la hacienda pública. Cuando uno defiende lo español y ama su patria debería ser consciente que cada euro que se escapa por fraude o deslocalización fiscal, su querida patria lo acusa, ya que se enriquecen otras economías, pero tal vez este sentido de la patria no casa con aquellos cuyo ejemplo debería ser el faro que guiase al resto. En este punto, España es un gran país que se sitúa en lugares privilegiados en lo que se refiere a fraude fiscal, superando en el ranking a Francia. Son muchos deportistas, músicos y empresarios que utilizan todos los vericuetos, legales, alegales e ilegales, para sacar el dinero del país estafando a su querida bandera, y con ello a todos los súbditos pobres que carecen de fondos para hacer lo mismo.

… Por todo esto, sorprende cuando se trata de presentar a España como un gran país, frente al desvarío nacionalista catalán. Esta grandeza choca con una realidad palpable que desmonta toda esta exaltación de lo español, que llega a lo grotesco con el bolsito que mostró Cristina Cifuentes en el desfile de la Fiesta Nacional. Un país que desprecia su lengua, se escribe y se habla cada vez peor, y apenas se dotan recursos para su defensa fuera de nuestras fronteras. Un país que vomita bilis contra su cine, sus cineastas y sus productores, achacándoles sus veleidades izquierdistas. Un país que ha abandonado a su suerte a millones de investigadores, a la ciencia en general, y que prefiere primar a folclóricas o futbolistas como ídolos nacionales. Un país que ha dejado desamparados a maestros y profesores que tienen que luchar día a día contra la desidia de familias y poderes públicos a la hora de dignificar la educación. Y por supuesto un país que no cuida a sus mayores, ni a los sufridos inmigrantes que vienen a trabajar y a aportar su ilusión por levantar la nación que les ha acogido, en general, con indiferencia, cuando no con desprecio.

… El patriotismo no es sacar un trapo y vestirse con él, o pintar la cara a niños para que les vean los vecinos, mientras sus padres defraudan a Hacienda o insultan a cualquier que hable catalán, incluso en la intimidad. Ser patriota es defender lo público, el patrimonio material e inmaterial, es dignificar la vida de maestros, médicos, investigadores, es defender la lengua y la cultura, aunque sus creadores se declaren de izquierdas y saber que cuando sales al extranjero, tu servicio exterior te defiende, te apoya y no se limita a asistir a las mejores fiestas de países exóticos. Ser patriota no es llorar cuando gana la Roja, sino brindar cuando todos cumplimos con Hacienda y ningún divo de ninguna profesión se pasea con la bandera, mientras tributa en Andorra, Mónaco o las Islas Vírgenes.

La estrategia de la industria: diseñar productos con fallo, de Joseba Elola

Último Nobel de Economía, más evidencia contra la distopía neoliberal, de Juan Laborda

Richard Thaler, el último premio Nobel de economía, se une a una lista no pequeña de economistas que recibieron tal galardón por sus trabajos sobre la influencia de la psicología en la ciencia económica. Sus resultados aportan pequeñas evidencias contra la distopía neoliberal. Abarcan desde la Teoría Prospectiva de Daniel Kahneman, Amos Tversky y el propio Richard Thaler; pasando por los Modelos de Información Asimétrica de George Akerlof, Joseph Stiglitz y Michael Spence; hasta la Economía y Finanzas Conductuales de Robert Shiller y el nuevo premio Nobel. Detrás de todos ellos, los “animal spirits” de John Maynard Keynes. Todos estos economistas tienen un punto en común: sus trabajos, con mayor o menor intensidad, invalidan multitud de supuestos e hipótesis presentes en los modelos neoclásicos, base del neoliberalismo. Pero no suponen una enmienda a la totalidad del pensamiento único.

Pero al menos respiro aliviado. La academia sueca ha tenido la deferencia de no conceder el Nobel a uno de esa larga lista de economistas cuyas teorías son, en el mejor de los casos, falsas; y, en la mayoría de las circunstancias, una tapadera para imponer un sistema de gobernanza económico inmoral, y distópico. Economistas como Milton Friedman, Robert Lucas, Eugene Fama, o Friedrich Hayek han sido y son extremadamente nocivos para nuestra salud. El coqueteo de alguno de ellos con las dictaduras de corte fascista, deplorable. Como decía Lester Thurow, “el problema es que el capitalismo es perfectamente compatible con la esclavitud… La democracia, no”. Y de eso va el neoliberalismo, como justificar académicamente teorías económicas que han dado soporte al nuevo feudalismo del siglo XXI, permitiendo la mayor acumulación de rentas extractivas, para unos pocos, de la historia.

… Debemos a empezar a ser combativos, a levantar la voz. No vale solo con contentarnos con cierta evidencia anecdótica contra el neoliberalismo. Hay que desnudar sus objetivos políticos y económicos finales. Y estos son muy claros, el desmantelamiento del Estado para beneficiar a unos pocos a expensas de la mayoría.

Cuando, por ejemplo, hablan de austeridad, en realidad esto es lo de menos. Se trata de ver si el sector público tiene o no papel en la economía, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o el modelo bangladesí. Porque lo que se trata es de cambiar el modelo social, de privatizar, de ganar pasta. Desde el agua, la educación, la sanidad, hasta los servicios sociales, la atención, protección y cuidado de la infancia y adolescentes…

Los machos extractivos: el inconfesable secreto del éxito de los genios, de Héctor G. Barnés

Carne de reproducción, de Lidia Falcón

En la siniestra compra de la capacidad reproductora de una mujer, siempre pobre, siempre engañada, siempre víctima de un tráfico infame encontramos una forma de obtener el beneficio capitalista. Dejémonos de relatos falsos del altruismo de la amiga y de la hermana, que para nada constituyen la verdadera causa de la reclamación actual de que se legalice. No pervirtamos el superior concepto de la libertad, con el que se pretende defender que las mujeres se sometan gustosamente a las manipulaciones propias del doctor Frankenstein, porque la presión y el chantaje social a través de los medios de comunicación no se están realizando por parte de formaciones políticas y asociaciones cívicas, para que una buenísima mujer se sacrifique por su amiga, sino para instalar con toda libertad el comercio de vientres femeninos.

Y allí tenemos una de las fuentes de beneficio más nuevas que los traficantes denominan gestación subrogada porque queda más fino que vientres o úteros de alquiler.

Este tema se ha hecho estrella en simposiums, conferencias, entrevistas, programas de televisión, incluso financiado con fondos públicos en jornadas organizadas por el Consejo de la Mujer de los Ayuntamientos, como la semana pasada en Sevilla, cuyas dirigentes, que pertenecen a esas formaciones políticas nuevas de nombres insustanciales, y afines al sector homosexual que pierde el oremus por fabricar un descendiente con su propio esperma, se manifiestan descaradamente partidarias de legalizar tan infame comercio.

Y no solo esos Consejos no tienen autoridad para pronunciarse por una u otra opción, cuando tienen que ser plurales y democráticos y únicamente propiciar el debate, sino que se decantan por defender una propuesta que vulnera la legalidad española. Ciertamente la ausencia de una legislación clara y contundente que prohíba esta clase de explotación femenina y convierta en delito su práctica para quien la demanda, da lugar a las vacilaciones y bandazos de las resoluciones judiciales en nuestro país.

En España el Art. 10 de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida señala que será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero. Pero ante la presión que el lobby demandante está ejerciendo sobre los legisladores y jueces el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos dictó dos sentencias en las que declara que se viola el art. 8 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos el no reconocer la relación de filiación entre los niños nacidos mediante vientre de alquiler y los progenitores que han acudido a este método reproductivo, apelando al interés superior del menor. Esto ha creado precedente para toda la Unión Europea, por lo que el Ministerio de Justicia ordenó en el mes de julio de 2014 a los Consulados españoles que efectuaran la inscripción de los niños nacidos de gestación por sustitución.

El resultado es que se está procediendo a una práctica que contraviene la ley española, aunque sea en países extranjeros pero que tiene efectos en nuestro territorio nacional, puesto que la inscripción en un consulado es igual a la que se efectúa en el Registro Civil de cualquier ciudad de nuestro país.

Apelando a ese bien superior que es el interés del menor, la industria de compra y venta de niños fabricados a la carta, aumenta y se afinca y pretende legalizarse en España, apoyada por el partido Ciudadanos y con la complicidad de sectores de otras formaciones políticas y algunas instituciones.

Si el Movimiento Feminista no utiliza todos sus recursos para oponerse eficazmente, lo que hemos avanzado en las luchas de los años precedentes para lograr el reconocimiento de la dignidad de la mujer, lo perderemos ante la avalancha de la ideología liberal que no sólo atañe a las relaciones económicas sino muy gravemente daña la categoría de ser humano de la mujer, rebajándola a la de una máquina engendradora de hijos.


Students for Liberty Conferencia Regional 2017 en Madrid

16/10/2017

Notas sobre lo hablado en la conferencia regional de SFL 2017 en Madrid, mezclado con mis comentarios.

Fiscalidad con Eduardo Garzón y Diego Sánchez de la Cruz (modera Gustavo Vargas)

Según Eduardo Garzón, el impuesto de sucesiones es de esencia liberal, ya que impide o dificulta la concentración de la renta y la riqueza y su obtención por el simple hecho de haber nacido en una familia rica; históricamente se establece por liberales contra la nobleza. Sería un impuesto a favor del mérito, el esfuerzo y la igualdad de oportunidades.

Diego Sánchez de la Cruz replica que en el pasado la riqueza se obtenía mediante privilegios, no en un contexto de mercado libre, y se transmitía principalmente de forma dinástica. El problema no era la transmisión sino su obtención ilegítima. Además entonces el Estado era muy pequeño y no había otros impuestos enormes como los actuales.

El liberalismo defiende la propiedad, y un impuesto es confiscación coactiva (puede tener sentido como pago de un servicio público, pero este no es el caso en el impuesto de sucesiones). El liberalismo defiende las transferencias voluntarias de propiedad, y eso incluye los regalos, en concreto de los fallecidos a sus herederos.

El liberalismo no defiende la igualdad de oportunidades sino la igualdad ante la ley, y no ante cualquier ley sino solamente aquella compatible con la libertad, la propiedad, la no agresión y el cumplimiento de los contratos voluntariamente acordados.

El liberalismo no tiene ningún problema ético con la desigualdad o la concentración de riqueza, siempre que esta se obtenga de forma legítima, lo cual normalmente incluye servir con éxito a los demás.

El liberalismo no obliga a que la riqueza se obtenga mediante el propio esfuerzo y el mérito (que es un concepto muy problemático): se aceptan los regalos y los resultados de fenómenos aleatorios como sorteos o loterías. Lo que hace el liberalismo es prohibir el robo y el privilegio de una ley que otorga beneficios a unos a costa de otros.

La herencia no es ningún privilegio: es una ventaja que unos reciben y otros no, y lo hacen por una relación natural y específica entre padres e hijos.

Eduardo dice que no quiere recibir patrimonio de sus padres y así no jugar con ventaja: Diego le replica que pues entonces que renuncie a él, que es algo perfectamente legal y fácil. El problema es que lo que Eduardo realmente quiere y no dice (quizás porque ni siquiera se da cuenta) es que otras personas no reciban patrimonio de sus padres. Diego recuerda que la posibilidad de la herencia incentiva las acumulaciones y preservaciones de capital, que si no pueden transmitirse tienden a consumirse.

Para Eduardo los impuestos no son solo para recaudar (siempre hay déficit), sino que se utilizan para redistribuir renta y riqueza (justicia social igualitaria) y para encauzar la actividad económica, incentivando unas y desincentivando otras. Su concepción de justicia es incompatible con la libertad, y su visión económica es de intervencionismo y planificación coactiva.

Eduardo afirma que defiende la justicia y declara que no quiere una sociedad con grandes diferencias de riqueza. Es una confusión típica de la gente que confunde sus preferencias subjetivas particulares con criterios objetivos y universales de justicia: lo justo es lo que me gusta, y camuflo mi valoración personal con un hecho imparcial que no depende de mí. Su idea de justicia es igualdad de resultados, o de riqueza (sin considerar cómo se han conseguido, cuál ha sido el proceso dinámico para llegar al presente), y no igualdad ante la ley (es decir, ausencia de privilegios legales).

Gustavo propone tratar los impuestos a los ricos.

Diego resalta que en España el grueso de la recaudación está en las rentas medias y no en los más ricos: no hay muchos ricos y tienen formas de evitar la fiscalidad.

Eduardo reconoce que no es posible financiar todo el gasto público actual con impuestos a los ricos. Él los defiende por justicia fiscal y social, con su equivocado concepto de justicia, muy compartido por desgracia por casi todos los filósofos morales.

Eduardo no entiende el superávit fiscal de los paraísos fiscales: cree que se debe a que les llega mucho dinero de fuera; no se da cuenta de que ese dinero no llega al presupuesto público del paraíso fiscal, sino a entidades privadas allí establecidas. El déficit público depende de la diferencia entre ingresos y gastos públicos, y no de la cantidad de dinero o patrimonio del sector privado (particulares y empresas).

Diego Sánchez de la Cruz critica los déficits y los estímulos fiscales.

En el turno de preguntas, Eduardo acepta que se les deje a los hijos capacitación y formación intelectual o profesional, pero no patrimonio financiero o físico sin fiscalizar. No entiende que el capital intelectual también es capital: parece tener una idea romántica de legar carácter e inteligencia pero no cosas valiosas. No tiene en cuenta que la acumulación de capital intelectual o de carácter es limitada, tanto por parte del transmisor como del receptor.

Eduardo quiere impuestos lo más progresivos posibles, por justicia fiscal. No hay ningún argumento más allá de justicia es igualdad y hay que conseguirla mediante la redistribución.

Feminismo (Libertad y derechos sexuales y reproductivos) con María Blanco, Beatriz Becerra y Lola Pérez (modera Noemí Carro)

Noemí habla del cuerpo y la política. Menciona la reproducción asistida, y propone tratar la prostitución.

María recuerda que defender la legalidad de la prostitución no implica animar a la gente a ejercerla, o que quieras que tu hija sea prostituta, y rechaza la intervención estatal sobre las decisiones libres de los individuos.

Beatriz afirma que para un liberal es obligatorio ser feminista por aquello de la igualdad ante la ley: el problema es que el feminismo actual no se entiende, por quienes se declaran feministas, como algo liberal. Habla del aborto y dice que la educación sexual debería ser obligatoria. Sobre la prostitución, afirma que tratar la prostitución voluntaria puede no ser lo más relevante cuando como mínimo el 80% de la prostitución es forzada (crimen organizado, trata de personas, algunas menores de edad, explotación sexual, engaños) y asociada a la inmigración ilegal. No ofrece una fuente de este dato, muy alto y redondeado, y que algunos critican como sin fundamento y exagerado. Propone reforzar la persecución de los traficantes pero no especifica cómo, y no menciona el rotundo fracaso de los poderes públicos (policía, jueces, burócratas, legisladores, políticos) en impedir delitos tan graves, lo cual puede deberse a dejadez, incompetencia o corrupción. Sobre el carácter libre del ejercicio, afirma que es muy difícil garantizar que es una decisión libre (no explica qué entiende por libertad de decisión) y pide una formación profesional para ejercerla con garantías sociales.

Lola habla de diversas formas de prostitución: calle, locales, alterne, lujo, drogas. Las leyes (seguridad, ordenanzas municipales) sobre captación en la calle van contra la seguridad de la prostituta. El proxenetismo es un delito, pero no se considera que el proxeneta no coactivo proporciona un servicio a la prostituta (intermediación, provisión de local, seguridad). Lola olvida que las calles son bienes públicos en los cuales ciertas actividades pueden resultar molestas, y que si se permiten ciertas actividades de captación de clientes por justicia habría que permitirlas todas, lo que interferiría con el funcionamiento de la calle.

María recuerda que parte importante de la prostitución se debe a la pobreza, y que aunque se prohíba la prostitución no va a desaparecer si no se resuelve el tema de la pobreza. Sobre la educación sexual, esta es básica, pero la educación en manos del Estado suele ser mala o adoctrinamiento: mejor que sean los padres quienes eduquen, sobre todo en temas tan sensibles e importantes.

Lola menciona la actual campaña de culpabilización del cliente como poco realista y desacertada.

Noemí lanza el tema de la gestación subrogada, los problemas legales y burocráticos de la inscripción de niños gestados en el extranjero, y el problema de la dignidad como concepto equívoco.

Según Beatriz es de sentido común que hay que regular la inscripción de los niños por el bien prioritario del menor. Pero regular no es sinónimo de permitir, ahora hay regulación y esta prohíbe o dificulta. Defiende el término de gestación subrogada, afirma que no hay relación de maternidad entre gestante y niño, y critica que lo de vientres de alquiler es casi como un insulto. La izquierda más liberticida, descerebrada y manipuladora del lenguaje afirma todo lo contrario, que lo que hay es vientres de alquiler (no entienden qué es un alquiler, qué es un bien, qué es la prestación de un servicio) y que lo de gestación subrogada es un eufemismo.

Beatriz critica el posicionamiento del Comité de Bioética, un órgano politizado y con graves sesgos ideológicos. Efectivamente, el ámbito de la ética permite a personas de escasa inteligencia y poca tolerancia llegar a importantes puestos de responsabilidad pública.

Lola enfatiza cómo muchos pretenden saber qué conviene a la mujer mejor que la mujer misma. Menciona a los homosexuales en relación con la gestación subrogada, ahora criticados por defensores del capitalismo.

María critica que se acuse a quienes quieren ser padres por gestación subrogada de caprichosos.

En el turno de preguntas se plantea que si el feminismo trata de igualdad entre hombres y mujeres, por qué solo hay mujeres en el panel. Noemí contesta que solo la mujer tiene la experiencia de ser mujer y sus problemas, lo cual es una respuesta poco satisfactoria porque para tratar ciertos problemas no es necesario sufrirlos personalmente.

Juan Ramón Rallo y Juan Carlos Monedero (modera Daniel Fenoll)

Monedero comienza deseando diálogo en política como el que hay en esta conferencia.

Afirma que el liberalismo es normativo, no positivo: habla del deber ser, no del ser; valora, no describe. Pone ejemplos de contradicciones o anomalías presuntamente liberales, como la democracia representativa en el parlamento inglés cuando no votaban las mujeres (pero liberalismo y democracia no son equivalentes); Locke critica la esclavitud cuando él tiene esclavos; considera a Cánovas del Castillo liberal (lo confunde con el conservadurismo).

Siempre que se extiende el mercado, la mercantilización, la gente responde oponiéndose (Karl Polanyi, La gran transformación, el mercado se impone por la fuerza).

Cosas que el sistema capitalista no crea las convierte en mercancías, como las personas, o el conocimiento, el lenguaje.

Vivimos en sociedad de todos contra todos, compitiendo.

Cinco elementos (que le expliquen su humanidad) en nombre del neoliberalismo: mercantilización de todo (deporte, sexo, amistad); precariedad laboral (renuncia a la dignidad); burbujas culturales; endeudamiento para mantener el nivel de vida, y las deudas no se perdonan (hay esclavitud por deudas); fascismo social (exclusión de dos tercios de la humanidad que no hacen falta como productores ni consumidores), expolio ecológico, invasiones a países o esclavitud por guerras.

Libertad de movimientos de mercancías y capitales, pero no de personas.

Retos del siglo XXI: ojalá no resuelvan con guerras sino con inteligencia y diálogo.

Rallo reconoce el aspecto normativo del liberalismo, pero resalta que se basa en descripciones correctas de la sociedad. El liberalismo reconoce las posibilidades de cooperación y explotación, y fomenta la cooperación.

La base del liberalismo es libertad individual, igualdad jurídica, y fraternidad voluntaria.

Las ideas liberales son válidas aunque algunos liberales no las practiquen de forma consistente.

Liberalismo es capitalismo pero no solo capitalismo.

No se obliga a nadie a participar en el mercado y la división del trabajo.

Cosas con las que antes no se comerciaba pueden encontrar oposición, pero esta oposición puede ser reaccionaria, la protesta por el hecho de existir no es necesariamente razonable.

Si es lícito hacer algo gratis, también es lícito hacerlo por dinero. El dinero no envilece las cosas.

El liberalismo pide respeto y tolerancia por las acciones ajenas voluntarias y pacíficas aunque no te gusten.

El liberalismo defiende a las minorías, sobre todo a la minoría más pequeña, el individuo.

El liberalismo no es atomismo social: se defiende la asociación voluntaria, no coactiva. Las obligaciones aceptables son las libremente asumidas.

La precariedad laboral y el paro se deben al intervencionismo estatal en el mercado laboral, no a la maldad del mercado.

Las burbujas culturales no son necesariamente un problema, y no son culpa del mercado libre, sino de la politización de todo. El Estado es el principal adoctrinador.

El endeudamiento excesivo se debe al intervencionismo del Estado sobre el dinero, la banca y las finanzas.

El liberalismo es lo opuesto del fascismo social. Suele ser abierto a la inmigración y cosmopolita.

La izquierda defiende la libertad de emigración, pero no la libertad de movimiento de capitales y mercancías.

Daniel Fenoll interpela a Rallo y contrapone el cosmopolitismo (algo romántico) con la soberanía.

Monedero señala que el poder establecido siempre se opone al cambio progresista (comuna de París).

La idea de libertad negativa obvia al pobre y su falta de oportunidades.

En la sociedad todos tenemos derechos y obligaciones. Según la izquierda tradicional, de cada uno según su capacidad, y a cada uno según su necesidad; ahí falta la responsabilidad del receptor y sobra la coacción contra el productor.

Situaciones desiguales deben ser tratadas de forma desigual: cuotas de mujeres en la política. Justicia como igualdad de capacidades, para lo cual hace falta un agente público. No puede ser que haya diferencias de esperanza de vida según dónde nazcas. Las desigualdades condenan a la violencia (¿o sea que los más pobres tienden a ser violentos o ladrones?).

Habla de Rawls, el velo de ignorancia y el criterio de justicia asociado.

Sobre la prostitución, Monedero no conoce a nadie que quiera que sus hijas se prostituyan. ¿Y tienes derecho a vender un riñón? En una sociedad justa (Rousseau) nadie es tan pobre como para tener que venderse, y nadie es tan rico como para poder comprar a otro. La decisión individual mercantiliza el cuerpo y se rompe el contrato social.

Maternidad subrogada suena bonito: en realidad es vientre de alquiler.

Los liberales tenemos una utopía: cualquier sueño puede garantizarse si se mercantiliza. Obvia que hay que pagar por ello (asumir costes), que los recursos son escasos y no se puede tener todo lo que se quiere, y que en los intercambios voluntarios ambas partes se benefician.

Una sociedad en la que alguien puede vender trozos de su cuerpo es una sociedad en guerra (solemne tontería).

Tú no tienes derecho a dejar un grifo abierto y que el agua corra, porque el agua es un bien común.

Si venimos en coche o en moto estamos haciendo cosas estúpidas (no explica por qué, si es por no aprovechar el transporte público, por la congestión, por la contaminación como externalidad).

Rallo responde con razonamientos económicos y la necesidad de asignar propiedad privada y precios para no derrochar.

El poder como sistema de intereses creados, claro que se opone al cambio que puede implicar perder ese poder. Pero ese poder es esencialmente político.

Las leyes desiguales para situaciones desiguales no son justas porque van contra los derechos de algunos individuos, benefician a unos a costa de otros.

Es imposible que todos tengamos las mismas capacidades. La realidad incluye diferencias imposibles de corregir. La justicia se refiere a lo que hacemos, no a lo que somos por herencia.

El liberalismo permite comunas socialistas acordadas de forma voluntaria. El socialismo no permite secesiones liberales.

Sobre desigualdad, el drama real de la humanidad es la pobreza. La desigualdad puede ser mala para la cohesión social, pero esto no justifica el uso de la fuerza para reducirla (de hecho la fuerza podría usarse para expulsar a los desfavorecidos u obligarlos a trabajar para obtener ingresos).

La globalización reduce la desigualdad a escala global.

Rawls es profundamente irreal al fijarse en maximizar el peor estado posible: la gente simplemente no decide así (con una aversión al riesgo extrema y una obsesión por lo peor), y ese no es su criterio de justicia. Incluso tras el velo de ignorancia, es racional elegir una sociedad liberal, donde sabes que hay mucha riqueza y la posibilidad de prosperar.

El liberalismo enfatiza la posibilidad de asociarse y desasociarse voluntariamente (salida) en lugar de dar por hecho que existe una única sociedad justa y hay que pertenecer a ella. El contrato social, para ser auténtico, debe poder rechazarse.

Monedero menciona que los levantamientos por una vida digna son masacrados. A mayor crecimiento económico, más gasto en cárceles.

Se queja de ciertas transacciones no incorporen el coste ambiental: pero eso es común al liberalismo.

Sobre la herencia, por qué debe ser legítima si es una lotería genética.

¿La riqueza es individual o social?

Si no se recoge la basura, te mueres de asco. ¿Por qué deben cobrar menos y tener menos reconocimiento si son necesarios socialmente? Ignora completamente simples leyes de oferta y demanda en la determinación de precios.

Monedero va muy deprisa, lanza muchas cosas que cree que son obvias, cita muchas referencias. Es capacidad de hablar sin parar sin pararse a reflexionar y cuestionarse a sí mismo.

Cree que el medio ambiente es de todos.

¿Una mujer maltratada no reclama un tratamiento diferente que una no maltratada? Las leyes iguales para todos ya incluyen que las víctimas de agresión, y solo ellas, tienen derecho a ser compensadas por sus agresores (pero no por otros).

La desigualdad genera tensión: necesidad de guardaespaldas, ciudades amuralladas (Latinoamérica sin redistribución de la renta).

Rallo pone en duda la relación entre incremento en gasto social (redistribución) y reducción del gasto en seguridad.

Cita a Branko Milanovic que reconoce la caída de desigualdad.

En Latinoamérica el problema esencial es la pobreza, no la desigualdad.

Es posible hacerse rico sin quitarle nada a nadie, y por el contrario generando valor para otros.

Las externalidades negativas deben castigarse o internalizarse.

La riqueza se genera en sociedad, pero no a bulto por la sociedad contribuyendo todo el mundo igual.

Monedero critica que algunas personas defienden ciertas actividades que ellos nunca harán porque no necesitan (prostitución, gestación subrogada como gestante, venta de órganos), y dice que lo hacen por falta de empatía. No entiende que el liberal no anima a hacer eso, sino que defiende su legalidad. Él promueve su prohibición, en contra de las decisiones de los protagonistas.

Un problema terrible de Venezuela es que se ha hundido el precio del petróleo.

Hay algo roto en el funcionamiento del mundo que se arregla mediante la redistribución de la riqueza y la igualdad de capacidades.

Es importante la corresponsabilidad de todo el mundo: parece que no quiere que haya responsabilidades estrictamente individuales. Quiere colectivizarlo todo, que todo el mundo participe en todo (en lugar de delegar en representantes).

Monedero quiere debatir y votar una nueva constitución, no acepta que se trata de permitir que la gente no participe en ese proyecto colectivo e insiste en que hay cosas que son de todos.

Entrevista a Antonio Escohotado por Alfredo Pascual

¿Cuándo surge el concepto de libertad?

Cree que la palabra libertad no existe en Grecia, pero la practican. Libertad para emprender y comerciar. Poder asociarse, poder expresarse. Que el poder no impida hacer o deshacer.

Según Benjamin Constant la libertad de los modernos y de los antiguos son diferentes.

La libertad se percibe cuando se pierde.

Comunismo como opuesto a libertad: Esparta contra Atenas.

Platón era reaccionario y pro Esparta porque le daba miedo la idea de un hombre un voto. En La república de Platón la propiedad privada está prohibida, los comerciantes son una casta ínfima. Platón es voluntarista y no se basa en la realidad.

¿La comuna de París fue marxista o anarquista?

La comuna fue reprimida por la fuerza porque era una insurrección destructiva y violenta.

Hay cosas que parecen brutales porque la gente es pusilánime, está acomodada, es rica, ignora los desastres que traen ciertas ideas y revoluciones.

Sobre ricos, pobres (todos progresando) y desigualdad: Escohotado responde hablando del oro, de la usura, del uso del dinero para tener empresas mayores.

Habla sobre su experiencia con las drogas, el control y su pérdida. La gente tiene miedo de perder el control, y lo proyecta hipócritamente sobre otros.

Menciona la relación entre derecho, fuerza y justicia (Sócrates).

Hablan sobre Ross Ulbricht y The Silk Road.


Recomendaciones

15/10/2017

Sapolsky (6): Determinism, Free Will, and Natural Freedom in the Legal System, by Larry Arnhart

Sapolsky (5): Liberals Are Motivated by Moral Disgust and Fear of Deathy, by Larry Arnhart

El mito de la ‘pócima secesionista’: ¿de verdad crecen más los países que se independizan?, de Domingo Soriano

El plan oculto del Govern para fabricar independentistas con propaganda masiva

Por un federalismo competitivo, de Lorenzo Bernaldo de Quirós


Recomendaciones

14/10/2017

How Norms Change, by Maria Konnikova

Independencia sin blanca, de Luis Garicano y Francisco de la Torre

Joshua Keating: “Las secesiones pacíficas son una excepción”

Contra el paternalismo liberal de Richard Thaler, de Juan Ramón Rallo

Catalonia on the Brink, by Miguel-Anxo Murado