Tonterías selectas

06/07/2019

Entrevista a Joaquín Araújo: “Necesitamos una economía de guerra contra la crisis climática”

Stephan Lessenich: “El sistema te fuerza a hacer daño a otros aunque no quieras”

Este sociólogo alemán estudia las desigualdades y los equilibrios de poder, pero lo hace desde lo global y desde una conciencia universal. Defiende que de poco sirve luchar por el bienestar de los ciudadanos en Alemania si se hace a costa del trabajo esclavizado y del expolio de recursos naturales en países lejanos, ya sea la producción de soja en Argentina o la confección de textiles en Asia. Expresidente de la Sociedad Alemana de Sociología (2013-2017) y profesor en la Universidad de Múnich, Lessenich traza una imagen demoledora de la cara oscura de la modernidad occidental y defiende que solo cambiando la manera en que consumimos y producimos dejaremos de “vivir por encima de las posibilidades de los demás”. Lessenich acaba de publicar La sociedad de la externalización (Herder), un libro incómodo, que tira del velo que nos ponemos para no querer ver aquello que intuimos, pero que preferimos ignorar.

PREGUNTA. A diario elegimos no ver, no saber cómo se producen los teléfonos y las camisetas que compramos, pero es hasta cierto punto un recurso psicológico lógico. ¿Sirve de algo atormentarse pensando en las desgracias del resto del mundo?

RESPUESTA. Atormentarse de forma individual no sirve para nada. Como mucho te sentirás un poco mejor después de haberte atormentado, pero ninguna solución será individual. Será colectiva o no será. Colectivamente hemos decidido no ser conscientes de lo que implica nuestro modo de vida y sus consecuencias. Es comprensible que la gente no quiera hacer cambios radicales en su vida, como dejar de utilizar el coche, y por eso de manera avariciosa aceptamos que las cosas sean como son. Pero nuestro estatus solo es posible aquí porque hay otros estatus diferentes en otras partes del mundo. No hay más que fijarse en la esperanza de vida y lo desigual que es, dentro de Alemania y también entre países. Es la lotería del lugar de nacimiento.

P. Por lo que cuenta, parece imposible ser una persona decente viviendo en Europa. Usted sostiene que vivimos por encima de las posibilidades de los demás, los empobrecidos del planeta.

R. Es lo que hace que este sistema sea un error, porque es una estructura que te priva de la oportunidad de ser una persona decente. Te fuerza a hacer daño a otros aunque no quieras solo por ser ciudadano de este país. Hay algo que no funciona en un sistema que no te da la oportunidad de ser una buena persona.

P. Usted pone el foco en las desigualdades globales. Llevamos desde los años sesenta leyendo esto y no parece importar lo suficiente como para ponerle remedio.

R. Sí, llevamos décadas así. Lo nuevo es que tenemos una intensificación de la externalización y esto a pesar de que hay una creciente retórica de sostenibilidad, de ayuda al desarrollo y de atacar los efectos perversos de la globalización. Los indicadores de consumo, de energía, de extracción de recursos naturales indican que vamos a peor. Además creo que ahora asistimos a un efecto bumerán. La externalización está volviendo a Occidente en forma de migraciones y de cambio climático. La gente viene por las enormes diferencias de ingresos o porque ya no puede vivir de la tierra que trabajaba.

P. Pero en teoría cada vez sabemos más de los efectos del cambio climático, los países se fijan objetivos, las tecnologías son cada vez más limpias y el consumo bio y los partidos verdes arrasan. ¿No sirve de nada?

R. El auge de Los Verdes aquí en Alemania es un indicador importante que nos dice que mucha gente piensa que no podemos seguir así. Pero a la vez significa que la gente piensa que se puede dar la vuelta a la situación sin cambiar nuestro modo de vida ni el modo de producción y consumo de la sociedad. Los Verdes hacen de alguna manera populismo ecológico, porque dicen ‘sí, vamos a atajar el cambio climático, pero usted no tiene que cambiar su estilo de vida. Igual volará un poco menos, pero no dejará de viajar en avión’.

P. ¿Qué tenemos que hacer para que esto cambie?

R. Tenemos que cambiar la manera de consumir y de producir. Tenemos que consumir menos, producir menos; es una cuestión de tener menos.

P. Usted habla de democratizar la economía. ¿Eso cómo se hace?

R. Hay que ampliar nuestro concepto de democracia a la economía, reducir el poder de las grandes empresas. Tiene que ser un cambio que venga desde abajo, de la gente del sur que se organice; y en los países ricos de la mano de gente que no quiera verse obligada a tener que hacer daño a otros para poder vivir. Incluso los más pobres en nuestras sociedades, si quieren vivir, tienen que consumir camisetas a 99 céntimos o carne a dos euros el kilo. Hemos reducido los costes de producción de manera artificial. No internalizamos los costes reales, los sociales, los ecológicos, y por eso podemos producir ropa y teléfonos inteligentes baratos. La motivación tiene que ser la conexión con la gente que al final paga por nuestro estilo de vida.

P. Vaticina que acabará por haber una suerte de levantamiento.

R. Ya hay una reacción. La gente no va a seguir aceptando eternamente no tener oportunidades en la vida y viendo que otros utilizan sus oportunidades como quieren. Habrá reacciones como no las hemos visto en décadas y será una nueva experiencia para una sociedad como la alemana, que lleva siete décadas de paz social, pero a costa de guerras en otros lugares y de la explotación de personas y recursos naturales en otras partes del mundo. Cada vez va a ser más evidente que este estilo de vida no es sostenible.

P. Habla de los vientres de alquiler casi como de la última frontera de la externalización. Intuyo que no compra el argumento altruista.

R. Me temo que no hay una última frontera, que se cruzan fronteras todo el tiempo. No juzgo las motivaciones individuales de cada uno, pero no es una cuestión de altruismo o egoísmo, sino de las asimetrías estructurales, de que algunas personas tienen el derecho y la libertad de elegir hacer algo como comprar un niño y otros no. No es una casualidad. Hay una asimetría inherente construida durante siglos que ahora se hace más visible gracias a la digitalización y a las redes sociales.

P. ¿Puede ser la digitalización una oportunidad para reducir desigualdades o agravará las diferencias globales?

R. Si la propiedad continúa como hasta ahora, lo empeorará. Si tienes cinco grandes compañías controlando las redes sociales y 10 controlando la infraestructura de digitalización, las posibilidades de externalizar solo aumentarán. Hay que cambiar las relaciones de propiedad también en la producción de servicios digitales.

España y la revolución energética, de Martín Gallego Málaga, de Economistas Frente a la Crisis

Entrevista a Laura Freixas

… no hemos entendido del todo el patriarcado. Creemos que es algo externo y no nos damos cuenta de que lo tenemos muy incorporado y de que contribuimos a él de formas muy sutiles. Y eso el feminismo lo ha descuidado y lo tiene que explorar. Hay una frase de Sartre que me gusta, la de que “todos somos víctimas y cómplices”. Es lo que más me ha interesado de mi propia historia.

… El feminismo liberal es la propuesta por parte de mujeres de clase privilegiada de apoyar el machismo a cambio de compartir algunos de estos privilegios. Les dicen: “No vamos a cambiar nada. Dejadme estar en el Consejo de Administración, que ya recurriré a la migrante infrapagada y a la pobre ucraniana para que tenga los hijos que yo no puedo tener porque estoy muy ocupada”.

… Ahora hay una sexualidad muy frenética, pero no acabo de ver a las mujeres dueñas de su propio deseo, sino que en el fondo sigo viendo esa película escrita y dirigida por el patriarcado donde ahora nuestro papel ha cambiado. Si antes era o la esposa o la puta, ahora es todas putas. Es muy estándar.

… El patriarcado ahora les asigna un papel de mucho sexo pero cero implicación emocional. O sea, un sexo de consumo de cuerpos.

… la gestación subrogada, que me parece absolutamente indignante y que he intentado combatir en el libro mostrando el terremoto personal que es un embarazo y un parto.

… Creo que es mil veces preferible adoptar a un niño, que es una persona que ya existe y que por las razones que sea no tiene una familia, antes que pagar a una mujer para que geste un hijo, con todo lo que eso implica, y que luego lo venda. Eso es inhumano y éticamente reprobable. Voy a luchar siempre contra esa idea de la mujer como una especie de máquina de horno industrial.

Entrevista a Ken Loach

… las cosas han empeorado. El capitalismo ahora es mucho peor. Es desalentador comprobar que no aprendemos.

… la solidaridad ha muerto. Ya no existe como fundamento de la sociedad. Por supuesto que a un nivel muy local, sí que se da, pero el Estado es cruel y muy agresivo. Todas las instituciones que deberían velar por la justicia social se han convertido en herramientas para castigar a los pobres. Si no puedes mantenerte a ti y a tu familia, eres responsabilizado por ello y, en consecuencia, eres castigado.

… Justo después de la guerra, en los años 50, había una sensación colectiva de responsabilidad. Y eso incluía tanto a los empleadores como a los trabajadores. Hablo del derecho a un salario justo, de unas vacaciones por el trabajo, del servicio de salud… Desde la energía a los medios de transporte eran bienes comunes, de la sociedad. No digo que fuera el paraíso, pero detrás de ello había un concepto y un consenso sobre lo que debía ser una sociedad. Eso, obviamente, fue desmantelado por Thatcher.

P. Pero Thatcher fue elegida por los británicos…

R. Hitler también. Por los alemanes en este caso. A lo que iba es que si la única regla para medir las relaciones humanas es la reducción de costes para hacer más competitivo un producto eso deriva necesariamente en reducción de derechos. Se ahorra siempre por los gastos y considerar un simple gasto al salario hace que ya nadie hable de lo justo. Esa es la lógica del sistema.

P. En su última película, Sorry, we missed you, se aborda el asunto de los contratos a tiempo cero, el de los repartidores convertidos en falsos autónomos…

R. Ése quizá sea el punto límite. Es el sistema de explotación perfecto: el obrero es obligado a explotarse a sí mismo. No necesitas a un jefe enfadado que te diga cuánto tienes que trabajar, ya te encargas tú mismo.

P. En varias ocasiones ha dicho que lo que se ha roto es el propio concepto de normalidad…

R. Sí, hemos normalizado lo inaceptable. Los bancos de alimentos forman parte de la asistencia social. La injusticia se acepta como parte del sistema. Hemos llegado a un punto en el que se habla de generosidad o de caridad en lugar de simple justicia. Y es responsabilidad de todos rechazar eso. No estamos condenados a vivir así, porque no es justo. No es normal. Lo curioso es el lenguaje que emplea un sector de la misma izquierda socialdemócrata que, después de reconocer que lo que ocurre es injusto, advierte sobre el peligro de los extremistas. Reconocen la injusticia, pero hacen lo posible para evitar cambiar las cosas.


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05/07/2019

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Tonterías selectas

02/07/2019

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Conversación entre Alexandria Ocasio-Cortez y Greta Thunberg

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Amelia Tiganus, superviviente de una red de trata: “Estamos fabricando agresores sexuales a escala industrial”

En el imaginario colectivo, prostitución parece ser que es sinónimo de prostituta, cuando realmente nos estamos refiriendo a todo un sistema. Es una institución patriarcal, que define el lugar de unas y de otras y de los hombres y las mujeres en el mundo, pero también es un sistema que lo conforman los Estados —algunos exportadores y otros importadores de esta materia prima—, los proxenetas —a los que en el Estado español se les suele dar el nombre de ‘empresarios’, cuando no son más que proxenetas que explotan sexualmente a las mujeres— y los hombres que demandan la prostitución, que son los puteros; nunca los llamo clientes, porque pienso que no puede tener el mismo nombre un hombre que va a comprar el pan y otro que penetra por todos los agujeros a mujeres en situaciones de extrema vulnerabilidad. Es un matiz fundamental.

… El feminismo lo descubrí hace cinco años y fue un momento liberador, porque descubrir la existencia del patriarcado me permitió liberarme de la culpa, de la vergüenza, del miedo… y comprendí que mi historia personal era algo más que eso, era una cuestión profundamente política, era la historia de las mujeres que el patriarcado pone a disposición de los hombres como mujeres públicas. A raíz de eso empezó mi activismo, puesto que conocer la experiencia vivida y también la teoría me obligó, de alguna manera, a convertirme en un sujeto activo de lucha en contra de lo que pienso y creo con todas mis fuerzas que es algo que no podemos permitir. No se puede permitir que siga habiendo espacios libres de feminismo en los que los hombres se puedan resguardar y en los que las mujeres no tienen otra opción que dejarse hacer porque no se les ha permitido ser otra cosa que no sea un cuerpo…

—Entonces, ¿crees que gran parte del problema viene de los puteros, de los hombres que abusan de vuestros cuerpos?

—El problema es mucho más amplio y tiene que ver con el neoliberalismo y la globalización, porque el proxenetismo se ha convertido en una industria que no tiene fronteras, que mueve la economía de países. Lo que sí pienso es que los puteros son los que sostienen económicamente esta gran industria y, así como se fabrican putas a través del empobrecimiento de las mujeres y de la violencia sexual que se ejerce sobre nosotras desde edades cada vez más tempranas, también hay un interés en fabricar puteros para que la rueda siga girando y se siga generando muchísimo dinero. La pornografía, por ejemplo, es una gran herramienta para la fabricación de puteros.

… Estamos ante una catástrofe, porque la pornografía se consume desde edades cada vez más tempranas y es la única educación sexual, dada la falta de una formación afectivo-sexual. Así es muy fácil perder la vista la conexión que hay entre el cuerpo y el ser, porque se nos está diciendo que son dos cosas diferentes, que no tienen nada que ver. Vamos a ser incapaces de relacionarnos entre hombres y mujeres desde la libertad, desde el deseo de descubrir nuestros cuerpos, nuestro placer. Para los chicos jóvenes, se convierte en una gran frustración, que alimenta cada vez más la violencia, porque se sienten frustrados y el único placer lo sienten denigrando, violentando mujeres. Estamos fabricando agresores sexuales a escala industrial.

Esa disociación entre cuerpo y ser hace mucho daño a la humanidad, sobre todo a las mujeres, pero también a los hombres, que están absolutamente desconectados de sus emociones, de sus deseos, y solo utilizan la prostitución para reforzar esa masculinidad hegemónica. A esos espacios prostitucionales se les arrastra, sobre todo, a través de dinámicas de grupo, a través de la masculinidad heteronormativa. Y entonces tenemos un grave problema.

—Pero ellos no son los únicos responsables, ¿verdad?

—No. A pesar de que ellos son los que sostienen todo el sistema, hay muchísimos más implicados. El Estado está a la cabeza, porque permite que esto sea así y no pone los medios para que haya una educación afectivo-sexual, que no promueve políticas públicas para que las mujeres en situación de prostitución tengan a su alcance derechos reales, como puede ser una ayuda económica, acceso a una vivienda digna, formación, terapia, asesoramiento jurídico… Y, sobre todas las cosas, lo que es muy preocupante es que en este país se permite el proxenetismo, porque no se persiguen todas sus formas: las carreteras están plagadas de esos campos de concentración donde las mujeres somos convertidas en meros objetos de uso y abuso, somos la diversión de algunos hombres que no ven diferencia alguna entre quedar con los colegas para ir a jugar un partido de fútbol y acabar las fiestas o las despedidas de soltero en un prostíbulo, donde las mayoría de las mujeres son víctimas de trata, se reconozcan o no se reconozcan como tal.

Sabemos que en los prostíbulos un 60% de las mujeres son rumanas. ¿Por qué aceptamos como sociedad que a algunas mujeres se les haga aquello que otras no estamos ya dispuestas a asumir y a aceptar y que incluso es denunciable? Hay que luchar por la igualdad entre hombres y mujeres, pero parece que un sector del feminismo no ve importante combatir esos espacios prostitucionales. Mientras haya prostitución, no vamos a conseguir la igualdad, porque, entre otras cosas, jamás vamos a conseguir nuestra libertad y nuestra emancipación mientras nuestra supervivencia dependa del grado de satisfacción, sexual en este caso, que ofrecemos a uno o varios hombres a través del matrimonio o a través de la prostitución. Si luchamos para conseguir la igualdad real, tendremos que pensar en esas mujeres a las que realmente no se les ha dejado ser más que ese cuerpo. Hay que reflexionar sobre todas las capacidades, todo el talento, toda la humanidad que permitimos que se extinga, porque en esos espacios se nos deshumaniza y se nos despersonaliza, nos convertimos en mujeres en serie; somos simplemente objetos de uso, abuso y diversión. La única función que tiene la prostitución en este momento creo que es la de seguir manteniendo el orden patriarcal y reforzar la masculinidad hegemónica.

En países en los que se ha normalizado el consumo de prostitución, donde se ha legalizado el acceso al cuerpo de las mujeres, las prácticas sexuales son cada vez más violentas, más denigrantes, más vejatorias. Esto se debe a que el mensaje que recibe la sociedad, que reciben los hombres, es que no pasa absolutamente nada por tener sexo con una mujer que no te desea, a la que incluso puedes dar asco.

Esto nos tiene que preocupar a todos; también a los hombres que jamás hayan consumido ni vayan a consumir prostitución, que deben posicionarse igualmente, puesto que forman parte de la misma clase opresora, entendida dentro de lo que desde el feminismo hemos conceptualizado como patriarcado. Hay que empezar a construir un mundo en el que las relaciones entre hombres y mujeres sean placenteras, en las que las dos partes sean sujetos de derechos y sujetos deseantes. De lo contrario, si los dos no comparten ese deseo mutuo, ese placer, la relación sexual pierde todo su encanto y pasamos a hablar de otra cosa que tiene que ver más con la dominación y el poder.

el modelo abolicionista propone despenalizar y descriminalizar por completo a las mujeres en situación de prostitución, poniendo a su disposición todos los recursos, todas las políticas públicas y lo que haga falta, para que puedan acceder a sus derechos básicos, a sus derechos humanos. Se centra en perseguir todas las formas de proxenetismo, en criminalizar la compra de actos sexuales y también en ofrecer esa formación, esa educación afectivo-sexual a todo el personal, desde las asistentas sociales hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, desde una perspectiva feminista y de género, para que comprendan que las mujeres que están en situación de prostitución son víctimas de un sistema patriarcal, capitalista y racista. Porque, como bien dice la maestra Rosa Cobo en su libro ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’, la prostitución se encuentra allí donde están presentes estos tres ejes de opresión. Creo que ninguna mujer feminista, si realmente reflexionase sobre todo esto, estaría en contra de que se persigan todas las formas de proxenetismo y se fomenten políticas públicas reales, porque la prostitución es violencia machista, es violencia de los hombres hacia las mujeres por el mero hecho de serlo.

A partir de ahí, nos podríamos llegar a entender. El problema es que muchas veces, en nuestros debates feministas, se infiltra información que no es real, que tergiversa nuestro discurso; se nos tacha de moralistas, de puritanas… Me da la risa por no llorar, porque las abolicionistas somos las que realmente luchamos por la libertad sexual de todas las mujeres. Es, en fin, un proceso en el que están inmersas muchas mujeres feministas, ya que creo que al pensamiento abolicionista se llega, porque es muy complejo, por lo que se necesita leer mucho, profundizar, pensar, hablar… Con toda tranquilidad y sin esos altísimos niveles de violencia verbal que pueden surgir, porque es un tema que nos mueve emocionalmente a todas las mujeres. Debemos aprender a escucharnos, porque es el único camino.


Tonterías selectas

30/06/2019

Aaron Bastani, el ‘socialista millennial’ que defiende un ‘comunismo de lujo’ gracias a la tecnología, de Aldo Mas

¿Por qué es inevitable la renta básica?, de Eduardo Bayona

La lucha antimonopolio, de Enrique Barón Crespo

La democracia económica es una dimensión esencial de la democracia política. En Estados Unidos, las leyes antitrustse plantearon ante el poder monopolístico de los gigantes petroleros y ferroviarios. En Europa, la competencia es un poder comunitario esencial desde el principio, inspirado en la lucha contra el poder de konzern alemanes y monopolios.

… EEl director del CERN de la época, el premio Nobel de Física Carlo Rubbia, ahora senador vitalicio italiano, tomó una decisión revolucionaria: la Red debía ser libre. Cuando se ven la cantidad de peajes que se van estableciendo, se llega a comprender el alcance de esta decisión. El más importante es el intento del presidente Trump de crear un Internet de dos velocidades, pero no hay que infravalorar los filtros políticos como en China, Rusia, Cuba y una lista cada vez más larga.

… cada clic en la Red libre proporciona información a los servidores, que se apropian de los datos, los guardan en sus memorias y revenden hasta los más pequeños detalles públicos y privados de nuestras vidas.

Los datos son la materia prima de acumulación del capitalismo actual. Los que se apropian de ellos y los gestionan son los gigantescos grupos que dominan la Red (Google, Microsoft, Facebook, Twitter, Amazon). Frente a ellos se plantea la lucha contra una evasión impositiva masiva, así como el combate frente a prácticas monopolísticas restrictivas de la competencia y perjudiciales para los ciudadanos. La Comisión Europea lleva tiempo actuando con perseverancia y decisión: Google va en cabeza con tres sanciones por importe de 8.250 millones de euros en los tres últimos años. La precedió Microsoft con cuatro sanciones por 2.237 millones de euros entre 2004 y 2013, acompañada por Intel y Qualcomm, hasta que se avino a colaborar.

La cuestión no queda ahí. Paradójicamente, se acepta como normal que un servidor privado se convierta en censor de mentiras (las llamadas fake news) o que ejerza de inquisidor bloqueando un desnudo clásico. ¿Con qué autoridad y en función de qué criterio? Cuando se descubre una manipulación tan gigantesca como la de Cambridge Analytica con Facebook, la cosa no puede quedar en una farisaica manifestación de arrepentimiento con un hipócrita propósito de la enmienda. ¿Qué excusa tendrán cuando estalle el próximo caso? Si Internet es una vía de comunicación, necesita reglas y autoridades independientes como el tráfico rodado o aéreo.

… La gran cuestión de fondo que se plantea es en qué medida un grupo privado puede estar por encima de la ley y con qué derecho se puede apropiar y comerciar con los datos de los ciudadanos. Un desafío fundamental para el futuro de la democracia.

5G Technician Reveals The Damage He Believes 5G Will Cause, by Arjun Walia of Collective Evolution (at LewRockwell.com)

“Lo que se ha creado aquí es indesalojable”: La Ingobernable se prepara para resistir al Ayuntamiento de PP y Cs


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27/06/2019

La ortodoxia, responsable de la próxima recesión (I), de Juan Laborda

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Las desigualdades sociales, el desempleo, la pobreza, no los generan los robots sino las políticas neoliberales.

Hacia la cultura de la igualdad: un cambio en las reglas del juego, de Carmen Calvo

El capitalismo financiero prepara la recesión 2.0, de Walden Bello

Reorientar la brújula, de Nacho Álvarez, secretario de Economía de Podemos, y Jorge Uxó, profesor de Economía en la Universidad de Castilla-La Mancha


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21/06/2019

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If You’re Reading This Essay, You Should Probably Have (More) Children, by Jonny Anomaly and Brian Boutwell

Why the community that sings together stays together, by Eiluned Pearce

Why GDP Still Matters, by Bjorn Lomborg


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21/06/2019

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