Tonterías selectas

18/03/2017

Desigualdad y predistribución, de Pau Marí-Klose, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza

¡No hay ‘trilema’!, de Vicente Palacio, politólogo y director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas

Ni un paso atrás en los puertos, de Juan Carlos Escudier

¿Qué es socialismo?, de Vicenç Navarro

Cuerpos de mujeres y derechos humanos: ¿qué debate?, de María Pazos Morán, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales

En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación.

… Junto a la afirmación ” ¡son nuestros hijos!”, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

Esta podría parecer una cuestión nueva, de ahí la impresión de que “hay que abrir el debate”, pero se trata ni más ni menos que del viejo debate sobre la mercantilización del cuerpo. Es sabido que algunas personas con dinero intentan conseguir el uso o la apropiación del cuerpo de otras personas, parcial o totalmente. Por ello, los Estados de Derecho protegen a las posibles víctimas de abusos por encima de los argumentos de la parte interesada y por encima de sus propias declaraciones de voluntariedad o altruismo.

… Algo falla si la Ley actual no alcanza a prevenir esta práctica fraudulenta. ¿Por qué, entonces, no se penaliza al comprador? Y, si la Ley establece que la madre es la mujer gestante, ¿cuál es el argumento para reconocer como progenitores exclusivos a otras personas? ¿No debería negarse esa posibilidad a futuro, con la debida moratoria? Así se impediría, o reduciría al mínimo, este negocio de compra, tráfico y explotación de personas. Sin embargo, en lugar de avanzar en ese sentido, lo que se está intentando es “abrir el debate” para eliminar las escasas protecciones que hoy existen.

Evidentemente que debatir es saludable pero la cuestión es: ¿por qué abrir este debate y no otros igualmente relacionados con la mercantilización del cuerpo? Y, sobre todo, ¿por qué abrirlo sin poner los límites ya establecidos en nuestro ordenamiento jurídico? Aunque se cometen abusos por doquier, no hay duda de que los derechos humanos son la línea roja que ninguna actividad debe traspasar. El problema es que estos criterios, que parecen estar claros en otros casos, no se aplican a los abusos contra los cuerpos de las mujeres.

Es muy curioso que, en países como el nuestro, la falta de rechazo a la mercantilización del cuerpo de las mujeres abarque todo el arco ideológico, afectando incluso a personas que en cuanto a otros fenómenos sí se declaran anti-neoliberales o anti-mercantilización de la vida. Los ingenuos argumentos en torno al alquiler de vientres o a la prostitución, que ignoran todas las evidencias empíricas y todos los principios, tienen su raíz en la insensibilidad colectiva hacia el sufrimiento y hacia los derechos humanos de las mujeres, mayor cuanto más patriarcal es la sociedad.

No es sorprendente que sean los países escandinavos, como  Noruega o Suecia, los abanderados contra  el alquiler de vientres y contra la compra de servicios sexuales. Debatamos, pues, pero sin perder el norte.


Recomendaciones

16/03/2017

Un desplome económico previsible, de Pedro Fraile Balbín

Civilization Is Built on Code, by Philip Auerswald

Desigualdad no es pobreza, de Juan Ramón Rallo

Are We All Macroprudentialists Now?, by Julien Noizet

Wrong Lessons from Canada’s Private Currency, Part 1, by George Selgin


Tonterías selectas

16/03/2017

Si no eres feminista, eres machista, de Javier Gallego

Una España mejor y posible, de José Carlos Díez

Enfangando derechos inalienables, de Juan Laborda

Lo extraño de los estibadores, de Juan M. Asins

Protección para la «protección», de Juan Carlos Corvera, presidente de la Fundación Servanta

… la incidencia de la transexualidad en la mayoría de los países donde se ha medido oscila entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.00 habitantes, según los datos que esos mismos colectivos utilizan en sus documentos. De manera que, siguiendo sus propias estadísticas, haría falta reunir a medio millón de personas para encontrar un transexual.

Es mucho más grande, sin embargo, la proporción de niños que sufren en la preadolescencia lo que antes se denominaba trastorno de identidad sexual y que ahora en políticamente correcto se llama «disforia de género». Según la «American Psychiatric Association» en su «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», cuando un ser humano genéticamente normal, siente que su género no corresponde con su sexo no tiene un origen biológico sino psicológico.

… Por otro lado, no es necesario recurrir a estadísticas para saber que, en las edades de la pre adolescencia y la adolescencia, es habitual que se pueda llegar a tener cierta confusión sobre la propia identidad sexual.

Sin embargo, según el citado estudio, el 98 por ciento de los niños que sufren disforia de género y el 88 por ciento de las niñas, acaban aceptando sin ningún tipo de problema el género que corresponde con su sexo.

Entonces, si para encontrar un niño transexual hace falta reunir a medio millón de niños, perdón por utilizar el neutro… ¿es razonable reunir una clase de 25 ó 30 niños para hablarles de la transexualidad, en muchos casos sin permiso expreso de sus padres?, ¿es conveniente traer «transexuales expertos» a las aulas de primaria y secundaria para hablarles de su experiencia precisamente en esas edades de definición?, ¿es sensato generar de manera artificial un sufrimiento del todo innecesario en muchos de esos niños y sus familias?

De obrar así, ¿no estaremos creando un problema mucho mayor que el que pretendemos abordar?, ¿por qué cuando se legisla para proteger a las minorías, se hace en contra del resto de la sociedad?, ¿no hay detrás un proyecto de ingeniería social?

Todos los niños tienen derechos, todos. Protejamos también el normal desarrollo de la sexualidad de esa inmensa mayoría de niños que nunca tendrán un problema de identidad sexual si se les deja en paz.


Recomendaciones

14/03/2017

La desigualdad no genera infelicidad, de Juan Ramón Rallo

Los animales saben cuándo son tratados injustamente (y no les gusta), de Claudia Wascher

*How Emotions are Made*, by Tyler Cowen

What Emotions Are (and Aren’t), by Lisa Feldman Barrett

The body is the missing link for truly intelligent machines, by Ben Medlock


Tonterías selectas

14/03/2017

Cuando los hijos viven peor que los padres, de Joaquín Estefanía

La sombra de las cincuenta sombras, de Victoria Sendón de León

Entrevista a José Carlos Díez

Okupa tú también

De programas económicos, oligopolios y mercados financieros, de José Ángel Moreno, patrono de Economistas Sin Fronteras y miembro del comité asesor del Observatorio RSC


Recomendaciones

12/03/2017

España se financia a tipos negativos mientras la inflación se dispara, de Daniel Lacalle

Las miserias de la macroeconomía, de Francisco Cabrillo

India is a much more Entrepreneurial Society than the United States (and that’s a problem), by Alex Tabarrok

Mujer trabajadora, datos para el optimismo, de Manuel Llamas

Sindicatos y “sindicalistos”, un asunto de castas, de Jesús Cacho


Tonterías selectas

11/03/2017

¿De quién es un trozo de galaxia?, de Javier Sampedro

No saber o no querer saber, de J. Ernesto Ayala-Dip, crítico literario

Hace unas noches, visioné por TV3 un interesante documental sobre la figura de Amancio Ortega, el hombre más rico del mundo. En determinado momento del programa, los periodistas interrogan a la gente que merodea por una tienda de Zara. La cámara se fija en dos mujeres radiantes de alegría. Acaban de salir de la tienda con bolsas de la firma. El periodista les pregunta a las señoras si frecuentan mucho Zara. Y ellas contestan que suelen hacerlo unas dos o tres veces por semana. Era obvio que estas mujeres estaban tan contentas por las compras a precio de saldo que acababan de realizar. Y con diseños al último grito de la moda.

Me pregunté si esa alegría hubiera proseguido en sus rostros si hubieran sabido cómo Inditex copia todo lo copiable y hace que miles de mujeres, en países asiáticos, trabajen a dos euros por día para que ellas disfruten de esos modelitos tan al alcance de sus manos una o dos veces por semana. Esa alegría hubiera desaparecido inmediatamente. No me cabe la menor duda. Mientras tanto, no saber les permite vivir al margen del dolor que comporta un tipo determinado de explotación.

Hay mucha gente en el mundo que no sabe lo que debería saber.

Derecho a la cultura, de Antonio Rovira, catedrático de Derecho Constitucional y director del máster en Gobernanza y Derechos Humanos (Cátedra Jesús Polanco. UAM/Fundación Santillana)

El juego de la piñata en un cumpleaños como metáfora del capitalismo canalla, de Iker Armentia

Vientres de alquiler o la mercantilización de la vida, de Lina Gálvez

Una vez que la criatura encargada, comprada hablando en propiedad…

… Como es lógico, tratándose de un comercio que tan evidentemente implica traficar con el cuerpo y los sentimientos de seres humanos, las empresas que lo promueven y se lucran con él tratan de disimular que detrás de la subrogación hay mujeres obligadas a renunciar a algo que es parte de ellas, madres a las que se obliga a dejar de serlo, y una ruptura de un lazo biológico, psicológico, emocional y amoroso esencial para la vida.

… Los videos promocionales se centran en las parejas demandantes, normalmente blancas y heterosexuales, aunque las estadísticas nos digan que a esta práctica acceden principalmente parejas de hombres homosexuales. En parte por la discriminación que sufren al no pasar normalmente las pruebas de idoneidad para adoptar. Supongo que con esta práctica publicitaria que desde mi punto de vista tiene bastante de homófoba, de presentar como modelos de estas transacciones a parejas heterosexuales, estas empresas pretenden legitimar la idea de que en realidad no sólo se trata de un acto de altruismo sino incluso hablan de que lo que se establece es un lazo de solidaridad entre mujeres. Estas empresas tienen eslóganes como “Da vida a otras vidas” o “Un viaje a la vida”, pero nunca enseñan en sus páginas web un viaje a la vida de las mujeres que se embarcan en el deshumanizador proceso de mercantilizar su vientre, su cuerpo y su vida.

… Aludir, como se suele hacer, que estas mujeres ayudan a otras familias libremente, que alquilan sus vientres y mercantilizan su cuerpo y su vida libremente, es negar que no hay libertad completa cuando se es pobre, cuando no es posible garantizar la supervivencia de una misma o de su familia. Además de despreciar los costes físicos y emocionales de un proceso de reproducción asistida y sobre todo, de una gestación, algo solo comprensible si se deshumaniza a la persona, a las mujeres que se someten en este caso, a estas transacciones. La libre elección es un mito que cada vez nos venden mejor.

… Claramente, las mujeres dejan de ser en ese momento un fin en sí mismas, como todo ser humano debería ser, para pasar a ser un medio para los fines de otros, el del beneficio privado y la mercantilización.

… Nunca he dudado de las buenas intenciones de las personas que acceden a estos servicios, de la nobleza de sus deseos de dar a una criatura amor y un espacio donde crecer cómodamente. Pero no es cierto que esos niños y niñas estén ya en el mundo y que por tanto, haya que ampararlos, como sin duda hay que amparar a cada criatura. Esos niños y niñas se encargan a través de transacciones mercantiles que deshumanizan a las mujeres que los gestan convirtiéndolas en unas meras vasijas. Y no se nos debe plantear como natural que se mercantilice, alquile, el vientre de una mujer para cumplir el deseo de una persona o una pareja de acceder a la paternidad. Ni tampoco como una vía fácil de salir de la pobreza para esas mujeres y sus familias.

Karl Polanyi, en su acertado análisis sobre el triunfo del sistema capitalista, decía que éste se caracterizaba por la mercantilización de aspectos que hasta ese momento no habían estado sujetos a una lógica mercantil o capitalista como el dinero, la tierra y sobre todo, el trabajo humano. El su libro “La gran transformación” nos hablaba del conflicto que históricamente se había planteado entre el proyecto político de mercantilización –impuesto con el triunfo del estado liberal y la sociedad y economía de mercado-, y el proyecto político de protección social fruto de luchas políticas y sociales que derivaron en lo conocemos como estado social.

Polanyi escribió sobre estos procesos en los años cuarenta del siglo pasado y no tuvo tiempo de ver el proyecto hipermercantilizador que ha traído la revolución neoliberal. No obstante, él ya previó que si se mercantilizaba una parte tan importante de la vida como el trabajo de las personas, se acabaría mercantilizando todo, y claro, ahora también mercantilizamos los vientres de las mujeres y la propia vida y encima nos lo quieren vender como algo natural y una transacción que se realiza libremente entre iguales.