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18/11/2017

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Tonterías selectas

15/11/2017

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Discriminación salarial, editorial de El País

Examinando los datos con detalle se observan peligrosas discriminaciones. La brecha salarial existente entre hombres y mujeres evidencia que el mercado laboral sigue privilegiando injustificadamente a los trabajadores masculinos. Mientras el salario medio bruto de ellos es de 2.075 euros mensuales, ellas perciben 1.661. Además, el número de mujeres que ganan menos de mil euros es el doble que el de hombres. Las trabajadoras asumen los empleos peor retribuidos, son víctimas propiciatorias de la temporalidad y tienen más dificultades para desarrollar sus carreras profesionales. Todos estos elementos contribuyen a consolidar una brecha salarial que resulta a todas luces intolerable.

Es precisamente ahora, en un momento en el que la economía crece a un ritmo del 3% y genera medio millón de puestos de trabajo al año, cuando los partidos, el Gobierno, las asociaciones empresariales y los sindicatos deberían adoptar medidas que corrigieran de una vez las discriminaciones salariales por razón de género. Son injustas y antidemocráticas.


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12/11/2017

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Tonterías selectas

11/11/2017

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10/11/2017

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09/11/2017

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Tonterías selectas

09/11/2017

A por ellas, oe, de Beatriz Gimeno

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Un país de idiotas, de David Bollero

Puigdemont: “Todos sabíamos que podíamos acabar en prisión”

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“la represión absoluta que iba a activar el Estado”

“Europa no puede tener presos políticos ni un parlamento legítimo disuelto ni un Gobierno en prisión”

Chile: impuestos y educación, editorial de El País

Cualquier observador distraído lleva a la conclusión de que los Estados que quieren contribuir al crecimiento económico —aunque sea de la manera indirecta que predica el liberalismo— están obligados a contar con una estructura recaudatoria firme y segura, que, desde luego, no quiere decir confiscatoria. Se trata sencillamente de asegurarse un flujo continuado de ingresos a los que deben contribuir las empresas y las rentas individuales de forma proporcionada. El mismo observador distraído comprenderá que la diferencia entre los países desarrollados y los emergentes es, básicamente, de seguridad fiscal.

El Estado chileno necesitaba aumentar los ingresos para cubrir las inversiones necesarias en educación, otro de los graves déficits de la sociedad chilena. Porque la educación, una externalidad para el catecismo neoliberal, es una de las formas —junto con la seguridad jurídica, por cierto— que tiene el Estado para contribuir al crecimiento. Por estas y otras razones, las decisiones económicas de Bachelet estuvieron plenamente justificadas.

El argumento dominante hoy insiste en culpar a los cambios fiscales y educativos de la caída de la inversión. “Crearon incertidumbre”, se pontifica con seguridad impostada. Es probable; pero sabemos, desde que Keynes nos lo enseñó, que las decisiones de inversión dependen principalmente de las expectativas de demanda y, por lo tanto, sería más acertado suponer que la caída de la demanda es la causa previa a la depresión inversora. Por otra parte, se extiende el consenso de que las expectativas de demanda mejorarán en los próximos meses. Así que la fase depresiva de la inversión puede empezar a cerrarse en los próximos meses.

En las próximas e inmediatas elecciones (19 de noviembre) tiene ventaja el candidato de la derecha, Sebastián Piñera. Mal haría, si gana, en repudiar el diagnóstico y las líneas políticas básicas de Bachelet, salvo en lo que se refiere a la modulación de los detalles. La fiscalidad y la educación son líneas de progreso para Chile, por más que Piñera se sienta tentado de recurrir a modos de crecimiento más endebles.