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En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación.

… Junto a la afirmación ” ¡son nuestros hijos!”, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

Esta podría parecer una cuestión nueva, de ahí la impresión de que “hay que abrir el debate”, pero se trata ni más ni menos que del viejo debate sobre la mercantilización del cuerpo. Es sabido que algunas personas con dinero intentan conseguir el uso o la apropiación del cuerpo de otras personas, parcial o totalmente. Por ello, los Estados de Derecho protegen a las posibles víctimas de abusos por encima de los argumentos de la parte interesada y por encima de sus propias declaraciones de voluntariedad o altruismo.

… Algo falla si la Ley actual no alcanza a prevenir esta práctica fraudulenta. ¿Por qué, entonces, no se penaliza al comprador? Y, si la Ley establece que la madre es la mujer gestante, ¿cuál es el argumento para reconocer como progenitores exclusivos a otras personas? ¿No debería negarse esa posibilidad a futuro, con la debida moratoria? Así se impediría, o reduciría al mínimo, este negocio de compra, tráfico y explotación de personas. Sin embargo, en lugar de avanzar en ese sentido, lo que se está intentando es “abrir el debate” para eliminar las escasas protecciones que hoy existen.

Evidentemente que debatir es saludable pero la cuestión es: ¿por qué abrir este debate y no otros igualmente relacionados con la mercantilización del cuerpo? Y, sobre todo, ¿por qué abrirlo sin poner los límites ya establecidos en nuestro ordenamiento jurídico? Aunque se cometen abusos por doquier, no hay duda de que los derechos humanos son la línea roja que ninguna actividad debe traspasar. El problema es que estos criterios, que parecen estar claros en otros casos, no se aplican a los abusos contra los cuerpos de las mujeres.

Es muy curioso que, en países como el nuestro, la falta de rechazo a la mercantilización del cuerpo de las mujeres abarque todo el arco ideológico, afectando incluso a personas que en cuanto a otros fenómenos sí se declaran anti-neoliberales o anti-mercantilización de la vida. Los ingenuos argumentos en torno al alquiler de vientres o a la prostitución, que ignoran todas las evidencias empíricas y todos los principios, tienen su raíz en la insensibilidad colectiva hacia el sufrimiento y hacia los derechos humanos de las mujeres, mayor cuanto más patriarcal es la sociedad.

No es sorprendente que sean los países escandinavos, como  Noruega o Suecia, los abanderados contra  el alquiler de vientres y contra la compra de servicios sexuales. Debatamos, pues, pero sin perder el norte.


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… la incidencia de la transexualidad en la mayoría de los países donde se ha medido oscila entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.00 habitantes, según los datos que esos mismos colectivos utilizan en sus documentos. De manera que, siguiendo sus propias estadísticas, haría falta reunir a medio millón de personas para encontrar un transexual.

Es mucho más grande, sin embargo, la proporción de niños que sufren en la preadolescencia lo que antes se denominaba trastorno de identidad sexual y que ahora en políticamente correcto se llama «disforia de género». Según la «American Psychiatric Association» en su «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», cuando un ser humano genéticamente normal, siente que su género no corresponde con su sexo no tiene un origen biológico sino psicológico.

… Por otro lado, no es necesario recurrir a estadísticas para saber que, en las edades de la pre adolescencia y la adolescencia, es habitual que se pueda llegar a tener cierta confusión sobre la propia identidad sexual.

Sin embargo, según el citado estudio, el 98 por ciento de los niños que sufren disforia de género y el 88 por ciento de las niñas, acaban aceptando sin ningún tipo de problema el género que corresponde con su sexo.

Entonces, si para encontrar un niño transexual hace falta reunir a medio millón de niños, perdón por utilizar el neutro… ¿es razonable reunir una clase de 25 ó 30 niños para hablarles de la transexualidad, en muchos casos sin permiso expreso de sus padres?, ¿es conveniente traer «transexuales expertos» a las aulas de primaria y secundaria para hablarles de su experiencia precisamente en esas edades de definición?, ¿es sensato generar de manera artificial un sufrimiento del todo innecesario en muchos de esos niños y sus familias?

De obrar así, ¿no estaremos creando un problema mucho mayor que el que pretendemos abordar?, ¿por qué cuando se legisla para proteger a las minorías, se hace en contra del resto de la sociedad?, ¿no hay detrás un proyecto de ingeniería social?

Todos los niños tienen derechos, todos. Protejamos también el normal desarrollo de la sexualidad de esa inmensa mayoría de niños que nunca tendrán un problema de identidad sexual si se les deja en paz.


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