Tonterías selectas

26/06/2017

Viñeta de El Roto

Final feliz, de Almudena Grandes

El monopolio económico de los hombres, blancos y occidentales, de Marta Curull

El economista y sociólogo William Davies reflexiona sobre cómo la cultura contemporánea nos impone la obligación de ser felices

BUSCAR ALTERNATIVAS O DEJARNOS MORIR. Ni taxi ni Uber. Ni capitalismo digital ni servicio público bajo licencia, de Chus Melchor, de EconoNuestra


Tonterías selectas

26/06/2017

La construcción de lo intolerable y los que atacan a la homeopatía, de Esteban Hernández

10 años que estremecieron al mundo, de Joaquín Estefanía

¿CETA? ¡No, gracias!, de Juan Laborda

La burbuja turísticaa, de Agustín Franco Martínez

“Salva el planeta, suicídate”: así es la polémica Iglesia de la Eutanasia


Recomendaciones

25/06/2017

Los ‘musulmanes’ ateos, de Ana Belén Soage

Los chimpancés se sacrifican por los demás como prueba de altruismo

How Effective is Economic Theory?, by Arnold Kling

What Is Space?, by Jorge Cham and Daniel Whiteson

Why being wrong can be right: Magical warfare technologies and the persistence of false beliefs


Tonterías selectas

25/06/2017

No habrá salida de la crisis sin un aumento de los salarios, de Jorge Uxó

El nuevo régimen social de España, de Vicenç Navarro

Lo que diga dios (que no Dios). Aportación de la doctora Isabel Romero de la Osa

Entrevista a Daniel Raventós

Entrevista con Christian Laval

La gente, nuestros lectores, se preguntan cómo puede ser que no puedan ver el fin del neoliberalismo. Esa es la pesadilla. Es como si fuéramos prisioneros de un sistema del que parece imposible salir. Durante sus inicios, el neoliberalismo se presentó como una serie de intentos de nuevas políticas. Por ejemplo, el golpe de Estado en Chile de Pinochet o la presidencia de Reagan en EEUU.

… El clásico, que se constituyó en el siglo XVIII, tiene como principio el de la limitación del poder político, pues, bajo su concepción, la economía tiene sus propias leyes naturales y por lo tanto no pueden verse interrumpidas por la actividad política o la intervención del gobierno. En este sentido, el neoliberalismo es diferente porque en principio hay una práctica de la ilimitación. Es decir, la política de mercado se generaliza en todos los ámbitos de la vida.

… El neoliberalismo es, en definitiva, un conjunto de dispositivos que sitúa a la gente en una lógica de competencia sin que se les haya consultado realmente. No es una elección, sino, más bien, una imposición que obliga a funcionar dentro de un sistema competitivo. Por ejemplo, es cierto que existe la posibilidad de que las familias elijan una escuela para sus hijos, pero en realidad no es una elección. Se ha impuesto a los padres el deber de elegir y optar por una u otra escuela. Es decir, se les ha empujado a formar parte del juego. Estas formas de naturalización de la competitividad son difíciles de detectar. Por un lado, hay gente que lo ha asumido de forma natural, pero por otro hay muchos que no son conscientes de haber caído en esta espiral.

… Por un lado, genera nuevas patologías como el estrés, la ansiedad o las depresiones. Esta competitividad empuja a la gente a sus propios límites. Es la misma lógica del capital, hacer cada vez más. Se interioriza y empuja al individuo a ir siempre más allá, igual que en el deporte de élite. Y por otro, si observamos la colectividad, también vemos una dificultad para reaccionar conjuntamente. La acción colectiva necesaria para cambiar las reglas brilla por su ausencia. El sistema se cristaliza. Si en la URSS se contestaba con represión, el neoliberalismo hace lo propio con la inhibición de la acción colectiva.

… En el campo político observamos que esta competitividad se ha convertido en el principio institucional, superior a la voluntad de los ciudadanos. Las leyes, las reformas del mercado de trabajo, bajar los impuestos a las grandes empresas… Todo esto se produce en nombre de la competencia internacional. Destruimos todos los dispositivos sociales que se han puesto en marcha en nombre de esta competitividad. Esto se ha convertido en un principio superior, incluso supremo, en relación con la elección, las necesidades y los derechos fundamentales de los ciudadanos, como por ejemplo la educación o la seguridad. Asimismo, el hecho de que los partidos de izquierda y derecha, en el fondo, terminan apoyado las mismas políticas de competitividad ha supuesto una verdadera destrucción del debate, el diálogo e incluso de la diferencia política. Como consecuencia, los electores dejan de confiar en los partidos.

… La competitividad generalizada se manifiesta en los salarios, las leyes y, en definitiva, en todos los aspectos de la vida cotidiana. Esto tiene una reacción clara: la protección de la sociedad de los débiles y de aquellos que se consideran víctimas. Y sí, esta respuesta ha tenido como contrapartida la emergencia de nacionalismos, movimientos de soberanía, el Brexit, Trump… Como se puede ver, en los países en los que se inició el sistema, las reacciones han sido más fuertes. En cualquier caso, el ‘FT’ se olvida del otro punto de resistencia: Mélenchon en Francia, Corbyn en Reino Unido, Bernie Sanders en EEUU… Hay, por tanto, dos reacciones opuestas, en las antípodas, ante la dictadura de la competitividad.


Recomendaciones

22/06/2017

Chaos Makes the Multiverse Unnecessary, by Noson N. Yanofsky

Why Your Brain Hates Other People, by Robert Sapolsky

Por qué es buena la especulación, de Daniel Lacalle

Quantum common sense, by Philip Ball

¿Vivimos peor que nuestros padres? Los cinco gráficos que desmontan el mito, de Daniel Fernández


Recomendaciones

21/06/2017

All Models Are Wrong, by Farnam Street

A Tangled Task Future, by Robin Hanson

How Cult Leaders Brainwash Followers for Total Control

Rules of Warfare in Pre-Modern Societies, by Kevin Kallmes

The Unusual Language That Linguists Thought Couldn’t Exist, by Julie Sedivy


Tonterías selectas

19/06/2017

Entrevista a María Atienza, miembro de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) de Madrid

P: ¿Es la economía feminista una crítica al sistema en el que vivimos?

Sí, es una corriente crítica, al igual que la economía solidaria o la ecológica. Todas tienen algo en común: una visión que busca desmontar el sistema capitalista. La feminista considera que hay que poner a la vida y a las personas en el centro, mientras que la economía capitalista pone al mercado en el centro y hace que el dinero sea un fin y no un medio.

P: Entonces, ¿diría que el capitalismo no puede ser feminista o que la economía feminista no puede convivir con el capitalismo?

Es totalmente inviable. Lo que intenta la economía feminista de hecho es romper con ese modelo y buscar un punto de transformación. Plantea que el capitalismo solo está visibilizando una parte de la esfera, que es la productiva, la que tiene que ver con los mercados, el lucro y el beneficio y las personas están al servicio de eso y no al revés. Sin embargo, otras esferas, como la reproductiva y la de cuidados, las invisibiliza. El capitalismo necesita que existan para sostenerse pero no las tiene en cuenta. Lo que queremos es que se visibilice esa esfera. El capitalismo y el patriarcado están muy unidos. Aunque el patriarcado viene de mucho antes, el capitalismo se ha nutrido de él para introducir esas relaciones de poder de género en el mercado.

… Es indudable que hace treinta años nuestras madres y abuelas estaban en una situación muy diferente a la de ahora porque no había ningún tipo de derechos. Ha habido avances, pero hay que tener en cuenta varias miradas. Si miramos el sistema en su conjunto, como modelo económico, para mí ha habido retrocesos. Tenemos que plantearnos qué tipo de sistema estamos construyendo, qué tipo de economía, de vida. Hay ahora una gran precarización, una gran degradación medioambiental, por ejemplo. Por otro lado, hay avances que tienen que continuar, porque ¿qué pasa con la triple carga laboral a la que estamos sometidas las mujeres?

Sin una perspectiva feminista, no estamos teniendo en cuenta las relaciones de poder que hay, por ejemplo, en una empresa: los trabajos que están feminizados, si las mujeres están excluidas de la toma de decisiones, si se promueve la corresponsabilidad y no solo la conciliación para las mujeres…

Hay que tomar medidas de acción positiva, cuotas, una especia de listas cremallera pero en las empresas. Son medidas temporales: hay un punto de partida de desigualdad y temporalmente se van a tomar esas medidas para corregirla. Es también importante hacer planes de igualdad y se puede pensar en auditorías sociales con enfoque de género en las empresas, igual que la hay en las cuentas. El enfoque de género debería transversalizarse en todas las políticas públicas. La ampliación y equiparación de permisos de paternidad y maternidad es una de las medidas que serían muy importante.

P: ¿Piensa que la gestación subrogada forma parte de ese sistema capitalista que desmontar?

Es un debate muy complicado, pero no estoy a favor de esa práctica. Es mercantilizar los cuerpos de las mujeres. Volvemos a poner los cuerpos de las mujeres como objetos, es algo que se inserta de lleno en el capitalismo.

¿Es bueno o malo para la economía que haya sindicatos fuertes?, de Juan Torres López

Toda la culpa de todo es de la religión, de Paco Segarra

Si hay aborto, no lo llames democracia, de Alfonso Basallo y Teresa Díez

Vientres de alquiler: el PSOE no puede sucumbir al lenguaje tramposo de los deseos, de Ángeles Álvarez, diputada del PSOE, y Alicia Miyares, portavoz de NoSomosVasijas

Es importante saber que este es un debate sobre los derechos fundamentales de los individuos y sobre si deben primar los deseos de las personas por encima de estos. El problema es que no cabe armonización posible ya que la satisfacción de los deseos de unas personas exige la renuncia de los derechos de otras. Es pues, un debate para el que no hay, pese a los intentos bonancibles y tramposos, una solución intermedia.

… La cuestión de fondo es que quienes defienden esta práctica ponen los deseos frente a los principios éticos y los derechos, ya que la práctica del alquiler de vientres anula derechos fundamentales.

La mal llamada “maternidad subrogada” se materializa en un contrato previo al embarazo en el que las distintas partes acuerdan la cesión de un menor. No nos cansaremos de recordar que la cláusula central del “contrato de subrogación” exige que la madre (la mujer que lleva a término el embarazo y el parto, según nuestro Código Civil) renuncie de manera irrevocable al derecho de filiación y custodia. Si el PSOE se mostrara favorable a esta práctica estaría dando por buena una modalidad contractual abusiva, ya que ningún contrato puede exigir la renuncia de derechos fundamentales a una de las partes. Pues bien, la renuncia a la filiación y custodia por parte de la mujer embarazada es la cláusula esencial en los contratos de subrogación. A nadie se le escapa que, sin esa cláusula, el alquiler del vientre de una mujer carecería de objeto.

Tampoco se le escapa a nadie que no existen esos miles de mujeres altruistas dispuestas a llevar a término un embarazo y parto para otros a quienes no conocen. Sabemos que la propuesta de la regulación “garantista” es una trampa. Cuando quienes hablan de garantías incorporan en sus discursos que la renuncia a un derecho fundamental se haga por “generosidad”, “altruismo” o “ayuda” vuelven a colocar a través de un proceso de manipulación y chantaje emocional la responsabilidad (“altruista”) de que las mujeres den satisfacción a los deseos de quienes no pueden gestar a sus hijos.

Detrás de esta práctica existe una mercantilización y cosificación del cuerpo donde, médicos, abogados y agencias de intermediación se lucran con la explotación reproductiva de las mujeres. Curiosamente son ellas quienes menos beneficios obtienen del “negocio” ya que hasta el 80% termina en manos de estos intermediarios a pesar de que a nadie se le escapan los riesgos que implica un embarazo en términos emocionales, vitales y de salud.

Es importante recordar que quienes contratan estas prácticas se arrogan la potestad de tomar decisiones como el número de embriones que se implantan en la gestante y que los embarazos múltiples son muy demandados, ya que les permiten “ahorrar grandes cantidades de dinero”.

La implicación que para el conjunto de las mujeres tiene una posible legalización del alquiler de vientres debe ser un eje central del debate, que necesitaría ser afrontado con más honestidad informativa, buscando desentrañar las consecuencias que esta práctica tiene para TODAS las mujeres.

Quienes nos declaramos socialistas y feministas sabemos que la libertad individual no puede avalar una práctica contraria a los derechos humanos y que los derechos no se pueden ceder ni vender, porque son inalienables.

En el 39º Congreso del PSOE fijaremos los principios y valores que van a sustentar el socialismo español de los próximos años y debemos hacerlo sin perder de vista el lema que nos acompañará este fin de semana: “Somos la izquierda”. Somos, además, la izquierda feminista que sabe que el derecho fundamental no puede ser objeto de relación contractual.

Somos la izquierda feminista que rechaza que el Estado legisle para considerar el útero de la mujer y la gestación como bienes colectivos.

Desde el PSOE seguiremos abanderando la lucha por los derechos de las mujeres y enfrentándonos al neoliberalismo que pretende dar validez a la idea de que hasta los derechos pueden estar sujetos a contrato.