Tonterías selectas de Jesús Mota

20/11/2019

‘Joker’: psicopatía neoliberal, payasos y populismos

… solo cabe suponer que Phillips y sus guionistas quieren hablarnos de otra cosa: de la desprotección del individuo frente al poder real, que no es el poder político, como sostienen con insistencia sospechosa los seguidores del liberalismo, sino el poder económico. En particular, el poder económico que desde las instituciones aplica el orden de la ganancia.

… El filósofo Byung-Chul Han sostiene que así como la enfermedad por antonomasia del capitalismo era el estrés, la del neocapitalismo es la depresión. “Yo solo tengo pensamientos negativos”, dice Arthur. La tesis engloba el supuesto de que el desorden neocapitalista ha abolido la racionalidad por pura y simple obsolescencia económica y ha liquidado el bienestar de sus ciudadanos como propósito de las funciones públicas y privadas. “Para el régimen neoliberal”, dice Han, “la racionalidad es un obstáculo. Las emociones aumentan la productividad”. La explotación emocional, dirigida por el management emocional, descoyunta la estabilidad (digámoslo así) íntima del individuo y lo recluye en el ámbito minúsculo del consumo; solo allí es libre.

… Es imposible desvincular la psicopatología que aqueja a los sistemas democráticos contemporáneos del descoyuntamiento social causado por el apocalipsis neoliberal.

… para el paradigma neoliberal, la vida de los pobres sería una mezcla de resignación y rabia, escapismo y violencia, más sexualidad promiscua.


A Miguel Ángel Belloso le gusta la ultraderecha (Vox)

20/11/2019

Miguel Ángel Belloso explica “Por qué me gusta la ultraderecha”. Ofrece una buena crítica de la izquierda y la ultraizquierda, pero su amor hacia Vox tal vez es algo excesivo.

… el propósito de Vox [es] liberar el pensamiento y las opiniones durante tanto tiempo proscritas bajo la tiranía de la corrección política.

Suena muy bonito, pero es difícil conocer las intenciones reales de la gente, y tal vez quieren promover opiniones efectivamente proscritas ahora, pero también imponer su propia corrección política de forma autoritaria: se les notan muchos tics al respecto.

Belloso habla de “gobierno cuasi terrorista” (PSOE y Podemos), lo cual no parece muy riguroso.

… me gusta mucho Vox, precisamente porque es algo completamente diferente al partido radical, extremista, antisistema y contrario a la Constitución que son Podemos y el PSOE del Sánchez encamado con el señor Iglesias.

Son diferentes, pero también son radicales y extremistas, y nada de esto implica que sean buenos.

Mi opinión es que Vox es un partido esencialmente liberador. Ha dado presencia pública a todos los que están hartos de la dictadura de lo políticamente correcto, a quienes abominan del monopolio cultural de la progresía española y planetaria y a los que hasta hace poco no se atrevían a decir con libertad lo que piensan.

¿Liberador? ¿Van a legalizar las drogas, la prostitución y la gestación subrogada? ¿Van a mantener legal el matrimonio homosexual?

… Vox no es la ultraderecha. Es la derecha sin complejos ni hipotecas y, todo hay que decirlo, con el programa político, económico y social más liberal del arco parlamentario.

En lo económico el discurso suena bien, pero la práctica habría que verla. En lo político y social de liberales tienen poco o nada.

Por otro lado, ¿en qué quedamos? A Belloso le gusta la ultraderecha, le gusta Vox… ¿pero “Vox no es la ultraderecha”?

… Vox es un partido con el venerable y esquivo sentido común del que adolecen los señores Sánchez e Iglesias.

Qué casualidad que el sentido común es lo que tienen los que me gustan y opinan como yo.


Toni Roldán y el rearme liberal de Ciudadanos

19/11/2019

Toni Roldán propone el rearme liberal: según él los liberales en política son pragmáticos, de centro, moderados contra los radicales extremistas, y veletas que pueden llegar a acuerdos con izquierda y derecha. Parece que no tienen principios o reniegan de ellos con facilidad: libertad pero sin excesos, con exquisita moderación, te doy una por la izquierda pero te quito otra por la derecha y viceversa.

Dice que deben mostrar rigor y solvencia en las propuestas, ser honestos y basarse en la evidencia para conseguir la credibilidad, en contraposición con las mentiras del populismo. Todo suena muy bien, pero sus propuestas o no están claras o tienen poco de liberales.

La idea de reformismo es esencial. Pero hay que saber hacia dónde reformar. Los liberales no tenemos menús prefijados de políticas como la izquierda y la derecha. Sabemos que para garantizar la igualdad de oportunidades, por ejemplo, el Estado debe intervenir de muchas maneras. En muchos casos, como en la educación, el cambio climático o la igualdad efectiva de la mujer, más de lo que lo hace ahora. Pero también sabemos, a diferencia de la izquierda tradicional, que no hay que confundir objetivos progresistas con medios estatistas. El Estado y el mercado son complementarios, no sustitutivos.

En vez de liberalización, privatización y desregulación, quiere más igualdad de oportunidades (muy socialdemócrata y progresista), más intervención estatal en la educación (o sea, menos mercado y decisiones de individuos y familias), y más igualitarismo de género inspirado por las falacias feministas. Sobre el cambio climático el Estado ha de hacer más, pero no precisa qué. No menciona ningún ámbito en el cual el Estado deba intervenir menos, no propone ningún ejemplo de medios no estatistas, no precisa cuánta proporción de Estado y mercado es adecuada, e ignora que hoy día el Estado es esencialmente un parásito del mercado y no su complemento necesario.

Demanda “un nuevo liderazgo valiente, que en vez de ir por detrás de las encuestas a buscar votos que no son suyos, se ponga por delante y le diga a los votantes: “Este es camino que debemos seguir””. Resulta que la moderación pragmática y sensata, que suena poco heroica, ha de combinarse con la valentía, y también con algo de autoritarismo militar del cabecilla que no escucha lo que quieren sus afiliados o potenciales votantes sino que les dice lo que tienen que hacer. Pone de ejemplo a Steve Jobs, que era un visionario autoritario con éxito: olvida que en el mercado libre nadie estaba obligado a trabajar con él ni a comprar sus productos, y el mando político es diferente.

Ciudadanos debe retomar con valentía algunos de los valores que han estado presentes en todas las batallas liberales desde John Stuart-Mill. En el corazón de la idea liberal está la lucha contra la discriminación por razones de raza, de sexo, de clase o de religión. Defender la idea de igualdad y de ciudadanía consiste en confrontar de cara y con más convicción que nadie a sus enemigos. Los liberales no pueden ser tibios ante el nacionalismo, pero tampoco frente a la extrema derecha. Son nuestros valores, los de la sociedad abierta, los que encarna la Europa que ellos odian, los que nos salvaron de la destrucción del continente tras las guerras que trajeron sus ideas racistas y nacionalistas.

Propone a un pensador que viró rápidamente del liberalismo a la socialdemocracia; no diferencia el deber de no discriminación por el Estado de la libertad de los individuos de asociarse o no con quien quieran según cualquier criterio que juzguen conveniente; agita el habitual espantajo del nacionalismo, faltaría más; y se preocupa por la extrema derecha, pero no dedica ningún esfuerzo a criticar a la extrema izquierda.

Hay que mantenerse firmes en los principios…

Si estos fueran principios liberales sería estupendo.


Tonterías selectas: The End of Babies

18/11/2019

The End of Babies, by Anna Louie Sussman

Something is stopping us from creating the families we claim to desire. But what?

Declining fertility typically accompanies the spread of economic development, and it is not necessarily a bad thing. At its best, it reflects better educational and career opportunities for women, increasing acceptance of the choice to be child-free, and rising standards of living.

At its worst, though, it reflects a profound failure: of employers and governments to make parenting and work compatible; of our collective ability to solve the climate crisis so that children seem a rational prospect; of our increasingly unequal global economy. In these instances, having fewer children is less a choice than the poignant consequence of a set of unsavory circumstances.

… There are as many answers to this question as there are people choosing whether to reproduce. At the national level, what demographers call “underachieving fertility” finds explanations ranging from the glaring absence of family-friendly policies in the United States to gender inequality in South Korea to high youth unemployment across Southern Europe. It has prompted concerns about public finances and work force stability and, in some cases, contributed to rising xenophobia.

But these all miss the bigger picture.

Our current version of global capitalism — one from which few countries and individuals are able to opt out — has generated shocking wealth for some, and precarity for many more. These economic conditions generate social conditions inimical to starting families: Our workweeks are longer and our wages lower, leaving us less time and money to meet, court and fall in love. Our increasingly winner-take-all economies require that children get intensive parenting and costly educations, creating rising anxiety around what sort of life a would-be parent might provide. A lifetime of messaging directs us toward other pursuits instead: education, work, travel.

These economic and social dynamics combine with the degeneration of our environment in ways that hardly encourage childbearing: Chemicals and pollutants seep into our bodies, disrupting our endocrine systems. On any given day, it seems that some part of the inhabited world is either on fire or underwater.

… It seems clear that what we have come to think of as “late capitalism” — that is, not just the economic system, but all its attendant inequalities, indignities, opportunities and absurdities — has become hostile to reproduction.

… many Danes find themselves contending with the spiritual maladies that accompany late capitalism even in wealthy, egalitarian countries. With their basic needs met and an abundance of opportunities at their fingertips, Danes instead must grapple with the promise and pressure of seemingly limitless freedom, which can combine to make children an afterthought, or an unwelcome intrusion on a life that offers rewards and satisfactions of a different kind — an engaging career, esoteric hobbies, exotic holidays.

… Are all these options not precisely what capitalism promised us? We were told that equipped with the right schooling, work ethic and vision, we could have professional success and disposable income that we could use to become the most interesting, most cultured, most toned versions of ourselves. We learned that doing these things — learning, working, creating, traveling — was rewarding and important.

… In the 1990s, black feminists … developed the analytical framework known as reproductive justice, an approach that goes beyond reproductive rights as they are usually understood — access to abortion and contraceptives — to encompass the right to have children humanely: to “have children, not have children, and parent the children we have in safe and sustainable communities,” as the collective SisterSong put it.

Reproductive justice was not always well understood or embraced by mainstream reproductive rights groups… But the trickling up of reproductive injustice could potentially give it broader traction. “White America is now feeling the effects of neoliberalism capitalism that the rest of America has always felt,” Ms. Ross said.

… the problem is the quiet human tragedies, born of preventable constraints — an employer’s indifference, a belated realization, a poisoned body — that make the wanted child impossible.

… the conversation around reproduction can and should take on some of the urgency of the climate change debate. We are recognizing nature’s majesty too late, appreciating its uniqueness and irreplaceability only as we watch it burn.

“I see a lot of parallels between this tipping point that people feel in their intimate lives, around the question of reproduction under capitalism, also playing out in broader existential conversations about the fate of the planet under capitalism,” said Sara Matthiesen, a historian at George Washington University whose forthcoming book examines family-making in the post-Roe v. Wade era. “It seems like more and more people are being pressed to this place of, ‘O.K., this system of value is literally going to kill us.’”

Conversations about reproduction and environmental sustainability have long overlapped. Thomas Malthus worried that population growth would outstrip the food supply. The 1970s saw the emergence of ecofeminism. Since the 1990s, reproductive justice groups have sought a better planet for all children. Today’s BirthStrikers disavow procreation “due to the severity of the ecological crisis.”

While climate catastrophe has revived elements of the insidious discourse of population control, it has also prompted a new wave of activism, born of an understanding of just how deeply these foundational components of life — reproduction and the health of the planet — are linked, and the collective action that is required to sustain them.

The first step is renouncing the individualism celebrated by capitalism and recognizing the interdependence that is essential for long-term survival. We depend on our water supply to be clean, and our rivers depend on us not to poison them. We ask our neighbors to watch our dogs or water our plants while we’re away, and offer our help in kind. We hire strangers to look after our children or aging parents, and trust in their compassion and competence. We pay taxes and hope those we elect spend that money to keep roads safe, schools open, and national parks protected.

These relationships, between us and the natural world, and us and one another, testify to the interdependence that capitalist logic would have us disavow.

… Intellectually, I am skeptical, even critical, of the inherent narcissism of preserving one’s own genetic material when there are already so many children without parents.


Tonterías selectas de Rosa María Artal

16/11/2019

Tonterías selectas de Rosa María Artal:

Por qué millones de personas votan contra sus intereses

… gran número de jóvenes abducidos por derechas ultraliberales…

Votan desigualdad, machismo, intolerancia, supremacía blanca y masculina, disminución del Estado del Bienestar, incultura, violencia.

… La insatisfacción está dominando la sociedad. Se suceden las protestas. La salida más irreflexiva es optar por la ultraderecha. Es el camino que lleva a un futuro todavía peor. Reflexionen sus votantes, si son capaces, sobre adónde conducen las propuestas. Aunque no crean en la democracia –que ya les vale-, crean en la lógica.

… Los medios influyen también para nublar el juicio al punto de obrar en contra de los propios intereses. Dejaron de informar, formar y entretener para pasar muchos a distraer con el fin de vender: objetos o ideología. Los apocalipsis económicos que anuncian están muy manipulados.

… Han convencido hasta el tuétano de que la izquierda que se preocupa y trabaja por sus intereses es un demonio que les empobrecerá. Quienes así les aconsejan y dirigen no piensan en absoluto en el bien de los ciudadanos sino en el suyo propio.

… Basta un poco de información, de cultura y dos dedos de frente, para ver la realidad, pero son muchos los que todavía hacen dejación de sus facultades. Son un peligro para sí mismos y para los demás.


Tonterías selectas de Guy Standing

15/11/2019

Tonterías selectas de Guy Standing:

El precariado se rebela

… desde los años ochenta, la transformación mundial ha permitido la creación de Estados neoliberales al servicio de los intereses del capitalismo de rentas. En nombre del libre mercado, las instituciones han apoyado políticas que favorecen a los que obtienen rentas de sus propiedades, ya sean financieras, físicas o las llamadas intelectuales. Eso ha beneficiado a la plutocracia —los ciudadanos mundiales que ganan miles de millones de dólares o euros— y a las élites nacionales, que también obtienen la mayor parte de su dinero de inversiones. Pero ha despojado a la clase más amplia y cada vez más numerosa, el precariado, de toda apariencia de seguridad económica.

… la Sociedad Mont Pelerin (MPS en sus siglas en inglés) … defendía el libre mercado y el individualismo y aborrecía cualquier organismo que favoreciera la solidaridad social. Es el grupo de economistas más influyente de la historia pero no lo conoce casi nadie… sus primeros líderes fueron Friedrich von Hayek, Milton Friedman y Arnold Harberger, que apoyaron el sangriento golpe militar de 1973 en Chile, visitaron el país y se reunieron con Augusto Pinochet… El más pernicioso fue James Buchanan, premio Nobel en 1986 y mentor de los hermanos Koch, los multimillonarios que se han dedicado a financiar causas de extrema derecha en todo el mundo. Buchanan pensaba que los Gobiernos debían estar dirigidos por los que “hacían” (los dueños de propiedades) y no los que “aceptaban” (los que no tenían propiedades).

… Desde entonces, en un país tras otro, el Estado ha caído en manos de funcionarios y políticos seguidores del neoliberalismo. Las características fundamentales del Estado neoliberal son el desmantelamiento de las instituciones de solidaridad social y el saqueo de los bienes comunes.

La ideología de la privatización de esos bienes comunes consiste en que es preferible, en todas las esferas, que su provisión la lleven a cabo instituciones privadas con ánimo de lucro. Eso se traduce en la privatización de la sanidad, los servicios legales, la educación básica y las universidades, la construcción de hospitales, la vivienda, las prisiones y muchas otras cosas. Lo más importante son los intereses del capital y los inversores, después los intereses de quienes pueden pagar los servicios y, por último, los de los que no pueden pagar. La privatización se extiende y perjudica a más gente, hasta que llega un momento en el que hay suficientes que están dispuestos a protestar.

Eso es lo que ha pasado en Chile. Y el hecho de que se encuentre allí el epicentro de la revuelta del precariado es muy simbólico. Como dice una pintada en una pared de Santiago, “el neoliberalismo nació en Chile y en Chile morirá”. Sería justicia poética que ocurriera así.

… ¿Está justificada la revuelta? Es una pregunta difícil. Equivale a reconocer que los cauces democráticos normales están obstruidos y corruptos. Existe un sentimiento cada vez más extendido de que, con el recurso a lemas simplistas, las relaciones públicas y unos medios de comunicación que están sobre todo en manos de la plutocracia, es posible manipular a suficiente gente como para preservar el modelo neoliberal.

Y está por venir una pregunta aún más aterradora. ¿Está el Estado neoliberal construyendo poco a poco un aparato autoritario en el que las técnicas de vigilancia y otras similares puedan organizar movimientos en contra o permitir protestas de masas ocasionales y seguir adelante con impunidad? Los comentaristas señalan que, en los dos últimos decenios, ha habido más protestas masivas que nunca y, sin embargo, la situación ha empeorado. Existe un verdadero peligro de control autoritario. Si la energía del proletariado educado es capaz de movilizar nuevos movimientos progresistas, aún estaremos a tiempo de construir una política del paraíso para vencer nuestros peores miedos. Pero ese tiempo está acabándose.


Tonterías selectas de Olga Cantó, profesora de Economía de la Universidad de Alcalá

15/11/2019

Tonterías selectas de Olga Cantó, profesora de Economía de la Universidad de Alcalá

… hay bienes que tienen unas características especiales, que en economía conocemos como “bienes preferentes”, que deben ser administrados esencialmente por el sector público porque su gestión privada implica fallos de mercado. Y los dos bienes más importantes son la educación y la sanidad. Hay varias razones para ello. La primera es que su función tiene compensaciones positivas para toda la sociedad –todos nos beneficiamos de que la población consuma sanidad y educación porque eso hace mejor nuestra vida–. La segunda razón es que son mercados con mucha información asimétrica, es decir, donde buena parte de la sociedad desconoce en gran medida la calidad del servicio que utiliza en la búsqueda de su bienestar social. La consecuencia de esto es que la oferta y la demanda de estos bienes preferentes se reduce si lo rige el libre mercado. Se pueden privatizar, claro que sí, pero a costa de unos efectos perversos. Creo que nadie puede dudar de esto. Los países que lo han hecho no pagan un coste menor por el servicio. No ahorran. Al contrario.

… Cualquier liberal que premia el esfuerzo individual desearía tener un impuesto de sucesiones que tuviese en cuenta el distinto origen social. Repito: No olvidemos la predistribución. Siempre hablamos de redistribuir después de que actúe el mercado, pero es importante saber que tendremos que redistribuir mucho más si las diferencias previas son muy grandes.

… Cualquier estudiante de macroeconomía básica sabe que la oportunidad para subir impuestos se presenta en los ciclos altos como el de ahora y la de bajarlos en el ciclo bajo, para estabilizar la economía. Los políticos, con una obsesión por tener réditos electorales, consideran que lo mejor es hacer lo contrario: cuando el ciclo está alto consideran que tenemos suficientes ingresos para cubrir los servicios y entonces los reducen que ya vendrá otro que los tenga que subir. Es un razonamiento político interesado y no considera lo que es básico en economía, que los ciclos hay que moderarlos para que la población no experimente una indeseable inestabilidad en sus ingresos.