Tonterías selectas: Dudas y convicciones de una psiquiatra ante la eutanasia, de Lucía Gallego Deike

Dudas y convicciones de una psiquiatra ante la eutanasia, de Lucía Gallego Deike

… la evidencia de una “pendiente resbaladiza” escandalosa e imparable, donde se rebasan todas las líneas rojas de un supuesto derecho a la muerte.

… si la persona no accede a la sanidad por su voluntad alterada, no se cumple uno de los derechos recogidos en la Constitución española de 1978 en su artículo 43.1 donde “se reconoce el derecho a la salud”. La persona que no tiene la capacidad de decidir, deja de estar en igualdad de oportunidades que el resto de la población, tiene menos oportunidades para restituir su salud y por tanto para reconstruir su libertad y su autonomía.

Si nuestra sociedad respalda el “derecho” de una persona a buscar asistencia médica para acabar con su vida en base a una creciente pérdida de autonomía, el hecho dice mucho acerca de cómo esa sociedad subestima o menosprecia a las personas con graves limitaciones, que soportan todos y cada uno de los días de sus vidas.

… la razón de ser de la medicina (y por ende, de la psiquiatría) es la curación del enfermo en cualquier fase de su dolencia, el alivio de su sufrimiento y la ayuda a sobrellevar el trance de la muerte cuando la curación ya no es posible. Unas convicciones profundas que la ideología de la eutanasia rechaza desde su particular perspectiva. La eutanasia socava la base del acto médico y da así un poder ilimitado al paciente. Y trastoca, en suma, la confianza del paciente en el médico. ¿Qué pasaría en la Psiquiatría, que se basa de forma esencial en el vínculo terapéutico, si el paciente en vez de tener confianza en su psiquiatra -hasta poner su vida e integridad psíquica, en sus manos- llega a tenerle miedo, porque no sabe si va a decidir que su caso es digno de curación o susceptible de eutanasia?

La aceptación legal y social de la eutanasia generará una situación intolerable de presión moral institucionalizada sobre los ancianos, los discapacitados y/o incapacitados mentalmente, y sobre aquellos que, por un motivo u otro, pudieran sentirse como una “carga” para sus familias. Ante el “ejemplo” de otros a los que se hubiera practicado la eutanasia ¿cómo no iban a pensar si no tendrían ellos también la obligación moral de pedirla para no ser gravosos? La sociedad debe aceptar las implicaciones del cuidado a los humanos mas desprotegidos. Rechazar la eutanasia también significa comprometerse a trabajar por un mejor cuidado de los más vulnerables. Aceptarla es una traición a la dignidad humana y a la igualdad de todos ante la ley.

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