Tonterías selectas de Jorge Moruno

Tonterías selectas de Jorge Moruno: Es la hora de lo impensable

el capitalismo seguirá.

El valor necesita seguir valorizándose, el dinero necesita seguir multiplicándose y el proceso subyacente del modo de producción e intercambio de mercancías sigue teniendo como finalidad crecer sin medida y sin término.

el trabajo seguirá siendo esa relación social que tiene por finalidad crear la riqueza como capital.

La potencia transformadora de la renta básica no se basa solo en reducir la pobreza mientras todo lo demás se mantiene igual. Su potencia reside en forjar un derecho de nuevo cuño que, junto con el resto de los derechos de existencia, aumente el margen de libertad individual y colectiva y haga avanzar hacia una época sustentada en lo que podemos llamar derechos incondicionales. Derechos de existencia desvinculados de la condición laboral a través de unos servicios públicos que incluyan el acceso a la vivienda y un ingreso monetario incondicional, con el objetivo de independizar a la vida de la necesidad de tener que someterse al escrutinio y la coacción del trabajo impuesto por necesidad.

El capitalismo eleva la productividad como ninguna otra forma social lo hizo antes. Sin embargo, dado que se rige por su propia ley inmanente, lo hace con una finalidad que no es la de mejorar la vida de la población sino la de incrementar su extorsión y extracción de plusvalor.

El fulcro de la libertad es, hoy al igual que ayer, el hambre social de emancipación y la voluntad de poder por mejorar.

El progreso humano no nace de la bondad ni del funcionamiento intrínseco del capitalismo, que solo le interesa la tecnología si le sirve para reducir el trabajo pagado, de ahí que en el siglo XIX insistiera en usar a mujeres para sirgar los canales en lugar de caballos porque salía más barato. La historia avanza cuando existe una posición de poder que permite decir ¡no! ahí donde la necesidad obliga a tener que decir sí, forzando así al capital a tener que abandonar “su zona de confort” e impulsar una transformación del tejido productivo. En la posibilidad de rechazar el trabajo impuesto es precisamente donde reside el instinto de libertad y la fuerza motriz que obliga al capital a tener que adaptarse y ofrecer una oferta acorde a una sociedad cuyas capacidades están muy por encima de las posibilidades actuales.

La propaganda liberal se pasa la vida reivindicado que el dinero está mejor en los bolsillos de los ciudadanos, pero es escuchar hablar de alquiler asequible y de renta básica y salen espantados echando mano de la pistola. Tampoco les gusta el dinero que se ahorra con la sanidad y la educación pública en lugar de pagar pólizas de seguros y escuelas privadas o concertadas. Las mismas voces que insisten en que “persigas tus sueños”, son las que se escandalizan cuando se habla del derecho a la existencia o del derecho al tiempo garantizado, porque, según ellos, de esa forma “nadie haría nada”.

podemos deducir que una sociedad que cuenta con derechos de existencia garantizados es una sociedad más inteligente y que aprovecha mejor su potencial. Establecer las condiciones que permiten ejercer la libertad a todas las personas, esto es, una libertad que está por encima de la libertad del dinero, no solo da pie, como recuerda Aristóteles, a que se agranden la justicia y la amistad, “pues es mucho lo que tienen en común los que son iguales”, además sienta las bases de un nuevo renacimiento intelectual y civilizatorio. Las mejores ideas no brotan de la exclusión privada, al contrario, se producen cooperando y afloran más cuantos más cerebros lo comparten y se enriquecen, pues las ideas, como decía Thomas Jefferson, “son como el aire que respiramos y no pueden ser, por naturaleza, sujetas a propiedad”.

Lo que se levante de este derrumbe que estamos viviendo pueden ser valores nuevos grabados en tablas nuevas, esto es, una nueva idea de ciudadanía y libertad basada en el Derecho a la existencia o, por el contrario, una sociedad hundida y segregada que endiosa como nunca a los más poderosos. Empezar, desde ahora mismo, un proyecto civilizatorio que frene el embiste de la muerte y al mismo tiempo sea capaz de abrir un horizonte y una voluntad que ambicione abandonar la riqueza propia de la modernidad capitalista: valor, dinero, trabajo, mercancía. Una riqueza fundada sobre el tiempo libre y sobre un tiempo propio, solo es pensable si primero nos atrevemos a imaginar lo que hoy parece impensable; solo es factible si nos atrevemos a ir más allá del bien y del mal, más allá del trabajo y el capital. Rescatar a la libertad del secuestro neoliberal; luchar para que lo que hoy parece imposible mañana se vuelva insuficiente.

¡Sanidad, renta, vivienda, derechos de existencia!

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