Tonterías selectas

I Congreso Internacional de Mujeres por la Paz y la solidaridad entre los pueblos, de Lidia Falcón

La noche violenta, de Gloria Santiago, vicepresidenta primera del Parlament balear y diputada de Unidas Podemos

… Crecemos bajo una advertencia: la de que tenemos muchas probabilidades de ser víctimas de una agresión machista.

… es importante transformar la realidad mediante el lenguaje y en lugar de decir que “el nivel de violencia contra las mujeres es intolerable”, deberíamos empezar a decir que “el porcentaje de violadores aumenta cada año”.

No es que se dejen de contar historias que son ciertas ni que se silencie la verdad de las mujeres ni de que se ignore la realidad, pero sí reivindico la necesidad de encontrar un equilibrio entre lo que verdaderamente hay que denunciar y la perpetuidad de la “mujer víctima” tan habitual en la ficción solo porque alimenta nuestro miedo, nos sitúa en el centro del problema y, además, normaliza situaciones aberrantes que todas y todos interiorizamos como parte del sino femenino.

… El mensaje del miedo a ser violadas y asesinadas nos condiciona y nos limita, nos coarta autonomía y nos priva de derechos, es una herramienta que al patriarcado le viene fetén para mantenernos temerosas, recogidas, lejos de nuestra libertad y sexualidad. No viajamos solas porque nos puede pasar algo, no nos ponemos falda para salir porque nos puede pasar algo; en cambio, a ellos se les justifica y perdona porque nacen así, salvajes y peligrosos y con una libido incontrolable.

Todas esas frases de “llámame al llegar”, “pilla mejor un taxi”, “que te acompañe alguien”, están dichas con la mejor de las intenciones, pero es hora de cambiar de perspectiva: pasemos del miedo a la defensa y eduquemos a los chicos para que no violen.

Hasta ahora, mostrar resistencia ha sido un plan B “si alguien viene a violarte, es mejor que te dejes”. Asumir que delante de un hombre nuestro derecho a la defensa queda por debajo de su derecho a hacernos daño es un error enorme. Si vienen a violarte, defiéndete con uñas y dientes, corre, grita o dale una paliza. Los datos dicen que muchas mujeres que muestran una actitud de defensa logran bloquear al agresor porque su poder está construido en la idea preconcebida de nuestra indefensión.

En lugar de decirle a tu hija “no viajes sola”, anímala a que ejerza su derecho a hacerlo, explícale que hay hombres que hacen daño a las mujeres y recuérdale su derecho a vivir una sexualidad libre y plena y a defenderse de los ataques machistas. En lugar de decirle a tu hijo que se lo pase bien de fiesta, recuérdale que sobre el cuerpo de las mujeres solo pueden decidir ellas, que no nos persiga, que no nos acose, que no nos insulte, que no nos drogue, que no nos viole, que no nos mate.

Es crucial ubicarlos a ellos en el relato y advertirles sobre el machismo, mencionarles que también son víctimas del patriarcado, organización social que los convierte en agresores potenciales. El mensaje del miedo cala en todas nosotras y nos cohíbe durante toda nuestra vida, seamos o no violadas. Lo mismo debería ocurrir con el mensaje del patriarcado para ellos, sean o no machistas hay que prevenirles.

La noche violeta es una buena iniciativa para reivindicar nuestro derecho a ir solas y tranquilas de noche. La alternativa es la noche violenta, cuya amenaza acecha en una callejuela oscura. Nosotras salimos a denunciar que tenemos miedo, pero para que algo aquí cambie, quienes tienen que entender y quedar advertidos de dejarnos en paz son ellos.

Cómo romper el silencio de los hombres que no son clientes de prostitución, de Marta Borraz

El precio de la prostitución, de Amparo Díaz Ramos

La prostitución es el paraíso del machismo, un espacio en el que los derechos humanos quedan en suspenso porque lo que se compra es el dominio de hombre sobre la mujer. El hombre es el consumidor de seres humanos y la mujer es el ser consumido. Incluso en los casos en los que la persona prostituida es un hombre o niño, que son minoritarios, ha sufrido un proceso de feminización que lo ha cosificado, aunque por lo genera sin llegar a la brutalidad de la prostitución femenina. Esa transacción ajena al marco de los derechos fundamentales de nuestra constitución, y especialmente al artículo 14 que consagra el derecho a la igualdad conlleva un alto precio para nuestra sociedad.

El precio que pagan las mujeres y niñas que la padecen. Mujeres y niñas que ven anuladas sus emociones, necesidades, pensamientos y deseos en un grado extremo para obedecer y complacer al hombre que dispone de su cuerpo a un nivel que no existe en ningún otro tipo de interacción humana. Esto genera una tensión física y psicológica insoportable. Mujeres y niñas que deben convencerse así mismas para sobrevivir -disociando- de que eso les está pasando a otras no a ellas. O de que no es algo malo, negando o minimizando, y atribuyendo a cualquier otra cosa su estado físico y psicológico. Mujeres y niñas que sufren trastornos graves, que pierden su propia estructura mental, y que por lo general tenían una situación previa adversa a la que teníamos que haber dado respuesta de apoyo -no de abuso- como sociedad. Mujeres y niñas que incluso si consiguen salir de la situación de prostitución, arrastrarán durante años el daño que se les ha causado, con problemas para conectar consigo mismas, de pánico, de memoria, trastornos en la sexualidad, dificultades para relacionarse y falta de estructura personal y social. Además de los daños físicos.

El precio que pagamos las demás mujeres y niñas al mantenerse y difundirse una sexualidad que cosifica a las mujeres, en las que se espera que la mujer esté accesible y sea complaciente incluso ante prácticas humillantes y violentas, es la pérdida de igualdad, libertad, seguridad y dignidad. La cultura de la violación se alimenta de la prostitución y del porno, y la padecemos todas.

El precio de la prostitución es también este desgarro social que provoca el hecho de que una parte importante del ocio de muchos hombres se lleve a cabo de manera reservada respecto de las mujeres e incluso en no pocas ocasiones marcadamente oculta para nosotras. Celebrar una buena reunión de trabajo o un negocio o un encuentro político con una visita a un prostíbulo, reuniones mensuales de los hombres del equipo en clubs de alternes, despedidas de solteros con una mujer en situación de prostitución que se comparte, salidas de amigos después de haber dejado a sus novias o esposas en casa que terminan “pillando” a una mujer de carretera. Obviamente no todos los hombres son así y muchos sienten repugnancia hacia quienes actúan de ese modo. Pero España es uno de los principales países consumidores de prostitución, y es algo que se lleva a cabo por chicos que al día siguiente van al instituto, por hombres que llevan a sus hijos e hijas de la mano al colegio o que nos atienden en las consultas médicas, o vienen a nuestras casas a traernos la compra del supermercado, o nos llevan en autobús o nos juzgan, o se mezclan en nuestras vidas de otras formas. Son algunos de nuestros compañeros de trabajo, algunos de nuestros amigos, tal vez un hermano o un hijo. Tienen una vida paralela en la que compran el paraíso machista al comprar el cuerpo de las mujeres . En ese espacio de supremacía machista no existen más que las emociones, necesidades, pensamientos y deseos del hombre.

No son solo las víctimas las que están disociando, nuestra sociedad en su conjunto lo hace, y para eso hay que hacer primero una gran ruptura, un gran desgarro. Hay que romperse para dividirse en dos. El precio de la prostitución es también este desgarro.

Prostitución y trata: realidades indisociables, de Paula Fraga

Hoy, 23 de septiembre, es el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas. Cada día, miles de mujeres y niñas son explotadas en una industria criminal, la del sexo, que existe únicamente para servir sexualmente a los varones que creen que tienen derecho a comprar a las mujeres.

… separar conceptualmente trata y prostitución es una estrategia de legitimación, justificación y normalización de la explotación sexual de las mujeres que solo beneficia a quien explota y abusa, es decir, al proxeneta y al putero. La trata nutre de mujeres y niñas a la prostitución. No hay otra forma de satisfacer la demanda de este negocio criminal que genera 5 millones de euros diarios, solo en España. La Fiscalía General del Estado, en su Circular 5/2011 afirma que “el delito de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, por su propia configuración es preparatorio del delito de prostitución”[i] y esto es así, porque la trata es el método de incorporación masivo y sistemático a la prostitución, su puerta de entrada. Basta una ojeada a los datos o una visita a los polígonos, pisos o prostíbulos donde las mujeres son económica y sexualmente explotadas. Veremos que más del 90% de las mujeres prostituidas son inmigrantes pobres[ii]. Mujeres, inmigrantes, pobres. Los cuerpos y vidas de estas mujeres y niñas son la desgarradora evidencia del entrecruzamiento de las opresiones sexual, racial y de clase.

Podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual existe porque existe la prostitución y si estas prácticas son desligadas, es por el interés patriarcal de perpetuar y reproducir la opresión sexual. A lo mismo obedece llamarle a la prostitución “trabajo sexual”. Un estudio canadiense sostiene que las mujeres prostituidas corren un riesgo 40 veces más grande de ser asesinadas que el resto de la población femenina. La prostitución tiene implicaciones físicas y emocionales gravísimas para las mujeres. A título ejemplificativo, podemos citar el estrés postraumático que sufren el 68% de las mujeres que han estado en situación de prostitución[iii]. ¿De verdad vamos a llamarle a esto trabajo?

En los países donde se ha regulado la prostitución, Holanda o Alemania entre otros, la trata de seres humanos ha aumentado. Si el Gobierno legitima esta actividad delictiva, proxenetas y puteros son automáticamente exonerados de su responsabilidad (penal y social) de esclavizar a mujeres y niñas. El Estado ampara la violencia sexual del “cliente”-prostituidor y despenaliza de facto el proxenetismo. El propio Gobierno alemán, tras unos años con este tipo de legislación, reconoció este aumento de trata y el desastre que supuso para la situación y los derechos de todas las mujeres; pues no olvidemos que en la regulación de la prostitución subyace la idea de que todas las mujeres podemos ser objeto de comercio, que nuestros cuerpos pueden ser violentados y sometidos sexualmente por unos míseros euros.

Por tanto, si queremos acabar con la forma de servidumbre que supone la trata, tenemos que acabar con la prostitución. Debemos luchar por una legislación abolicionista que ataque a los condicionantes de entrada (trata, feminización de la pobreza, abusos sexuales durante la infancia…) y que asista integralmente a las mujeres en situación de prostitución.

Una sociedad que propugna entre sus valores la igualdad y como fundamento de la paz social, la dignidad humana no puede tolerar ni un segundo más, la esclavitud y subordinación sexual de las mujeres y las niñas. Si queremos respetar los derechos humanos, tenemos que abolir la prostitución.

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