Tonterías selectas

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Conversación entre Alexandria Ocasio-Cortez y Greta Thunberg

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Es urgente una nueva agenda de izquierdas, de Guy Standing

Amelia Tiganus, superviviente de una red de trata: “Estamos fabricando agresores sexuales a escala industrial”

En el imaginario colectivo, prostitución parece ser que es sinónimo de prostituta, cuando realmente nos estamos refiriendo a todo un sistema. Es una institución patriarcal, que define el lugar de unas y de otras y de los hombres y las mujeres en el mundo, pero también es un sistema que lo conforman los Estados —algunos exportadores y otros importadores de esta materia prima—, los proxenetas —a los que en el Estado español se les suele dar el nombre de ‘empresarios’, cuando no son más que proxenetas que explotan sexualmente a las mujeres— y los hombres que demandan la prostitución, que son los puteros; nunca los llamo clientes, porque pienso que no puede tener el mismo nombre un hombre que va a comprar el pan y otro que penetra por todos los agujeros a mujeres en situaciones de extrema vulnerabilidad. Es un matiz fundamental.

… El feminismo lo descubrí hace cinco años y fue un momento liberador, porque descubrir la existencia del patriarcado me permitió liberarme de la culpa, de la vergüenza, del miedo… y comprendí que mi historia personal era algo más que eso, era una cuestión profundamente política, era la historia de las mujeres que el patriarcado pone a disposición de los hombres como mujeres públicas. A raíz de eso empezó mi activismo, puesto que conocer la experiencia vivida y también la teoría me obligó, de alguna manera, a convertirme en un sujeto activo de lucha en contra de lo que pienso y creo con todas mis fuerzas que es algo que no podemos permitir. No se puede permitir que siga habiendo espacios libres de feminismo en los que los hombres se puedan resguardar y en los que las mujeres no tienen otra opción que dejarse hacer porque no se les ha permitido ser otra cosa que no sea un cuerpo…

—Entonces, ¿crees que gran parte del problema viene de los puteros, de los hombres que abusan de vuestros cuerpos?

—El problema es mucho más amplio y tiene que ver con el neoliberalismo y la globalización, porque el proxenetismo se ha convertido en una industria que no tiene fronteras, que mueve la economía de países. Lo que sí pienso es que los puteros son los que sostienen económicamente esta gran industria y, así como se fabrican putas a través del empobrecimiento de las mujeres y de la violencia sexual que se ejerce sobre nosotras desde edades cada vez más tempranas, también hay un interés en fabricar puteros para que la rueda siga girando y se siga generando muchísimo dinero. La pornografía, por ejemplo, es una gran herramienta para la fabricación de puteros.

… Estamos ante una catástrofe, porque la pornografía se consume desde edades cada vez más tempranas y es la única educación sexual, dada la falta de una formación afectivo-sexual. Así es muy fácil perder la vista la conexión que hay entre el cuerpo y el ser, porque se nos está diciendo que son dos cosas diferentes, que no tienen nada que ver. Vamos a ser incapaces de relacionarnos entre hombres y mujeres desde la libertad, desde el deseo de descubrir nuestros cuerpos, nuestro placer. Para los chicos jóvenes, se convierte en una gran frustración, que alimenta cada vez más la violencia, porque se sienten frustrados y el único placer lo sienten denigrando, violentando mujeres. Estamos fabricando agresores sexuales a escala industrial.

Esa disociación entre cuerpo y ser hace mucho daño a la humanidad, sobre todo a las mujeres, pero también a los hombres, que están absolutamente desconectados de sus emociones, de sus deseos, y solo utilizan la prostitución para reforzar esa masculinidad hegemónica. A esos espacios prostitucionales se les arrastra, sobre todo, a través de dinámicas de grupo, a través de la masculinidad heteronormativa. Y entonces tenemos un grave problema.

—Pero ellos no son los únicos responsables, ¿verdad?

—No. A pesar de que ellos son los que sostienen todo el sistema, hay muchísimos más implicados. El Estado está a la cabeza, porque permite que esto sea así y no pone los medios para que haya una educación afectivo-sexual, que no promueve políticas públicas para que las mujeres en situación de prostitución tengan a su alcance derechos reales, como puede ser una ayuda económica, acceso a una vivienda digna, formación, terapia, asesoramiento jurídico… Y, sobre todas las cosas, lo que es muy preocupante es que en este país se permite el proxenetismo, porque no se persiguen todas sus formas: las carreteras están plagadas de esos campos de concentración donde las mujeres somos convertidas en meros objetos de uso y abuso, somos la diversión de algunos hombres que no ven diferencia alguna entre quedar con los colegas para ir a jugar un partido de fútbol y acabar las fiestas o las despedidas de soltero en un prostíbulo, donde las mayoría de las mujeres son víctimas de trata, se reconozcan o no se reconozcan como tal.

Sabemos que en los prostíbulos un 60% de las mujeres son rumanas. ¿Por qué aceptamos como sociedad que a algunas mujeres se les haga aquello que otras no estamos ya dispuestas a asumir y a aceptar y que incluso es denunciable? Hay que luchar por la igualdad entre hombres y mujeres, pero parece que un sector del feminismo no ve importante combatir esos espacios prostitucionales. Mientras haya prostitución, no vamos a conseguir la igualdad, porque, entre otras cosas, jamás vamos a conseguir nuestra libertad y nuestra emancipación mientras nuestra supervivencia dependa del grado de satisfacción, sexual en este caso, que ofrecemos a uno o varios hombres a través del matrimonio o a través de la prostitución. Si luchamos para conseguir la igualdad real, tendremos que pensar en esas mujeres a las que realmente no se les ha dejado ser más que ese cuerpo. Hay que reflexionar sobre todas las capacidades, todo el talento, toda la humanidad que permitimos que se extinga, porque en esos espacios se nos deshumaniza y se nos despersonaliza, nos convertimos en mujeres en serie; somos simplemente objetos de uso, abuso y diversión. La única función que tiene la prostitución en este momento creo que es la de seguir manteniendo el orden patriarcal y reforzar la masculinidad hegemónica.

En países en los que se ha normalizado el consumo de prostitución, donde se ha legalizado el acceso al cuerpo de las mujeres, las prácticas sexuales son cada vez más violentas, más denigrantes, más vejatorias. Esto se debe a que el mensaje que recibe la sociedad, que reciben los hombres, es que no pasa absolutamente nada por tener sexo con una mujer que no te desea, a la que incluso puedes dar asco.

Esto nos tiene que preocupar a todos; también a los hombres que jamás hayan consumido ni vayan a consumir prostitución, que deben posicionarse igualmente, puesto que forman parte de la misma clase opresora, entendida dentro de lo que desde el feminismo hemos conceptualizado como patriarcado. Hay que empezar a construir un mundo en el que las relaciones entre hombres y mujeres sean placenteras, en las que las dos partes sean sujetos de derechos y sujetos deseantes. De lo contrario, si los dos no comparten ese deseo mutuo, ese placer, la relación sexual pierde todo su encanto y pasamos a hablar de otra cosa que tiene que ver más con la dominación y el poder.

el modelo abolicionista propone despenalizar y descriminalizar por completo a las mujeres en situación de prostitución, poniendo a su disposición todos los recursos, todas las políticas públicas y lo que haga falta, para que puedan acceder a sus derechos básicos, a sus derechos humanos. Se centra en perseguir todas las formas de proxenetismo, en criminalizar la compra de actos sexuales y también en ofrecer esa formación, esa educación afectivo-sexual a todo el personal, desde las asistentas sociales hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, desde una perspectiva feminista y de género, para que comprendan que las mujeres que están en situación de prostitución son víctimas de un sistema patriarcal, capitalista y racista. Porque, como bien dice la maestra Rosa Cobo en su libro ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’, la prostitución se encuentra allí donde están presentes estos tres ejes de opresión. Creo que ninguna mujer feminista, si realmente reflexionase sobre todo esto, estaría en contra de que se persigan todas las formas de proxenetismo y se fomenten políticas públicas reales, porque la prostitución es violencia machista, es violencia de los hombres hacia las mujeres por el mero hecho de serlo.

A partir de ahí, nos podríamos llegar a entender. El problema es que muchas veces, en nuestros debates feministas, se infiltra información que no es real, que tergiversa nuestro discurso; se nos tacha de moralistas, de puritanas… Me da la risa por no llorar, porque las abolicionistas somos las que realmente luchamos por la libertad sexual de todas las mujeres. Es, en fin, un proceso en el que están inmersas muchas mujeres feministas, ya que creo que al pensamiento abolicionista se llega, porque es muy complejo, por lo que se necesita leer mucho, profundizar, pensar, hablar… Con toda tranquilidad y sin esos altísimos niveles de violencia verbal que pueden surgir, porque es un tema que nos mueve emocionalmente a todas las mujeres. Debemos aprender a escucharnos, porque es el único camino.

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