Tonterías selectas

20/02/2019

Entrevista a María Casado, directora del Observatorio de Bioética de la Universidad de Barcelona

Esta investigadora experta en Bioética y Derecho se explica con la intención de serenar la polémica que suele rodear al tema y lamenta la simplificación en la que en ocasiones caen ambas partes. Aunque asume que el Observatorio ha sido “muy poco dado a reivindicar prohibiciones”, en lo que respecta a la gestación subrogada apunta a una práctica “enormemente cuestionable”, sobre todo, “teniendo en cuenta los enormes intereses económicos que hay detrás”.

El documento es especialmente contundente. Entre otras cosas, asegura que la práctica en sí misma “facilita la explotación de las mujeres”…

Sí, sobre todo cuando median situaciones de necesidad económica. Si podemos irnos a países en los que no hay protección para las mujeres cuya única opción para sobrevivir es gestar para otros, ya no estamos hablando de altruismo. Poco a poco ha ido emergiendo un enorme nicho de mercado y la gestación subrogada se ha convertido en un negocio. Cada vez más las cuestiones sobre el cuerpo humano se están alejando de lo que decimos tener: decimos que el cuerpo humano y sus partes no serán objeto de lucro, es algo que está en todas las normas, pero sin embargo todo lo que tiene que ver con el cuerpo cada vez más forma parte del mercado. Detrás de la gestación subrogada hay enormes intereses económicos y eso no lo podemos obviar. Sobre esto tenemos que reflexionar muy seriamente.

¿Cómo hemos llegado a este punto?

Lo que ha ido ocurriendo es que esto se ha ido transformando en algo que tiene que ver sobre todo con el negocio que hay detrás. Hay agencias intermediarias con ánimo de lucro, grupos de abogados que tratan de facilitar los trámites e incluso ferias en las que estas empresas exponen sus servicios. Si en España el contrato por gestación subrogada es nulo, ¿cómo hemos podido permitir que se celebren este tipo de eventos? Ya no estamos hablando del caso concreto de una mujer que quiere gestar para su amiga. Ahí podríamos discutir muchas cosas. Pero en España no hay masas de mujeres pidiendo gestar para otros, lo que hay es una gran demanda de comitentes. Es decir, es una práctica que parte de la demanda.

Este martes han comenzado a inscribir a los 39 menores que permanecían en Ucrania y la Embajada de España en el país ha advertido de que no tramitará más expedientes. ¿Qué le parece la decisión?

Yo creo que es una solución adecuada con el principio de proteger a los niños y niñas que ya están ahí y al mismo tiempo tratar de evitar que haya incentivos permisivos que faciliten el fraude a la ley española, que es contraria a la gestación subrogada.

El problema es que en estos casos se ha llevado la ley al máximo de buscar el resquicio del resquicio. Y claro una vez que haces esto, colocas al Estado entre la espada y la pared. De esta forma, una cosa que está planteada como una excepción, la de inscribir a los menores nacidos por gestación subrogada, tal y como dice el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se convierte en la regla. Si tenemos a un niño en esa situación, no se le puede dejar sin filiación, hay que inscribirlo y su interés superior debe prevalecer, pero si a partir de ahí hacemos una categoría lo que estamos haciendo es forzar todos los mecanismos.

En todo caso, tal y como están las cosas, estamos desplazando el problema a otros lugares, puesto que si todo sigue igual, seguirá habiendo personas que acudan a esta práctica fuera de nuestras fronteras…

Es que hay una cuestión muy interesante y clave que media en todo esto: el Derecho sigue siendo territorial y las demandas del mercado son globales. Es algo muy complejo y con esa contradicción debemos vivir actualmente. Pero ante esto la vía no puede ser legitimar la práctica. Es un tema de un calado tremendo y la realidad es que nos estamos dejando llevar más por cuestiones emotivas y presión publicitaria y comercial que por una reflexión seria.

Las agencias intermediarias que facilitan que personas españolas acudan a otros países es un negocio en alza. ¿Qué debería hacer el Estado con ellas?

Indudablemente, prohibirlas. Si tú estás prohibiendo el lucro y en España la gestación subrogada es una práctica no permitida, ¿cómo puedes permitir que haya un entramado de negocio como este? Además, estamos posibilitando el negocio de todas las partes menos de la gestante. Es decir, dejamos que todos se enriquezcan y luego decimos que la gestante debe ser altruista. Ya puestos, es injusto e hipócrita.

En este tema se suele hablar de la autonomía, pero más bien se trata del mito de la autonomía en el caso de una sociedad neoliberal como esta. La autonomía es el núcleo duro de la moral, pero no opera en el vacío. El argumento de la autonomía es una premisa enormemente mercantil. Yo creo que esta concepción deberíamos revisarla.

¿Una regulación garantista de la gestación subrogada no evitaría precisamente la explotación de esas personas más vulnerables, en este caso mujeres?

Lo que acabaría con la explotación es una regulación de prohibición completa. En este sentido, nosotros hemos propuesto una regulación ultragarantista en el caso de que el Estado decida regular la gestación subrogada. Son unos requisitos tan estrictos (control judicial, gratuidad, posibilidad de la mujer gestante de revocar el consentimiento o exclusión de cualquier intermediario con ánimo de lucro), que no habría casi gestantes ni comitentes porque ¿quién va a querer encargar un niño sabiendo que la gestante se puede echar para atrás?

¿Qué le parece la regulación que propone Ciudadanos?

Es ultraliberal. Es totalmente garantista para los comitentes y parte de un supuesto altruismo que es falso. Es justo el paradigma completamente contrario a lo que nosotros decimos.

Ante el caso de una mujer que quisiera gestar, por ejemplo, para su hermana o su amigo, ¿estaría de acuerdo con que pudiera renunciar a su filiación?

Yo en principio estaría de acuerdo con eso, con que existiera la posibilidad (es decir, que la renuncia a la filiación no fuera una obligación), pero con una regulación garantista en la que medie un juez, tal y como se hace con los trasplantes de personas vivas. Sin embargo, yo creo que esto podría ser una posibilidad de explorar nuevos modelos de familia que escapen del modelo binario de parentalidad. Si nos hemos acostumbrado a que pueda haber dos madres o dos padres o a que haya familias reconstituidas, ¿por qué no nos hemos de adaptar a que sean tres progenitores? Es decir, que la mujer que geste también se involucre y forme parte de la familia.

Las fantasías de las criptomonedas, de Martin Wolf

Entrevista a Jaime Mayor Oreja

R: Queremos defender la vida, la libertad y la razón. Se está produciendo un deterioro de la dignidad humana, de ahí la tabla de falsos y nuevos derechos -aborto, eutanasia, ideología de género-, que son expresiones de la decadencia moral, fruto de la comodidad. Esta crisis nos obliga a refundar la UE porque nos quieren implantar un nuevo orden distinto a la civilización cristiana.

P: El aborto ha vuelto a la palestra de la mano de Pablo Casado. ¿Comparte con él que hay que volver a la ley de supuestos, o aboga por la prohibición total?

R: No se puede destruir un embrión, porque no es un «no nacido», sino una persona que va a nacer. Si tienes el derecho a matarlo cuando tiene siete meses de vida, cuando tiene 12, ¿por qué no vas a tener derecho a matarlo? ¿Por qué tienes el derecho a matar a un embrión con síndrome de Down y luego no tienes derecho a matarlo cuando tiene 40 años? El aborto es un crimen. Existe la vida desde el momento de la concepción. No puede haber una ley que permita matar a una persona antes de su muerte natural.

P: ¿Derogaría el matrimonio gay?

R: Es evidente que no se puede trocear la naturaleza de la persona. El matrimonio es una institución entre un hombre y una mujer.

P: ¿Y cómo llamaría a la unión de dos personas del mismo sexo?

R: Como se quiera llamar, pero el matrimonio está etimológicamente definido como la unión entre hombre y mujer.

R: Respeto el valor de la libertad y no hay que perseguir a quien tiene una condición sexual distinta, pero tampoco hay que seguir lo que marque ningún colectivo a la hora de definir una institución esencial en nuestra civilización. ¿Por qué?

P: ¿La eutanasia también le parece «fruto de la comodidad»?

R: Evidentemente, es más cómodo matar a la persona que te molesta en casa que mantenerla hasta el último momento.

P: Pero la eutanasia es una decisión personal y usted acaba de abogar por el valor de la libertad…

R: En la práctica, en la ley de Holanda lo que se produce es la eliminación del ser más desprotegido, aquel que tiene 40 o 50 años y síndrome de Down, ése es el centro de la eutanasia. En Gran Bretaña se rechazó la ley de la eutanasia porque se movilizaron los discapacitados, que temieron por sus vidas.

P: ¿Por qué cree que existe una «ideología de género»?

R: El género no puede sustituir al sexo. Hay una frase bíblica que dice «Dios creó al hombre y a la mujer». Tú no puedes decidir el género cuando a ti te apetezca. No puedes ser hombre hasta los 15 años y luego, si lo decides, te haces mujer. Eso trastoca la naturaleza de la persona. Si tienes otras inclinaciones, te respetamos, pero no modifiques sustancialmente un pilar de nuestra sociedad.

¿Libertad sexual o explotación sexual?, de Rosa Cobo, escritora y profesora de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña

En estos últimos 50 años se ha creado un marco interpretativo y una lógica de análisis con el objetivo de definir los lugares y las dimensiones de la violencia machista y, más concretamente, de la violencia sexual. La lógica de este proceso analítico y político ha conducido a la pornografía, la prostitución y los vientres de alquiler como formas brutales de violencia patriarcal. Este marco teórico sobre violencia patriarcal en el que la pornografía y la prostitución ocupan un lugar estratégico para la reproducción del sistema patriarcal está respaldado por la realidad, como muestra el hecho de que España sea uno de los países europeos con mayor demanda de prostitución y la industria del sexo el segundo o tercer negocio internacional en términos de beneficios en el marco de las economías ilícitas.

Sin embargo, el sector hegemónico del 8M ha excluido estas formas específicas de violencia del marco interpretativo de la violencia. ¿Cómo se puede pretender excluir del mapa vindicativo feminista la prostitución y la pornografía como si nada tuviesen que ver con la violencia patriarcal? ¿Esas maquilas del sexo a las que acuden escuadrones de varones a acceder sexualmente a cuerpos de mujeres que no les desean pueden ser tematizadas como no violencia contra las mujeres? ¿Cómo es posible que quienes se definen como anticapitalistas no identifiquen los intereses económicos que articulan la industria de la explotación sexual? Es tan absurdo excluir la pornografía y la prostitución del marco de la violencia como negar que las maquilas son el resultado de la deslocalización que impone el capitalismo neoliberal para incrementar sus beneficios a expensas de poblaciones empobrecidas.

Esta confusión extrema que consiste en conceptualizar como libertad sexual lo que es explotación sexual hace necesario buscar el origen de semejante equívoco. Para ello hay que ir a los años setenta del siglo XX, donde se encuentran las raíces de una confusión que tiene atrapada a una parte de la izquierda y también a un pequeño sector del feminismo. En efecto, la nueva izquierda del 68 propuso introducir la liberación sexual en su agenda política. Su propuesta de debilitar los estrictos códigos que gobernaban la sexualidad de hombres y mujeres solo podía terminar en la exaltación de la libertad sexual. Pero ¿para quién era esa libertad? La nueva izquierda creía en la dimensión liberadora de la libertad sexual, mientras las feministas radicales analizaron esa reclamación como un acto de poder que fortalecía la libertad de los varones y añadía malestar a las vidas de las mujeres. Un poco más tarde, en 1982, Gail Rubin escribió un texto en el que exigía justicia para las minorías sexuales y donde no distinguía en términos de opresión entre proxenetas y prostitutas. Este análisis, aquejado de un profundo déficit normativo, ha calado con gran fuerza en sectores minoritarios del feminismo y quizá en otros no tan minoritarios de la izquierda y ha tenido como consecuencia la defensa de cualquier disidencia sexual, incluso aquellas que son opresivas para las mujeres. No tiene los mismos efectos la reclamación de libertad sexual para quien está en una posición de subordinación que para quien está en otra de dominio. No es lo mismo ser una mujer prostituida que ser un putero.

El gran argumento político que utilizan las defensoras de la exclusión de la prostitución de la agenda feminista se apoya en la idea del consentimiento. Si las mujeres que están en prostitución lo hacen ‘libremente’, debemos defender la prostitución como un acto de libertad de las mujeres prostituidas. ¿En qué momento la izquierda que se reclama feminista ha abandonado la crítica a las estructuras de poder y la ha sustituido por el consentimiento de los oprimidos? ¿Desde cuándo el consentimiento de los oprimidos legitima la opresión? ¿Alguna izquierda puso en duda la legitimidad política del movimiento obrero porque muchos trabajadores no cuestionaban el poder de los patronos y no seguían las huelgas? ¿Debemos renunciar a pronunciarnos políticamente sobre la energía nuclear porque los trabajadores de las centrales nucleares no quieren el fin de una energía que les proporciona un salario? ¿Qué retorcimiento ideológico ha podido llevarnos a ver la explotación sexual como libertad de elección? ¿Qué les pasa a sectores de la izquierda y a algunos grupos que se autodefinen como feministas para haber llegado al punto de excluir la explotación sexual de la agenda feminista?

Las acusaciones de algunos sectores del 8M de que el abolicionismo de la prostitución es un caballo de Troya que tiene como objetivo destruir ese movimiento no han entendido la prostitución como uno de los fenómenos patriarcales más dolorosos en la vida de las mujeres prostituidas. En mi opinión, esos sectores han cometido tres errores: el primero ha sido confundir la explotación sexual con la libertad sexual; el segundo, utilizar el funcionamiento orgánico como excusa para excluir esa violencia de la agenda feminista del 8M. La crítica al abolicionismo en nombre de un procedimiento democrático que no respetan las feministas abolicionistas es un recurso muy antiguo. La nueva izquierda norteamericana no quiso discutir en su Conferencia Nacional por la Nueva Política, en 1967, las vindicaciones feministas por cuestiones de procedimiento. Esto hizo que ellas llamaran a la secesión como ya habían hecho anteriormente los negros. Este es el origen de las Mujeres Radicales de Nueva York, corazón del primer feminismo radical. Las mujeres que militaban en las filas de la nueva izquierda comprendieron que la defensa del procedimiento era una excusa para dejar fuera sus vindicaciones. ¿Aviso para navegantes? Y el tercero es torpedear las promesas de consenso y unidad del 8M.

El otro argumento que he visto repetidamente utilizado es el de que esto es un ataque planificado de las feministas del PSOE ‘y otros grupúsculos de izquierda’, quizá ‘tontas útiles’ de las socialistas, para romper el 8M porque a estas últimas les resulta inaceptable no tener la hegemonía de este movimiento a manos ahora de sectores feministas de Podemos. No tengo duda de que los partidos de izquierdas quieren tener influencia sobre el movimiento feminista. Tiene mucha lógica porque el feminismo es ahora mismo el movimiento social que tiene mayor capacidad de movilización en las calles y que atesora mayor legitimidad política. Sin embargo, me parece una excusa muy poco consistente para justificar la exclusión de la prostitución de la agenda del 8M. Hoy todas las ciudades españolas tienen organizaciones abolicionistas que no hacen otra cosa que crecer y en algunas provincias el 8M se ha declarado abolicionista. ¿Por un momento se puede creer que las mujeres eligen con libertad la prostitución? ¿Sentir cuerpos llenos de sudor y mal olor, penetrándote por todos los orificios, sin preguntar qué te gusta y disponiendo de tu cuerpo con el poder que da el dinero es un acto de libertad? ¿Será por eso que en las sociedades que acceden a mayores niveles de igualdad se produce la casi desaparición de mujeres autóctonas en la prostitución? El problema no son las abolicionistas del PSOE, el problema es que las feministas de los partidos de izquierdas no comprendan que la prostitución es mercantilizar los cuerpos de las mujeres.

Este error de análisis de un sector hegemónico del 8M está teniendo consecuencias no deseadas. La primera de ellas es el enorme malestar político que están produciendo en el amplio sector abolicionista que milita en esa organización. Este empecinamiento que le impide explorar el malestar de las mujeres que están en prostitución; esta sordera que les impide oír a las mujeres supervivientes de explotación sexual; esta ceguera que no les permite ver que las mujeres que están en prostitución cada vez son más jóvenes –en muchos países son niñas- está contribuyendo a romper los puentes entre diversas posiciones feministas. Ese es el auténtico caballo de Troya y no puedo dejar de preguntarme a quién beneficia la exclusión de la prostitución del 8M.

La teoría monetaria moderna y la sorpresa positiva de España, de Juan Laborda


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Is there no alternative?, de Mar Jiménez, miembro de Barcelona en Comú, economista y periodista

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La teta: ecológica y anticapitalista, de Esther Vivas

Dar la teta puede considerarse una práctica subversiva y anticapitalista, ya que se sitúa fuera del mercado y al margen del sistema capitalista. Lo teoriza la antropóloga Ester Massó en varios de sus trabajos. La criatura que lacta no paga por ello, la mujer que amamanta no espera cobrar, todas esas madres que donan su leche a un banco de leche para que otros recién nacidos puedan alimentarse lo hacen sin querer ni pedir nada a cambio. Aquí, reside la esencia antisistema de la teta.

… Además, dar el pecho requiere tiempo, calma y tranquilidad. Valores antagónicos al capitalismo. De hecho, uno de los principales problemas con los que se topa la lactancia materna exclusiva, recomendada por la Organización Mundial de la Salud hasta los seis meses, son las ridículas y escasas 16 semanas de baja por maternidad en el Estado español, de las más cortas en Europa.


Tonterías selectas

16/02/2019

Todos somos taxistas, de Esther Vivas

Lo contrario al feminismo es la ignorancia, de Octavio Salazar

Debemos empezar este viaje dejando claro lo que significa ser hombre o ser mujer: es una construcción social y cultural. Es decir, más allá de las diferencias biológicas que existen entre chicas y chicos, es la sociedad en la que vivimos la que, desde que nacemos, nos lanza mensajes que nos indican cómo debemos actuar en función de que nos pongan la etiqueta de hombre o mujer.

… lo que es el género: el conjunto de factores sociales y culturales que condicionan nuestra identidad como sujetos y que acaban teniendo importantes consecuencias no solo en nosotros mismos, sino también en cómo nos relacionamos con hombres y mujeres. El género no tiene nada que ver con la biología.

… Beauvoir explica, además, cómo la mujer no nace, sino que se hace. Es decir, que lo que significa ser mujer es una construcción social, política y cultural.

… En otra de las obras clásicas del feminismo, Política sexual (1970), Kate Millett dejó claro que el patriarcado es un sistema de opresión basado en el género. Es decir, se trata de un sistema basado en tres pilares: una división del trabajo entre las tareas que se consideran masculinas y las que son femeninas; los estereotipos, que son los modelos de hombre y de mujer a los que tenemos que ajustarnos; y los discursos políticos, religiosos y científicos que sirven para justificar la desigualdad del sistema.

… no faltan opiniones que cuestionan que el género pueda ser una categoría científica y se refieren a él como una ideología, es decir, como si fuera una propuesta politizada o que tiene que ver con una determinada orientación política. Nada más lejos de la realidad: el género es una perspectiva que nos obliga a mirarnos y a mirar la realidad de acuerdo con las normas sociales que nos dictan lo que significa ser hombre y ser mujer. Es por tanto una perspectiva esencial para entendernos y para entender el mundo, y sobre todo para tener muy claro cómo y por qué las mujeres continúan siendo la mitad discriminada del planeta.

… es esencial que sobre todo las y los más jóvenes crezcáis teniendo referencias de cómo mujeres y hombres son brillantes por igual en todos los ámbitos.

El chollo, crecer sin repartir, de Joaquín Estefanía

Hombres apoltronados en el patriarcado, de Juan Jesús Aznarez

Hacia la huelga feminista 2019: Documento de la Comisión 8 de marzo del movimiento feminista de Madrid


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Por amor, de Barbijaputa

Ana Requena Aguilar entrevista a Brigitte Vasallo: “La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor”

… aterriza en Madrid para criticar los discursos fáciles sobre el amor y politizar el sexo y los afectos.

Creo que una de las razones de que el deseo haya quedado fuera de la toma de decisiones es que ha quedado previamente fuera de los espacios de politización porque tradicionalmente se trabajaba sobre las cuestiones ‘importantes’ en términos patriarcales, como la economía. Nuestra afectividad es importante y lo atraviesa todo, hay que ponerla de manera política sobre la mesa.Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?

Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

… Si te fijas estos estudios científicos tienden ir a reforzar lo hegemónico. No he leído artículos de resonancia que digan que lo normal es el lesbianismo, o que el capitalismo no es natural. Son conclusiones racistas también, porque hay muchos grupos humanos que no tienen relaciones exclusivas, entonces, ¿qué decimos?, ¿que esos grupos son genéticamente diferentes o inferiores? Viene a reforzar la tesis de la antropología que venimos arrastrando, que la familia heterosexual, burguesa, eurocéntrica es lo normal y lo demás son atrasos.

En el momento en que se impuso la monogamia de forma sistémica -porque la monogamia no es una práctica, es un sistema-, es decir, el momento en que otra posibilidad de vida desapareció, fue el momento de la implantación del capitalismo y de la primera expansión colonial y genocida de Europa. Todos estos sistemas van construyéndose juntos. Pensar que la familia nuclear es una forma superior de relación también hace pensar que esta forma cultural que genera esta familia también es superior.

P: Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?

Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

Expertos en bioética de la UB rechazan legalizar los vientres de alquiler

… esta práctica “genera muchas dudas sobre los derechos de la gestante y la situación de explotación de las mujeres ya que las trata como instrumento”, ha dicho la directora del Observatorio y catedrática UNESCO de Bioética de la UB, María Casado.

… Casado ha dicho que los motivos por los que ahora hay algunos grupos políticos que quieren regular la maternidad subrogada es porque “mueve mucho dinero” ya que, en la práctica, “hay muchas más personas que quieren tener hijos de este modo que mujeres que quieran ser gestantes”.

En referencia a aquellas posiciones a favor de los vientres de alquiler cuando es gratis, Casado ha afirmado que “simplemente es una manera de abaratar costes para los comitentes, ya que quien sale perdiendo es la mujer gestante”. La profesora también ha alertado sobre “la mentalidad neoliberal que hace pensar que todo lo que queremos podemos tenerlo, sobre todo cuando pagamos dinero”.

En esta línea, el profesor de Filosofía del Derecho Manuel López ha explicado que “los derechos no existen, los derechos se reconocen, y aunque haya el derecho y deseo a formar una familia no significa que sea a cualquier costa y legalizando la maternidad subrogada”. López también ha destacado que la gestación subrogada no puede ser tratada como “una relación mercantil ya que hay un vínculo afectivo entre la madre y el niño que no puede estar sujeto a contratos”.