Recomendaciones

27/11/2018

Thomas Hazlett interviews Thomas Sowell in Reason Magazine

Leon Kass’s Mistaken View of Science, by Larry Arnhart

El liberalismo y el poder, de Juan Ramón Rallo

Stubborn Attachments, by Robin Hanson

Theorists Debate How ‘Neutral’ Evolution Really Is, by Vivian Callier


Tonterías selectas

27/11/2018

El ‘Brexit’ es una bendición, de José García Domínguez

Si algo nos ha enseñado la Gran Recesión de 2008 es que Europa no puede seguir morando por más tiempo en este limbo a medio camino entre la integración y la desintegración donde ahora nos encontramos varados. Hay que dar zancadas, y ya, urgentes, hacia la unión fiscal y bancaria. También para la tan denostada unión de las transferencias.

… los mercados modernos son mucho más que lonjas invisibles donde comprar y vender. Necesitan infraestructuras logísticas y de comunicaciones, que son fruto de costosas inversiones públicas. Y también normativas de protección de los derechos intelectuales y de propiedad en general. Y bancos centrales que eviten los pánicos financieros. Y legislación para defender a empresarios y consumidores contra el poder abusivo de los actores económicos que ponen en peligro la competencia. Y sistemas de protección social que legitimen ante la comunidad la desigualdad final en la distribución de la renta. Los mercados necesitan regulación e instituciones a fin de poder funcionar y ser eficientes. De ahí que los mercados que de verdad funcionan no resulten ser creaciones espontáneas, mónadas independientes surgidas de la nada, sino estructuras insertas dentro de instituciones sociales más amplias que los trascienden.

Neoliberalismo: del Totalitarismo Invertido al Fascismo (II), de Juan Laborda

Esclavas, de Lucrecia Hevia

La prostitución es tan antigua como la Historia. “El oficio más antiguo del mundo”, se suele decir siempre. Y siempre se ha considera una práctica asumible por la humanidad; es más, hay más de una narración y más de dos donde se le da un halo de importancia y glamour que no tiene. Ofrece sin duda beneficios: económicos sobre todo para los que mandan, no para las prostitutas. Y por supuesto, ventajas para el poder masculino que es el beneficiario principal de esta práctica.

¿Por qué con la esclavitud la sociedad lo ve con tanta claridad y con la prostitución no? Por más que mejoremos las condiciones de las mujeres que ejercen la prostitución no pueden ser consideradas un sector económico y un sector laboral, como no podían serlo tampoco los esclavos. ¿Por qué? Porque la sumisión social de las mujeres frente a los hombres es la base de la prostitución, y esa sumisión es la base de una sociedad donde siempre hemos sido ciudadanas de segunda clase, mentes débiles que deben ser tuteladas. Porque no puede haber una especialidad laboral cuyo objetivo sea dar placer a los hombres, convirtiéndonos, una vez más, en objetos. No somos las trabajadoras, somos la mercancía. Como lo eran los esclavos, comprados y vendidos, bien o mal tratados.

Y si somos mercancía, dejamos de ser personas. Y no hay nada como despojar de humanidad a una persona para poder convertirlo en esclavo. Que se lo digan a los nazis, tal y como lo explica Primo Levi en su trilogía sobre el Holocausto. Aquello lo aprendieron rápido. Por eso hay que pelear por todas y cada una de las mujeres prostituidas, y al mismo tiempo, como dice Rosa Cobo en su artículo Claves para un análisis feminista de la prostitución, poner “en tela de juicio la estructura de subordinación y explotación sexual que subyace a la prostitución”.

La sociedad en la que vivimos llegó a convertir en inaceptable que se esclavizara a las personas. Va siendo hora de que la sociedad no se ponga de perfil en este asunto, no mire los prostíbulos de las carreteras como si fueran parte del paisaje, y tenga claro que también es inaceptable que exista la prostitución. Por eso #soyabolicionista.

New Study Reveals Surprising Truths About Conspiracy Theories, by Joe Martino of Collective Evolution (at LewRockwell.com)

Nos toca mover ficha a los hombres: hacia los “nuevos pactos por la igualdad”, de Carles Fons, miembro del colectivo ‘Homes Valencians per la Igualtat’


Los problemas del objetivismo (video)

25/11/2018

Los problemas del objetivismo (video), conferencia en el Congreso de Economía Austriaca (2018) del Instituto Juan de Mariana.


Tonterías selectas

25/11/2018

El porqué de la violencia machista: el dominio y la sumisión descansan sobre los estereotipos construidos, de Pilar López Díez

Sayak Valencia, filósofa autora de ‘Capitalismo gore’: “Los sicarios obedecen las lógicas del neoliberalismo y el mandato del machismo”

A los hombres les toca mover ficha, de Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE

Un país digno no puede aceptar que las mujeres sean asesinadas, que no se sientan seguras, que estén amenazadas. Un país digno no puede permitirse que la mitad de la población sea susceptible de sufrir una violencia terrible que elige a sus víctimas solo por ser mujeres. No podemos aceptar que, trabajando igual, las mujeres cobren un 22% menos. No podemos aceptar la ausencia de mujeres en los espacios de poder al tiempo que siguen sobrerrepresentadas en la responsabilidad de los cuidados y trabajo doméstico. En definitiva, no podemos hablar de libertad si existe violencia contra la mitad de la población de un país. Sin libertad, sin igualdad y sin la seguridad de las mujeres no podemos hablar de una sociedad plenamente democrática.

Y, si queremos ser un país digno, tampoco podemos aceptar que los hombres, la otra mitad de la población, no esté movilizada en la lucha por la igualdad. La violencia machista es un problema de los hombres que afecta a las mujeres. La violencia es masculina y resulta obvio decir que necesitamos que los hombres tengan un papel activo en la lucha contra la violencia machista. Necesitamos que cada ciudadano se sienta interpelado. El discurso social de la igualdad es mayoritario y son mayoría los hombres que dicen estar a favor de la igualdad. Sin embargo, esto no se transforma en ilusión, ganas y empeño por participar activamente en este proceso de cambio que pasa necesariamente por la renuncia a sus privilegios masculinos. Ha llegado el momento en el que a los hombres les toca mover ficha e iniciar su propia revisión de género individual y colectivamente. El feminismo les ofrece las suficientes herramientas para ello. La recompensa es compartir una sociedad más justa y digna.

… Debemos remover las ideas y creencias machistas que perpetúan la cultura de la violación que nos despoja a las mujeres de deseo y emociones propias representándonos socialmente como objetos para satisfacer deseos de los otros. Esta cultura de la violación consiente y minimiza la violencia sexual que las mujeres sufrimos y que cercena nuestra libertad sexual. Sirva como ejemplo los discursos y las sentencias que hemos escuchado y leído esta semana con absoluta indignación y que ponen en cuestión la credibilidad de la voz de las mujeres cuando decimos ¡NO!

Hombres, mentiras y otras excusas de compañía, de Violeta Assiego

Manila, ciudad de Albert Rivera, de Guillem Bou Bauzá


Recomendaciones

23/11/2018

The Present Phase of Stagnation in the Foundations of Physics Is Not Normal, by Sabine Hossenfelder

Así manda una de las pocas hembras dominantes del mundo animal, de Daniel Mediavilla

Los límites de la eutanasia: ¿qué nos cuentan los países donde es legal?, de Esther Samper

Es imposible echar a un funcionario en España

‘Doce reglas para vivir’: el libro de autoayuda que cita a Jung y condena el comunismo, de Daniel Rodríguez Herrera


Tonterías de Mario Bunge contra la psicología evolucionista

23/11/2018

Tonterías de Mario Bunge contra la psicología evolucionista. Extraídas de este artículo que cita su libro Filosofía de la psicología. Muestra grave incompetencia y/o deshonestidad intelectual.

Casi todas mis críticas a la hipótesis modular de Fodor se aplican también a la de Pinker (1994), quien postula que el módulo lingüístico es institutivo. La única diferencia importante entre Pinker y Fodor es que aquél admite que la mente es lo que hace el cerebro. Pero, pese a afirmar esta hipótesis materialista, Pinker no hace uso de la neurociencia cognitiva. En cambio, adopta la tesis central de la psicología informática*, según la cual todo pensar es calcular (y a las emociones que se las lleve el diablo). Para peor, Pinker (1997) ha tragado ingenuamente el mito del gen egoísta, propuesto por el divulgador Richard Dawkins, y según el cual todo cuanto pensamos y hacemos está programado en nuestros genes, lo que obviamente excluye la espontaneidad y la creatividad. También ha tragado acríticamente las fantasías de los psicólogos evolutivos de moda, en particular Leda Cosmides y John Tooby, según quienes nuestra mente fue “diseñada” por la selección natural para hacer frente a los problemas prácticos que enfrentaron nuestros antepasados remotos. Evidentemente, estas fantasías “explican” cualquier cosa menos el hecho de que la evolución humana durante los últimos 50, 000 años ha sido jalonada por incontables inventos conceptuales, técnicos, artísticos, mitológicos, sociales, etc. Otro escritor popular, Daniel Dennett (1995), ha adoptado las mismas fábulas, además de fabricar su propio mito, el de que la evolución biológica procede en forma algorítmica. (Véanse críticas adicionales en Dover 2000, Lewontin 2000, y Mahner y Bunge 2000). (Bunge y Ardila, 2002, pp.106).

La psicología evolutiva se ha puesto de moda en tiempos recientes (véanse Barkow, Cosmides y Tooby, 1992; Dennett, 1991; Pinker, 1997).

Desgraciadamente, su versión popular funda sobre una idea equivocada de la evolución y consiste en especulaciones fantásticas. Aquélla es que el único mecanismo evolutivo es la selección natural, y que ésta solo selecciona las características adaptativas, eliminando las que carecen de valor de supervivencia. Esta opinión, llamada “adaptacionismo”, es errada, porque los organismos de todas las especies tienen características no adaptativas, tales como las muelas del juicio, y otras que no son favorables ni desfavorables, tales como el color de los ojos.

La evolución biológica no se caracteriza tanto por la adaptación como por la reproducción: las variedades más existosas de una especie son las de mayor fertilidad (o adaptación darwiniana). En segundo lugar, todos los animales, en particular los vertebrados superiores, modifican sus ambientes además de adaptarse parcialmente a ellos. Por algo el ser humano ha sido descrito como Homo faber. En tercer lugar, la evolución social tiene que haber enido tanto peso como la natural en la evolución de las capacidades mentales. Baste pensar en el lenguaje como herramienta de comunicación así como de pensamiento.

En cuanto a las especulaciones fantásticas de los presuntos psicólogos evolutivos, las principales son las de que a] todo “órgano mental” está “diseñado” para resolver problemas específicos, y b] que nuestra mente fue forjada durante el periodo del Pleistoceno (hace unos 50, 000 años), para resolver los problemas prácticos creados por ese medio. Si estas hipótesis fuesen verdaderas, seríamos incapaces de enfrentar problemas nuevos y de forjar el futuro: nos extinguiríamos por creer que todavía vivimos en el Pleistoceno. Pero de hecho la mayoría de los seres humanos vivimos hoy en un ambiente artificial, en el que tenemos que vérnoslas con automóviles y comerciantes deshonestos antes que con leopardos y colegas recolectores y cazadores. Además, la idea del “ambiente del Pleistoceno”, como si fuera un medio uniforme y constante, es ecológicamente ridícula: todo ambiente natural es variado y cambiante.

Esto no es todo: la presunta psicología evolutiva de hoy tiene una respuesta única a todos los problemas posibles: todo lo que pensamos, ansiamos y odiamos sería mero producto de la selección natural, como si fuésemos incapaces de inventar y de seleccionar artificialmente. Como dice Gabriel Dover (2000, p. 46), en manos de esos fantasistas la selección natural se ha convertido en “el cortaplumas del Ejército Suizo de la biología: una solución universal en busca de problemas”. (Véanse críticas adicionales en Grantham y Nichols, 1999; Lewontin, 2000).

La psicología evolutiva, el proyecto iniciado por Darwin en 1871, está aún en su etapa protocientífica. Para peor, este proyecto ha sido secuestrado por un grupo de escritores de fantaciencia, que van a desacreditarlo. Es hora de que el proyecto de Darwin sea tomado en serio por los investigadores en neurociencia cognitiva. Pero para que esto ocurra habrá que empezar por superar la psicología informática y, en particular, la tesis de que los cerebros son computadoras, la que a su vez presupone que carecen de pasado anterior a 1946, fecha de nacimiento de ENIAC, la primera computadora electrónica.

Por último, las estrategias de investigación están destinadas a ser poderosamente influidas por la adopción de una perspectiva evolucionista. De esta suerte, dado que los seres humanos y las ratas tienen antepasados comunes, la psicología de la rata tiene mucho que decir acerca de la naturaleza humana. Por el contrario, puesto que los seres humanos y los ordenadores no tienen antepasado común, la ingeniería de la información no tiene nada que decirnos acerca de la naturaleza humana. Únicamente un extremado desdén por la biología evolucionista pudo hacer posible la creencia de que el estudio de las máquinas podían ser más útil a la psicología humana que el estudio de las personas y sus parientes en la evolución. Y tan sólo una firma convicción de que el aprendizaje está libre de “constricciones biológicas” -y de que, por tanto, ha de haber sido el mismo desde el surgimiento de los primeros organismos capaces de aprender- pudo haber llevado a los conductistas a buscar exclusivamente los aspectos comunes de las pautas de aprendizaje de diversas especies y a pasar por alto la advertencia etologista de que las diferentes especies podían aprender de diferentes maneras (Bitterman, 1975, 1984). (Ibíd, pp. 170-171).


Tonterías selectas

23/11/2018

Organizar la vida en común en el Antropoceno, de Yayo Herrero

¿Debe seguir en manos privadas la creación del dinero?, de Antonio Quero

Los jueces de La Manada vuelven a ser manada, de Barbijaputa

El artículo más inquietante del año revela el lado oscuro del capitalismo, de Héctor G. Barnés

Las traiciones al liberalismo: el monstruo que alimentó puede acabar con él, de Esteban Hernández

En ese escenario, el liberalismo más razonable va a sufrir enormemente. Parte de sus integrantes están pasándose al populismo de derechas, si es que no formaban parte de él ya: como decía Garrigues Walker en una reciente entrevista, muchos neoliberales están más cerca del fascismo que de la ideología que decían defender.

No es extraño que, ante la magnitud del desafío, el ámbito liberal esté comenzando a tomar en serio el problema de la desigualdad. Garrigues subrayaba cómo la diferencia de recursos entre las clases sociales de Occidente es el gran problema que desestructura el sistema, y Alicia García Ruiz lo señalaba unos días antes en su columna de El Confidencial, en la que afirmaba la urgencia de “reactivar un liberalismo igualitario o un igualitarismo liberal”.

… Si el liberalismo está perdiendo pie, es a causa de movimientos que abogan por un capitalismo sin democracia y cuyo motor es la desigualdad: cuando las sociedades se deterioran y cuando los perdedores son muchos, el deseo de cambio se multiplica. Occidente lo va a tener, y caben dos posibilidades. La primera es la corrección de las causas vía nuevas políticas económicas redistributivas, que los liberales como Garrigues denominan “nuevo pacto social”; la otra son los regímenes fuertes que abogan por saltar por encima de las instituciones y que nos conducirán al bonapartismo. Desde este punto de vista, la corrección de la desigualdad es una necesidad sistémica. No es extraño, pues, que el liberalismo más razonable apueste por solucionar el problema, un espacio en el que bien puede coincidir con la socialdemocracia occidental.

La segunda perversión la representa bien el liberalismo a lo Rallo, y su artículo contestando al de García Ruiz es buen ejemplo. Rallo puede defender un referéndum de autodeterminación de Cataluña, o la legalización de las drogas, y tampoco pondrá ningún problema en lo que se refiere a cuestiones culturales o religiosas. Y es uno de los economistas más combativos en lo económico. Es liberal en todo, salvo en una variable esencial, la del poder. Desde su punto de vista, la principal tarea de su ideología es reducir al máximo la presencia estatal, de forma que el Estado realice únicamente funciones muy limitadas (como el orden público) y a partir de ahí florecerá una sociedad mucho más libre y justa. Pero al reducir la cuestión del poder al político, olvida algo esencial. Si una doctrina como la liberal tiene sentido, en tanto defensa de la libertad del ser humano, es porque trata de limitar al máximo las interferencias en nuestras vidas. Y hoy, el principal núcleo de poder es el económico, cuya capacidad para determinar gran parte de nuestras opciones vitales es inmensa.

Puede que critiquemos al Estado chino por el control a que somete a sus nacionales, pero nosotros estamos permanentemente bajo el escrutinio de empresas que recogen datos sobre nuestro comportamiento, acerca de los lugares por los que transitamos, respecto de nuestras preferencias y de nuestras interacciones personales, y son firmas privadas quienes los utilizan en su beneficio, a veces con nuestro conocimiento, otras sin él. Vivimos en mercados monopolísticos u oligopolísticos en muchos sectores esenciales, como la energía o las telecomunicaciones, lo cual genera mercados cautivos de los que es fácil extraer rentas. Los monopsonios son cada vez más frecuentes, las posibilidades de proveedores y empresas auxiliares para negociar condiciones de funcionamiento son cada vez más limitadas, los pequeños negocios y los autónomos están pauperizándose, y qué decir de los asalariados. El capitalismo financiero, el rey hoy, perturba profundamente la economía productiva, además de jugar a hacer apuestas arriesgadas cuyas quiebras afrontamos los ciudadanos. Y las empresas tecnológicas, soportadas por grandes inversiones durante mucho tiempo deficitarias, en general hasta que expulsan del mercado a los viejos competidores, están empeorando esta situación.

Cualquier liberal debería rebelarse contra esta situación, precisamente porque está en el centro de su ideología. No es generalmente así, y se trata de una dimensión que casi nunca toman en cuenta. En su versión de izquierdas, el poder reside en el hombre blanco, machista, racista y xenófobo; en la de derechas, en los políticos. Por alguna razón, esta enorme concentración de riqueza e influencia no parece ser un problema y tratar de modificar esa relación es un ataque a la libertad.

Este es el centro del asunto, ya que de aquí nace la desigualdad: de la posición tan débil que tiene el individuo frente a esta clase de poder. Por eso no se puede entender el liberalismo reduciéndolo a la lucha contra el Estado ni tampoco recurriendo a un impulso ético que limite los desmanes. No se trata de meros impulsos egoístas, como si en las simples patologías individuales residiera la explicación última de las disfunciones sistémicas. No es eso, sino toda una arquitectura organizacional dispuesta para explotar las posiciones más débiles en la red del mercado. Fernand Braudel lo explicaba de un modo nítido cuando diferenciaba economía de mercado de capitalismo.

Pero también podemos recurrir a Claude Lefort, como hace García Ruiz, y a la precisa y concluyente lectura que hace de Maquiavelo, para entender que cuando hablamos de redistribución, lo hacemos de un balance entre el deseo de los grandes de aumentar su poder y el del común de los ciudadanos de no dejarse dominar. De ese juego de fuerzas y del equilibrio entre ellas depende la estabilidad de las sociedades y la duración de los sistemas políticos.

Pero el liberalismo está traicionando su espíritu, convirtiéndose en un mero instrumento ideológico del poder real, y su penitencia consiste en estar sufriendo aquello que alimentó: la reducción de sus ideas a una versión puramente económica y adulterada de sus preceptos, librada ya de los contrapesos institucionales. Por eso el liberalismo razonable hace bien en poner en juego otro tipo de visión, favorable a la redistribución, que permita que la libertad sea efectiva. Porque en situaciones de mera subsistencia, reina la necesidad, no la libertad: la democracia solo es posible cuando sus ciudadanos se hallan en condiciones materiales de elegir. Entender esto, en el momento histórico que vivimos, es esencial para que el liberalismo no sea fagocitado por los hijos que creó.