Tonterías selectas

Entonces, ¿vamos a escuchar a las prostitutas?, de María Pérez Segovia, cofundadora del colectivo feminista ‘Las Quijotas’

A los compradores de bebés: no somos vasijas y la genética nos avala, de Henar Álvarez

… lo que están haciendo es explotar el cuerpo de una mujer y comprar un ser humano.

Quiero dejar la cuestión ética a un lado, ya he vivido lo suficiente como para comprender que el ser humano es absolutamente despreciable… Creer que un ser humano que se ha desarrollado en el interior de una mujer durante nueve meses, que lleva su carne y su sangre, no tiene ningún lazo con ella, es desconfíar mucho de la naturaleza y confiar demasiado en el capitalismo.

Les recomiendo a quienes consideran que podemos hacer exclusivamente funciones de horno que empiecen a leer sobre epigenética…

… Su verdadera madre, esa que le gesta y le trae a este mundo con el sudor de su frente, esa a la que sus pechos se llenan para alimentar al ser al que acaba de dar la vida, también interviene en su expresión genética.

… La gestación no se puede subrogar. Nadie puede gestar en el lugar de otra mujer. Como nadie puede comer o mear por otra persona. Si esto realmente fuera así, no existirían paquetes que permitieran escoger el sexo del bebé o que te devolvieran el dinero si el niño no nace sano. Una mujer que quiere ser madre y que ha sentido cómo ese niño ha crecido en su interior y que ha tenido que parirlo, no lo repudiaría porque fuera de un sexo u otro, ni permitiría que lo llevaran a un horfanato si nació con alguna anomalía, ni lo dejaría morir solo en el hospital porque llegó a este mundo gravemente enfermo. Todo esto son historias reales, aberraciones del sistema capitalista que permite que se encarguen seres humanos a medida como si fuesen muebles.

No sé hasta qué punto alguien a quien no le importa entrar a un paritorio a cortar el cordón umbilical, y no cederle ese primer abrazo a la mujer que ha dado la vida a un recién nacido, cumple con los requisitos para ser padre y criar con humanidad a otra persona. No me extrañaría que muchos de esos niños busquen a sus madres cuando sean mayores. Aunque ahora sus compradores quieran negarlo, llegará un momento en que tendrán que rendirse a la evidencia de que la sangre tira. Quizás en un futuro veamos en la televisión reportajes como los de los niños robados y entonces nos echaremos las manos a la cabeza. ¡Viva la madre que me parió! O la que de verdad fue generosa y me adoptó.

¿Es esto lo que queremos, una ley garante para los proxenetas?, de Mabel Lozano

La gran crisis social urbana en España, de Vicenç Navarro

La próxima crisis patafísica del capitalismo, de Juan Antonio Molina

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