Recomendaciones

27/07/2018

James M. Buchanan y la Escuela de la Elección Pública, de Adrián Ravier

La ética del capitalismo: las virtudes burguesas según Deirdre MacCloskey, de Santiago Calvo

Restrictionists Are Abusing Milton Friedman: What the late, great libertarian economist really said about immigration and welfare, by Shikha Dalmia

Sorry If You’re Offended, but Socialism Leads to Misery and Destitution, by David Harsanyi

Some Things a Central Bank’s Banker Doesn’t Know About Monetary History, by Larry White


Tonterías selectas

27/07/2018

La mala salud es muy saludable para la industria farmacéutica, de Anita Botwin

Todo sigue igual o tal vez peor, de Xavier Caño y Ángel L. del Castillo, miembros de ATTAC

¡La Casa Invisible se queda! Contra la ciudad obediente, de Gerald Raunig

El innombrable, de Gabriela Wiener

Eutanasia para los discapacitados, de Víctor Torre de Silva, profesor de IE Law School


Recomendaciones

26/07/2018

The theory of mind myth, by Robert Burton

There Is No Such Thing as Unconscious Thought, by Nick Chater

This Man Says the Mind Has No Depths: Nick Chater argues our brain is a storyteller, not a reporter from an inner world

Christofer Fjellner: “Suecia ha liberalizado su economía, pero ha diseñado mal su política migratoria”

Five of Hayek’s Biggest Ideas: A Study Guide, by Kai Weiss


Tonterías selectas

24/07/2018

“No permitiremos que la distribución de prensa la hagan trabajadores sin seguridad social”

El antifeminismo de Pablo Casado, de María Eugenia Rodríguez Palop

La cobardía de echar a un machista: Google ha hecho mártir a un sexista del montón, de Carlos Otto

La gran mentira de la nueva economía: prometieron innovación y trajeron miseria, de Carlos Otto

Alquileres sociales, editorial de El País


Recomendaciones

23/07/2018

A la derecha del PSOE, de Juan Ramón Rallo

Firm Functionalism, by Bryan Caplan

Así se desmontó la mentira de que el agua tiene memoria que aún defiende la homeopatía

Entrevista a José Miguel Mulet

Beauty is truth, truth is beauty, and other lies of physics, by Sabine Hossenfelder


Tonterías selectas

22/07/2018

Hayek, Pinochet y algún otro más, de Juan Torres López

El cliente ya nunca tiene la razón: así nos timan y consiguen que la culpa sea nuestra, de Héctor G. Barnés

Antología del ditirambo: el ‘top ten’ de los elogios a Mariano Rajoy

Ratifiquen la Carta Social Europea, de Gabriel Moreno González

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho”, reza el primer artículo de la Constitución, aunque bien podría sustituirse por atávicas soflamas dada la aparente inoperancia de algunas de sus adjetivaciones. Las políticas neoliberales de los últimos años, nuestra inserción en una Unión Europea tamizada de ciega creencia en las bondades del libre mercado y la falta de voluntad política, han provocado una verdadera mutación constitucional y desvirtuado, de forma contundente, el apelativo de “social” que recibe nuestro Estado.

… Y es que la Carta es, sin duda, el instrumento más avanzado de reconocimiento de los derechos sociales en Europa. Nacida al calor de la consolidación y triunfo del Estado de Bienestar en los años sesenta, hoy se presenta ante algunos gobernantes del continente como un texto anacrónico, anclado en las viejas concepciones surgidas del gran pacto creado entre el Capital y el Trabajo durante la posguerra mundial. La tan afamada flexiseguridad, la precariedad, la movilidad o la desfragmentación de la clase trabajadora no tienen cabida en un tratado internacional de entre cuyos objetivos destacan el pleno empleo y la seguridad y estabilidad en el trabajo. Por eso mismo, la Carta puede convertirse en un freno a las políticas neoliberales que arrastran al derecho laboral a la Edad Media, donde el patrón se parece cada vez más al amo, y el trabajador, al siervo.

… En un contexto de asimetría entre la formalidad de las constituciones sociales y la ruptura material del pacto Capital-Trabajo que las fundamentaba, de una Unión Europea donde priman las libertades económicas frente a los derechos de los trabajadores, se hace cuanto menos necesaria la reivindicación de los instrumentos jurídicos existentes que pueden ser un freno a la nueva servidumbre laboral del siglo XXI. Insuficiente, desde luego, pero necesaria hasta que seamos capaces de articular no ya defensas frente al neoliberalismo, sino su condena al ostracismo.

El suicidio médicamente indicado, de José Miguel Serrano, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid

Claro que hay razones para suicidarse. De hecho, el hombre, único animal que muere, es también el único que se suicida. Son inútiles las admoniciones morales establecidas desde antiguo y recogidas en los juristas ingleses del XVII: quien se suicida actúa contra el instinto de conservación, contra la Ley de Dios y contra la Ley del Rey. Al tomar su vida, toma algo que no es suyo.

En una reciente caricatura aparece un posible suicida en una silla de ruedas, a un lado una escalera le llevaría al centro de prevención del suicidio, en el mismo edificio una cómoda rampa el permitiría acceder al centro de suicidio asistido. Porque el suicidio no es detenido por el instinto de conservación y se sobrepone a él, las sociedades, en general, han entendido que la disuasión del suicidio es una obligación social, que incluye a todos los sujetos y estamentos. El camino opuesto es la epidemia de suicidios románticos, nihilistas, por el dolor o por el puro agotamiento de la vida sin sentido.

La Eutanasia trastoca el camino cultural, lo invierte, desmonta una a una las barreras de prevención. Ciertamente lo hará supuestamente sólo para unas causas que se encubren bajo lo que se ha llamado el suicidio pusilánime. Esas causas tasadas, muy tasadas según los apologetas, admiten una interpretación extensiva en dos direcciones, por un lado hasta prescindir del acuerdo explícito del eutanasiable, por otro, hacia la ampliación del concepto de vida que no merece vivirse.

Con la labor de zapa, casi diríamos de asalto, del discurso eutanásico contra las barreras, al final poco queda de ellas. Es más termina por moralizar el suicidio en ciertos casos, ante ciertos estados clínicos, tal como antes ocurría con ciertos suicidios de honor, fuese el guerrero ofendido o fuese de la mujer ultrajada.

Si la primera medida antisuicida es no hacerle propaganda, la eutanasia ha tenido una presencia extraordinaria en la vida social, en los medios, y en los debates. Hay apóstoles de esa forma de morir, más bien de que te maten que, lejos de ser sujetos más o menos malditos, están en la cresta de la ola.

Si la primera medida antisuicida es no hacerle propaganda, la eutanasia ha tenido una gran presencia mediática

El temor numinoso ante la muerte y el acto de matarse tienen como antídoto la eutanasia técnicamente dirigida, administrada, incluida en la cartera de servicios.

Se eliminan a su vez otros obstáculos; uno es el temor personal al paso suicida que a tantos retiene por el peso del instinto de conservación. Otros eran la prohibición jurídica y el reproche moral. La eutanasia es un acto autónomo de una autonomía tanática, una autonomía que se pone en marca cuando los engaños de la vida, la supuesta felicidad, el control del dolor, el dominio sobre la enfermedad, la adolescencia perpetua ceden y la vida se manifiesta sólo para unos pocos en toda su crudeza.

Si la sociedad la apoya, si el medio se medicaliza lo que nos quedaría es el afecto cercano y natural de los familiares. No hay que dar el enorme disgusto de matarse. Ciertamente, esto no disuade a un buen número de suicidas pero está presente en las cartas de perdón y despedida.

El obstáculo se disuelve cuanto el acto se describe como un bien para sí y los “seres queridos”. Con un poco de esfuerzo manipulador puede ser incluso un acto solidario que evita costes y sufrimientos.

Emprendida la pendiente, nuestra sociedad suicida tiende cada vez más a una salida suicida o a un suicidio médico que es un homicidio. Años de prevención se dilapidan: “El suicidio más acostumbrado en nuestro tiempo consiste en pegarse un balazo en el alma”, Gómez Dávila.


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21/07/2018

Let There Be More Than Light, by Bjorn Lomborg

Sex and Social Norms, by Arnold Kling

Slavery Did Not Make America Rich, by Deirdre McCloskey

El enigma sin resolver de lo que nos hace humanos, de Javier Sampedro

Analizando (científicamente) a Freud, de José Miguel Mulet