Tonterías selectas

Picasso y los superricos, de Goy Sorman

Los superricos, anónimos en su mayoría, son personas que disponen de fortunas personales difíciles de imaginar porque superan el entendimiento. ¿Cómo han conseguido acumular semejante riqueza? Algunos, pero muy pocos, son empresarios. Bill Gates, por ejemplo, que cada año dona mil millones de dólares para causas humanitarias. Esta suma no hace mella en su patrimonio, sino que representa únicamente el producto de sus inversiones. No obstante, ¿está justificada la fortuna de Bill Gates? Desde el punto de vista de la economía capitalista y de la utilidad social, sí, pero no es legítima. Aunque es justo que a los inventores se les recompense en función de lo que aporten a la sociedad, todos los países limitan en el tiempo los royalties sobre las patentes. Se debería imponer el mismo límite a los empresarios, pero a nadie se le ha ocurrido, y como las empresas mundiales no tienen nacionalidad, los Estados están indefensos tanto ante los abusos de las fortunas como ante los de los monopolios. En el caso de Bill Gates y otros por el estilo por lo menos sabemos de dónde viene el dinero. En el de la mayoría de los demás compradores de arte lo desconocemos, pero lo adivinamos.

Casi todos los superricos son intermediarios o, si queremos verlo desde un punto de vista ético, «parásitos» adosados a las redes de venta de materias primas y de energía y de los flujos financieros. Por tanto, debido al origen geográfico y político de este comercio, los superricos son rusos, chinos, nigerianos, angoleños, estadounidenses, qataríes y saudíes. A cada superrico le basta con cobrar una pequeña comisión por el negocio del petróleo o por sus inversiones financieras para amasar enormes fortunas en su propio beneficio. Por lo tanto, la superriqueza es inmoral porque estos intermediarios no crean nada. Me objetarán que la economía no es una ciencia moral, sino una ciencia de la eficacia. Pero los superricos son ineficaces, e incluso perjudiciales; hacen felices a los joyeros y a los vendedores de productos de lujo, de yates, de propiedades inmobiliarias y de arte, pero privan de recursos y de inversiones a la gente pobre en China, África y Rusia. Y como los superricos no pagan impuestos porque no tienen un domicilio fijo, son sobre todo los más humildes y las clases medias los que contribuyen al gasto público.

Así pues, no es la envidia la que nos incitaría a controlar la superriqueza, sino las exigencias básicas de una economía sana y de una sociedad más justa. ¿Es posible? Hasta el momento, el lobby del sector inmobiliario en Nueva York y en Londres y el lobby de los marchantes de arte en París han impedido cualquier intento en Occidente de gravar a los superricos. En África, en Oriente Próximo, en Rusia y en China, los superricos ejercen directamente el poder político o pagan a los dirigentes políticos, por lo que tampoco se puede esperar nada por este lado. No tengo ninguna solución inmediata que proponer para reintroducir (¿mediante los impuestos?) los beneficios de los superricos en el circuito de la economía productiva. Pero un primer paso fundamental sería analizar y evaluar con claridad el perjuicio que causan los superricos. Empecemos por ahí. Y si el Fondo Monetario Internacional sirviese para algo, podría ocuparse de ello.

Trade creates losers. Here’s how to help them, by Swati Dhingra of the London School of Economics

Central banks should consider offering accounts to everyone, Free Exchange at The Economist

Juan Manuel de Prada: “El capitalismo nos quiere solteros e infecundos”

Lo que quiere el sistema es que no tengamos hijos y así seguir pagándonos sueldos bajos, que no llegan para mantener a nadie… el sistema te mete mucho sexo en la cabeza y además lo banaliza, logrando que tu creatividad disminuya. Saturarnos con estímulos sexuales y evitar la fertilidad es la religión del capitalismo.

… la iglesia también se ha rendido en algunos aspectos, por ejemplo abandonando términos como ‘usura’, fundamentales para una visión crítica de la economía.

… Para ponerme tremendamente reaccionario, diría que se echó a perder con la llegada del sonoro. Antes el cine era una sucesión de imágenes capaz de crear sensaciones, impresiones y reminiscencias en quien las estaba contemplando. Transmitía emoción estética. Con el sonido empezó a estropearse como arte autónomo, aunque fueron los sucesivos avances técnicos -color, cinemascope, efectos especiales…- los que lo han ido corrompiendo. La capacidad que tenía en la época muda para tocar al espectador con historias simples se ha desvanecido.

… Decir que la religión está desprestigiada culturalmente es como decir que follar está desprestigiado vitalmente. Recordemos que son las religiones quienes fundan las culturas. Tu pregunta confirma que vivimos en un caos. El ser humano tiene unas inquietudes espirituales que podemos pensar que son paranoias y fantasmagorías que se crean en su cabeza, lo cual nos llevaría a concluir que la civilización es un sujeto colectivo enfermo. Yo prefiero pensar que la religiosidad es algo real, que necesita ser nutrido. Una civilización sin religión, que es lo que trata de crearse después de la Revolución Francesa, está condenada al fracaso, por eso creo que nos pasan las cosas que nos están pasando ahora. La democracia puede ser una estupenda forma de gobierno, pero no es posible convertirla en una una religión. Relacionarnos con los misterios que adivinamos en la otra vida es una necesidad humana. Hemos llegado a una sociedad materialista que no prohíbe la religión, pero condena a esas comunidades a una especie de reserva de indios comanches. Se contempla como frikis a quienes quieren cubrir una aspiración humana universal. En cualquier obra de arte la religión juega un papel enriquecedor.

… Vivimos en una sociedad moralmente amputada donde nos quitamos de encima a los niños como quien se quita una verruga.

P. La mayoría del público te percibe como alguien de derecha, pero sintonizas con intelectuales marxistas como Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria.

R. Con ellos siento una cercanía espiritual, basada en situaciones que consideramos monstruosas. Los tres estamos contra esa versión degenerada del capitalismo que se ha impuesto hoy en día. Puede sonar extraño, pero la variante del libre mercado que sufrimos en el siglo XXI es el mayor enemigo de la propiedad privada, ya que trabaja para concentrarla en muy pocas manos. Basta echar un vistazo a las calles de Madrid y ver la cantidad de pequeños negocios que han cerrado. Lo que estamos viviendo es una negación de la propiedad privada. En ninguna otra época de la historia las personas han estado tan sometidas al dinero como lo están hoy. El buen gobernante es quien protege al pueblo de los poderosos. Es algo que advertía ya Pio XI en su encíclica ‘Quadragesimo Anno’ (1931), donde denuncia que los estados han dejado de ser árbitros para convertirse en siervos del capital.

A Letter to My Daughter About the Black Magic of Banking, by Yanis Varoufakis

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