Recomendaciones

25/03/2018

Carlos Rodríguez Braun reseña El negacionismo económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por la ideología, de Pierre Cahuc y André Zylberberg

Uber’s Self-Driving Cars Were Struggling Before Arizona Crash

El ‘caso Cifuentes’ revela el fiasco de los másteres

Europa busca parasitar a Google, Apple, Facebook y Amazon, de Juan Ramón Rallo

El memorando secreto a Raúl Castro, de Moisés Naím


Recomendaciones

24/03/2018

Stephen Hawking, fe y malismo, de José Benegas

Hawking on my mind, de María Blanco

Ni permisos, ni paro ni crisis: ¿por qué los europeos no quieren tener hijos?, de Domingo Soriano

What Protects Us From Exploitation?, by Russ Roberts

Marta Rovira miente: no se exilia, se fuga, de Patricia R. Blanco


Tonterías selectas

24/03/2018

La destrucción de la empatía, de Amador Fernández-Savater

Unidad para transformar y ganar, de Pablo Iglesias y Alberto Garzón

“El colapso de la civilización está cerca”. La advertencia de Paul Ehrlich

La carta de despedida de Marta Rovira, secretaria general de ERC: “Hoy emprendo un camino duro”

El cínico del mercado, de Irene Lozano


Recomendaciones

23/03/2018

What Ottoman erotica teaches us about sexual pluralism, by İrvin Cemil Schick

Europe Should Not Retaliate Against US Protectionism, by Hans-Werner Sinn

Aranceles contra China: un tiro en el pie, de Juan Ramón Rallo

The Conquest of Climate, by Will Boisvert

A Trade War On the World’s Poorest, by Bjorn Lomborg


Tonterías selectas

23/03/2018

Amazon: 48 horas de huelga contra “el peor empleador del mundo”, de Josefina L. Martínez

Otro leño a nuestro fuego, de Barbijaputa

Madrid, 24 de marzo: contra la política de la miseria, de Javier Mestre, profesor de Secundaria y escritor, miembro del grupo de comunicación de la Marcha Básica

El exdirector de ‘El País’, el exsecretario del PSOE y las dos verdades que revelan, de Esteban Hernández

Paul Ehrlich: ‘Collapse of civilisation is a near certainty within decades’


Recomendaciones

22/03/2018

Animal agents, by Amanda Rees

La acupuntura no sirve para nada (ni siquiera para las contracturas)

La ciencia ha hablado: los videojuegos violentos no causan las matanzas escolares

¿En qué se ha gastado la hucha de las pensiones?, de Juan Ramón Rallo

¿Indignación por el 0,25%? Las pensiones deberían bajar un 3% debido al agujero de la Seguridad Social, de Diego Sánchez de la Cruz


Tonterías selectas

22/03/2018

Interceptan a dos agentes de la Guardia Civil intentando entrar en la residencia de Puigdemont en Bélgica, de Beatriz Talegón

Beatriz Talegón pide “disculpas” a la Guardia Civil y su ridículo es aún mayor

Prohibido usar el traje de la Guardia Civil para disfrazarse, de Beatriz Talegón

El algoritmo intolerante, de Irene Lozano

El algoritmo constituye el secreto mejor guardado de compañías como Facebook y redirige a la gente hacia aquello que ya piensa y cree. Llamémosle el “algoritmo intolerante” para no perder de vista cómo está triturando los cerebros y disolviendo el tejido sutil de las sociedades democráticas.

El algoritmo estructura hoy la razón pública, lo cual obliga a pedir transparencia sobre su funcionamiento. También Rusia ha interferido en la opinión pública norteamericana a través de Facebook, aglutinando participantes y constituyendo comunidades virtuales, pero no sobre dietas milagro o arte sacro, sino en torno a la religión y la inmigración. En esas aguas, la humanidad se ha dado sus más triunfales baños de sangre: si se quiere articular una razón pública sectaria, no hay más que agitarlas, difundir en ellas contenidos falsos y dejar que el algoritmo haga su trabajo. Lo mismo cabe decir del caso de Cambridge Analytica: cruzó de forma subrepticia los datos privados de millones de personas para enviarles mensajes microdirigidos a su lado más vulnerable. La violación de la privacidad de los datos combinada con la intolerancia del algoritmo resulta explosiva. Juntos suprimen el sistema inmunitario de nuestro raciocinio para permitir la entrada de todo tipo de bacterias tóxicas, que nos van conduciendo hacia donde otros quieren. Cambridge Analytica es esa fabulosa maquinaria de propaganda y resultó decisiva en la victoria de Trump.

El algoritmo predice nuestro comportamiento: adivina que queremos saber más de lo mismo, pues forma parte de la naturaleza humana el sentirnos cómodos con los afines. La disonancia cognitiva nos hace restar credibilidad a aquellas opiniones que contradicen las nuestras y conceder más peso a quien refuerza nuestras creencias. El algoritmo intolerante conoce esa vulnerabilidad y, por ello, pasa de predecir nuestro comportamiento a moldearlo. Sabe que en nuestro cerebro reptiliano habita un pequeño troglodita, y cada día lo encumbra. Los datos nos dividen en bandos; el algoritmo impide que ejercitemos el músculo de la tolerancia.

En el debate sobre la libertad de expresión de las últimas semanas estamos enfatizando las opiniones que se permite o no expresar. Pero en nuestro mundo —marcado por la avalancha de información y la atención empobrecida— a quienes quieren nuestro voto les basta con escrutarnos en las redes, agitar el debate sectario y reforzar nuestra intolerancia. La discusión urgente no es sobre qué se emite, sino sobre qué informaciones y opiniones nos alcanzan, quién las filtra y cómo lo decide: cómo se programa ese algoritmo.

Cuando los redactores de la Constitución Española establecieron en su artículo 20 nuestro derecho a “comunicar o recibir libremente información”, eran plenamente conscientes de la necesidad de garantizar la información que nos llega, pues ella conforma nuestro juicio y nuestras decisiones como ciudadanos. El algoritmo secreto tiene visos de inconstitucionalidad, pues interfiere en nuestro derecho a elegir libremente la información. Lo hace sin que sepamos cómo ni podamos participar en el proceso, pese a que ha modificado radicalmente el debate público. Ya no elegimos la información; ella nos elige a nosotros. Esa es la pérdida de libertad esencial de la que deberíamos estar discutiendo.

Que no te engañen: el contrato único de Cs, de Gabriel Rufián