Tonterías selectas

The Man They Still Hate, by Joseph Sobran

La catástrofe es no hacer nada, de Yayo Herrero, activista, antropóloga, educadora social e Ingeniera Técnica Agrícola

Entrevista a Jorge Moruno

Las 124 páginas de su nuevo trabajo sirven también para advertir del camuflaje de la precariedad gracias al coaching empresarial: “Hace que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad”.

… El trabajo tal y como lo entendemos es fruto de la modernidad industrial, antes no existía.

… la cuestión es que o vamos a una sociedad de pobres o tenemos la oportunidad de construir una sociedad del bienestar. Hay que pasar a la ofensiva de la sociedad de trabajadores a la sociedad del bienestar y apuntar todo lo alto que se pueda. En tanto que trabajadores solo podemos reproducirnos si encontramos un trabajo, pero ¿y si impugnamos nuestra condición de trabajador? ¿Y si podemos generar un modo de vida donde para poder vivir no tengas que ser necesariamente un trabajador?

… el abismo que enfrenta el siglo XXI es la posibilidad de construir una sociedad que genera más riqueza con cada vez menos trabajo directamente empleado, menos trabajo humano. Eso abre las posibilidades de una sociedad más enfocada al bienestar, o a una sociedad que nos sigue obligando a regirnos por un baremo de la riqueza que se queda anacrónico, en el que el trabajo se convierte en un embudo por el que cada vez pasa menos gente y quien pasa tiene cada vez menos cosas garantizadas.

Esto que es fundamental tenerlo como horizonte debe ser combinable con el “mientras tanto”: mientras tanto qué hacemos. Es necesario crear empleo, mejorar los convenios colectivos, subir salarios, y enfocarse en sectores de mayor riqueza, pero esto no invalida la contradicción a la que creo que nos enfrentamos en el siglo XXI.

… hay que garantizar, si no es por la vía del trabajo remunerado, por otro tipo de vías, la libertad, la seguridad, las certezas.

… si asumimos la realidad como es y que no se puede cambiar, estar explotado va a ser un privilegio porque la otra opción es ser un excluido.

… El capitalismo nos lleva a una sociedad en la que aquel que tiene menos tiempo, menos decisión sobre su propio tiempo, es aquel que está en la escala más baja, más sometido. Y eso siempre recae sobre aquel que limpia. Aquellas que limpian, son las personas cuyo tiempo está totalmente subordinado al tiempo de otros. En nuestra sociedad aquel que utiliza Deliveroo, lo hace porque llega a casa y no sabe qué tiene en la cocina, a su vez tampoco tiene tiempo.

Para no moralizar: un precario es normal que utilice Ryanair si quiere moverse, aunque Ryanair genera a su vez precariedad. Es normal que, si quiere viajar, utilice Airbnb porque no puede costearse un hotel.

… La precariedad y la falta de tiempo son un nicho de mercado donde aparecen innumerable oportunidades de negocio. De repente ahora aparecen los muebles de cartón, los potitos, salía el otro día una aplicación móvil que te revenden las sobras de las comidas de los restaurantes de otros, porque así te la venden un 70% más barata. Si eleváramos el nivel de vida de la sociedad, muchos de estos negocios no tendrían tanto sentido porque la gente no se vería abocada a tener que consumirlos.

… Las cosas nunca tienen sentido por sí mismas, sino que tienen un sentido dependiendo de la relación en la que se insertan. Wallapop uno podría pensar qué tiene de malo: se aprovechan más las cosas de segunda mano. En sí mismo no tiene un problema. El problema es dónde se inscriben todas estas oportunidades de negocio y lo hacen en una suerte de decrecimiento capitalista, donde como a raíz de la crisis la gente tiene menos poder adquisitivo, necesita –en una sociedad mediada por el dinero– ingresar más sea del modo que sea.

Yo creo que algunas de estas aplicaciones podrían tener un sentido municipal o un sentido público. ¿Por qué vamos a dejar en manos de Airbnb un sistema en el que gente que tenga una habitación pueda intercambiarla con otro? ¿Por qué tiene que estar todo sometido a unas empresas que no pagan impuestos, extraen una renta y se van fuera y no dejan nada en el país donde están?

… Todos estos modelos, y coinciden los informes de la OCDE y de la OIT, abren una oportunidad para la gente que se queda fuera del ciclo laboral y que no tiene posibilidades de entrar. Se hace de la necesidad virtud, se trata de buscar soluciones a realidades infames, pero nunca se cuestiona lo infame que es la realidad.

El problema de esto es que la lucha de clases es también una lucha discursiva. Hablaba con uno en Twitter el otro día sobre Deliveroo y me decía que los riders no eran precarios, que eran microemprendedores que están tomando las riendas de su futuro. Claro, si tú sales a la calle y dices ‘voy a hacer un misión’, soy una especie de Indiana Jones que todas las mañanas tengo un reto, que es superarme a mí mismo.

… La industria del coaching es tanto más fuerte cuanto peor se vive, cuanto más se degradan las condiciones de vida. Toda esta suerte de lenguaje, en el que no “trabajas para” sino que “colaboras con”, en el que no te “despiden” sino que te “desconectan”, donde no te “controlan” sino que te “valoran”, es una forma de reinterpretar cómo nos vemos en sociedad, qué es lo justo y lo injusto. Si nos hacen pensar que la situación que existe solo es fruto de nuestra actitud y de nuestro interés de conseguir el éxito, si no lo conseguimos es porque no hemos perseguido con suficiente tenacidad nuestros sueños.

Hacen que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad: tu libertad es precisamente no saber qué va a ser de ti mañana, eso lo tienes que vivir como una misión.

… El sentido de la renta básica es en sí misma una batalla política. Porque alguien podría pensar que te dan una renta básica y te dan otro tipo de derechos y, por lo tanto, tú ya no te puedes quejar porque recibes un ingreso. Por eso, solo pensarla desde la perspectiva de acabar con la pobreza, que es fundamental, creo que es limitado y empodera poco.

Lo que hay que hacer es incorporarla para incrementar el margen de libertad y el margen de acción. Es decir, contar con la renta básica y con muchos otros derechos –movilidad, alquiler social, etc–, contar con las garantías suficientes que te generan una seguridad para que puedas tener un mayor poder de negociación. Es decir, ahí donde alguien te ofrece un trabajo con unas condiciones miserables poder decirle ‘lo voy a rechazar’.

Cuando dicen que la gente tiene una renta garantizada que se le da “a cambio de nada”, ¿qué entendemos por nada? Porque las mujeres realizan una media de 26 horas y media a la semana a trabajos no pagados, en trabajo doméstico, en ONG y demás. ¿Eso es nada? Según la visión del mundo en el que vivimos, solo es “algo” aquello por lo que alguien extrae un beneficio económico y el resto no es “nada”.

Además, si cada vez es más factible trabajar menos y se produce más riqueza, ¿por qué para poder comer hay que tener que trabajar?

P: ¿Cómo se puede financiar la renta básica universal?

Ahí hay un problema de imaginario. No es que no sea importante hacer las cuentas, hay gente que las hace y llevan 20 años trabajando en ello, y es el profesor Raventós, la gente de Sin Permiso que buscan distintos métodos –sea por IRPF o por otro tipo de impuestos–, pero sinceramente yo creo que eso es secundario. Lo fundamental es concebir que eso es justo. Que recibir un ingreso y mantener una vida garantizada al margen del trabajo remunerado, o no solo dependiente de este, es justo. A no ser que pensemos que en el mundo no hay capacidad para que toda la sociedad tenga una vida digna.

P: Pero muchos critican la medida insistiendo en el “y esto cómo se paga”.

Siempre todas las preguntas son “¿y eso cómo se paga?” cuando en realidad lo insostenible es otra cosa, el enfoque debe ser totalmente distinto. Debería ser “¿cómo se vive así, cómo se sobrevive en una sociedad en la que el 30% de la población en edad de trabajar están en riesgo de pobreza, que lo dice Adecco. Las preguntas deberían ser: ¿de qué sirve bajar los datos del paro si eso no garantiza la vida a la gente? ¿Es viable una sociedad en la que no para de aumentar la pobreza, la incertidumbre y la precariedad?

Si en 2004 había 84 personas que tenían un patrimonio de 30 millones de euros, ¿por qué en 2015 hay 549 personas? ¿Por qué en los últimos años los 200 más ricos del mundo han aumentado en más de 100.000 millones de euros su patrimonio?

P: En esa necesidad de cambiar el imaginario, usted destaca la labor del movimiento feminista.

El feminismo es de los pocos movimientos si no el único que es capaz no solo de quejarse de cosas puntuales, sino que es capaz de modificar el orden de las razones. Es decir, que está yendo a las causas. Ese ahondar en las causas –por qué no se valoran una serie de trabajos y sí otros, por qué hay brecha salarial– tiene la posibilidad de alterar el modo en el que nos relacionamos.

Actualmente solo se le da valor a aquello por lo que alguien te paga. Si no te pagan, quiere decir que no tiene valor y por lo tanto es nada. Todo el trabajo reproductivo y de cuidados es nada. Y ahí es cuando las mujeres dicen que hay otro concepto de riqueza, que no se mide por esos baremos sino por otros criterios.

P: Considera, además, que mantener la deriva del empleo precario y la falta de tiempo hace perder talento a la sociedad.

¿Qué es lo que permite a Virginia Wolf ser Virginia Wolf? Obviamente ella, pero necesita –como ella misma dice– unas condiciones para serlo, que es una herencia, es decir, un tiempo propio. Ese tiempo propio le permite poder desarrollar su obra. ¿Eso quiere decir que todo el mundo con un tiempo propio puede ser Virginia Wolf? No. Pero quiere decir que sin ese tiempo propio no podría haber sido Virginia Wolf. En un mundo en el que ese tiempo lo tiramos por el retrete en trabajos que nos aportan nada, que los hacemos simplemente porque necesitamos dinero, lo que hacemos es tirar la inteligencia de la sociedad en lugar de ponerla a trabajar para el beneficio común.

¿Ha muerto Dios?, de Juan José Tamayo

El Dios del Mercado. El Mercado se ha convertido en una religión “monoteísta”, que ha dado lugar al Dios-Mercado. Ya lo advirtió Walter Benjamin con gran lucidez en un artículo titulado El capitalismo como religión, donde afirma que el cristianismo, en tiempos de la Reforma, se convirtió en capitalismo y “este es un fenómeno esencialmente religioso”.

Tocar el capitalismo o simplemente mencionarlo es como tocar o cuestionar los valores más sagrados. Lo que dice Benjamin del capitalismo es aplicable hoy al neoliberalismo, que se configura como un sistema rígido de creencias y funciona como religión del Dios-Mercado, que suplanta al Dios de las religiones monoteístas. Es un Dios celoso que no admite rival, proclama que fuera del Mercado no hay salvación y se apropia de los atributos del Dios de la teodicea: omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia y providencia. El Dios-Mercado exige el sacrificio de seres humanos y de la naturaleza y ordena matar a cuantos se resistan a darle culto.

El abad de Gandía, Ángel Saneugenio, considera un abuso sexual que se explique la transexualidad en los colegios

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