Tonterías selectas

Espectros de Marx, de Joaquín Estefanía

Lo dice el director de la película El joven Karl Marx, estrenada hace pocas semanas, el haitiano Raoul Peck: “Tomemos, por ejemplo, el Manifiesto comunista, algunos de cuyos párrafos describen con detalle la crisis de 2008. Es casi un libro para niños sobre la historia y la evolución del capitalismo hasta hoy (…). Estamos exactamente en el mismo tipo de capitalismo donde el dinero y la riqueza se concentran cada vez más en manos de unos pocos, mientras que una inmensa mayoría quedará cada vez más pobre. Lo que Marx nos proporcionó fue un instrumento científico para comprender y analizar cada momento de esta sociedad”.

… cuando se ven las consecuencias de la Gran Recesión y se comparan con algunas de las conclusiones del complejo libro, éstas últimas no estaban desencaminadas: la ley de acumulación capitalista exige el descenso de los salarios (plusvalía absoluta), el incremento de la duración e intensidad de la jornada laboral (plusvalía relativa), el deterioro de las condiciones del mercado de trabajo, la disminución de la calidad de los productos consumidos, el acortamiento de la vida laboral de los obreros, etcétera.

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Entrevista a Jordi Sabaté: “Debemos romper el ciclo del consumo basura antes de que sea demasiado tarde”

P: ¿Cómo surge lo que llamamos sociedad del consumo?

Nace alrededor de los primeros años del siglo XX en zonas industriales de Inglaterra y Estados Unidos. La sociedad del consumo formaba parte del pacto social para encontrar un equilibrio entre las clases trabajadoras y las élites. Se crea un ecosistema en el que a la clase trabajadora se le procuran unos bienes de consumo que le permiten escalar en calidad de vida, y eso favorece también a las empresas, porque tienen empleados que compran sus productos.

P: En algún momento esto se tuerce y el consumidor deja de tener esta consideración por parte de las grandes empresas. ¿Por qué?

Porque la sociedad industrial se desmorona en los 70 del pasado siglo como consecuencia de la entrada en una sociedad financiera en la que la producción de capitales es especulativa, a la vez que la producción se traslada a los países pobres. Es algo que ahora vemos claramente en el sudeste asiático, pero que empezó ya hace cerca de 45 años. Esto desmonta la sociedad de consumo occidental, porque la clase obrera pierde su protagonismo como eje social.

Ya no es necesario garantizar un acceso fácil a los bienes de consumo para este estrato porque ha dejado de ser un motor económico. A partir de los años ochenta, el obrero ya no tiene ningún valor social salvo porque ha acumulado capitales durante la época industrial que ahora debe retornar a las élites mediante la explotación de su bolsillo. No importa que los métodos sean poco ortodoxos, incluso absolutamente deshonestos: el objetivo es convertir el ahorro de las clases obrera y media en materia de explotación comercial.

… P: Otro fenómeno nuevo que afecta al modelo de consumo es la aparición del low cost. ¿Qué ha supuesto?

Tiene mucho que ver con la decadencia de la sociedad de consumo, con el empobrecimiento no auto-asumido de las clases medias y trabajadoras. Muchas empresas previeron que dichas clases perderían su poder adquisitivo durante el siglo XXI y necesitarían productos más baratos para seguir con su ficción consumista. Vieron que gracias a la globalización y la producción en países pobres, podían conseguir este abaratamiento de la producción.

Es el caso de Zara o H&M, por ejemplo. Ahora bien, esto se paga en términos de medio ambiente y calidad. Así, no importa que tu jersey sea de algodón de mala calidad, lleno de fibras derivadas del petróleo y con colorantes que contaminen ríos, lagos e incluso alteren tu propio ciclo hormonal: tú la compras porque crees que te hace “rica por un día”, dado que no va a durar mucho más. Es la inconsciencia del consumo actual, la “esencia líquida del consumidor”, en términos de Zygmunt Bauman.

P: Con tu visión panorámica de las principales fallas del sistema de consumo, ¿qué es lo que más te preocupa?

Sin duda que este sistema desquiciado y disfuncional tiene efectos colaterales muy negativos sobre el medio ambiente, que es la casa donde vive la humanidad. La ropa low cost comporta residuos tóxicos en los ríos; el diésel envenena el aire; las bacterias resistentes a los antibióticos aumentan; el azúcar campa a sus anchas; las playas desaparecen del planeta porque hemos fosilizado la mayor parte de la arena en forma de cemento, etc. Debemos concienciar a la gente para romper este ciclo obsesivo-adictivo del consumo basura antes de que sea demasiado tarde.

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