Tonterías selectas

El cheque-formación: otra ocurrencia liberal, de Alejandro Inurrieta

Como es sabido, la máxima ilusión y anhelo de los liberales-libertarios-anarquistas es que todo en nuestra vida se ciñese a un cheque: cheque formación, cheque salud, cheque educación, cheque universidad, cheque botellón, etc. Con ello, se acabarían las mamandurrias de la pléyade de funcionarios vagos y maleantes y se reduciría drásticamente el gasto público, porque si algún ciudadano no alcanzase con el cheque la prestación que necesita, que obviamente es igual para todos/as, la tendría que costear de su magro bolsillo. Es el mundo ideal de Huxley reducido al mundo del cheque individual.

… Al margen de casos de corrupción, que los ha habido, el sistema de financiación no puede basarse en el libre albedrio del trabajador para gastar un dinero para el que no tiene ningún incentivo, y menos a hacerlo fuera del horario laboral. Imagínense con la jornada laboral que tenemos impuesta, y sin remunerar, que muchos trabajadores tuviesen que formarse después de dicha jornada laboral. Como se puede ver, todo está mal diseñado.

En resumen, los sueños liberartarios de reducir el Estado a la mínima expresión chocan en este campo con dos obstáculos claros. Uno es un problema de incentivos, y el segundo de equidad, algo que desprecia mucho esta corriente de pensamiento. En primer lugar, el cheque formación ignora a los parados, y en segundo lugar no ataca el verdadero cáncer: el diseño de la formación, la calidad de las empresas, en qué ámbito se cursa la formación y la evaluación de su impacto en la empleabilidad. Nada de esto se soluciona con el cheque formación. Miren a su alrededor y constaten el fracaso. Hablar de esto como de políticas de oferta progresistas es simplemente una broma. Del mismo calibre que asegurar que la fertilidad mejora con la extensión de los permisos de paternidad y maternidad, sin tocar los salarios.

‘Gordofobia’: la violencia silenciosa que hay detrás de la cultura de la delgadez

Estar delgado es presentado en las sociedades actuales como una de las máximas aspiraciones, ya que está asociado al deseo sexual y a hábitos de vida saludables. No obstante, estas ideas legitiman una opresión hacia las personas gordas, sistemática y estructural. Ahora, colectivos antigordófobos han dado el paso de visibilizar esta discriminación.

“¿Por qué me da tanto miedo engordar?” Esta pregunta no tiene una respuesta fácil, casi no tiene una respuesta, pero es crucial plantearla para tratar la gordofobia y para reflexionar en torno a la cultura de la delgadez.

La pregunta la lanza Lara, antropóloga y activista, y una de las integrantes del colectivo antigordófobo Cuerpos Empoderados. “Hay una promoción de la delgadez total y continuada, donde se asocia delgadez al cuidado, a hábitos de vida saludables, al autocontrol, al esfuerzo… Es decir, a valores neoliberales individualistas y que afectan a todo el mundo”.

“Bajo argumentos de salud y estética se legitima una violencia brutal, que incluso se puede estructurar. Se da en todos los ámbitos de la vida: en tu casa, en el trabajo, por la calle, con tus amigos”.

Sobre las experiencias de violencia cotidiana que sufren las personas gordas se ha centrado el proyecto de Stopgordofobia, otro colectivo encargado de visibilizar la violencia y el desprecio que hay detrás de esta veneración por los cuerpos delgados.

La violencia hacia las personas gordas es continua, está legitimada y es sistemática. Es esto por lo que desde Cuerpos Empoderados hablan de que la gordofobia actúa como un mecanismo de opresión en sí mismo. “Tiene que ver con controlar y regular la vida de los cuerpos de las personas construyendo unos cuerpos más válidos que otros, generando una norma, que se impone como absoluta y que legitima la violencia”, explican desde este colectivo.

“Hay una violencia sistemática hacia nuestros cuerpos y esto hace que sea un sistema de opresión, porque además tiene bases. Ese rechazo se justifica históricamente y tiene que ver con el sistema económico, con el sistema moral y otras cuestiones”, explica Lara.

“Primero tiene que haber una identificación del problema. Hay que politizarlo. Aquí hay un problema y no somos nosotras. Esto es sólo el principio. Nuestro activismo se basa en explicar a las personas gordas que no les pasa nada, que esto es un problema político y vamos a ver de dónde viene. Y cuando ya veamos que no nos pasa nada y que hay un sistema oprimiéndonos, ahí podremos luchar. Pero si aún seguimos en la culpa, no vemos que la culpa no es nuestra, sino de un sistema de control de cuerpos, entonces estamos en una toma de conciencia”, comenta Lara.

El tema del cuerpo y su control ha sido tratado de manera extensa por autoras feministas que han puesto en el centro del debate esta cuestión. Es el caso de Naomi Wolf, una de las representantes del feminismo de la tercera ola que afirmaba que “una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres; una población tranquilamente loca es una población dócil”.

Antonio de la Torre: “El ser humano, en su esencia, es socialista”

Acabo de interpretar a Pepe Mújica y él decía que el socialismo es una construcción civilizatoria. Por eso el socialismo ha fracasado, porque tiene que haber un cambio de valores tan grande en la humanidad para que haya una sociedad socialista. El hombre, inicialmente, era socialista. El capitalismo es una construcción cultural. El ser humano, en su esencia, es socialista. Yo creo como él, que seguramente con un cambio de valores donde lo tuyo sea también de todos, quizás nos demos cuenta de que tenemos que construir una nueva sociedad. La actual es un pollo sin cabeza. Creo que la única revolución posible es un cambio de valores, ninguna revolución violenta…

Pepe lo decía, que se critica el socialismo, pero es que el socialismo real nunca ha llegado a existir. Ha habido gente que encima ha instaurado una dictadura peor, pero al final ese intento de socialismo era sin que todos estuvieran por la labor y han girado a regímenes totalitarios. Que el capitalismo también es un régimen totalitario, pero más sutil. Lo hemos aceptado, nos hemos metido en él o no hemos sabido construir otra cosa… El tema es cómo queremos vivir.

Sobre azafatas, becarios, vientres de alquiler y capitalismo, de Pascual Serrano

La UE debe cambiar el rumbo, de Francesc Raventós

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