Tonterías selectas

Focos, de Juan José Millás

Se busca mujer altruista-incubadora en buen estado, de Anita Botwin

… los deseos de los privilegiados no deberían primar por encima de los derechos reproductivos de las mujeres. Entre otras cosas, porque los deseos no deben ponerse en el mismo plano que los derechos básicos. Desear algo no lo convierte en derecho. Decir que “no somos vasijas para gestar durante nueve meses un bebé para transmitir unos genes” no es un eslogan facilón ni partidista. Es que las mujeres en pleno siglo XXI deberíamos querer ser algo más que vientres de alquiler y objetos de compra y venta. Esta propuesta de Ciudadanos sobre el altruismo de las mujeres incubadoras, lejos de traer nuevos derechos, suprime además el derecho irrevocable de filiación del niño, ya que en ningún papel figuraría dato alguno sobre la gestante. Es decir, el bebé gestado no podría conocer nunca quién es su madre biológica altruista.

Se me ocurren un millón de formas de ser altruista que no pongan en riesgo nuestra salud. Una puede ser altruista por ejemplo dando de comer a los gatos de una amiga que se ha ido de vacaciones; prestándole la última temporada de House of Cards; ser su hombro en el que llorar cuando ha roto su relación; incluso, se me ocurre, dejarle tu camiseta favorita a riesgo de que no te la devuelva jamás. Pero, ¿prestar tu vientre?, ¿estamos perdiendo el juicio?

Existe ese discurso neoliberal que habla de la libertad de la mujer a la hora de elegir sobre sus cuerpos. Especialmente cuando esos cuerpos son rentables para sus intereses. Elegir sobre nuestros cuerpos debería centrarse en decidir qué ponerse cada día, en tatuarse o hacerse piercings, acostarse con quien se desee, bañarse desnuda en la playa… No en engendrar un feto, pasar por un parto que en el mejor de los casos duele para querer morirse –¡dilatar nueve cm!– para después regalar altruistamente un hijo a alguien que lo desea. Lo desea tan fuertemente que debes ser abnegada incluso cuando tengas que sufrir un parto de nalgas largo y doloroso como si te asesinaran lentamente. Pero ¿qué importa el riesgo para la salud y la vida de la gestante? Todo sea por los deseos de los padres a los que por cierto no se les pide ningún requisito.

Por otro lado, además de enrevesada, la propuesta de Albert Rivera es difusa y tramposa, porque omite el concepto “vientre de alquiler”, pero al mismo tiempo habla de “compensar por los gastos”. En el momento en el que introducimos el factor económico en la ecuación se acabó el buenrollismo de las incubadoras solidarias Mr. Wonderful. Hablemos claro y sin eufemismos: se está alquilando nuestro vientre y se está mercantilizando nuestro cuerpo.

Llegados a este punto de debate en el que Ciudadanos pone sobre la mesa un derecho que no es derecho sino que es deseo: ¿no sería más adecuado legislar y defender los derechos de las mujeres que se ven obligadas a dejar su puesto de trabajo por querer ser madres?, ¿o que se cumplan los derechos que ya existen, como lo son el de vivienda digna o una sanidad pública de calidad? Eso sin mencionar lo más urgente: la falta de un Pacto de Estado y unos recursos que frenen el terrorismo machista que estamos viviendo.

Ya hay muchos niños en este planeta. ¿Qué necesidad hay de seguir pariendo? Esos niños estarán deseando tener la oportunidad de ser adoptados por padres deseosos. Estaría bien agilizar esos trámites de adopción y dejar nuestros vientres tranquilos, que somos altruistas, pero no cuerpos con los que mercantilizar. Por mucho que lo deseen.

Uber y el peligro de los gig jobs, de Hiscio Belluga Molina

Stephen Hawking y la advertencia de ‘Interstellar’, de Jesús Mota

El físico Stephen Hawking argumentó la urgencia apocalíptica durante la reunión de Starmus en Trondheim con hechos que todo el mundo comprende y denuncia, pero que nadie es capaz de resolver: hay una amenaza real para la vida procedente de la confluencia del cambio climático y la desaparición (más bien explotación devastadora) de los recursos naturales. La cadena causal de Hawking, tal como la expuso, no tiene refutación posible. Si vivimos en un planeta que ya no tiene recursos para alimentar a la humanidad (o no los tendrá dentro de poco) lo lógico es saltar a otro que sí los tenga. El problema que plantea Hawking con su incitación a la gran evasión planetaria es de naturaleza ética, dicho sea en lenguaje antiguo. ¿La especie humana esquilma un planeta, salta a otro y ya está? ¿Que hará en ese otro planeta, agotarlo a su vez y pasar al siguiente?

… La economía, esa ciencia lúgubre pero con armadura resplandeciente, ha racionalizado el instinto devastador y la irresponsabilidad ante la naturaleza. Al fin y al cabo, la lógica económica actúa como el superyo de los impulsos naturales al egoísmo primordial. El beneficio de mitigar el cambio climático y, por tanto, de minimizar la destrucción de recursos es principalmente global y a largo plazo; el beneficio de esquilmar hoy la naturaleza sin tasa ni medida es local y a corto plazo.

Unión bancaria: España versus Italia, de José Carlos Díez

Un banco toma depósitos a muy corto plazo y presta a largo plazo. Eso le hace extremadamente vulnerable a fuga de depósitos, y desde la Edad Media, a esas situaciones se les denomina banca rota. Los bancos centrales se crearon para prestar a las entidades cuando nadie en el mercado quiere hacerlo y evitar crisis bancarias sistémicas.

… Para reducir el coste de las crisis, la regulación y la supervisión bancaria son muy estrictas…

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