Tonterías selectas

Entrevista a María Atienza, miembro de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) de Madrid

P: ¿Es la economía feminista una crítica al sistema en el que vivimos?

Sí, es una corriente crítica, al igual que la economía solidaria o la ecológica. Todas tienen algo en común: una visión que busca desmontar el sistema capitalista. La feminista considera que hay que poner a la vida y a las personas en el centro, mientras que la economía capitalista pone al mercado en el centro y hace que el dinero sea un fin y no un medio.

P: Entonces, ¿diría que el capitalismo no puede ser feminista o que la economía feminista no puede convivir con el capitalismo?

Es totalmente inviable. Lo que intenta la economía feminista de hecho es romper con ese modelo y buscar un punto de transformación. Plantea que el capitalismo solo está visibilizando una parte de la esfera, que es la productiva, la que tiene que ver con los mercados, el lucro y el beneficio y las personas están al servicio de eso y no al revés. Sin embargo, otras esferas, como la reproductiva y la de cuidados, las invisibiliza. El capitalismo necesita que existan para sostenerse pero no las tiene en cuenta. Lo que queremos es que se visibilice esa esfera. El capitalismo y el patriarcado están muy unidos. Aunque el patriarcado viene de mucho antes, el capitalismo se ha nutrido de él para introducir esas relaciones de poder de género en el mercado.

… Es indudable que hace treinta años nuestras madres y abuelas estaban en una situación muy diferente a la de ahora porque no había ningún tipo de derechos. Ha habido avances, pero hay que tener en cuenta varias miradas. Si miramos el sistema en su conjunto, como modelo económico, para mí ha habido retrocesos. Tenemos que plantearnos qué tipo de sistema estamos construyendo, qué tipo de economía, de vida. Hay ahora una gran precarización, una gran degradación medioambiental, por ejemplo. Por otro lado, hay avances que tienen que continuar, porque ¿qué pasa con la triple carga laboral a la que estamos sometidas las mujeres?

Sin una perspectiva feminista, no estamos teniendo en cuenta las relaciones de poder que hay, por ejemplo, en una empresa: los trabajos que están feminizados, si las mujeres están excluidas de la toma de decisiones, si se promueve la corresponsabilidad y no solo la conciliación para las mujeres…

Hay que tomar medidas de acción positiva, cuotas, una especia de listas cremallera pero en las empresas. Son medidas temporales: hay un punto de partida de desigualdad y temporalmente se van a tomar esas medidas para corregirla. Es también importante hacer planes de igualdad y se puede pensar en auditorías sociales con enfoque de género en las empresas, igual que la hay en las cuentas. El enfoque de género debería transversalizarse en todas las políticas públicas. La ampliación y equiparación de permisos de paternidad y maternidad es una de las medidas que serían muy importante.

P: ¿Piensa que la gestación subrogada forma parte de ese sistema capitalista que desmontar?

Es un debate muy complicado, pero no estoy a favor de esa práctica. Es mercantilizar los cuerpos de las mujeres. Volvemos a poner los cuerpos de las mujeres como objetos, es algo que se inserta de lleno en el capitalismo.

¿Es bueno o malo para la economía que haya sindicatos fuertes?, de Juan Torres López

Toda la culpa de todo es de la religión, de Paco Segarra

Si hay aborto, no lo llames democracia, de Alfonso Basallo y Teresa Díez

Vientres de alquiler: el PSOE no puede sucumbir al lenguaje tramposo de los deseos, de Ángeles Álvarez, diputada del PSOE, y Alicia Miyares, portavoz de NoSomosVasijas

Es importante saber que este es un debate sobre los derechos fundamentales de los individuos y sobre si deben primar los deseos de las personas por encima de estos. El problema es que no cabe armonización posible ya que la satisfacción de los deseos de unas personas exige la renuncia de los derechos de otras. Es pues, un debate para el que no hay, pese a los intentos bonancibles y tramposos, una solución intermedia.

… La cuestión de fondo es que quienes defienden esta práctica ponen los deseos frente a los principios éticos y los derechos, ya que la práctica del alquiler de vientres anula derechos fundamentales.

La mal llamada “maternidad subrogada” se materializa en un contrato previo al embarazo en el que las distintas partes acuerdan la cesión de un menor. No nos cansaremos de recordar que la cláusula central del “contrato de subrogación” exige que la madre (la mujer que lleva a término el embarazo y el parto, según nuestro Código Civil) renuncie de manera irrevocable al derecho de filiación y custodia. Si el PSOE se mostrara favorable a esta práctica estaría dando por buena una modalidad contractual abusiva, ya que ningún contrato puede exigir la renuncia de derechos fundamentales a una de las partes. Pues bien, la renuncia a la filiación y custodia por parte de la mujer embarazada es la cláusula esencial en los contratos de subrogación. A nadie se le escapa que, sin esa cláusula, el alquiler del vientre de una mujer carecería de objeto.

Tampoco se le escapa a nadie que no existen esos miles de mujeres altruistas dispuestas a llevar a término un embarazo y parto para otros a quienes no conocen. Sabemos que la propuesta de la regulación “garantista” es una trampa. Cuando quienes hablan de garantías incorporan en sus discursos que la renuncia a un derecho fundamental se haga por “generosidad”, “altruismo” o “ayuda” vuelven a colocar a través de un proceso de manipulación y chantaje emocional la responsabilidad (“altruista”) de que las mujeres den satisfacción a los deseos de quienes no pueden gestar a sus hijos.

Detrás de esta práctica existe una mercantilización y cosificación del cuerpo donde, médicos, abogados y agencias de intermediación se lucran con la explotación reproductiva de las mujeres. Curiosamente son ellas quienes menos beneficios obtienen del “negocio” ya que hasta el 80% termina en manos de estos intermediarios a pesar de que a nadie se le escapan los riesgos que implica un embarazo en términos emocionales, vitales y de salud.

Es importante recordar que quienes contratan estas prácticas se arrogan la potestad de tomar decisiones como el número de embriones que se implantan en la gestante y que los embarazos múltiples son muy demandados, ya que les permiten “ahorrar grandes cantidades de dinero”.

La implicación que para el conjunto de las mujeres tiene una posible legalización del alquiler de vientres debe ser un eje central del debate, que necesitaría ser afrontado con más honestidad informativa, buscando desentrañar las consecuencias que esta práctica tiene para TODAS las mujeres.

Quienes nos declaramos socialistas y feministas sabemos que la libertad individual no puede avalar una práctica contraria a los derechos humanos y que los derechos no se pueden ceder ni vender, porque son inalienables.

En el 39º Congreso del PSOE fijaremos los principios y valores que van a sustentar el socialismo español de los próximos años y debemos hacerlo sin perder de vista el lema que nos acompañará este fin de semana: “Somos la izquierda”. Somos, además, la izquierda feminista que sabe que el derecho fundamental no puede ser objeto de relación contractual.

Somos la izquierda feminista que rechaza que el Estado legisle para considerar el útero de la mujer y la gestación como bienes colectivos.

Desde el PSOE seguiremos abanderando la lucha por los derechos de las mujeres y enfrentándonos al neoliberalismo que pretende dar validez a la idea de que hasta los derechos pueden estar sujetos a contrato.

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