Tonterías selectas

El retorno de Karl Marx para entender lo que está pasando en el capitalismo avanzado, de Vicenç Navarro

¡Taxi! ¡Siga a esa empresa, que se lleva mis derechos laborales!, de Isaac Rosa

Manuel Escudero: “Hay que aumentar la presión fiscal a los ricos y gravar más el patrimonio”

Uber es un peligro para las ciudades españolas, aunque la carrera salga más barata, de Iñigo Sáenz de Ugarte

Los taxistas tienen razón: libertad no es sinónimo de miseria, de Carlos Sánchez

Fue Isaiah Berlin, un gran liberal, quien dijo una frase prodigiosa: “Yo estoy dispuesto a sacrificar parte de mi libertad, o toda ella, para evitar que brille la desigualdad o que se extienda la miseria”.

Berlin, a quien le preocupaba, sobre todo, el poder de las ideas, exploró como nadie los límites de la libertad. Y los encontró en una reflexión palmaria: “Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de seres humanos, el sistema que lo promueve es injusto e inmoral”.

Viene a cuento la cita de Berlin —nada sospechoso de liberticida— a propósito de la huelga de taxistas…

… suele generarse un estúpido debate sobre las ventajas de la nueva economía frente a las antiguallas del sistema productivo que solo pretenden mantener el ‘statu quo’ y sus privilegios. Como si las nuevas empresas tecnológicas que gobiernan el mundo (Google, Facebook, Microsoft, Amazon o, incluso, Alibaba) fueran ONG sin ánimo de lucro o no impusieran los precios por su posición hegemónica en sus respectivos mercados.

… nadie es capaz de explicar por qué un vehículo privado con chófer (modelo Uber o Cabify) es más barato que otro conducido por un taxista profesional (el de toda la vida) en igualdad de condiciones y haciendo el mismo recorrido.

… se oculta que detrás de las plataformas tecnológicas no solo hay innovación que hace más eficiente el sistema productivo, sino también porque su posición de dominio tiende a degradar algunos estándares de calidad de vida que han hecho fuerte a Europa en las últimas décadas, y que explican, por ejemplo, que exista un generoso Estado de bienestar financiado con impuestos…

… las mismas plataformas que, por el contrario, disfrutan para su negocio de la inversión en infraestructuras públicas (redes de carreteras o sistemas de seguridad vial). Y que basan buena parte de su ventaja competitiva en algo tan viejo como las condiciones laborales de los chóferes que trabajan en empresas tecnológicamente muy avanzadas, pero que viven instaladas en la edad media analógica en términos salariales o de protección social.

Estamos ante multinacionales que, paradójicamente, carecen de empresario, ya que el riesgo —inherente a cualquier negocio— corre a cargo de los propios chóferes o de la sociedad que ha obtenido una licencia VTC, lo cual convierte el trabajo en un factor de usar y tirar. Máxime cuando la estructura de costes (fijos y variables) es indiferente al ‘empresario’, que ejerce su posición de dominio. Si Adam Smith levantara la cabeza…

No es una frase hecha. Como ha puesto de manifiesto hace pocas semanas el abogado general de la UE en la demanda contra Uber, la compañía es, en realidad, una empresa de transporte de viajeros, aunque no quiera parecerlo.

De hecho, suele presentarse como una simple plataforma tecnológica que carece de empleados, lo cual es simplemente falso. Y parece evidente -salvo que se quere volver a la ley de la selva- que para operar profesionalmente en el negocio del transporte (lo que conlleva también obligaciones) es necesaria una licencia (salvo que sea una actividad no lucrativa)…

… En el taxi, como en otros sectores de mercado, existen oportunidades de negocio. Y hacen bien en reclamar que tienen derecho a ofrecer determinados servicios públicos cuando el taxi no los cumple por las circunstancias que sean. Ocupar ese espacio es bueno para los usuarios del taxi y bueno para el país. También para los creadores de ambas plataformas, siempre que saquen sus correspondientes licencias. Pero en todo caso manteniendo un equilibrio razonable para evitar que la libertad, como decía Berlin, se convierta en miseria. Eso sí, pagando impuestos en España.

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