Tonterías selectas

Una alternativa de política económica, de Juan Laborda

Lo que los limpiadores de la London School of Economics pueden enseñarnos, de Owen Jones

Memoria, dignidad y lucha, de Alfonso ‘Alfon’ Fernández Ortega

Segregación en las aulas, de Miguel Lorente

Salud mental en una sociedad neoliberal, de Paco Cervera, de Economistas sin Fronteras

Es notorio que el sujeto neoliberal es individualista, egoísta, avaro y competitivo. Estos valores no nos son propios a ciudadanos criados bajo los dogmas de la tradición católica y son más propios de culturas protestantes calvinistas. Nos medimos por lo que obtenemos y por lo que gastamos, convirtiéndose esta simplificación en una forma de vivir que llena muy poco a la complejidad del ser humano. El imperialismo capitalista, también conocido como globalización neoliberal, está provocando continuamente conflictos internos en las personas que distinguen entre cómo fueron educados por sus familias y cómo les exige el sistema que sean. Un ejemplo claro lo encontramos con la actual figura del “emprendedor” y su accesorio timo de la psicología positiva, con frases que responsabilizan al individuo de su éxito o fracaso, sin tener en cuenta el entorno.

El propio sistema está polarizando la sociedad, el grado de desigualdad y la tasa de pobreza están manteniéndose, junto a la precarización del trabajo y, por tanto, a la inestabilidad vital.

… Conceptos como flexibilidad, ajuste, movilidad vertical y geográfica, entre otros, sólo pretenden esconder el verdadero impacto social que conllevan. Cada Encuesta de Población Activa vemos cómo la contratación temporal supera con creces la contratación indefinida, pero tampoco pensemos que esta última sirve de colchón. Si consideramos también que teniendo en cuenta que la remuneración, además de escasa es insegura, todo junto provoca el desmoronamiento de lo que era un proyecto de vida y como consecuencia conlleva no pocas frustraciones.

… La lucha enfermiza contra el déficit público ha provocado que las políticas públicas hayan ido desmantelando el paupérrimo estado del bienestar que nos habíamos permitido en este país.

… pertenecer a la clase trabajadora te condena a una precariedad vital en detrimento de la rentabilidad del capital. No estoy convencido de la temporalidad de estos hechos, más bien es el propio sistema y si no le ponemos remedio, las consecuencias sobre nuestra salud pueden ser devastadoras. Luchar contra los efectos de la enfermedad mental con medicamentos sólo sirve para enmascarar una realidad que precisa soluciones desde la raíz. Políticas valientes que construyan un Estado de Bienestar digno y que pongan a las personas por encima del capital se necesitan y no sólo en España.

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