Contra Alberto Benegas-Lynch (h) sobre el materialismo filosófico, el determinismo físico, el positivismo, el libre albedrío, la mente y la acción humana

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Este artículo es una crítica al ensayo de Alberto Benegas-Lynch (h) “Una refutación al materialismo filosófico y al determinismo físico”. Dicho ensayo refleja en sus errores muchos de los problemas que tiene la mala fundamentación científica y filosófica de la Escuela Austriaca de Economía y del pensamiento liberal asociado a ella: no se entienden ni se definen con claridad términos importantes como materialismo filosófico, determinismo físico, o libre albedrío; no se sabe explicar cómo la mente humana con sus capacidades de conocimiento de la realidad y toma de decisiones está basada en una realidad material esencialmente determinista; no se comprende que la alternativa al determinismo es el indeterminismo, y este no significa capacidad de elección sino mero azar, aleatoriedad, ausencia de regularidades.

Alberto Benegas-Lynch (h) (ABL) comete múltiples errores de inferencia lógica, se apoya en opiniones equivocadas (a menudo anticuadas) de científicos (frecuentemente fuera de su área de especialización, como físicos hablando de psicología) o pseudocientíficos, y ofrece citas forzadas que tienen poca relación con los temas tratados. El abuso de malas citas y referencias parece una demostración de erudición mal asimilada típica de alguien de letras que no domina las ciencias naturales; no hay una búsqueda exhaustiva de ideas o datos relacionados que sirvan para explicar y clarificar las ideas, sino que se ofrecen de forma parcial y sesgada muchos apoyos a su tesis sin controlar su calidad y relevancia y se ignoran, obvian o desprecian someramente las críticas contra la misma.

[…] la tesis central del presente ensayo apunta a subrayar que el ser humano no está constituido exclusivamente por kilos de protoplasma, puesto que si esto fuera así, en última instancia, los nexos causales inherentes a la materia determinarían sus dichos y movimientos, lo cual, a su turno, significaría que no habría posibilidad de revisar los propios juicios, ni ideas autogeneradas, ni proposiciones verdaderas y proposiciones falsas, ni propósito deliberado, ni autoconocimiento. En otros términos, no habría acción humana propiamente dicha sino meras reacciones, tal vez más complejas que lo que ocurre en otras especies, pero se trataría de una cuestión de grado y no de naturaleza. Parafaseando (sic) a C. S. Lewis, esto significaría “la abolición del hombre”. La tesis concluye en la inexorabilidad de la mente, la psique, los estados de conciencia o el alma, como entidad distinta del cerebro y del cuerpo humano en general, pero unida en la misma sustancia.

La tesis es errónea y está lastrada por fallos en el uso de términos y errores de argumentación (non sequitur) encadenados. Es un intento fracasado de reducción al absurdo mediante inferencia modus tollens: el antecedente no puede ser cierto porque su presunta consecuencia es falsa. El ser humano no puede estar constituido solamente por materia física porque entonces no habría reflexión, creatividad, capacidad para distinguir lo verdadero de lo falso, intencionalidad o conciencia, cosas que el autor da por hecho que existen sin profundizar en sus esencias y sus problemas y sin investigar cómo son posibles en un mundo exclusivamente físico y natural.

Sin embargo el ser humano sólo puede estar constituido o compuesto a bajo nivel por materia (y energía) física porque no hay nada más: también hay información y organización, pero estas se refieren a formas especiales de relación y acoplamiento entre ciertas entidades materiales; sí que existe la mente, pero no como una sustancia sino como la descripción funcional de lo que hace el cerebro (su soporte físico) como procesador de información, normalmente en una perspectiva subjetiva de primera persona para cada individuo; lo que no hay es entidades sobrenaturales como las almas.

El determinismo causal no implica en absoluto que sea imposible “revisar los propios juicios, ni ideas autogeneradas, ni proposiciones verdaderas y proposiciones falsas, ni propósito deliberado, ni autoconocimiento”. El cerebro es una máquina física que procesa información de forma imperfecta y limitada, puede aprender y puede actualizar sus juicios mediante su revisión crítica y a la luz de nuevos datos o evidencias; las ideas no solo se reciben de otros sino que pueden generarse por uno mismo mediante la actividad endógena de mutación o recombinación de otras ideas; algunos juicios consisten en saber (con posibilidad de error) si ciertas proposiciones son verdaderas o falsas; la intencionalidad o acción con propósito deliberado es una forma sofisticada de control cibernético de la acción mediante imaginación de objetivos deseados y búsqueda o generación de planes de acción para alcanzarlos; la conciencia o autoconocimiento es una forma de procesamiento de información autorreferente (pensar acerca del pensamiento, representarse a uno mismo de forma recursiva o reflexiva como sujeto en el mundo).

La naturalización y la materialización del hombre no significan en absoluto su abolición sino por el contrario su comprensión correcta y realista y el abandono de ilusiones sobrenaturales, sesgos cognitivos y creencias religiosas muy populares (típicas por ejemplo de un autor como C. S. Lewis). Es posible mostrar, con una perspectiva biológica, evolutiva, cibernética, psicológica y cognitiva, cómo la realidad física determinista y regular (con posible parte de aleatoriedad) da origen a la vida (seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos), el pensamiento, la inteligencia, las emociones, la moral, la acción intencional, la creatividad y la conciencia. El problema es que muchos pensadores no saben hacerlo, creen que es imposible y cometen la falacia de argumentar desde la propia ignorancia.

Si alguien afirma que en el ser humano hay algo más que lo material (partículas elementales, átomos, moléculas, tejidos, órganos), algún componente fundamental no físico, debería explicitar qué es ese algo más: si menciona la mente y sus capacidades estará confundiendo y mezclando niveles de descripción y explicación; también debería explicar cómo interaccionan esas entidades inmateriales con las cosas físicas.

Probablemente ABL ha querido usar el término “protoplasma” como el conjunto de los componentes materiales de los organismos vivos, pero se trata de un uso incorrecto y poco riguroso probablemente debido a la escasa familiaridad con la terminología de la bioquímica. El protoplasma es el material contenido en el interior de la célula, limitada esta por la membrana exterior citoplasmática: incluye al citoplasma y al núcleo, y consiste esencialmente en agua, sales o electrolitos, proteínas, carbohidratos, lípidos y ácidos nucleicos. Efectivamente en el ser humano no hay solamente protoplasma: también hay membranas y material intercelular.

Otros términos problemáticos son los de “libre albedrío” y la “acción humana propiamente dicha”. El libre albedrío es un pseudoproblema resultado del torpe uso del lenguaje por pensadores que no aclaran qué significa “libre” y “albedrío”, que mezclan ideas diferentes (libertad como algo que causa pero no es causado, con libertad como ausencia de coacción) o que no son consecuentes con los significados ofrecidos. La mención a la “acción humana propiamente dicha” en contraposición a las “meras reacciones” es un claro sesgo praxeológico que quiere apropiarse del término “acción” para referirse de forma exclusiva a la acción intencional deliberada como si fuera lo único distintivo y esencial de los humanos, ignorando que muchos animales no humanos también actúan intencionalmente; además pretende separar a las reacciones de la acción intencional sin explicar sus diferencias y como si fuera imposible conectar los dos ámbitos.

Además del resumen y el párrafo introductorio, el ensayo de ABL tiene dos secciones: una crítica del positivismo y de la aplicación presuntamente ilegítima de los métodos de las ciencias naturales a las ciencias de la acción humana; y una argumentación de “la inexorabilidad del libre albedrío, la responsabilidad y la noción de agente moral”.

Contra el positivismo

Desde una perspectiva típica de la escuela austriaca de economía y con acierto desigual, ABL critica de forma muy genérica los (presuntos) errores y abusos del positivismo (tanto científico como jurídico), la ingeniería social y la sociología, y repasa ideas de epistemología y filosofía de la ciencia como la significación de las proposiciones, la verificabilidad, la falsabilidad, y su carácter analítico o sintético, a priori o a posteriori. También repasa los postulados y conclusiones esenciales de la metodología de las ciencias humanas (según la limitada y sesgada visión de la escuela austriaca) y de la praxeología como teoría de la acción humana.

Al mencionar las ciencias sociales ABL critica la antropomorfización de la sociedad, su tratamiento como un agente individual: sin embargo es posible reconocer que existen las asociaciones de agentes, y que cuando estas están cohesionadas y coordinadas constituyen a su vez agentes de nivel superior (en el sentido de que son sistemas o entidades compuestas de elementos más simples); de hecho el propio ser humano es simultáneamente un individuo con entidad propia (en el sentido de tener una continuidad de su identidad y de ser distinguible de otros individuos) y una sociedad de agentes a diversos niveles (sus células como organismo multicelular, su mente como una sociedad de agentes especializados en diversas tareas de procesamiento de información).

Según ABL “En las ciencias naturales se intenta detectar regularidades: no hay aquí nada más que nexos causales exteriores al fenómeno observado”. ¿Acaso en las ciencias humanas no se intenta detectar regularidades o patrones? ¿A qué se dedica entonces la economía? ¿Qué quiere decir que los nexos causales son exteriores al fenómeno observado?

ABL intenta diferenciar a los humanos de otras entidades:

Las plantas, las piedras y los animales no tienen propósito deliberado, no son racionales.

[…] en las ciencias sociales, en el hombre, no solo tienen lugar las relaciones causales físico-biológicas y las influencias ambientales, sino que se agrega la teleología: el hombre decide, opta y prefiere. El ser humano está sujeto a las leyes de la física, pero, además y principalmente, sus decisiones introducen elementos que no están presentes en las plantas, los minerales y los animales no racionales.

[…] El propósito deliberado se desprende de la acción humana, ya que sin una meta no hay acto humano propiamente dicho, sino simplemente movimiento reflejo o condicionado.

[…] Se trata del ser humano y de sus meditaciones, valores y decisiones, que lo distinguen del resto de las especies conocidas.

ABL mezcla en la misma categoría agentes vivos autónomos con sistemas de control cibernético (plantas y animales) con entidades inertes (piedras que ni actúan ni tienen sensibilidad ni capacidad de procesamiento de información). También parece confundir el movimiento reflejo con el condicionamiento: el carácter de reflejo de un acto se refiere a la cantidad y velocidad del procesamiento cognitivo ante un estímulo, mientras que el condicionamiento se refiere al proceso mediante el cual un agente aprende una conducta de respuesta ante un estímulo.

La afirmación de que los animales no tienen propósitos deliberados, no piensan, no tienen objetivos, no toman decisiones procesando información según sus preferencias, es falsa y revela un grave desconocimiento de biología, etología y psicología animal. Los animales también deciden, optan y prefieren, porque esta es una funcionalidad, presente en mayor o menor grado en las diversas especies, de todos los seres vivos como agentes autónomos. Sí que es cierto que los humanos tienen capacidades cognitivas y reflexivas más desarrolladas (más memoria, más imaginación, más teoría de la mente, más creatividad), pero esto no es equivalente a afirmar que los humanos son racionales y los animales no.

ABL menciona la racionalidad como si fuera equivalente a la intencionalidad pero no profundiza más en un asunto muy complejo: ignora el conocimiento aportado por la economía conductual sobre las irracionalidades del ser humano y las modernas explicaciones de la racionalidad como una capacidad desarrollada de forma evolutiva no tanto para conocer la realidad sino para dar razones (explicar motivos, ofrecer excusas) y argumentar, debatir y ganar discusiones y mejorar el estatus en un entorno social.

ABL separa lo causal de lo teleológico como si fueran ámbitos sin intersección y como si lo teleológico no pudiera explicarse en función de lo causal: en realidad lo teleológico es un subconjunto de lo causal, una forma especial de control de la acción de un agente capaz de representar la realidad e imaginar objetivos deseados y desarrollar planes de acción para alcanzarlos.

ABL parece defender, sin explicitarlo, que la acción humana deliberada no es compatible con la causalidad material:

El libre albedrío […] es una derivación primordial de la acción humana: si la libertad fuera una simple ilusión, no habría actos humanos.

[…] Sin duda que si el ser humano estuviera constituido exclusivamente por kilos de protoplasma, el positivismo tendría razón en extender sus procedimientos y métodos de las ciencias naturales a las ciencias sociales, puesto que en este último caso la diferenciación radicaría simplemente en una cuestión semántica, ya que no habría acción humana sino actos reflejos y determinados por los nexos causales inherentes a la materia, más complejos quizás, sujetos a vaivenes probabilísticos más intrincados tal vez; pero, como hemos expresado, la diferencia sería de grado, no de naturaleza.

No comprende que los nexos causales de la materia son tan responsables de los actos reflejos como de los actos deliberados. Las neuronas operan todas según los mismos principios físicos y químicos, y la diferencia entre un acto reflejo y un acto deliberado está en cómo se procesa la información por el cerebro (velocidad, cantidad y complejidad de dicho procesamiento). No hay nada mágico ni sobrenatural en la capacidad humana de deliberar y actuar intencionalmente.

La física cuántica y la teoría del caos en nada cambian la antedicha diferenciación en cuanto al modo sustancialmente distinto de abordar las ciencias naturales y las sociales, puesto que no hay libre albedrío en aquellos campos. En el mundo subatómico hay re-acción, no acción ni propósito deliberado.

Naturalmente que no hay libre albedrío ni propósito deliberado al nivel físico de las interacciones entre partículas elementales: estos son conceptos que se refieren a fenómenos emergentes que se corresponden con niveles superiores de integración, organización y abstracción de la realidad, los niveles de la mente como procesadora de información y sistema de control de la conducta de un agente.

Gran parte de la argumentación y las referencias de ABL están basadas en mala filosofía anticuada, frecuentemente teñida de creencias religiosas. Algunas afirmaciones son especialmente chocantes por sus conexiones teológicas y su falta de significado real:

La acción humana implica imperfección y, consecuentemente, estados de insatisfacción. Esta es la razón por la que se necesita la incorporación de valores espirituales y bienes materiales. Ser perfecto es acto puro, y por tanto no está en potencia de nada, puesto que lo posee todo.

Los positivistas reaccionaban con razón contra discursos como este. El mismo ABL reconoce que “Tal vez, en parte, el positivismo tuvo su explicación –que no justificación– debido a ciertos abusos de teólogos”. Efectivamente: el uso de jerga peculiar de difícil comprensión y aplicación (ser perfecto, acto puro), los abusos del principio de autoridad, la confianza ciega en las escrituras sagradas como fuente de conocimiento acerca de la realidad, el discurso moralizante y prescriptivo en lugar de descriptivo y explicativo, y la alergia a observar, experimentar y medir.

Las referencias a nociones científicas modernas del ensayo son poco relevantes, incompletas o simplemente desacertadas: aparecen el teorema de Gödel, la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg, el determinismo e indeterminismo físico y la posibilidad de predicción, la teoría del caos (dinámica no lineal), o la evolución. Faltan la biología, la autopoyesis, la cibernética, las ciencias cognitivas, la psicología y la epistemología evolucionistas.

Por ejemplo ABL no domina el principio de incertidumbre de Heisenberg y ofrece citas que apoyan una interpretación epistémica del mismo (problemas de falta de conocimiento), ignorando que las explicaciones más actuales y aceptadas de la mecánica cuántica lo tratan como un problema óntico (la realidad es fundamentalmente indeterminista, probabilista).

El tratamiento de la acción de Teresa de Calcuta mezcla descripciones económicas con valoraciones éticas:

Cuando la madre Teresa de Calcuta cuidaba a sus leprosos era porque estaba en su interés personal proceder así (está en interés del sujeto actuante actuar como actúa); y en eso consiste su extraordinario mérito y su valor como persona, y todas sus acciones y metas diarias apuntaban a que los medios aplicados fueran más que compensados por los resultados obtenidos, de lo contrario se les (sic) morirían sus enfermos. Es decir, evitaba las pérdidas. Sus desvelos, sacrificios y esfuerzos asombrosos constituían sus alegrías: comprobaba los resultados de su obra.

¿El mérito y el valor personal consisten en perseguir el interés personal? ¿Eso significa que todo el mundo tiene mérito, o incluso que los más egoístas son los más meritorios? ¿No suele admirarse a algunas personas por cómo se sacrifican por los demás? ABL quizás ignora que Teresa de Calcuta se dedicaba más a acompañar a los enfermos y a consolarlos que a curarlos y evitar su muerte.

Una de sus críticas al positivismo es especialmente mala:

Resulta sorprendente que el positivismo haya contribuido también a que se acepte el uso inapropiado de terminología y simbolismos innecesarios e impropios, al efecto de impresionar al lego con extrapolaciones ilegítimas de las ciencias naturales al campo de las ciencias sociales, recurriendo a fórmulas intrincadas e improcedentes y a conceptos tomados de la física cuántica, en lugar de a expresiones simples y directas propias del ámbito de la acción humana. Esto da lugar a fraudes académicos de diversa magnitud en ensayos, libros e incluso tesis doctorales.

Recordemos, por ejemplo, el sonado caso de Alan Sokal y Jean Bricmont […]

ABL mezcla al positivismo con el postmodernismo, pretende que las imposturas y la pseudociencia son culpa del positivismo (no lo son), y no precisa cuáles son esos términos y símbolos presuntamente inadecuados.

Sobre la psique y el libre albedrío

En esta sección son especialmente relevantes y abundantes los errores en las citas de autores que ABL utiliza como apoyo de su argumentación.

Según ABL:

Los seres humanos estamos determinados a ser tales, y lo estamos en toda nuestra estructura material. Nos distingue de los animales no racionales la capacidad de evaluar, optar, preferir y elegir el curso de acción. Sin embargo, el determinismo físico enfatiza, como su nombre indica, que las causas en cuestión son siempre de naturaleza física, y no hay tal cosa como razones o motivos que tengan lugar en el ser humano y den lugar a la deliberación y a la libertad; esto a veces es denominado fatalismo.

Insiste en la falsedad de que los animales no eligen. Se inventa que el determinismo físico afirme que no existen las razones o motivos en el ser humano (es muy relevante que no ofrezca ninguna cita al respecto, y es que se trata de un hombre de paja). Confunde el determinismo con el fatalismo, que en realidad consiste en no hacer nada en la creencia de que las acciones humanas no pueden cambiar la realidad ni su evolución.

ABL cita al físico Max Planck (escribiendo cuatro veces su nombre como “Plank”) en su apoyo:

Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad. (…) El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta (…) en el intercambio de motivos y conductas tenemos una cadena sin fin de acontecimientos que siguen uno a otro en la vida espiritual, y en esa cadena cada eslabón está ligado por una relación estrictamente causal no sólo con el eslabón precedente, sino también con el que le sigue […S]e presentan circunstancias en las cuales los motivos aparecen completamente independientes, no originados por una influencia anterior, de modo que la conducta a la cual esos motivos llevan será el primer eslabón de una nueva cadena. (…) ¿qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente, ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana? Ésta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo.

Que Planck fuera brillante en física cuántica no implica que fuera brillante como estudioso de la mente humana. No especifica quién considera al humano como una entidad inanimada, lo cual es absurdo. Quizás no tiene claro qué es un autómata, ni qué significa que la volición es autónoma, insinuando que no es resultado de las leyes o regularidades naturales, como si fuera algo que hay que añadir a estas o que no tiene que ver con ellas. Salta en el vacío de lo positivo o descriptivo a lo moral o prescriptivo al hablar de la responsabilidad del individuo.

Según ABL:

El determinismo físico y el materialismo filosófico sostienen que la libertad constituye una ilusión, que no hay tal cosa como el libre albedrío, puesto que el ser humano estaría determinado por los nexos causales inherentes a la materia; por ende, seríamos solamente kilos de protoplasma, y la psique, la mente, los estados de conciencia o el alma racional no existirían. Según esta vertiente, seríamos en definitiva máquinas y haríamos las del loro, si bien tendríamos una complejidad mayor y estaríamos sujetos a cadenas también complejas de probabilidades. Estaríamos determinados, programados (y no simplemente influidos) por nuestra herencia genética y nuestro medio ambiente.

La libertad es o no una ilusión según se entienda esta, pero ABL no estudia los posibles significados del término. La noción de ilusión no significa estrictamente que algo no exista, sino que su naturaleza es diferente de sus apariencias. El determinismo físico y el materialismo filosófico no afirman que la mente, la psique y los estados de conciencia no existan sino que estos son resultados emergentes de la realidad física material subyacente; lo que no existe es el alma según la concepción religiosa sobrenatural y trascendente. Los humanos somos máquinas, pero máquinas especiales con capacidades de control sofisticadas, sensibilidad y capacidad de pensar acerca de nosotros mismos. Somos más complejos y cognitivamente potentes que los loros, aunque los loros curiosamente están entre los animales más inteligentes a pesar de que se les suele poner como ejemplo de autómatas tontos que sólo repiten lo que oyen. La herencia genética y el ambiente influyen sobre la construcción y el desarrollo de nuestro cerebro, pero ninguna es determinante en el sentido de ser el único factor que importa.

ABL cita a Nathaniel Branden:

El determinismo [físico] declara que, aquello que el hombre hace, lo tenía que hacer, aquello en lo que cree, tenía que creerlo; si centra su atención en algo, lo tenía que hacer; si evita la concentración, lo tenía que hacer (…) no puede evitarlo. Pero si esto fuera cierto, ningún conocimiento –ningún conocimiento conceptual– resultaría posible para el hombre. Ninguna teoría podría reclamar mayor validez que otra, incluyendo la teoría del determinismo [físico] (…) no pueden sostener que saben que su teoría es verdadera; sólo pueden declarar que se sienten imposibilitados de creer de otra manera (…) son incapaces de juzgar sus propios juicios. (…) Una mente que no es libre de verificar y validar su conclusiones, una mente cuyo juicio no es libre, no tiene modo de distinguir lo lógico de lo ilógico (…) ni derecho a reclamar para sí conocimiento de ninguna especie. (…) Una máquina no razona, hace lo que el programa le indica. (…) Si se le introducen autocorrectores, hará lo que indiquen esos autocorrectores (…) nada de lo que allí surja puede asimilarse a la objetividad o a la verdad, incluso de que el hombre es una máquina.

Branden ofrece un análisis confuso, con terminología ambigua (mente “libre”) y con inferencias lógicas injustificadas. El conocimiento y el juicio son perfectamente posibles en un mundo determinista. Una máquina sin capacidad de razonar, obviamente no razona. Pero los sistemas cognitivos suficientemente complejos y potentes, como el cerebro humano, son máquinas especiales que además de ser máquinas (objetos físicos que realizan trabajo) tienen capacidades de procesar información, pensar, razonar.

Una de las referencias más conocidas y débiles en el ámbito del estudio del libre albedrío es John C. Eccles. Según ABL:

El premio Nobel John C. Eccles refuta el materialismo y el determinismo físico, sostenidos por reduccionistas, conductistas o behavoristas [sic] que niegan los estados de conciencia o estados mentales y, por ende, el dualismo interaccionista mente-cuerpo, lo cual es también negado hoy por muchos neurocientistas, estudiosos de la psicología y la psiquiatría, profesionales del derecho penal y de la economía (a través de la llamada neuroeconomía).

Eccles no refuta en absoluto el materialismo y el determinismo físico, y en el campo de la neurociencia y las ciencias cognitivas su dualismo es una excentricidad que no es tomada en serio por casi nadie. Sí que es cierto que el conductismo (Skinner, Watson) estaba profundamente equivocado al negar la importancia de los estados mentales. Los estudiosos de la neurociencia son neurocientíficos, no neurocientistas.

Algunas afirmaciones de Eccles:

Cuanto más descubrimos científicamente sobre el cerebro, más claramente distinguimos entre los eventos del cerebro y el fenómeno mental, y más admirable nos resultan los fenómenos mentales.

Escribe en primera persona del plural como si representara a toda la comunidad científica, lo que no es el caso en absoluto, porque esta va justo en la dirección contraria, que es la de relacionar eventos cerebrales y fenómenos mentales.

Constituye un error pensar que el cerebro lo hace todo y que nuestras experiencias conscientes son simples reflejos de las actividades del cerebro, lo cual es una visión filosófica común. Si eso fuera así, nuestros estados de conciencia no serían más que espectadores pasivos de acontecimientos llevados a cabo por la maquinaria neuronal del cerebro. Nuestra creencia de que podemos realmente tomar decisiones y de que tenemos algún control sobre nuestras acciones no sería más que una ilusión.

La consciencia resulta de la actividad del cerebro: ¿de qué otra cosa podría ser resultado? La conciencia no es un mero espectador pasivo sino una forma peculiar de procesamiento de información que participa activamente (pero no de forma única, también existe lo inconsciente o subconsciente) en la generación de la conducta. Los humanos realmente tomamos decisiones y controlamos nuestras acciones, pero no de la forma ingenua y mágica que creen los dualistas.

La mente nos provee, como personas conscientes que somos, de las líneas de comunicación desde y hacia el mundo material (…) no aceptamos de modo servil todo lo que nos proporciona nuestro instrumento, la maquinaria neuronal de nuestro sistema sensorial y de nuestro cerebro. Seleccionamos de entre todo aquello que se nos brinda en función de nuestro interés y nuestra atención, y modificamos las acciones de la maquinaria neuronal, por ejemplo, para iniciar un movimiento, recordar algo o centrar nuestra atención.

Eccles cree que por un lado está la mente y por otro el cerebro: no entiende que la mente es una descripción funcional subjetiva de lo que hace el cerebro. La mente no modifica la maquinaria neuronal sino que es resultado de la misma, y esta maquinaria puede modificarse a sí misma como parte de su propio funcionamiento.

Ha resultado imposible desarrollar una teoría del funcionamiento cerebral que pueda explicar cómo la diversidad de los eventos del cerebro se sintetizan de modo que exista una unidad de la experiencia consciente. (…) Cada persona debe considerarse primeramente como un ser único consciente que interactúa con su medio ambiente –especialmente con otras personas– por medio de la maquinaria neuronal del cerebro (…) todas las explicaciones monistas-materialistas constituyen erradas simplificaciones.

La investigación de la conciencia es difícil, pero existen buenas teorías monistas-materialistas complementarias al respecto: ni la conciencia es un misterio insondable ni explicarla es una tarea imposible.

Del epígrafe que abre el ensayo:

One does not conduct a rational argument with a being that makes the claim that all its responses are reflexes, no matter how complex and subtle the conditioning.

Aquí Eccles contrapone la argumentación racional con los reflejos como si fueran las únicas opciones posibles, y su crítica parece referirse exclusivamente a los conductistas (reflejos, condicionamiento) y no al materialismo en general.

Digo enfáticamente que negar el libre albedrío no es un acto racional ni lógico. Esta negación presupone el libre albedrío debido a la deliberada elección de esa negación, lo cual es una contradicción, o es meramente una respuesta automática de un sistema nervioso desarrollado por códigos genéticos y moldeado por el condicionamiento.

Antes de decirlo enfáticamente debería explicar qué entiende por libre albedrío, por racionalidad y por lógica. ¿Qué es una elección deliberada? ¿Hay elecciones no deliberadas? ¿De dónde viene o cómo se produce esa deliberación?

[…] el pensamiento modifica los patrones operativos de la actividad neuronal del cerebro.

El pensamiento, resultado o descripción de la actividad de las neuronas del cerebro, efectivamente modifica los patrones de actividad del propio cerebro: no tiene nada de misterioso que un sistema se altere a sí mismo como resultado de su propio funcionamiento.

ABL menciona la evolución cultural, que trata de forma equivocada como si sólo se refiriera al proceso de selección de normas, y cree erróneamente que la selección natural se refiere a la selección de especies.

Al contrario de la evolución biológica, en la evolución cultural, en una sociedad abierta, los más fuertes transmiten su fortaleza a los más débiles mediante las tasas de capitalización; por ello resulta impropia la extrapolación de un campo al otro y hacer referencia al darwinismo social.

La evolución cultural sucede en las sociedades abiertas y en las cerradas. Las menciones a la transmisión de fortaleza y la tasa de capitalización resultan incomprensibles. La referencia al darwinismo social parece forzada y sin mucho sentido.

Según ABL, “Tal como puntualiza Lecomte du Noüy, a partir de cierta instancia resulta irrelevante la evolución física: “Era necesario que la evolución pudiera continuar en otro plano, en un plano esencialmente humano, el plano del espíritu“”. Sin embargo la evolución no necesita continuar en otro plano, simplemente lo hace; el plano del “espíritu” en el ámbito científico no religioso se conoce como el plano de la mente y las ideas.

ABL cita al biólogo Julian S. Huxley:

Los impulsos que viajan al cerebro en los nervios son de una naturaleza eléctrica y difieren en las relaciones temporales, como las frecuencias y su intensidad. Pero en el cerebro estas diferencias puramente cuantitativas de patrones eléctricos se transforman en cualidades, en sensaciones [de naturaleza] completamente diferente. La maravilla de la mente es que transmuta cantidad en cualidad. La propiedad de la mente es algo dado.

Los impulsos neuronales son electroquímicos (ondas de densidad o concentración de iones), no eléctricos (movimiento de electrones), pero esto es una cuestión terminológica menor. Huxley está dando una explicación correcta de lo que hace el cerebro para producir la mente, pero esta explicación es esencialmente materialista y no apoya en absoluto las tesis de ABL.

ABL estudia al lenguaje como algo consustancial al ser humano y enfatiza su función en el pensamiento, olvidando el pensamiento no lingüístico (subsimbólico, mediante imágenes) y la importancia del lenguaje para la comunicación entre personas. El lenguaje es un elemento tan importante del pensamiento consciente humano que es muy común cometer el error de afirmar que no hay pensamiento sin lenguaje. Además el lenguaje no es solamente una herramienta que incrementa las posibilidades cognitivas de los humanos: también es una fuente de problemas como las confusiones sobre los significados o los conflictos de interpretación de los mensajes.

ABL cita a Chomsky (sobre los problemas de las explicaciones evolutivas del origen del lenguaje) como si apoyara sus tesis cuando Chomsky es un pensador claramente materialista y el problema es simplemente el grado de continuidad o discontinuidad del lenguaje humano con otras formas de comunicación animal, sus semejanzas y sus diferencias.

Según ABL “Oír es un proceso biológico; escuchar involucra lo epistemológico”. En realidad la diferencia entre oír y escuchar está en la atención deliberada o no, y ambos son procesos biológicos y cognitivos.

ABL cita a Chomsky sobre las diferencias e incompatibilidades entre un ordenador y una mente:

No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección (…) Las cosas que la gente hace que realicen los ordenadores son los aspectos mecánicos del comportamiento humano, como jugar al ajedrez. Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo, y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico probando movimientos tentativos, utilizando su enorme memoria, e intenta explorar profundamente qué sucedería si hiciera este o aquel movimiento, y luego calcula en un minuto promedio de alguna medida del programa, que automáticamente selecciona el movimiento; eso no tiene nada que ver con lo que hace una persona […U]n ordenador no entendería el lenguaje, del mismo modo que un aeroplano no puede volar como un águila. Comprender el lenguaje y el resto del discurso intencional del pensamiento no es algo que pueda hacer un ordenador.

Se trata de un análisis pobre, erróneo e incompleto de lo que hace y es capaz de hacer un ordenador, y por otro lado es una visión errónea y casi mística de lo que son la estrategia, la búsqueda, la elección, la comprensión y la intencionalidad. Todos estos fenómenos son propios de la teoría de la información, la computación y la cibernética.

ABL menciona que Popper dice que “Una computadora no es más que un lápiz glorificado“. Este dicho es un disparate que muestra que Popper no entendía lo que es y hace una computadora.

Sigue ABL:

El neurocirujano Wilder Penfield establece un correlato con la computadora pero en un sentido sustancialmente distinto: ilustra la idea con esa figura asimilándola al cerebro, siendo el operador o programador la mente.

La mente no es el operador o programador: la mente es el programa o algoritmo en ejecución. No hay un fantasma o espíritu operando la máquina: el dualismo cartesiano es un desastre intelectual.

ABL recurre al premio Nobel en Medicina Roger W. Sperry:

La conciencia está concebida para tener un rol directo en la determinación de las pautas en la excitación del cerebro. El fenómeno de la conciencia en este esquema está concebido para interactuar y en gran medida gobernar los aspectos fistoquímicos [sic] y fisiológicos del proceso cerebral. Obviamente, trabaja en el otro sentido también, y, por tanto, se trata de una interacción mutua que se concibe entre las propiedades fisiológicas y las mentales […] Ha surgido un concepto modificado de la experiencia subjetiva en relación a los mecanismos cerebrales y a la realidad externa, lo cual significa una contradicción directa con las tesis centrales del behavorismo (…) y con la filosofía materialista.

La crítica de Sperry es acertada contra el conductismo, que negaba la existencia de lo mental, pero no lo es contra el materialismo, que simplemente dice que la conciencia tiene un sustrato material y es resultado del mismo.

Sobre la interacción de doble sentido entre mente y cuerpo, ABL afirma:

La doble vía en cuanto a las influencias recíprocas en las interacciones mente-cuerpo se observa a simple vista: una preocupación afecta a la salud del cuerpo y un malestar en el cuerpo incide en la mente: algún dicho hace sonrojar la piel, un nerviosismo produce sequedad en la boca, etc.

El problema es que nada de lo anterior implica el dualismo entre mente y cerebro: la mente es una descripción funcional subjetiva del cerebro; una preocupación es un estado mental que se corresponde con un estado de activación neuronal del cerebro, el cual a su vez puede afectar al resto del cuerpo; los dichos son ondas acústicas que son percibidas e interpretadas por el cerebro, posiblemente cambiando su actividad y a su vez la actividad de los vasos sanguíneos del rostro.

Una referencia especialmente lamentable de este ensayo es la cita a Deepak Chopra, conocido charlatán pseudocientífico, como apoyo de lo anterior. Poco después también menciona a Descartes para defender el dualismo mente-cuerpo: algunas viejas falacias nunca mueren.

Basándose en Wilder Penfield, según ABL “en el juramento hipocrático está presente un código moral (lo cual carecería de sentido en un mundo materialista)”. Esto revela una ignorancia profunda de la psicología moral y evolucionista: en un mundo materialista tiene perfecto sentido la moral como sistema de sentimientos y normas que regulan la cooperación en un grupo social. El materialismo no implica que no existan las ideas o las emociones, sino que estas tienen un sustrato material y no requieren ninguna intervención sobrenatural.

ABL busca apoyo en Thomas Szasz, y lo hace con el error más grave del propio Szasz, la negación total de la enfermedad mental:

Thomas Szasz con razón argumenta que constituye un despropósito aludir a la enfermedad mental, puesto que, desde el punto de vista de la patología, una enfermedad se traduce en una lesión orgánica que afecta a células y tejidos, lo cual no puede ocurrir con la mente, del mismo modo que no hay enfermedad de las ideas o las conductas, a diferencia de lo que sucede en la escarlatina, la viruela o el cáncer.

No todas las enfermedades son lesiones orgánicas de células o tejidos dañados. Las enfermedades mentales se refieren a las emociones o cogniciones que son disfuncionales y dificultan en lugar de promover la supervivencia y desarrollo del organismo (o de otros individuos en un entorno social); no todas se producen por lesiones en las neuronas, sino por fallos en su forma de conectarse y activarse (a nivel individual y de grupos funcionales de neuronas) y por las conductas inadecuadas que generan (psicopatías, anorexia, bulimia, psicosis, paranoia, esquizofrenia, alucinaciones, depresión, trastorno obsesivo compulsivo). Con una analogía informática las enfermedades mentales serían equivalentes a los errores de programación frente a las lesiones orgánicas como averías de los dispositivos físicos. Szasz es muy interesante al criticar los abusos de la psiquiatría, pero se equivoca gravemente al negar la posibilidad de cualquier enfermedad mental.

Para ABL es imposible explicar materialmente la mente humana:

No se trata de esperar el avance de la ciencia. Se trata de imposibilidades. Del mismo modo que no hace falta esperar al avance de la ciencia para saber que la parte es mayor que el todo o que el corredor jamás alcanzará a su propia sombra. En definitiva, de lo que se trata es de saber que el hombre dejaría de ser humano si no fueran posibles las proposiciones verdaderas y las proposiciones falsas, y, por ende, la distinción entre cuerpo y psique o mente, con funciones y facultades diferentes.

Los trucos lógicos de la parte y el todo y el corredor y su sombra no tienen nada que ver con el problema del cerebro y la mente. Las proposiciones verdaderas y falsas son posibles en un mundo material, y la mente es la función que realiza el cerebro para, entre otras cosas, detectar (de forma muy imperfecta y limitada) qué proposiciones son verdaderas y cuáles son falsas. ¿Según ABL cuáles serían esas facultades diferentes del cerebro y de la mente?

ABL recurre a Hayek:

Los procesos individuales de la mente se mantendrán para siempre como fenómenos de una clase especial (…) nunca seremos capaces de explicarlos enteramente en función de las leyes físicas.

La mente es especial, pero es explicable en función de leyes físicas. Al ser el cerebro un sistema hipercomplejo es posible que resulte muy difícil comprender todos sus detalles, pero esto no significa que se trate de algo misterioso. Por otra parte, ¿cómo sabía Hayek qué serían capaces o no de explicar los investigadores del futuro? ¿Por qué se atreve a hablar en nombre de todos ellos? Hayek habla de la fatal arrogancia del constructivismo intervencionista del socialismo, que no se da cuenta de que no es posible obtener, procesar y transmitir la información necesario para coordinar de forma centralizada y coactiva la sociedad y la economía; pero también hay una fatal arrogancia de quien asegura que los científicos del futuro nunca podrán explicar algo como el cerebro en función de leyes físicas. Curiosamente, él mismo es uno de los padres de las ciencias cognitivas con su obra El orden sensorial.

ABL recurre a Karl Popper:

Como ha dicho Karl R. Popper, el determinismo físico se refuta a sí mismo; en este sentido, cita la siguiente aseveración de Epicuro: “Quien diga que todas las cosas ocurren por necesidad no puede criticar al que diga que no todas las cosas ocurren por necesidad, ya que ha de admitir que la afirmación también ocurre por necesidad”; para a continuación agregar: “Si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pros y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta. Así pues, un argumento que lleva a la conclusión de que nuestras opiniones no son algo a lo que llegamos nosotros por nuestra cuenta se destruye a sí mismo”.

Hay una confusión importante en Popper y Epicuro. El determinismo físico no se refuta a sí mismo en absoluto. Uno puede criticar a otros por lo que quiera, con acierto o sin él. Uno puede afirmar por necesidad que no todas las cosas suceden por necesidad: sería una afirmación errónea pero no contradictoria. El juicio de la razón es compatible con (y resultado de) el determinismo físico, más posibles componentes de indeterminismo (pero este último no equivale a la mente o el alma).

Según ABL “la mente no pude sufrir lesiones orgánicas: la mente está intacta (puede o no estar operativa, en función de si tiene acceso al lenguaje)”. Efectivamente la mente no es un órgano, el órgano es el cerebro y su funcionamiento es la mente. El tener acceso o no al lenguaje limita la actividad de la mente pero no la anula por completo.

Otro momento especialmente lamentable del ensayo de ABL sucede cuando recurre a Raymond Moody, psiquiatra pseudocientífico interesado por lo paranormal y la parapsicología y que ha escrito sobre las experiencias cercanas a la muerte y la presunta vida después de la muerte:

En este contexto, es oportuno mencionar las experiencias bajo control médico con personas declaradas clínicamente muertas y que finalmente han podido sobrevivir, lo cual revela la capacidad de la mente para recibir información del mundo aunque no pueda retribuir la comunicación debido, precisamente, a las lesiones cerebrales.

Otro pésimo apoyo de ABL es George Gilder, defensor del creacionismo de diseño inteligente que cree ser un científico de la teoría de la información cuando en realidad está profundamente confundido al respecto (ver referencia a mi artículo crítico al final del texto):

En la ciencia de la computación persiste la idea de que la mente es materia. En la agenda de la inteligencia artificial, esta idea ha comprometido a una generación de científicos de la computación con la forma más primitiva de superstición materialista. (…) La historia intelectual apuntó a una agenda de autodestrucción, mejor conocida como materialismo determinista.

Más acumulación de referencias lamentables:

Respecto al libre albedrío y a la relevancia de la psique, es como ha escrito Lucas: no es posible tomar al determinismo en serio: “Solo un agente libre puede ser racional. El razonamiento, y por tanto la verdad, presupone la libertad, tanto como la deliberación y la elección moral”. Thorp ilustra la idea con la diferencia abismal que existe entre una decisión y un estornudo, mientras que Michael Polanyi anota: “[Entre algunos] biólogos se da por sentado que las manifestaciones de vida pueden ser explicadas en último término por las leyes que gobiernan la materia inanimada. Sin embargo, este supuesto constituye un disparate manifiesto”

Lo que resulta muy difícil es tomar a los críticos del determinismo en serio: probablemente ni siquiera entienden qué significan e implican determinismo e indeterminismo. ¿Qué tiene que ver la diferencia entre una decisión y un estornudo con el determinismo? Michael Polanyi ignora cómo explicar la vida a partir de lo inanimado con fenómenos como la autopoyesis (autocatálisis química) y la cibernética: su acusación de disparate manifiesto resulta ser un disparate manifiesto.

Continúa ABL en su búsqueda de malos pensadores y argumentos:

Chesterton, con su pluma irónica, nos dice que si el materialismo fuera correcto ni siquiera tendría sentido dar las gracias a nuestro compañero de mesa cuando nos alcanza la mostaza, ya que se habría visto compelido a hacerlo.

Chesterton, tan citado por muchos conservadores como un genio (quizás porque confirma sus prejuicios y sesgos), no parece entender el sentido de las cosas: si no das las gracias a quien te hace un favor, tal vez no vuelva a hacerlo.

Entra ABL en el ámbito de la responsabilidad moral:

Naturalmente, si se es materialista, en materia penal ha de sostenerse que no debe castigarse al delincuente, puesto que no es responsable de lo que hace.

Naturalmente falso: el delincuente puede ser responsable de lo que hace porque la responsabilidad es una idea moral, no física.

El homicidio en el seno materno llamado aborto está igualmente relacionado con el materialismo, pues considera al ser humano un trozo de carne.

Tanto el ser humano embrión como el adulto son trozos de carne: parte de esa carne es especial porque es un cerebro capaz de pensar y sentir; en el embrión la actividad cerebral es muy distinta a la del adulto. ¿Qué sugiere ABL que hay en el ser humano además de carne? ¿Alma que le es insuflada de algún modo en algún momento?

También en economía ha adquirido peso el determinismo físico: curiosamente, en la teoría de la decisión, inherente a la mencionada neuroeconomía y la economía behavorista (sic)–principalmente lideradas por Ariel Rubinstein y Daniel Kahnemann (sic)–, que en la práctica, por las razones antes apuntadas, demuelen la posibilidad de decisión.

La obsesión contra el determinismo físico (y la manía de muchos economistas austriacos de mirarse el ombligo y ponerse orejeras para no ver el resto del mundo) lleva a atacar ámbitos científicos tan valiosos como la teoría de juegos (Rubinstein) y la economía conductual (Kahneman). Los estudiosos de la teoría de la decisión son acusados de demoler la posibilidad de la decisión…

Sigue ABL:

Como bien ha escrito C. E. M. Joad, resulta en verdad muy paradójico que los especialistas en la mente o la psique y muchos de los profesionales de las ciencias sociales sean los principales detractores del libre albedrío, mientras que los encargados de trabajar con la materia: físicos, biólogos y similares, resulta que tienen una mejor predisposición a comprender lo no material. Tal vez sea esto el resultado de un abordaje más filosófico sobre la materia por parte de los físicos modernos: hoy, la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica y la teoría de los campos muestran la equivalencia entre masa y energía. En todo caso, resulta llamativa la retirada de lo propiamente humano por parte de muchos de los profesionales de las ciencias de la acción humana.

Joad fue un filósofo socialista fabiano y un pseudocientífico interesado en lo paranormal, la parapsicología y cazar fantasmas: no es extraño que se equivoque tanto es sus valoraciones, que básicamente son invenciones sin datos que las fundamenten. Las menciones a las teorías de la relatividad, de la mecánica cuántica y de los campos son completamente irrelevantes: quizás impresionen a incautos de letras que no sepan mucho de ciencias naturales.

Skinner declara: “Yo cuestiono la posibilidad de la libre elección”; lo demás, afirma, son “fantasmas de las teorías mentalistas”, tesis que desarrolla en una de sus obras más conocidas, la cual analiza y critica en detalle Tibor R. Machan.

Todo depende de qué signifique “libre” en libre elección. Y sí que hay muchos fantasmas en las teorías mentalistas, como muestra este ensayo de ABL. El conductismo produjo muchos disparates, pero casi se entiende al compararlo con el espiritismo inmaterial de sus críticos.

Ryle niega la existencia de la mente con su peyorativo dictum “The ghost in the machine”.

Gilbert Ryle no niega la existencia de la mente sino que la explica correctamente, la libera de nociones erróneas como el dualismo cartesiano, y le da una fundamentación material.

Freud enfatiza: “Es una ilusión tal cosa como la libertad psíquica (…) Ya otra vez le dije que usted cultiva una fe profunda en que los sucesos psíquicos son indeterminados y en el libre albedrío, pero esto no es científico, y debe ceder a la demanda del determinismo, cuyas leyes gobiernan la vida de la mente”. Lo mismo sostiene Edward O. Wilson; por eso: “La única salida es estudiar la naturaleza humana como parte de las ciencias naturales”.

Tanto Freud como Wilson tienen razón: son, junto a Ryle, de las pocas citas y referencias que merecen la pena; y son justamente las que ABL rechaza.

Isaiah Berlin apunta: “Escapamos a los dilemas morales negando su realidad (…), reducimos la historia a una especie de física y condenamos a Genghis Khan o Hitler de la misma manera que condenaríamos a la galaxia o a los rayos gamma”

¿Por qué escribe Berlin en primera persona del plural? ¿Quién niega la realidad de los dilemas morales? ¿Quién reduce la historia a física y cómo lo hace? ¿Quién condena a Genghis Khan o Hitler igual que a una galaxia o a los rayos gamma? ¿Alguien cree que esto es una argumentación seria?

Von Mises enfatiza: “Para un materialista consistente no es posible distinguir entre acción deliberada y la vida meramente vegetativa, como la de las plantas (…) A una doctrina que afirma que los pensamientos tienen la misma relación con el cerebro que la bilis con el hígado no le es posible distinguir entre ideas verdaderas y falsas, igual que [no distingue] entre bilis verdadera y falsa”. Efectivamente: si se tratara de un asunto meramente físico, no hay tal cosa como presión arterial verdadera o falsa: simplemente es.

Ludwig von Mises también comete errores garrafales: para un materialista es trivial distinguir la acción deliberada de la vegetativa. La analogía entre pensamientos y cerebro por un lado y bilis e hígado por otro es válida si se entiende que los pensamientos no son objetos o sustancias materiales como la bilis. No tiene sentido hablar de bilis verdadera y bilis falsa igual que tampoco hay presión arterial verdadera o falsa: sí tiene sentido hablar del cerebro como un órgano encargado de procesar información y realizar juicios sobre la verdad o falsedad de las proposiciones.

Para hablar de verdad o falsedad tiene que aceptarse la idea de un juicio, que necesariamente debe ser extramaterial, ajeno a los nexos causales inherentes a la materia. Rothbard nos explica que si nuestras ideas están determinadas, entonces no tenemos manera de revisar libremente nuestros juicios y aprender la verdad –”se trate de la verdad del determinismo o de cualquier otra cosa”–.

ABL no se cansa de repetir el mismo argumento erróneo una y otra vez con diferentes citas y referencias: esta vez le ha tocado a Murray Rothbard quedar en evidencia.

Sigue ABL:

No hay tal cosa como el azar, hasta los juegos de azar son resultado de causas específicas; pero distinto es atribuir todo a lo físico, de tal manera que, como ha dicho Popper, un físico ignorante en temas musicales, analizando el cuerpo de Mozart, podría componer la música que ese autor compuso, incluso componer obras que Mozart nunca imaginó, siempre que haga las oportunas modificaciones en la estructura molecular de su cuerpo.

No hay tal cosa como el azar: la mecánica cuántica debe estar totalmente equivocada. ABL quizás no se da cuenta de que su afirmación implica que entonces el mundo es determinista y exclusivamente determinista, cuando él se opone al determinismo. El argumento de Popper es penoso: si un cuerpo tiene una configuración molecular idéntica a la de Mozart, entonces su conducta determinista será exactamente la de Mozart y podrá componer igual de bien que él.

ABL acaba mezclando confusamente las concepciones de libertad al mencionar a Juan José Sanguineti y afirmar que “el ámbito del debate debe ser el de la libertad”:

Se puede observar también una seria confusión entre dos ámbitos no exactamente equiparables: la teoría de la ciencia y la teoría política. Quizá esa confusión se daba algo en Platón, Hegel y Marx, pero sobre todo en este último. Llegar personalmente al conocimiento de la verdad es una cuestión gnoseológica, mientras que respetar la libertad ajena no es ya un problema noético, sino moral y político, o también jurídico, porque tiene que ver con el respeto de los derechos.

¿Esta es la libertad de la que habla cuando se refiere al libre albedrío, la del respeto a los derechos y la no coacción?

Y para acabar, algo de confusión acerca de la identidad, la unidad y la continuidad:

El autoconocimiento de la identidad tiene lugar en el ser humano como una unidad continua en el tiempo (D. H. Lewis [sic, es H. D. Lewis]), a pesar de las modificaciones operadas diariamente en el cuerpo, lo cual es debido a la presencia constante de la mente, la conciencia, la psique o el alma, que integra la identidad a través de la memoria.

Referencias y recomendaciones

El artículo de Alberto Benegas Lynch (h) es:

“Una refutación al materialismo filosófico y al determinismo físico”

Revista de Economía y Derecho, Lima, 6 (22), Otoño 2009, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas UPC

La Ilustración Liberal nº 41

https://www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/41/una-refutacion-del-materialismo-filosofico-y-el-determinismo-fisico-alberto-benegas-lynch-h.html

Muchas de las citas y referencias de ABL son útiles para conocer los errores que han cometido sobre estos conceptos los pensadores que menciona. Apenas aparecen citas de materialistas, y estas son presuntamente disparates. Abundan los hombres de paja y escasean los análisis rigurosos de qué significan e implican los términos problemáticos.

Una mención que me ha parecido especialmente peculiar es la de Lecomte du Noüy en una lista de grandes científicos naturales según ABL: “Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Plank (sic), Lecomte du Noüy, Einstein, Bohr, Heisenberg, De Broglie, Prigogine, Hawking”. Yo estudié físicas y llevo muchos años estudiando ciencias naturales y no lo conocía. Su importancia intelectual no se corresponde en absoluto con la de los demás nombres. Quizás a ABL le interesa porque se convirtió del agnosticismo al cristianismo y porque apoyaba una interpretación equivocada y pseudocientífica (teísta y teleológica) de la evolución (ortogénesis o telefinalismo).

Un pensador especialmente brillante como Daniel Dennett aparece en la bibliografía del ensayo pero no es mencionado en el texto principal. Otros autores realmente recomendables para quien quiera investigar estos temas: Richard Dawkins, Stephen Jay Gould, Steven Pinker, Susan Blackmore, Marvin Minsky, Ray Kurzweil, Humberto Maturana y Fernando Varela, Stuart Kauffman, Douglas Hofstadter, Norbert Wiener, Antonio Damasio, Michael Gazzaniga, Read Montague, Gerald Edelman, Joaquín Fuster, Matt Ridley, Frans de Waal, Carl Safina, Marc Bekoff y Jessica Pierce, Dan Sperber y Hugo Mercier, Terrence Deacon, Alicia Juarrero, William Calvin, Patricia Churchland, David Deutsch, David Eagleman, Gary Marcus, Michael Graziano, Jonathan Haidt, Sam Harris, Marc Hauser, Bruce Hood, Thomas Metzinger, Robert Rosen, Robert Sapolsky, Michael Shermer, Joshua Greene, Larry Arnhart, Ian Stewart y Jack Cohen, John Casti, Jared Diamond, James Gleick, Lewis Wolpert, John Brockman (editor).

Artículos míos (Francisco Capella) relacionados con estos temas:

Escuela austriaca, ciencia, filosofía y teología

Libertad, libre albedrío y determinismo

Máquinas inteligentes: humanos y robots

Vivir, actuar, pensar, sentir

George Gilder, Intelligent Design creationist

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