Gestación subrogada: recopilación actualizada de tonterías

No somos vasijas

Vientres de alquiler: consecuencias éticas y jurídicas, de Alicia Miyares, filósofa, portavoz de NoSomosVasijas

Mercado, vientres de alquiler, prostitución, aborto… El mismo debate, de Beatriz Gimeno

Carta pública a Errejón: las mujeres no somos vientres de alquiler, de Lidia Falcón

Res extra commercium, de Elisa Beni

Vientres de alquiler o la mercantilización de la vida, de Lina Gálvez

Una vez que la criatura encargada, comprada hablando en propiedad…

… Como es lógico, tratándose de un comercio que tan evidentemente implica traficar con el cuerpo y los sentimientos de seres humanos, las empresas que lo promueven y se lucran con él tratan de disimular que detrás de la subrogación hay mujeres obligadas a renunciar a algo que es parte de ellas, madres a las que se obliga a dejar de serlo, y una ruptura de un lazo biológico, psicológico, emocional y amoroso esencial para la vida.

… Los videos promocionales se centran en las parejas demandantes, normalmente blancas y heterosexuales, aunque las estadísticas nos digan que a esta práctica acceden principalmente parejas de hombres homosexuales. En parte por la discriminación que sufren al no pasar normalmente las pruebas de idoneidad para adoptar. Supongo que con esta práctica publicitaria que desde mi punto de vista tiene bastante de homófoba, de presentar como modelos de estas transacciones a parejas heterosexuales, estas empresas pretenden legitimar la idea de que en realidad no sólo se trata de un acto de altruismo sino incluso hablan de que lo que se establece es un lazo de solidaridad entre mujeres. Estas empresas tienen eslóganes como “Da vida a otras vidas” o “Un viaje a la vida”, pero nunca enseñan en sus páginas web un viaje a la vida de las mujeres que se embarcan en el deshumanizador proceso de mercantilizar su vientre, su cuerpo y su vida.

… Aludir, como se suele hacer, que estas mujeres ayudan a otras familias libremente, que alquilan sus vientres y mercantilizan su cuerpo y su vida libremente, es negar que no hay libertad completa cuando se es pobre, cuando no es posible garantizar la supervivencia de una misma o de su familia. Además de despreciar los costes físicos y emocionales de un proceso de reproducción asistida y sobre todo, de una gestación, algo solo comprensible si se deshumaniza a la persona, a las mujeres que se someten en este caso, a estas transacciones. La libre elección es un mito que cada vez nos venden mejor.

… Claramente, las mujeres dejan de ser en ese momento un fin en sí mismas, como todo ser humano debería ser, para pasar a ser un medio para los fines de otros, el del beneficio privado y la mercantilización.

… Nunca he dudado de las buenas intenciones de las personas que acceden a estos servicios, de la nobleza de sus deseos de dar a una criatura amor y un espacio donde crecer cómodamente. Pero no es cierto que esos niños y niñas estén ya en el mundo y que por tanto, haya que ampararlos, como sin duda hay que amparar a cada criatura. Esos niños y niñas se encargan a través de transacciones mercantiles que deshumanizan a las mujeres que los gestan convirtiéndolas en unas meras vasijas. Y no se nos debe plantear como natural que se mercantilice, alquile, el vientre de una mujer para cumplir el deseo de una persona o una pareja de acceder a la paternidad. Ni tampoco como una vía fácil de salir de la pobreza para esas mujeres y sus familias.

Karl Polanyi, en su acertado análisis sobre el triunfo del sistema capitalista, decía que éste se caracterizaba por la mercantilización de aspectos que hasta ese momento no habían estado sujetos a una lógica mercantil o capitalista como el dinero, la tierra y sobre todo, el trabajo humano. El su libro “La gran transformación” nos hablaba del conflicto que históricamente se había planteado entre el proyecto político de mercantilización –impuesto con el triunfo del estado liberal y la sociedad y economía de mercado-, y el proyecto político de protección social fruto de luchas políticas y sociales que derivaron en lo conocemos como estado social.

Polanyi escribió sobre estos procesos en los años cuarenta del siglo pasado y no tuvo tiempo de ver el proyecto hipermercantilizador que ha traído la revolución neoliberal. No obstante, él ya previó que si se mercantilizaba una parte tan importante de la vida como el trabajo de las personas, se acabaría mercantilizando todo, y claro, ahora también mercantilizamos los vientres de las mujeres y la propia vida y encima nos lo quieren vender como algo natural y una transacción que se realiza libremente entre iguales.

Siete claves sobre el debate para legalizar la gestación subrogada en España

… se trata de un debate difícil…

… Mientras Ciudadanos, algunos destacados representantes del Partido Popular y las asociaciones que apoyan esta fórmula la describen como una técnica de reproducción asistida, los colectivos que defienden los derechos de las mujeres y organizaciones feministas afirman que se trata de un negocio tremendamente lucrativo.

De hecho relacionan este concepto de negocio con la explotación de la mujer y con la violación de derechos humanos. Y en este punto las diferencias ideológicas se difuminan. Una representante del Partido Popular comentó a Público, pidiendo mantener su anonimato, que “no se puede regular ni legalizar esta práctica porque juega con la vulnerabilidad y los derechos humanos de las mujeres”. “Las mujeres se convierten en productos de usar y tirar. El todo vale no puede ser” y añade que hay debates más prioritarios, como la educación y el futuro de las pensiones, entre otros.

“Las mujeres no somos objetos ni tanques criogénicos”, asevera la portavoz de igualdad del PSOE en el Congreso Ángeles Álvarez. “El lucro que genera este negocio, además, no lo percibe al mujer gestante, sino que cerca del 80% se queda en los intermediarios: agencias de viajes, empresas que ponen en contacto con las mujeres, clínicas…”, explica la diputada.

Podemos tampoco tiene una posición cerrada. Su portavoz de Igualdad, Sofía Castañón, manifestó recientemente a EFE que se debe hacer un debate recogiendo la opinión de la sociedad en su conjunto. Considera que el asunto ha saltado a la palestra de forma precipitada cuando es tan difícil de resolver “de forma categórica” por su complejidad, ya que se trata, por un lado, de “la libre disposición del cuerpo de las mujeres” y, por otro, de una situación de “explotación por la desigualdad de género que existe”.

… Fuentes del PP críticas con legislar sobre esta materia han recordado que “tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de Europa ya se pronunciaron en contra de legalizar esta práctica, incluso aunque sea de forma altruista”.

Por contra, Ciudadanos defiende que su propuesta de regular esta práctica es una forma de acabar con este negocio. “Con un modelo altruista cerramos la puerta a empresas ‘low cost’ que vulneran los derechos de las personas. El modelo que proponemos permite a la mujer tomar la decisión de forma libre y generosa”, afirmó Patricia Reyes, diputada de esa formación en un reciente acto en Madrid para defender la gestación subrogada.

Vientres de alquiler y mercaderes de bebés en Oriente Próximo, de Nazanín Armanian

Desde que en 1.978 la ciencia consiguió engendrar un “bebe-probeta”, también abrió una puerta más a la cosificación de la mujer, poniendo su cuerpo en alquiler.

… El capitalismo más patriarcal y desigualitario, con su institución familiar que gira alrededor de los deseos reproductivos del hombre pone al servicio de las parejas pudientes con problemas de fertilidad a “Mujeres a la carta”, pero sin recursos y desesperadas, dispuestas a arriesgar su vida y su salud física y mental, para sobrevivir, gestando el hijo de otros.

… Las mujeres viudas o divorciadas sin recursos son las que están siendo explotadas en este negocio que mueve al año millones de euros. Los intermediarios son muy convincentes: ¿Qué es mejor: vender un riñón para vivir de su renta unos meses, o alquilar y realquilar tu vientre y ganarte un dinerito? En este maldito mercado libre, donde la pobreza tiene nombre de mujer, la competencia ha bajado el precio de llevar durante nueve eternos meses un  feto que una vez niño deberás entregar a unos desconocidos, sin ni siquiera poder abrazarlo una vez.

… El tráfico de niños a la carta va en aumento. En India, este país de capitalismo más brutal, construido sobre la supremacía de sexo, raza y clase, pone en oferta el cuerpo de sus mujeres más desesperadas. Ellas, afinadas en verdaderas granjas adosadas a las clínicas de fertilidad, son ofrecidas a los hombres y mujeres ricos de todo el mundo para ser inseminadas. Sólo del Reino Unido acuden a la India con éste propósito unos 12.000 individuos al año, a veces en sólo dos viajes.  El negocio de la mercantilización del cuerpo de la mujer, dejó (en 2014) en la India unos 690 millones de dólares.

… Las mujeres, la mayoría de las castas bajas, no son conscientes de los riesgos de este “trabajo”, y suelen prestarse a ello por la coacción de los proxenetas  y maridos vagos (¡que tras firmar el contrato dejan de trabajar!). Ellas sufren irreversibles daños físicos y emocionales, sobre todo cuando su embarazo se complica. Estarán forzadas a abortar los fetos no deseados en un embarazo múltiple, y por otro lado, si sufren abortos involuntarios, no recibirán el dinero.

En algunos casos, las madres subrogadas indias seguirán viviendo en sus propios hogares y en otros, son arrancadas de sus casas para ser encerradas durante nueve meses en centro vigiladas por los mercaderes de bebes. A nadie le importará su sufrimiento al entregar un niño que llevaba en sus entrañas, ni en la depresión postparto, ni en su sentimiento de culpa, ni a cómo se enfrentará al rechazo de los vecinos y familiares.

Las madres suplentes no están utilizando su libertad para hacer con su cuerpo lo que quieran, como afirman algunas supuestas feministas. Es exactamente como la venta de un órgano: sólo lo hacen los pobres, aquellos que la única libertad que se les ha dado el capitalismo ha sido vender su fuerza de trabajo y su cuerpo.

La campaña internacional de “Stop Surrogacy Now” denuncia que el cuerpo y la vida de un grupo de mujeres pobres estén al servicio de una industria que no es menos criminal que la de tráfico de órganos y la de niños.

Y encima, hay cerca de 170 millones de niños huérfanos en el mundo.

Mercado de vientres, de Beatriz Gimeno, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid

No existe el derecho a usar a una mujer para que alguien satisfaga lo que es un deseo, legítimo, comprensible, pero un deseo. Comprar un embarazo, un órgano, sangre, óvulos, corneas… no es un derecho de nadie. Convertir deseos en derechos es lo que hace el neoliberalismo, dinero mediante, naturalmente. No hemos conseguido que auténticos derechos lo sean (vivienda, trabajo, sanidad etc) pero en cambio avanzamos rápido hacia la consolidación del único derecho que reconoce el capitalismo: el derecho a consumir.

Los derechos que sólo existen mediante precio (existe demanda para comprar, pero no una demanda para vender), son, en realidad, privilegios. Siempre que alguien reivindica su derecho a comprar, en un mundo de desigualdad brutal como es este, lo que está haciendo es exigiendo que alguien le venda eso mismo que desea. Siempre que se abre un mercado, lo que se hace es obligar a los pobres a entrar en él y a vender lo que nunca venderían de no verse en situación de tener que hacerlo. Y unos y otros jamás se encontrarán en posiciones similares o intercambiables. Así, si abrimos el mercado de órganos, los ricos los comprarán y los pobres se verán obligados a venderlos. Las mujeres que gestan para otras no podrían mañana (en caso de quedarse estériles, por ejemplo) pagar por un hijo, de la misma manera que jamás veremos a una rica gestar para otra por precio. Simplemente nadie lo hace si no tiene la imperiosa necesidad de hacerlo. Donde se reconoce el derecho de las ricas a comprar se está obligando a las pobres a vender. Por eso el debate no va sobre la libertad de las mujeres de gestar para otros, sino sobre si como sociedad elegimos poner a mujeres más pobres en esa situación, o lo cortamos de raíz.

Un embarazo no es una técnica reproductiva y la sola denominación ofende. Si el embarazo por subrogación es una técnica, sin más, entonces todo embarazo lo es y nosotras somos siempre incubadoras. La forma en que el embrión se implanta en el útero, no tiene nada que ver el embarazo. O todos los embarazos son técnicas, o todos los embarazos son procesos vitales en los que las mujeres ponen su cuerpo, pero mucho más que el cuerpo. El esfuerzo, los riesgos, la salud, las sensaciones, el insomnio, la pesadez, los cambios hormonales, físicos y psicológicos; no hay diferencia entre un embarazo con embrión propio o ajeno. El cuerpo se pone de la misma manera, la subjetividad se ve interpelada de idéntica forma. Llamar a un embarazo por precio “técnica” sólo busca hacer desaparecer a la gestante, invisibilizarla, cosificarla.

Y por esa razón, una gestante tiene siempre los mismos derechos, haya llegado como haya llegado a quedarse embarazada. Y son derechos a los que no se puede renunciar por precio, por contrato, son inalienables. Finalmente, ¿se puede donar de manera altruista una gestación? Pienso que sí igual que se puede donar un riñón a un pariente, pero quienes defienden esta práctica, no se refieren a esto y siempre hablan de “compensar por los gastos”. Si es altruista no hay gastos que compensar. Ninguno y en todo caso, hay que salvaguardar los derechos de la gestante en todo el proceso. Derecho a abortar antes, durante y después; y derecho a arrepentirse. Creo que dicha donación debería limitarse a familiares de primer o segundo grado, para que la gestante no desaparezca de la vida del bebé y sea parte de su mundo afectivo…

No deja de ser sospechosa la facilidad con la que mucha gente que conoce perfectamente la relación entre mercado, desigualdad y libertad individual, asume sin problemas que los cuerpos de las mujeres sí pueden ser objeto de compraventa. Y lo hace, además, esgrimiendo la libertad individual. Supongo que tiene que ver con que las mujeres llevamos en el mercado (simbólico y material) desde el minuto uno del patriarcado y del capitalismo.

Entre los bebés ‘robados’ y los de ‘alquiler’, de Berna González Harbour

La maternidad subrogada es otra de las demandas que se abren paso, en este caso con justificada dificultad. Vamos a exagerar: recurrir a otro vientre para gestar a un hijo a cambio de dinero puede estar en ocasiones bastante cerca de lo que hicieron familias pudientes que lograron comprar o conseguir bebés robados durante el franquismo.

… Ahora salvemos todas las distancias, que las hay: los partidarios de la maternidad subrogada defienden su legalidad como una técnica de reproducción en la que lo que se dona es la propia capacidad de gestación. Que exista la posibilidad de una donación altruista en la propia familia o entorno puede ocurrir, sin ninguna duda, y la ley debe empezar a contemplar esa realidad. Pero que los casos mayoritarios nos hablen de venta de embarazos por 90.000 dólares en Estados Unidos o el más módico precio de 12.000 en India lo convierte en un tráfico indeseable en el que cabe escasa o ninguna justificación.

… El derecho a la paternidad o maternidad a costa del cuerpo ajeno, como el derecho al placer sexual a costa del cuerpo ajeno, no existe. Y la línea que separa el derecho a decidir sobre el propio cuerpo que esgrimen sus defensores se emborrona cuando esa decisión está marcada por la necesidad. Las indias o nepalíes que alquilan su útero no lo hacen por ejercer un derecho sobre su cuerpo, sino por ingresar un dinero, como otros venden riñones o la mitad de un hígado para comer.

Vientres de alquiler y género, de Beatriz Gimeno

Una respuesta a Juan Ramón Rallo sobre la gestación subrogada, de Francisco José Contreras

Contra la gestación subrogada, de Francisco José Contreras

Gestación altruista, editorial de El País

… creemos que existe una fórmula que permite armonizar los legítimos derechos que concurren en esta compleja situación: la regulación de la maternidad subrogada por motivos estrictamente altruistas. Es aplicable en este caso el mismo principio que rige en las donaciones de órganos, óvulos o embriones: que no medie precio ni transacción económica. Otra cosa es que, como ocurre en el caso de los óvulos, se pueda compensar a la mujer que dona su capacidad de gestar por los tratamientos y molestias. Pero esa compensación debe ser explícita y transparente. Y establecer garantías de supervisión judicial a efectos de filiación y autorización por parte de los comités de bioética. Es decir, los mismos requisitos y controles que ahora rigen en las donaciones de órganos entre vivos, cuyo objetivo es garantizar que no se produce explotación o abuso de situaciones de vulnerabilidad.

… Que la gestación solo pueda ser altruista satisface y respeta la libertad de la mujer para decidir sobre su propio cuerpo, pero garantiza al mismo tiempo que esa libertad sea real y efectiva en todos los casos. Se trata de evitar que mujeres pobres se vean obligadas a gestar un hijo para otros por la única razón de que son pobres y encuentran en la venta de su cuerpo su único medio de subsistencia. El legítimo deseo de paternidad no puede ser atendido si solo es posible a costa de la explotación de otra persona.

… una sociedad que potencia y protege este tipo de actitudes es una sociedad mejor.

Andrés Cuesta comenta en un artículo del Instituto Juan de Mariana

… quienes se oponen a la gestación subrogada (o al menos, algunos) no lo hacen porque lo consideren inmoral según su esquema de valores y quieran imponerlo al resto. Lo hacen porque la función del Estado, si es que tiene alguna, es proteger los derechos de las personas (y no conceder permisos de obras, contratar maestros o establecer salarios mínimos). La gestación subrogada ejercida a través de un contrato puede enmarcarse en una categoría, como poco, cercana a la venta de órganos, que es ilegal porque vulnera derechos humanos individuales esenciales. También puede compararse con la prostitución. El alquiler o venta del cuerpo humano socava la dignidad de la persona (incluso con su consentimiento) porque vulnera el valor que los derechos humanos reconocen que tienen la vida y la integridad física de los humanos. Ante eso, el Estado tiene la obligación de proteger esos derechos, ya que ésa y no otra es su finalidad.

Tener hijos no es un derecho, de Mercedes Boronat Tormo, magistrada doctora en Derecho, coordinadora de la Comisión de Igualdad de la Asociación Jueces para la Democracia

Desde la perspectiva del feminismo internacionalista, las mujeres que hemos nacido y vivimos en los países desarrollados, además de progresar y afianzar la conquistas de nuestros derechos superando las barreras que van más allá de las meras declaraciones, tenemos la obligación de apoyar los procesos de liberalización y avance de las mujeres que, con peor suerte, viven en otros países en situaciones de desigualdad, no solo práctica sino incluso legal. Pero ésta no debe ser solo una mirada de género. En el momento actual, entiendo que tanto el pensamiento político como el económico internacional deberían ser feministas y, por tanto, atender los problemas especiales a los que las mujeres se enfrentan a causa de su sexo, evitando que en situación de vulnerabilidad se las use, no como fines en sí mismas, sino como medios para los fines reproductores o de descarga sexual de otros.

Entre los más actuales han entrado en el debate político dos problemas que se relacionan directamente con el cuerpo de las mujeres, el de la prostitución y la gestación por subrogación o por vientres de alquiler. Tanto la prostitución como la citada forma de gestar son objeto de análisis para su posible regulación, tanto desde perspectivas meramente mercantilistas y tributarias, como de protección de derechos. Y a tales fines creo necesario señalar que el objetivo de una regulación de situaciones como las citadas no puede efectuarse ni desde la perspectiva de los empresarios (o incluso del interés tributario del Estado), -que pretenden lucrarse del trabajo sexual o la necesidad de otros- ni desde la de los que pretenden convertir en derechos sus deseos.

Desear tener hijos es legítimo, pero no es un derecho, ya que se trata de un proceso biológico, precedido y seguido por múltiples alteraciones hormonales de las mujeres que gestan, en el que la intervención de un tercero para llevar a cabo la gestación, y más aún si es un tercero necesitado, no puede ser objeto de uso como si de una vasija se tratase. Ceder el útero debe ser una prestación gratuita, producto de la generosidad por amor, altruismo o solidaridad, como lo es ceder un órgano, donación que tan adecuada regulación tiene en nuestro país, pero no puede implicar la instrumentalización del cuerpo de una mujer, que lo cede movida por la necesidad, que es la realidad en la mayoría de casos de gestación “por encargo”.

Del mismo modo, regular la prostitución no puede conllevar la legalización de una situación de explotación que impida a quien la ejerce decidir cuándo, con quién y a que precio realizar una actividad sexual. Anteriores experiencias de regulación en muchos países europeos supusieron el inicio, en el siglo XIX, del fenómeno de la denominada “trata de blancas”, por el que se “surtió” a Rusia, Egipto y Argentina, entre otros muchos países, de mujeres europeas reclutadas entre las más pobres de la población. En la actualidad, esa trata supone la traída masiva a Europa de mujeres engañadas o en situación de necesidad para ser explotadas sexualmente por mafias, que deben mantenerse formalmente en una relación de prostitución “consentida”, movidas por las deudas o la obligación de ayudar a su familia en África o países del Este de Europa.

No se puede mantener que unas formas de consentimiento tan precarias como las señaladas se consideren el fundamento de la aceptación de las mujeres para que sus cuerpos se usen para gestar para otros o para el trabajo sexual mediante precio. La libertad, con no tener precio, puede ser objeto de contrato, pero la dignidad de todos los seres humanos, también de las mujeres, carece de precio y no debe ser objeto de transacción. De estas premisas debe partir cualquier regulación al respecto de las dos cuestiones mencionadas.

Prohibir, de Almudena Grandes

… la maternidad subrogada, esa sutil trampa progresista contra la dignidad de las mujeres que, en el sagrado nombre de su libertad, crearía las condiciones óptimas para la explotación de las más pobres.

… En nombre del progreso de la humanidad, yo prohibiría muchas cosas más, la ablación del clítoris, el velo islámico, el trabajo infantil, la aplicación de la reforma laboral y ese autobús que pretende seguir circulando por Madrid, por citar sólo algunos ejemplos.

Argumentos contra la gestación subrogada en su versión “altruista”, de María Eugenia R. Palop

Las últimas perversiones del feminismo, de Lidia Falcón

… lo que desconcierta y desanima es comprobar cómo en este Primer Mundo, que disfruta de los avances que los movimientos sociales han alcanzado en siglos de cruentas batallas, un sector del MF, más desinteresado hoy de la lucha por la subsistencia, está derivando a defender reclamaciones que contradicen la esencia misma del feminismo.

… Cuando aún no hemos logrado abolir la prostitución y situarnos entre los países avanzados moralmente, nos encontramos con que unos sectores del movimiento LGTB defienden legalizar “los vientres de alquiler” Es decir, la mercantilización más absoluta del cuerpo de la mujer. Y como esa es una demanda del movimiento homosexual, predominantemente masculino, que tiene influencia en muchos de los partidos políticos, y dinero para financiar sus campañas, han logrado que la mayoría de ellos no se defina en contra, a la espera de ver cuántos votos logran.

Maternidad subrogada: ¿egoísmo o derecho?, de Isabel Serrano Fuster, ginecóloga

Cada vez escuchamos más voces sobre el extraño concepto de maternidad o gestación subrogada…

… hay que tener en cuenta que las desigualdades económicas y sociales marcan grandes diferencias en la salud y en la enfermedad. Los pobres enferman y sufren más que los ricos y es obligación de los Estados, de la sociedad y de los profesionales intentar reducir esas desigualdades. Por eso en los países modernos como el nuestro se intenta garantizar una atención universal y un acceso igualitario a los servicios de salud y a los tratamientos. Si la desigualdad afecta a algo tan preciado como conseguir o no un embarazo, se convierte en injusticia.

Los especialistas en salud asumimos que la tecnología médica disponible debe aplicarse siempre que los beneficios y resultados sean razonables, que su aplicación no perjudique a quien se exponga a ella y que no sea utilizada por minorías privilegiadas…

Confundir a la población que sufre, por ejemplo infertilidad, con tratamientos que no son tales, haciéndoles abrigar falsas esperanzas no es ético. Tampoco lo es dar la idea de que con dinero puedes conseguir el milagro de convertir en padres o madres a quienes no lo pueden ser…

… contra las dificultades para adoptar bebés, pese a haber en el mundo millones de ellos, desamparados a causa del injusto reparto de la riqueza, de la discriminación de las mujeres por razones de género o por las guerras.

Quienes defienden un marco legal que legitime usar el cuerpo de una mujer a cambio de dinero nos quieren convencer que toda persona tiene derecho a ser padre o madre olvidando algo elemental: todo derecho tiene sus límites y no se puede ejercer contra el derecho de los demás. Ser padre o madre, en sí mismo, no es un derecho humano, ni sexual, ni reproductivo; es una capacidad, que no todo el mundo tiene y que, además, no dura toda la vida. Tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, a intentar prevenir las enfermedades que puedan afectar a nuestras capacidades reproductivas, a elegir tener hijos o no y con quién, a planificar cuándo y cuántos y a que el sistema público de salud nos atienda bien y por igual. Lo demás, confundir los deseos individuales con los derechos universales es, como poco, egoísta.

Por resumir, muchos profesionales de la Medicina en relación con la llamada maternidad subrogada o vientres de alquiler afirmamos que la salud no se compra. Si nos saltamos por dinero las barreras que la biología nos impone no tardaremos en ver -ya se hace en países muy pobres- a los pudientes comprando un riñón, una córnea, un pulmón y a los desesperados vendiéndolos. Y ya de paso, algunos sin escrúpulos pagarán para que sus bebés sean altos, rubios o de un determinado sexo.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que las donaciones son altruistas. La donación de órganos, de semen y de óvulos, es por definición e imperativo legal altruista. Además en el caso de donación de órganos, el control estricto de las condiciones de donantes y receptores y la prioridad para enfermos en lista de espera no puede saltarse por privilegios.

Además, se cosifica el cuerpo de la mujer. La mujer que lleva en su vientre no dona nada. Simplemente es utilizada, como si fuera una vasija, para hacer algo tan arriesgado, física y emocionalmente, como someterse a maniobras complejas y gestar un futuro bebé para luego separarse definitivamente de él y entregarlo a alguien que no conoce de nada. Todos los sufrimientos importan. En este sentido, hablamos del dolor de las personas infértiles pero casi nadie habla de las mujeres -de India, Ucrania o EE.UU.- que bajo sutiles o burdas presiones reciben altas dosis hormonales y se someten a procesos quirúrgicos de alto riesgo. Si además son pobres e incultas y están en clara desigualdad con los contratadores e intermediarios, no podemos mirar para otro lado.

La salud es física, psíquica y social. La gestación tiene, además de riesgos no desdeñables para la salud física de las mujeres, un valor simbólico y una carga cultural y emocional enormes. Resulta pues inaceptable desde un punto de vista de salud individual y pública reducir el proceso de gestación mediante contrato al mero cobijo temporal de un embrión o feto. Con los leoninos contratos de subrogación la salud psíquica y social de las mujeres se resiente dejando secuelas de por vida.

Los bebés, también vulnerables. Sabemos lo importante que para muchos seres humanos es conocer sus orígenes y la obligatoriedad de ser educados sin mentiras. No se trata de poner en duda la capacidad de cuidados y de crianza de los padres por subrogación sino de reconocer el derecho de esos hijos a saber cómo nacieron. Un niño, niña o adolescente puede entender que fue adoptado porque sabe que no se comerció con su vida pero seguramente no entendería las condiciones y el precio que sus padres pagaron a una mujer para traerle a este mundo por encargo.

Asistimos a un nuevo embate contra la salud y los derechos de muchas mujeres, niños y niñas. Pero ahora el lobo se ha apropiado del discurso de la libertad para reconvertir el viejo drama de la explotación haciendo creer a las explotadas que lo hacen por gusto. O del viejo discurso de que todo se hace por amor… amor egoísta disfrazado de instinto paternal o maternal.

Como profesionales otra vez más tendremos que recurrir a nuestro compromiso de conciencia para evitar daño a la salud y mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables.

Cuerpos de mujeres y derechos humanos: ¿qué debate?, de María Pazos Morán, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales

En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación.

… Junto a la afirmación ” ¡son nuestros hijos!”, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

Esta podría parecer una cuestión nueva, de ahí la impresión de que “hay que abrir el debate”, pero se trata ni más ni menos que del viejo debate sobre la mercantilización del cuerpo. Es sabido que algunas personas con dinero intentan conseguir el uso o la apropiación del cuerpo de otras personas, parcial o totalmente. Por ello, los Estados de Derecho protegen a las posibles víctimas de abusos por encima de los argumentos de la parte interesada y por encima de sus propias declaraciones de voluntariedad o altruismo.

… Algo falla si la Ley actual no alcanza a prevenir esta práctica fraudulenta. ¿Por qué, entonces, no se penaliza al comprador? Y, si la Ley establece que la madre es la mujer gestante, ¿cuál es el argumento para reconocer como progenitores exclusivos a otras personas? ¿No debería negarse esa posibilidad a futuro, con la debida moratoria? Así se impediría, o reduciría al mínimo, este negocio de compra, tráfico y explotación de personas. Sin embargo, en lugar de avanzar en ese sentido, lo que se está intentando es “abrir el debate” para eliminar las escasas protecciones que hoy existen.

Evidentemente que debatir es saludable pero la cuestión es: ¿por qué abrir este debate y no otros igualmente relacionados con la mercantilización del cuerpo? Y, sobre todo, ¿por qué abrirlo sin poner los límites ya establecidos en nuestro ordenamiento jurídico? Aunque se cometen abusos por doquier, no hay duda de que los derechos humanos son la línea roja que ninguna actividad debe traspasar. El problema es que estos criterios, que parecen estar claros en otros casos, no se aplican a los abusos contra los cuerpos de las mujeres.

Es muy curioso que, en países como el nuestro, la falta de rechazo a la mercantilización del cuerpo de las mujeres abarque todo el arco ideológico, afectando incluso a personas que en cuanto a otros fenómenos sí se declaran anti-neoliberales o anti-mercantilización de la vida. Los ingenuos argumentos en torno al alquiler de vientres o a la prostitución, que ignoran todas las evidencias empíricas y todos los principios, tienen su raíz en la insensibilidad colectiva hacia el sufrimiento y hacia los derechos humanos de las mujeres, mayor cuanto más patriarcal es la sociedad.

No es sorprendente que sean los países escandinavos, como  Noruega o Suecia, los abanderados contra  el alquiler de vientres y contra la compra de servicios sexuales. Debatamos, pues, pero sin perder el norte.

Vientres de alquiler y aborto, de Beatriz Gimeno

Al comienzo de este debate los argumentos eran puramente intuitivos, porque el asunto llegó como un huracán prácticamente patrocinado por las empresas y sin apenas información/argumentación de la otra parte; pero según se va desarrollando del debate vamos comprendiendo de qué estamos hablando exactamente. Más allá de lo que finalmente decidamos hacer como sociedad es imperativo darnos más tiempo para tener un debate sosegado. Estamos hablando de una cuestión con importantes implicaciones éticas (esto no lo niega nadie excepto, quizá, las empresas), y para la igualdad entre hombres y mujeres… Son las empresas implicadas las que exigen una toma de postura rápida, tomada sin la necesaria reflexión. El problema es que el negocio multimillonario alrededor de este comercio está metiendo prisa porque cada vez son más los países que ponen algún tipo de traba a la cuestión; además, cuanto más se debate, y más seriamente, más posibilidades hay de ir, si no prohibiendo, si dificultando o problematizando, al menos, esta práctica. De ahí las prisas.

… el derecho al aborto, como los derechos fundamentales, no se pueden parcelar, cualquier limitación o aspiración de limitación a un grupo de personas afecta al núcleo del derecho en sí. Regular esta práctica sin tener en cuenta su vinculación con el derecho al aborto, puede significar dejar entrar un caballo de Troya en este derecho tan fundamental para las mujeres de todo el mundo y, por otra parte, tan cuestionado y sometido a presión por los enemigos del feminismo y la igualdad.

… En esta lucha por el derecho al aborto, plenamente vigente en todo el mundo, el lenguaje utilizado es fundamental, así como la consideración de la gestante como dueña de su embarazo o mera portadora. ¿Por qué no pueden abortar las gestantes, según los defensores de esta práctica? “Porque para abortar un hijo que no es suyo hace falta una buena razón y no por capricho. Un embarazo es un asunto muy serio. Las mujeres no somos veletas”. (Palabras textuales) Estas tres frases suponen admitir, para empezar, que un embrión es “un hijo”, una vida que merece la misma consideración que la vida de la gestante, tal como defienden los ultraconservadores. Una vez admitido en una ley que dicho embrión es un hijo, una vida completamente independiente del útero en el que crece, entonces…¿qué importa de quien sea? Una vez admitido que la gestante no tiene pleno derecho sobre su cuerpo y que es la única dueña de su propia gestación, ¿qué más da que sea medio dueña o nada de dueña? El caso es que si dejamos que una voluntad ajena a la mujer gestante pueda reclamar, por una cuestión genética o por una cuestión económica, la continuación del embarazo por encima de la voluntad de la gestante, entonces, el derecho al aborto está en peligro, al menos para las mujeres que no sean ricas. En segundo lugar, una vez que admitimos que para abortar hace falta “una buena razón” entonces la voluntad de la gestante ya no es suficiente, ¿qué más da que sea un contrato mercantil o que haya que justificarse ante una autoridad religiosa o política?  En tercer lugar, si se asume que quien ha puesto material genético en el embarazo puede exigir ante un tribunal que se le indemnice por daños y perjuicios, esto obviamente es aplicable a cualquier padre genético y deja a las mujeres a merced de estos respecto a su voluntad de autorizar o no el aborto o, como poco, de dificultárselo, de judicializar el tema y ya sabemos lo que esto significa para las mujeres; lo hemos visto con la custodia compartida impuesta, que no es lo mismo pero que nos aproxima a la cuestión. Por último, si se asume que para abortar hay que pagar, es obvio que eso funciona como una prohibición de facto o, si se prefiere, un privilegio; una prohibición muy real para quien, precisamente, se ha sometido a una gestación por motivos económicos, y para esto no hace falta ser extremadamente pobre. Muchas de las mujeres norteamericanas de clase media que se someten a esta práctica para pagar, por ejemplo, la universidad de sus hijos, no podría devolver el dinero invertido en el tratamiento de fertilidad más los supuestos “daños y prejuicios” que pueden ser tan altos como dictamine un tribunal.

… No apresuremos un debate fundamental para las mujeres porque eso es lo que quieren las empresas beneficiarias, que nos demos tanta prisa que no nos dé tiempo ni a pensar.

Sobre los vientres de alquiler (o, en neolengua, gestación subrogada), de Barbijaputa

No es difícil caer en las trampas del liberalismo, y más fácil aún es caer en su frase estrella: “Que cada uno haga lo que quiera”. Parece una expresión lógica, libre, legítima. Sin embargo, el mensaje que lleva implícito es el de: “Que los privilegiados hagan lo que quieran aprovechándose de que la gran parte del mundo no tiene opciones para elegir”.

Lo vemos aplicado a la práctica en multitud de formas. Por ejemplo, en forma de un capitalismo salvaje, donde el “libre mercado” es usado por los primermundistas para exigir precios irrisorios a los productos que encargan al tercer mundo, con el resultado de una mano de obra más que barata y miles de sweat-shops con cientos de personas trabajando hacinadas en ellos. Este ejemplo creo que representa la frase “que cada uno haga lo que quiera” de manera bastante gráfica. Una frase que como resultado tiene a empresarios haciéndose de oro vendiéndonos productos extrañamente baratos, sin que veamos cómo se han hecho y han viajado hasta nuestras manos, o lo que es lo mismo, nos ponemos la camiseta sin saber de cuántas formas han sido explotando las tres cuartas partes restante del planeta.

Obviamente, el que hace en estos casos “lo que quiere” es el que puede elegir, el que tiene los privilegios y el poder. El explotado ha sufrido que la libertad del primero, ya que él sólo ha tenido una opción: bajar los precios hasta donde el privilegiado ha querido, bajo la amenaza de verse sin trabajo si se niega, y ver cómo acaban contratando a otro tercermundista que acepte sus condiciones inhumanas.

En un mundo desigual como el nuestro, la frase “que cada uno haga lo que quiera” que tanto defienden los liberales es más bien un “déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo”. En un hipotético mundo igualitario, esta frase no tendría pega alguna, ya que partiríamos de la base de que todos podemos elegir entre el mismo número de opciones. Los liberales obvian la evidencia de la desigualdad por un interés puramente egoísta, aunque esa corriente de pensamiento sólo haga perpetuar la desigualdad vigente.

Y no hace falta irnos tan lejos, en el primer mundo, las personas que vivimos bajo el capitalismo (incluido, evidentemente, España) lo hemos sufrido de muchas otras maneras: la propia CEOE pide esta misma libertad para los grandes empresarios, que les dejemos hacer y deshacer nuestras condiciones laborales, que expongamos nuestros derechos adquiridos con tantos esfuerzo por generaciones pasadas, y que si no estamos interesados en sus condiciones, vayamos a otro sitio a buscarnos la vida. El “que cada uno haga lo que quiera” también va por nosotros: si no te gusta que te exploten, busca otro trabajo. Al final, lo que obtenemos de esto es un gobierno de derechas (elegido por el propio pueblo) que cede ante la CEOE –y su liberalismo–, y copia al dictado de la patronal las reformas laborales que sufrimos los que no somos privilegiados de clase ni poseemos medios de producción, es decir, los curritos.

Pues bien, este mensaje de aparente libertad vuelve a estar impreso en el discurso de quienes defienden los vientres de alquiler. Incluso le han puesto un nombre menos hostil y agresivo: “gestación subrogada”, porque aunque se empeñen en decir que la forma de hablar es inocua cuando el feminismo pide incorporar el lenguaje inclusivo, lo cierto es que son muy conscientes del poder del lenguaje. Si ahora lo llamamos “gestación subrogada”, parece un procedimiento mucho más legítimo y digno que los “vientres de alquiler”. Pero no, por mucho que lo maquillen siguen siendo vientres de mujeres, mayoritariamente pobres, que alquilan señores ricos.

Con este debate pasa muy a menudo lo que pasa con la prostitución: los liberales intentan vender que las mujeres que ejercen esta actividad la eligen libremente, y para ello sacan a colación casos de prostitutas que ganan más de 3.000 euros al mes. Invisibilizan así la realidad de la mayoría de prostitutas: mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia y, en su mayoría, –y siempre gracias a las leyes migratorias– no disponen de documentación legal en el país donde trabajan, por lo que ni denuncian las agresiones y abusos sufridos, siendo imposible saber ni cuántas son las que ejercen en cada país, ni cuál es la violencia exacta que reciben. Las prostitutas ni siquiera cuentan como víctimas de violencia de género, ya que el cliente que las agrede o las mata no es su pareja sentimental…

Con los vientres de alquiler tienen exactamente el mismo discurso para defenderlo. Tuvimos la oportunidad de verlo este sábado en TeleCinco, donde Kiko Hernández, padre ahora de dos mellizas gestadas por una mujer en EEUU, repitió varias veces que la madre de sus hijas tenía una vida de ensueño, y que si lo hizo, es porque quería ayudar. Ayudar a un hombre rico en el otro pico del mundo al que no había visto nunca, claro. Sólo alguien que te quiere arriesga tanto para ayudarte (él mismo dijo que la mujer casi muere en el parto). Por lo que la única forma legítima de que otra persona geste un bebé por ti debería ir unido al amor que te profese, y no a tu cuenta corriente. Ésta, en mi opinión, es la única forma legítima de gestar un bebé para otra persona que debería debatirse.

Otros hombres famosos y ricos, como Cristiano Ronaldo, Jaime Cantizano y Ricky Martin, han posado en medios con sus hijos gestados en vientres de alquiler, práctica ilegal en España, sin ningún tipo de análisis por parte de quienes publicaban dicho contenido.

Al igual que no está permitida la venta de órganos, y nadie parecer cuestionarlo, no es lícito ni ético alquilar un cuerpo durante nueve meses, con todo lo que conlleva además a nivel psicológico para la mujer. Sin embargo, el sistema patriarcal hace que veamos como preferente el deseo de unos señores privilegiados a esta nueva forma de explotación del cuerpo de las mujeres. De las mujeres más pobres, por supuesto.

No existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, no existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es visiblemente explotación de los privilegiados sobre las oprimidas.

Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia. Aun así, la opción de la adopción es viable, pero no termina de convencer a muchos de los que alquilan vientres. Los bebés no van a parecerse a ellos, no van a tener sus características físicas, por lo que ellos no van a poder eternizarse ni perpetuarse: no interesa. Si siempre hay oportunidad de adoptar (y ya pueden hacerlo desde parejas gays a familias monoparentales), es porque los niños ya nacidos sí tienen el derecho a una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos el derecho a ser padres…

Ese tipo de paternidad donde los hijos o hijas deben llevar los genes de uno o el tema ya no interesa es cuanto menos preocupante. ¿Tan grande es el deseo de estas personas por ser padres y madres cuando necesitan que las criaturas se parezcan a ellos? Parece que la opción elegida por estas personas es aquella donde una mujer que necesita dinero pone su vida y su salud en riesgo mientras el que recibirá a los bebés por encargo se limita a soltar la pasta y esperar. Gran sacrificio…

“Que cada uno haga lo que quiera” nunca debería ser la base de ningún planteamiento que afecte a personas con diferentes situaciones vitales, porque ni las mujeres tienen las mismas opciones que los hombres ni, dentro de las propias mujeres, las más pobres pueden soñar siquiera con las opciones de las más ricas.

No alquilarás tu vientre, de Grupo Promacos

De entre las diversas corrupciones conceptuales que aquejan a la «sociedad universal» de los siete mil millones de individuos, llama poderosamente nuestra atención la «creación jurídica» de la «gestación por sustitución, o «maternidad subrogada»…

… la Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida, aprobada en 2006, establece en el artículo 10, párrafo primero, la nulidad plena de los contratos en los que se convenga la «gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna en favor del contratante o de un tercero». Y, a continuación, afirma: «La filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto», ejercitando el concepto de «gestación por sustitución» para negarlo como pseudoconcepto o concepto corrupto.

Y mientras el legislador no explicite los principios por los que ha llegado a semejante conclusión jurídica, con la cual adelantamos que estamos de acuerdo, por nuestra parte contamos con los principios de la Bioética materialista enunciados en el libro ¿Qué es la Bioética? de Gustavo Bueno que nos servirán de guía para enjuiciar este complejo asunto.

Pues bien, dispuesto el campo de la Bioética como un conjunto de términos, los hombres, que guardan entre sí determinadas relaciones en virtud de las mismas operaciones mediante las que interactúan entre sí y con el medio, hablaremos, entonces, de tres tipos de Principios bioéticos: los Principios de los términos, los de las relaciones y los de las operaciones. Desde ellos enunciaremos una norma universal, por tanto, para la que no caben excepciones, a partir de la cual se podrán establecer una serie de reglas, estas sí, variables, que podríamos poner en relación con el papel que tiene la legislación estatal.

Para empezar nos referiremos al Principio fundamental de los términos de la Bioética materialista, a saber, aquel que afirma la autodeterminación operatoria de los individuos corpóreos, con el que podemos decir que la ley española es perfectamente coordinable. Por lo siguiente: porque dado que son los individuos corpóreos las unidades elementales del campo bioético, no es posible considerar la gestación como un «servicio» por el que se pueda establecer ningún tipo de contrato entre iguales, puesto que es el individuo corpóreo íntegro de la gestante el que se situaría al mismo tiempo como contratante y como objeto de transacción comercial renunciando a su propio derecho a la filiación.

Especial papel tiene, por cierto, para la solución o el restablecimiento en su integridad del concepto aquejado de esta corrupción jurídica, la regla operatoria tradicional para definir la filiación, prevaleciendo sobre la perspectiva geneticista, a saber, la regla según la cual es el parto lo que determina la filiación en el caso de la madre. Filiación que, en cuanto es un derecho, conlleva a su vez una serie de obligaciones con las cuales esa madre ha de cumplir, sin poder derivar las mismas hacia un tercero. Dicha regla operatoria, que proviene del derecho romano, recogida en el adagio «mater semper certa est», es fruto cuanto menos de la prudencia secular, especialmente necesaria en el presente hiperconceptualizado, en el que el imperialismo de las ciencias se disputa «territorios» que gracias a la crítica filosófica deben ser conservados por la praxis más elemental. Impedir, pues, que la institución familiar sea entregada a biólogos genetistas y abogados y sean, por derecho, sus propios agentes quienes posean los resortes de su funcionamiento, nos parece ya una medida saludable. Pero además no hay que olvidar las fuentes zoológicas de la institución, y aquí estaría la razón basal del materialismo para sostener la regla según la cual la que pare es la madre, porque de lo contrario se corre el riesgo de caer en el idealismo según el cual es el mero «deseo» de ser padres lo que da lugar a la misma realidad de los hijos, corriendo un tupido velo sobre los cuerpos femeninos embarazados por sofisticadas tecnologías que nos «recordarían» nuestro «pasado» animal.

Y no se podría invocar el reconocimiento de la autodeterminación operatoria de la «madre sustituta» por la voluntariedad con la que acepta su condición de «instrumento reproductivo», puesto que la norma que prohíbe la esclavitud en las sociedades del presente debe ser objetiva, no sujeta a la aprobación subjetiva de las partes, tal como la Bioética liberal parece conceder, tendiendo a analizar estos casos en virtud de la «libre voluntad» para la ayuda mutua entre individuos («yo necesito el dinero y tú necesitas el niño»).

Asimismo es absolutamente contradictorio, en virtud de la misma identidad del sujeto operatorio como individuo corpóreo, la consideración del cuerpo humano, sea de uno mismo, sea de otro, como un bien extrasomático del que se pueda disponer como si fuera una propiedad para su venta o alquiler. Cuánto más absurdo, por tanto, será ofrecer como un «servicio» nada menos que la gestación de un embrión, conjunto de procesos fisiológicos involuntarios teleológicamente ordenados al mismo desarrollo del embrión hasta su nacimiento, cuyo resultado es un ser humano. De ahí que, en realidad, la mala fe de los distintos eufemismos tales como «maternidad subrogada», «gestación por sustitución» o incluso «vientre de alquiler» esté encubriendo el delito tipificado como «trata de seres humanos», en este caso, incluso diríamos de «niños por encargo».

Y aquí entramos en la coordinación del principio de la autodeterminación como principio relativo a los términos, con el principio de grupalidad, relativo a sus relaciones, a saber, en este caso, aquellas que tienen que ver con la maternidad y la paternidad y sus propios límites. Pues al margen de las soflamas del humanitarismo, además del «derecho a ser padres», está la relación de connacionalidad que se contrae con el recién nacido por parte del resto de sus compatriotas, la cual quedaría desvirtuada, corrompida, si se admitiera que un ciudadano cualquiera puede ser comprado o vendido, así sea desde el momento en que se concibe. Por todo ello, plantear el «deseo» de ser madre o padre como un valor absoluto, cosa que se encargan de publicitar las agencias involucradas en el negocio, conculca la condición de ciudadano libre, es decir, no esclavo, de algún país determinado al cual el recién nacido tiene derecho.

En este sentido, nos parece significativo el hecho de que sean principalmente la India y Estados Unidos, antiguas colonias de un imperio depredador como el inglés en donde la tradición esclavista todavía está presente como «reliquia viva», los lugares del mundo en donde está legalizada esta práctica (en la India se ha llegado a denominar por los interesados como «industria nacional»). Ello unido a la ideología democrática del «mercado pletórico» que promueve la actividad de «ser padres» como el «disfrute» de los hijos, complaciendo al «consumidor» con todo un abanico de posibilidades, hace que los Estados hayan tenido que tomar cartas en el asunto y protegerse ante el avance de semejante institución. Ya, por ejemplo, el Código Penal español, en sus articulos 221 y 222, establece penas de prisión de uno a cinco años para aquellos que cedan un hijo mediando compensación económica, para quienes lo reciban y para quien actúe de intermediario. Pero ha sido la reciente sentencia pionera de la Sala Civil del Tribunal Supremo de España, rechazando el acceso al Registro Civil de unos niños nacidos en California bajo un contrato de «vientre de alquiler» y a los cuales un matrimonio de varones homosexuales pretendía inscribir como hijos suyos, la que ha presentado por primera vez resistencia a que se vulnere la legislación española frente a la estadounidense, so capa de un universal «derecho reproductivo».

Y por último, el Principio de la Bioética materialista relativo a las operaciones se concreta en la virtud de la fortaleza, la norma ética fundamental que se despliega como firmeza cuando busca la propia fortaleza, es decir, las actividades que contribuyen al mantenimiento de la propia salud, o como generosidad, cuando busca la fortaleza o la salud de los demás. Y es aquí donde aparece directamente el papel de la medicina en cuanto a la «reproducción asistida», que, como ya hemos dicho anteriormente, podrá intentar paliar la infertilidad de una mujer o de un hombre sometiéndolos a las técnicas correspondientes, pero bajo el principio de no sacrificar la salud de otro individuo que se utilice en beneficio propio. El principio relativo a la reproducción, que prescribe la necesidad «bioética» de la reproducción en el grupo de los individuos humanos, se habrá de modular en virtud de las normas morales y políticas que hemos presentado. Precisamente la institución por antonomasia que da cauce a través del Estado a semejante generosidad en el terreno familiar, es decir, la adopción, es la que sufre directamente el fraude constituido por los llamados «vientre de alquiler», puesto que no otra cosa, a la postre, es lo que consiguen las agencias de «alquiler de vientres» sino la burla de las listas de espera y de los requisitos exigidos para conseguir que sea la protección del menor lo que prime en estos casos. Por otra parte, si para adoptar a un menor no se pueden exigir requisitos de carácter físico en la mayoría de legislaciones, nos parece que preferir un hijo «genéticamente propio» entra dentro del tipo de «deseos» que las entidades estatales podrían desestimar como «requisito físico». Por no hablar de la absoluta gratuidad del proceso administrativo de la adopción –otra cosa son los gastos de viaje, traducción, y demás gestiones que puedan reputarse como gasto en las adopciones internacionales– que es expresamente recogido en la legislación al uso. Así se puede leer, por ejemplo, en la información del Consulado de un país hispano como es Colombia en Los Ángeles, donde precisamente es legal el «vientre de alquiler», el siguiente extremo: «Ni el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ni las Instituciones Autorizadas por éste para desarrollar programas de adopción, podrán cobrar directa o indirectamente retribución alguna por la entrega de un menor para ser adoptado. En ningún caso podrá darse recompensa a los padres por la entrega que hagan de sus hijos para ser dados en adopción ni ejercer sobre ellos presión alguna para obtener el consentimiento…».

En definitiva, en lugar de la generosidad, la llamada «maternidad subrogada» supone la depredación más descarnada de mujeres que, o bien se encuentran en una situación de miseria que limita seriamente su propia consideración como persona, o bien su estado de falsa conciencia como «consumidora satisfecha» es tal que le permite –quizás en un grado de despersonalización aún peor– entregar, por unos 25.000 dólares, el «fruto de su vientre».

El feminismo y la maternidad subrogada, de Juan Carlos Escudier

¿Hay explotación? Puede haberla, pero también existe en las relaciones laborales y lamentablemente sigue sin prohibirse ir a trabajar…

Se promueve de esta forma el tráfico de úteros y esas granjas de mujeres que denuncian muchas feministas agrupadas bajo el lema No somos vasijas.

… el factor clave, el que ha de determinar la legalidad o la ilegalidad, es la explotación, que no debe confundirse con lo que puede ser un simple acuerdo económico.

… Una norma muy restrictiva podría imponer, por ejemplo, que no hubiera compensaciones dinerarias o en especie, que las gestantes acreditaran cierto nivel de ingresos para asegurar que el motor de su decisión no es el económico, una edad mínima o, incluso, que sólo quienes ya hubiesen pasado por la experiencia de ser madres pudieran subrogarse en la maternidad de otros.

… ahora mismo es un negocio que explota mujeres y reserva la posibilidad de tener hijos por esta vía a quienes disponen de los recursos necesarios.

Ultimas noticias del machismo, de Almudena Grandes

La mayoría de las españolas de edades comprendidas entre los 20 y los 35 años no pueden tener hijos aunque lo deseen. Están en las condiciones óptimas para concebir, gestar y parir hijos sanos, con todas las garantías para su propia salud y la de sus bebés, pero el sistema no se lo permite. Muchas mujeres jóvenes son madres frustradas, sometidas a una variedad específicamente machista de la violencia que ejerce el mercado laboral contra los españoles de su edad…

En un país donde las bajas tasas de natalidad se perfilan como uno de los peligros del futuro, esta situación podría revertirse, o al menos paliarse, con políticas feministas. Legislando contra la brecha salarial, aprobando un permiso de paternidad obligatorio e intransferible, penalizando la discriminación laboral de las mujeres fértiles…

Las mujeres siempre han gestado y parido hijos para que otros se los quiten. Antiguamente, era frecuente que las criadas embarazadas de sus señores se vieran forzadas a entregar a sus hijos e hijas a las señoras de la casa donde servían. En la posguerra, se les robaban a las presas políticas para regalárselos a buenas familias franquistas. Más adelante, el robo de niños y niñas se convirtió en un negocio. Esto forma parte de nuestra tradición, tanto como el mito de la libre elección integrará la tradición de nuestros descendientes. Quizás por eso, los comités de bioética que impiden que la clonación de seres humanos, siendo técnicamente posible, sea legal no se han preocupado por la dignidad de las personas a quienes ahora se pretende convertir en ganado de cría. ¿No son humanas? Sí, pero son mujeres.

La preocupación por el mal uso que pueda hacerse de los clones humanos no se aplica en este caso. Los partidarios de la maternidad subrogada alegan que su legislación impedirá una contraprestación económica y que las madres subrogadas decidirán libremente. Pero, con la autoridad que me otorga haber gestado y parido hijos, opino que la libre elección no existe. A mí, que he pasado por ese proceso, me resulta inconcebible que una mujer decida afrontarlo libremente, con o sin dinero de por medio, porque conviene recordar que el dinero no es la única moneda susceptible de comprar la voluntad de una persona. Y no estoy en condiciones de negar que puedan existir casos excepcionales, pero sí estoy segura de que legalizar la subrogación desembocará, inevitablemente, en la explotación de mujeres pobres, que venderán su fertilidad porque no podrán elegir con libertad. Cualquier elección entre la pobreza y un embarazo subrogado no puede considerarse de ninguna manera una elección libre. Espero que los expertos en bioética estén de acuerdo conmigo al menos en eso.

Con independencia del origen del espermatozoide y el óvulo fecundado, el vínculo entre una mujer gestante y el bebé que durante nueve meses forma parte de sí misma es tan profundo que negarlo me parece, como mínimo, un acto de ignorancia y, como máximo, un derroche de cinismo. Los hijos son de las mujeres que los gestan y los paren. Son suyos en sentido literal, puesto que no existirían sin ellas, porque han formado parte de su propio cuerpo y de él han nacido. Cualquier ley que otorgue más valor a un contrato, con contraprestación económica o sin ella, que a la voluntad de la madre de un bebé sería una ley injusta. Y algo más.

Su aprobación abriría la puerta a una nueva variedad del machismo, un nuevo camino para ejercer violencia sobre las mujeres.

Red Estatal contra el Alquiler de Vientres

50 asociaciones se unen para que España rechace los vientres de alquiler

La Red Estatal contra el Alquiler de Vientres nace hoy con el apoyo de 50 organizaciones

Medio centenar de organizaciones feministas se unen en una red contra la gestación subrogada

El vientre de la mujer como objeto de consumo, de Cristina Fallarás

Mis ideas a las que alude la tertuliana son una oposición radical a lo que ellas llaman maternidad por gestación subrogada y yo, alquiler de vientres y explotación de mujeres.

… Se pueden ir engarzando informaciones sueltas sobre los vientres de alquiler en el mundo, y sin embargo, tras horas y horas de lectura y vídeos, uno acaba con la espesa sensación de que no existe verdadera información sobre lo que sucede.
La única certeza es que solamente personas ricas pueden permitirse alquilar cuerpos de mujeres para que gesten a sus criaturas y después renuncien a ellas.

… pagar por usar el cuerpo de una mujer…

… Existen en todo el mundo agencias al servicio de personas ricas que les proporcionan cuerpos de mujeres, y en ocasiones óvulos o esperma, para que compren un hijo.

… Los vínculos físicos y emocionales entre la madre y el hijo durante la gestación son animales, evidentes y conocidos. Los cambios que se producen en la mujer no sólo afectan al tamaño y forma de su cuerpo. Explicar los vínculos entre el feto y la madre requeriría una serie entera de reportajes.

Cuando el político de Podemos Íñigo Errejón se manifestó a favor de los vientres de alquiler, la feminista Lidia Falcón le escribió una carta pública donde, entre otras cosas, afirmaba:

“Las mujeres no sólo invertimos en la maternidad los óvulos y las hormonas que fabrican nuestros ovarios, el calcio, los minerales y los nutrientes que van construyendo el feto; no solo soportamos durante nueve meses que nuestra anatomía vaya cambiando hasta hacer casi irreconocible la persona que éramos antes de la fecundación; no sólo perdemos la turgencia de los pechos y la firmeza de los músculos en esa ímproba tarea de dar vida a otro ser humano, tan lentamente; no sólo perdemos la capacidad de movernos con agilidad, de realizar tareas pesadas y de realizar ejercicio durante nueve meses; no sólo padecemos dolores, desgarros, cesáreas, y a veces infecciones, en el gran trabajo del parto y necesitamos días para recuperarnos de tanto sufrimiento, sino que como seres conscientes de lo que nos está sucediendo invertimos sentimientos y emociones, esperanzas y temores, alegrías y miedos, en esa etapa trascendental de nuestra vida. Y de la misma manera que en la esclavitud no solamente se utiliza la capacidad laboral del trabajador sino la persona misma, y por eso es infame, manipular el cuerpo femenino para fertilizarlo, embarazarlo y después sustraerle el ‘producto’, como si se tratara de que hubiera fabricado unos zapatos, es también infame.”

Durante meses he preguntado a distintas personas de todas las edades su opinión sobre los llamados “vientres de alquiler”. Fue un hombre quien me dio la siguiente respuesta: “No es alquiler de vientres, sino de mujeres. No alquilan solo su vientre, alquilan a la mujer entera.”

Kant y las paragüeras, de Elisa Beni

La nueva mujer pergeñada por el neoliberalismo es libre ya para elegir vivir de exhibir su cuerpo como un jarrón chino, alquilar su útero, quedarse en casa con los niños o ser puta. La nueva mujer ya puede elegir todo aquello que la sociedad patriarcal quiso imponerle siempre. ¡Viva el neoliberalismo redentor! Ya no te putean sino que eliges putearte. No te explotan de becario, que eres tú el que libremente eliges aprender durante 14 horas sin ver un duro.

¡Venga ya, feministas de mierda, que queréis limitar mi derecho a congelarme con el escote y la minifalda a ocho grados y a tener fiebre cada noche! ¡No soy una mujer objeto!  ¡Que he elegido yo que me contraten al peso y a la cinta métrica -nunca mucho más alta que los pilotos que son bajitos- para animar el cotarro, que a los hombres les gusta ver niñas monas!

La libertad del capitalismo desbocado, en la que sólo cuenta el deseo y el dinero que tengas para satisfacerlo. Ese concepto de libertad humana que se extingue en la propia individualidad y que siempre, siempre, por el mero hecho de aparentar ser una elección unipersonal y privada, consigue un objetivo ético y moralmente aceptable.  Y digo aparentar porque cuando una paragüera nos recrimina: “a mi como mujer no me están defendiendo, me están quitando el trabajo” o “estamos en contra de que nos quiten el trabajo, en mi caso todo lo que salga es bueno que la matrícula de la Uni son mil euros” a lo mejor tenemos que entender su voluntad viciada por la necesidad en la provincia con más paro de España.

Más allá de eso, es conveniente atreverse a introducir la idea de que incluso lo que aparentemente es bueno para un individuo no lo es para la colectividad, ni para la sociedad en la que vive. Decir esto en el momento actual semeja casi revolucionario aunque, en realidad, es la máxima por la que hemos llegado hasta como humanidad hasta el momento presente.

Las elecciones individuales y el ejercicio de la libertad no están exonerados de un sentido moral. No todo aquello que elija el individuo es moralmente aceptable. La moral no es un concepto religioso, sino una conquista de la especie que nos ha permitido mejorar nuestra vida en sociedad desde los albores del homo sapiens hasta la actualidad. Ya es hora de explicar que la pretendida facultad de las mujeres para elegir prostituirse, o alquilar sus úteros o someterse a cualquier otra clase de explotación sexual, no es una opción moralmente aceptable. No lo es desde el punto de vista de la moral individual pero tampoco desde la moral social y desde esta última se lo reprochamos, porque sus opciones personales repercuten en el cuerpo social y en la posición que el resto de las mujeres ocupamos.

Kant -el filósofo de la moral de la razón- formuló su imperativo categórico para expresar la fórmula que el individuo debería utilizar para valorar si su elección personal es una elección moralmente aceptable. “Actúa de modo y manera que la máxima de tu voluntad pueda ser elevada a categoría de ley universal”, afirmó en una de sus formulaciones. Así vendríamos a que la opción de una mujer aislada sobre, por ejemplo, ganarse su vida cobrando por tener relaciones sexuales sería moralmente buena si la máxima “ganarse la vida cobrando por sexo con desconocidos es bueno” pudiera ser elevada a ley que sirviera como aserto moral universal y que tal opción pudiera devenir en norma de vida general. Aún no han encontrado los interesados en mantener este mercado forma de convencernos de que prostituirse sea una opción moral que mayoritariamente favorezca a las mujeres en general. Están en ello.

Eso mismo pueden aplicarlo a todas las demás cuestiones que esbozábamos. Díganme si la opción individual “me gano la vida de florero adornando con mi carne el márketing de un deporte”  o la opción “alquilo mi útero y el control de mi vida a cambio de un dinero  a unos desconocidos” puede convertirse en norma moral universal del tipo: “es bueno ganarse la vida de florero” o “es bueno gestar por dinero para desconocidos”. Si creen que sí, pasen a difundir en su entorno que esa norma es la mejor para todas las personas que le rodean.

La manipulación de la moral liberal ha conseguido instalar en muchas mentes la idea de que se es más libre cuando nuestras elecciones no tienen en consideración el bien social. Y no es así. Existimos en sociedad y nuestros derechos y libertades lo son en tanto que formamos parte de un ente superior de colaboración entre seres humanos que nos hizo adelantar como especie sobre todas. Somos libres e iguales en tanto que somos en sociedad, por tanto una consideración moral de nuestros actos pasa por la consideración de la moralidad que estos tengan para el resto del grupo humano en el que nos inscribimos. Matar puede ser una opción beneficiosa para un individuo concreto pero es terriblemente desestabilizadora para el conjunto de la sociedad, en tanto no podemos convertir en ley universal que cada uno se deshaga de quien le molesta, y por ello socialmente lo castigamos. La ley no es sino la última barrera de la sociedad para impedir que las elecciones individuales la destruyan.

Explico todo esto a las paragüeras de Jerez para que entiendan que las feministas y quienes quieren acabar con este bochornoso espectáculo -como ya han hecho Australia o en el País Vasco- no les estamos limitando ninguna libertad sino que estamos asegurando la libertad y la dignidad de las mujeres como grupo social, lo que constituye un bien muy superior al de su propia voluntad. Lo que tienen que hacer es luchar por que las becas y no las tetas cubran el coste de sus estudios universitarios. Esa elección sí les aseguraría un bienestar moral remarcable incluso en estos tiempos en los que la acción humana parece haberse independizado falsamente de la cuestión social.

Protesta de 20 colectivos feministas ante una feria de gestación subrogada

Alicia Miyares, portavoz del colectivo No Somos Vasijas y de la Red, ha denunciado que el evento es una “feria de úteros” y ha considerado que “lo que se está haciendo es someter a la mujer”.

“Cualquiera se sonrojaría si esto fuera una feria de tráfico de riñones”, ha sentenciado Miyares. Una opinión similar ha expresado Cristina Simón, presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres, quien ha dicho que “tener un hijo no es un derecho, es un deseo y que, si realmente quieren ser padres, adopten”.

“¿Por qué alquilar la capacidad reproductiva de las mujeres?”, se pregunta Herminia Royo, activista del movimiento feminista de Valencia.”No puede prevalecer la libertad individual vulnerando derechos fundamentales de las personas”, interviene Cristina, otra de las muchas portavoces improvisadas de la manifestación. “Esta feria es ilegal y debería estar prohibida. Es una explotación del cuerpo de las mujeres, y con ello no se debate ni negocia, se combate y punto”, afirma.

Consignas: Mi útero no se alquila;Mafia, fuera de mi útero;Patriarcado y capital, alianza criminal.

El Comité de Bioética de España rechaza la maternidad subrogada porque “lo que se hace es comprar a un menor”

… solicita que se promueva “a nivel internacional un marco común regulatorio que prohíba la celebración de contratos de gestión, en garantía de la dignidad de la mujer y del niño”.

… si bien el deseo de una persona de tener un hijo constituye una “noble decisión, ello “no puede realizarse a costa de los derechos de otras personas”. “Todo contrato de gestación por sustitución, lucrativo o altruista, entraña una explotación de la mujer y un daño a los intereses superiores del menor y, por tanto, no puede aceptarse por principio.”

… “El derecho de tener un hijo no es absoluto. No se puede plantear a toda costa, mediante cualquier práctica que permita la tecnología”, defiende César Nombela, rector de la Universidad Menéndez Pelayo y miembro del CBE. En esta línea, el CBE sostiene que la importancia de la gestación en el proceso procreativo y en la vida de cada ser humano “no debe relativizarse” y que, en consecuencia, “se debe proteger el vínculo de cada ser humano con su madre biológica”. “Alterarlo -considera Nombela-, tuerce el proceso natural y puede llevar a condiciones inaceptables”.

… La presidenta del CBE, cuyos miembros se escogen a propuesta del Gobierno y de las comunidades autónomas, considera que “hay razones muy fuertes para rechazar” la maternidad subrogada. “Lo que se hace es comprar, convertir al menor en un objeto que puede ser comprado”, dijo Teresa López, responsable de la cátedra de Políticas de Familia de la Universidad Complutense.

“Cedo mi cuerpo libremente para que lo usen los demás. Pueden hacer conmigo lo que quieran”, de Octavio Salazar

¿Gestación subrogada?, de Fernando Sánchez Dragó

La maternidad subrogada, de María Teresa López López y Federico de Montalvo Jääskeläinen, presidente y vicepresidente del Comité de Bioética de España

Tras ocho meses de intenso trabajo, el pasado 8 de mayo, el Comité de Bioética aprobó un informe sobre la maternidad subrogada. Su objetivo es ofrecer una propuesta para avanzar en la resolución del dilema ético-legal que conlleva regular o no esta práctica. De su contenido se desprende que existen sólidas razones para rechazarla. El deseo de una persona de tener un hijo, por muy noble que sea, no puede realizarse a costa de los derechos de otras personas.

… la explotación a la que están sometidas las mujeres gestantes es una razón de peso para que España defienda, en el seno de la comunidad internacional, la adopción de medidas dirigidas a prohibir la celebración de este tipo de contratos.

… La mayoría del Comité entiende que todo contrato de gestación por sustitución entraña una explotación de la mujer y un daño a los intereses superiores del menor y, por tanto, no puede aceptarse por principio. Dejando al margen luchas ideológicas, el dilema ético de la maternidad subrogada sólo merece una respuesta contraria a su aceptación legal. Es un conflicto en el que la profundización y la deliberación conduce inexorablemente a una posición contraria a ella.

… El análisis de la maternidad subrogada altruista lleva a un debate entre intereses y valores que va más allá de la propia dignidad de la mujer, ya que no puede presumirse la falta de autonomía en quien cede gratuitamente. Sin embargo, el acuerdo que pudiera alcanzarse entre una pareja con el muy noble deseo de tener un hijo y una mujer dispuesta a satisfacer dicho deseo sin contraprestación ni compensación alguna afecta a otros intereses y valores, entre estos, los del hijo que va a nacer. El deseo de tener un hijo no puede ser confundido con su mejor interés. Además, su regulación alteraría significadamente una institución que, aun en distintas configuraciones, presenta unos rasgos que la dotan de singularidad propia, como es la familia y las relaciones específicas de parentesco que concurren en ella. La fórmula altruista solo va a poder desarrollarse en el ámbito estrictamente familiar, como de hecho ocurre con la donación de órganos entre vivos, de manera que en el futuro inmediato nos podríamos encontrar con una duplicidad de roles que vendrá a desnaturalizar a la familia y a afectar al propio hijo (abuelas-madres, tías-madres, hermanas-madres, etcétera).

Además las experiencias de otros países muestran que la regulación de la maternidad subrogada altruista a nivel nacional no acaba con la realizada fuera de nuestras fronteras. Las parejas seguirán recurriendo a mujeres situadas lejos de nuestro país, ya que la distancia les ofrece mayor seguridad jurídica (el riesgo del arrepentimiento de la gestante) y les asegura una separación futura entre el hijo y quien lo gestó y trajo al mundo. El objetivo del Comité no ha sido dar respuesta de manera exhaustiva a cada una de las preguntas que suscita esta práctica, sino tratar de clarificar los términos del debate. Esperemos que este informe sirva para ayudar a conformar criterio a los responsables políticos, a los profesionales del mundo sanitario y a todos los ciudadanos sobre una práctica que no sólo afecta a las personas directamente implicadas en ella, sino al conjunto de la sociedad, en la medida en que nos hace plantearnos el modo en que debe ordenarse la procreación humana y las relaciones de filiación.

Carta Abierta a los Delegados/as al 39º Congreso Federal del PSOE, por la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres

La práctica del alquiler de vientres anula derechos fundamentales: la práctica del alquiler de vientres se materializa en un contrato previo en el que las distintas partes acuerdan la cesión de un menor. La cláusula central del “contrato de subrogación” exige a la madre, la mujer que lleva a término el embarazo y el parto según lo reconoce nuestro código civil, la renuncia irrevocable al derecho de filiación y custodia. Si el PSOE se mostrara favorable a esta práctica daría validez a una modalidad contractual abusiva, ya que los derechos fundamentales no pueden ser objeto de relación contractual para revocarlos. Sería lo mismo que admitir o dar por válido un contrato en el que a una de las partes se le exigiera la renuncia irrevocable al derecho al voto, por ejemplo. El PSOE ni puede ni debe abanderar el sueño neoliberal por excelencia, que los derechos sean revocables por contrato.

La práctica del alquiler de vientres da por válido el mercado reproductivo y la explotación reproductiva de las mujeres. Ni existe ni puede existir una “gestación subrogada altruista” por escasez de mujeres dispuestas a llevar a término un embarazo y parto para otros a quienes no conocen. Sepamos que la propuesta de una regulación plenamente garantista es una trampa. Sólo se pretende una vía expedita para salir al mercado de explotación reproductivo internacional. El mal llamado “altruismo” meramente consiste en que determinados países están vendiendo a sus mujeres. Ellas aceptan someterse a esto impelidas por cuestiones económicas. Si el PSOE admitiera la regulación favorable del alquiler de vientres, estaría dando por buena la explotación reproductiva y planetaria de las mujeres.

Los límites de la libertad individual: la libertad individual no puede avalar una práctica contraria a los derechos humanos corrientes. No se puede usar a las personas como medios ni tampoco nadie puede prestarse a ser medio para que terceras personas satisfagan sus meros deseos. Porque es tan importante, sabemos que la libertad individual no pertenece a los individuos. Son las democracias quienes la garantizan. Nunca puede ser invocada la libertad para renunciar a derechos.

Los derechos no se pueden ceder ni vender, son inalienables. Por ello el PSOE ni ahora ni nunca, puede ni debe dar voz a quienes de manera irreflexiva invoquen la libertad para justificar este tipo de prácticas.

La gestación subrogada en el Estado high-tech con el que sueña Ciudadanos, de María Eugenia R. Palop

“Ciudadanos” (C’s) o la subasta pública de los derechos de las mujeres por un puñado de votos, de Alicia Miyares

Queremos impedir que los derechos puedan ser revocados por contrato. Albert Rivera pretende someter a subasta pública los derechos de las mujeres para satisfacer el deseo de un colectivo minoritario de personas por perpetuar sus genes. El Sr. Rivera se comporta como un mercachifle que confunde eslóganes con argumentos por lo que no duda en situar en el mismo plano deseos y derechos o, peor aún, anteponer deseos a derechos. No creo que Rivera ignore que la práctica de alquiler de vientres o gestación subrogada, que lo mismo es, exige la firma de un contrato previo al embarazo en el cual las mujeres deben renunciar de modo irrevocable al derecho fundamental de la filiación sobre el hijo. Puede que a un neoliberal de nuevo cuño le parezca irrelevante que los derechos puedan ser objeto de contrato y compra-venta, pero debería, al menos, incorporar lo que predica a su propia vida. Quizá para dar prueba de fe de que sus planteamientos son inocuos, también Rivera debería anunciar que renunciará por contrato y de modo irrevocable al derecho al voto… dado que los derechos se pueden revocar por contrato y esta, según Rivera, es una propuesta valiente que empiece él…

Queremos impedir que el embarazo y el parto esté sometido a condiciones contractuales. Albert Rivera reta a las feministas que expliquemos cómo se puede estar de acuerdo en el derecho a decidir de las mujeres sobre la interrupción voluntaria del embarazo y, a la vez, estar en contra de que una mujer pueda decidir si quiere o no someterse a la práctica del alquiler de vientres. No hay ninguna contradicción en declararse favorable al aborto y contraria a la práctica del alquiler de vientres; sólo ven contradicción aquellas personas que ciertamente desconocen en el fondo y en la forma en qué consiste el feminismo y su íntima conexión con los valores y principios democráticos. Las feministas somos favorables al aborto porque estamos en contra de un modelo de maternidad impuesta o forzada y estamos en contra de la práctica del alquiler de vientres porque reduce la maternidad a cláusulas contractuales y condiciones impuestas por terceras personas. La prohibición de abortar o la regulación favorable del alquiler de vientres condena a las mujeres a ser tuteladas por terceras personas. Hemos vencido el modelo de feminidad y maternidad que se sustanciaba en la afirmación mariana “hágase en mí según tu voluntad” y por la misma razón venceremos esta idea de maternidad neoliberal que se resume en “hágase en mi según tu contrato”. En ambos modelos, tanto el bíblico como el neoliberal, la trampa consiste en ensalzar el altruismo y generosidad de las mujeres….

En definitiva, la propuesta de Rivera de introducir por ley en este país la práctica del alquiler de vientres supone de facto la pretensión de que se legalice la compra-venta de personas y la fabricación de seres humanos “a la carta” y esto es, se mire como se mire, un ataque frontal a la democracia que nos hace iguales en derechos y que impide poner precio a los mismos. La propuesta de Rivera ni es valiente ni progresista porque supondría, ni más ni menos, la regulación de una nueva forma de esclavitud, la esclavitud altruista por amor al amo.

Que Ciudadanos no te arruine el Orgullo: nuestros vientres no se alquilan, de Henar Álvarez

Se busca mujer altruista-incubadora en buen estado, de Anita Botwin

… los deseos de los privilegiados no deberían primar por encima de los derechos reproductivos de las mujeres. Entre otras cosas, porque los deseos no deben ponerse en el mismo plano que los derechos básicos. Desear algo no lo convierte en derecho. Decir que “no somos vasijas para gestar durante nueve meses un bebé para transmitir unos genes” no es un eslogan facilón ni partidista. Es que las mujeres en pleno siglo XXI deberíamos querer ser algo más que vientres de alquiler y objetos de compra y venta. Esta propuesta de Ciudadanos sobre el altruismo de las mujeres incubadoras, lejos de traer nuevos derechos, suprime además el derecho irrevocable de filiación del niño, ya que en ningún papel figuraría dato alguno sobre la gestante. Es decir, el bebé gestado no podría conocer nunca quién es su madre biológica altruista.

Se me ocurren un millón de formas de ser altruista que no pongan en riesgo nuestra salud. Una puede ser altruista por ejemplo dando de comer a los gatos de una amiga que se ha ido de vacaciones; prestándole la última temporada de House of Cards; ser su hombro en el que llorar cuando ha roto su relación; incluso, se me ocurre, dejarle tu camiseta favorita a riesgo de que no te la devuelva jamás. Pero, ¿prestar tu vientre?, ¿estamos perdiendo el juicio?

Existe ese discurso neoliberal que habla de la libertad de la mujer a la hora de elegir sobre sus cuerpos. Especialmente cuando esos cuerpos son rentables para sus intereses. Elegir sobre nuestros cuerpos debería centrarse en decidir qué ponerse cada día, en tatuarse o hacerse piercings, acostarse con quien se desee, bañarse desnuda en la playa… No en engendrar un feto, pasar por un parto que en el mejor de los casos duele para querer morirse –¡dilatar nueve cm!– para después regalar altruistamente un hijo a alguien que lo desea. Lo desea tan fuertemente que debes ser abnegada incluso cuando tengas que sufrir un parto de nalgas largo y doloroso como si te asesinaran lentamente. Pero ¿qué importa el riesgo para la salud y la vida de la gestante? Todo sea por los deseos de los padres a los que por cierto no se les pide ningún requisito.

Por otro lado, además de enrevesada, la propuesta de Albert Rivera es difusa y tramposa, porque omite el concepto “vientre de alquiler”, pero al mismo tiempo habla de “compensar por los gastos”. En el momento en el que introducimos el factor económico en la ecuación se acabó el buenrollismo de las incubadoras solidarias Mr. Wonderful. Hablemos claro y sin eufemismos: se está alquilando nuestro vientre y se está mercantilizando nuestro cuerpo.

Llegados a este punto de debate en el que Ciudadanos pone sobre la mesa un derecho que no es derecho sino que es deseo: ¿no sería más adecuado legislar y defender los derechos de las mujeres que se ven obligadas a dejar su puesto de trabajo por querer ser madres?, ¿o que se cumplan los derechos que ya existen, como lo son el de vivienda digna o una sanidad pública de calidad? Eso sin mencionar lo más urgente: la falta de un Pacto de Estado y unos recursos que frenen el terrorismo machista que estamos viviendo.

Ya hay muchos niños en este planeta. ¿Qué necesidad hay de seguir pariendo? Esos niños estarán deseando tener la oportunidad de ser adoptados por padres deseosos. Estaría bien agilizar esos trámites de adopción y dejar nuestros vientres tranquilos, que somos altruistas, pero no cuerpos con los que mercantilizar. Por mucho que lo deseen.

El muy privado cuerpo humano, de Soledad Gallego-Díaz

El debate que se quiere instalar sobre el llamado alquiler de vientres o gestación subrogada podría ser una buena ocasión para plantear la cuestión subyacente: ¿se puede comercializar el cuerpo humano o alguna de sus partes? ¿Tiene el individuo derechos de propiedad privada sobre su cuerpo? Es verdad que quienes defienden el alquiler de vientres de mujeres aseguran que deberá tratarse siempre de contratos en los que se establezca el espíritu altruista, de manera que no medie más dinero que aquel utilizado en el bienestar de la mujer gestante…

… ¿no sería aconsejable que se prohibiera colgar, como sucede en muchas facultades españolas, carteles incitando a las universitarias a “donar” sus óvulos (y de paso, aunque esto es observación propia, pagar la matrícula o el alquiler del apartamento)?

… ¿Es el cuerpo humano una propiedad privada? No parece que pueda considerarse en esos términos. Cuando las mujeres reclaman “mi cuerpo es mío”, “mi útero es mío”, a lo que se refieren es a que quieren tener plena autonomía sobre su cuerpo, como cualquier otro ser humano. No debe ser fácil encontrar feministas que opinen que su cuerpo es una mercancía, sometido al mismo régimen de propiedad que otros objetos, comercializable por contrato mercantil.

La cuestión es determinar si el cuerpo humano, y sus partes, puede, en cuanto tal, dar origen, mediante su comercialización, a ganancias financieras. Si así fuera, habría que aceptar que el comercio con el cuerpo humano reflejara inevitablemente el “normal” intercambio desigual que rige entre regiones desarrolladas y subdesarrolladas del mundo.

Hasta ahora, el valor del cuerpo humano no se ha asociado al mercado (salvo el pelo). El derecho internacional prohíbe el comercio de órganos, aunque no sean vitales, y solo se autoriza la donación entre vivos en algunos casos muy específicos y mediante un sistema público, como la muy alabada Organización Nacional de Trasplantes española, en la que el Estado garantiza la no comercialización.

¿El cuerpo es mío? En el sentido de que tengo plena autonomía para, si lo deseo, cortarme un dedo, sí. Lo que debería impedirme la sociedad es venderlo. ¿O vamos a introducir las peores reglas de la globalización en la bioeconomía reproductiva?

Y también los días de descanso, de José Saturnino Martínez García

La Iglesia católica lleva desde tiempo ancestral obligando a que la gente se tome un día de descanso a la semana, quiera o no quiera, lo que atenta claramente contra la libertad individual. Vivimos anclados en un pensamiento atrasado que no reconoce las nuevas necesidades de la economía y que atenta contra las libertades individuales. Hay gente que preferiría disponer de menos días de descanso, no tiene por qué descansar si no le apetece un día a la semana.

De hecho, con los nuevos modelos de encadenamiento de contratación temporal, no me extrañaría que esto ya esté pasando. Y nadie está obligando a nadie a que rechace sus días libres. Simplemente es una opción tan respetable como cualquier otra. Es más, el derecho laboral es superfluo, pues trata de forma paternal a las personas asalariadas, estableciendo prohibiciones. Salario mínimo, jornadas máximas, días de descanso… todo arcaico, con tufo a izquierda decimonónica o a cristiano, contrario a la modernidad, la flexibilidad, el emprendimiento, el empoderamiento…

Si donde digo derechos laborales digo derechos de las mujeres sobre el propio cuerpo, me encuentro que a mucha gente el párrafo anterior no le parece aberrante. Pero lo que he dicho anteriormente son más o menos los argumentos de quienes defienden la maternidad subrogada. Uno de los grandes éxitos de la ideología capitalista es hacernos creer que la libertad es y se defiende de forma individual. El capital quiere individuos libres y aislados, pues así se limita su capacidad de negociación. Los derechos colectivos, como los laborales, surgen precisamente para que los individuos dejen de estar aislados y se defiendan de los poderosos. Si estamos a favor de la maternidad subrogada, también deberíamos estar a favor de que no haya días de descanso, y deberíamos abolir el Derecho del Trabajo, solo debería existir el Derecho Mercantil.

La ideología capitalista nos dice que si nadie nos obliga a hacer algo, somos libres. Pero hay otras formas de entender la libertad. Por ejemplo, la escuela de pensamiento republicana, nos dice que somos libres si los poderosos no dominan nuestras vidas. Los defensores de la maternidad subrogada pecan de idealistas pues solo hay intercambios libres entre personas con igualdad material. Cuando hay asimetría de poder, el consentimiento está viciado.

Alquilar la capacidad reproductiva es algo que atenta a la dignidad de las personas y al conjunto de la sociedad. A la dignidad de las mujeres, pues se las obliga a que repriman el vínculo afectivo que se genera durante el embarazo. Es cierto que hay posibilidades de regulación más flexibles con esta cuestión. Pero una vez que se reconozca la maternidad subrogada, se podrá ir a países con otro tipo de legislaciones. Es lo que ya está pasando.

Y nos pone a todos en peligro. Una vez que el mercado coloniza una nueva esfera de la vida, expande su lógica. Ya hemos visto cómo acaba lo que empieza como economía colaborativa. Durante un breve espacio de tiempo, parece que todo el mundo es solidario y gana económicamente. Pero la propia lógica del beneficio lleva a que se constituyan oligopolios: los que tienen dinero imponen sus normas, y el resto vemos cómo se transforma nuestras vidas sin haberlo pedido.

Está pasando con Uber, que precariza el trabajo de los conductores. O con Airbnb: la libertad del mercado transforma las ciudades en parques temáticos. Si abrimos la maternidad subrogada, en una década habrá unos oligopolios donde la menor parte del dinero que pague la familia será para la “madre vasija”, el resto para los accionistas. Las mujeres con dinero buscarán a otras que paran por ellas, para no interrumpir su carrera profesional o pasar por el embarazo. En España podríamos hacer una legislación más restrictiva. Pero irán a otros sitios a por esos bebés.

Quienes están a favor afirman que podemos anticipar todo esto, y potenciar la dimensión altruista, como ya se hace en algunos países. Por un lado, cuando es así, es difícil encontrar madres-vasijas. Por otro lado, los deseos no son derechos. Quienes reclaman esta modalidad de gestación no están defendiendo el derecho a formar una familia, sino a formar un determinado tipo de familia, la que se basa en los genes. Con ello estamos contribuyendo a mandar el mensaje de que un tipo de familia es la buena, y la otra está devaluada. La familia no es cuestión de sangre, sino de afectos. En vez de luchar por un deseo biologicista, mejor luchar por mejorar la adopción y las condiciones de vida de todos esos menores que necesitan amor desinteresado, no basado en los genes.

‘Lobbies’, de Almudena Grandes

Cabe concluir que Rivera practica un liberalismo con perspectiva de género, machista, en mi opinión. Y no sólo porque llame lobby al movimiento feminista —no sé si daros la enhorabuena o el pésame, chicas— sino porque declara que, gracias a la gestación subrogada, todos podrán ser padres. Me permito apuntar que si se aprobaran medidas contra la brecha salarial y la discriminación de las trabajadoras en edad fértil, todas podrían ser madres y, a partir de ahí, sólo en el caso de que hubieran dejado de morir españolas asesinadas todas las semanas, quizás podríamos empezar a debatir con serenidad. Mientras tanto, el único lobby cuyo poder no se puede discutir es la alianza del viejo machismo con la nueva misoginia, por muy liberal y progresista que pretenda ser la máscara tras la que se esconde.

Cinismo subrogado, de Antón Losada

… se entiende la desconfianza de quienes ven en la gestación subrogada un negocio basado en la mercantilización del cuerpo de la mujer, la explotación de la miseria y la necesidad de los más pobres por parte de los más ricos. Si tienen alguna duda sobre si eso sucede o no, solo busquen en Google “gestación subrogada precio” y comprobarán que no hace falta sumergirse en el Internet profundo para ver el lado oscuro de un negocio basado exactamente en la explotación de los favorecidos sobre los desfavorecidos.

… Solo desde el cinismo más absoluto se puede sostener que regular una supuesta “gestación subrogada altruista” resuelve el problema, abre un debate mínimamente útil sobre la cuestión o va a servir para proscribir un negocio basado en la explotación.

… Ciudadanos no ha presentado una propuesta para regular las gestación subrogada y proteger a padres e hijos de las dramáticas consecuencias de un negocio oscuro e ilegal. Ha presentado una regulación basada en el cinismo para proteger y amparar los derechos del comprador en un mercado salvaje.

Úteros de alquiler: la última aberración, de Amando de Miguel

… los úteros de alquiler constituyen una afrenta a la dignidad de la mujer. Se trata de una moda miserable, pensada sobre todo para el lucimiento de los señoritos del famoseo, los que se desviven por aparecer en el fotocol de la gilipollería. (Perdón por tantos neologismos). Imagino que habrá otros casos más comprensibles de algunas mujeres que no quieren o no pueden parir como Dios manda. Por eso recurren a los úteros de alquiler, con la ñoñería de llamarlos vientres de alquiler o, peor, maternidad subrogada. De esa forma pueden presumir de madres sin serlo. Claro que el Código Civil ha prescindido ya de las palabras padre y madre. Ahora son “progenitor A” y “progenitor B”. Es lástima tanta tontería, pues la maternidad es un derecho y un hermoso privilegio que no admite el triste sucedáneo de alquilar un útero anónimo.

Muchos habíamos visto esperanzados el templado liberalismo de los que a sí mismos se llaman Ciudadanos con mayúscula. ¿Es que los demás no merecen tal honroso título? Pero sigamos. Por ese lado ha sido una desagradable sorpresa ver cómo su caudillo, Albert Rivera, anima a las parejas infértiles (incluidas las homosexuales) a alquilar úteros para lograr una maternidad contra natura. Se le nota, además, una vergonzante inseguridad al argüir que esa infausta operación provoca la igualdad y resulta altruista. Desde luego, al tal Rivera aún le chorrea el agua del bautismo, tan candoroso se muestra. Lejos de ser altruista o desinteresado, el alquiler del útero es un tráfico ilícito que se hace seguramente por dinero, en estado de necesidad. Otro argumento falaz del verboso político catalán es que con la práctica que digo se favorece la igualdad. No se ve por ninguna parte. Se trata de un mercado que satisface en primer lugar a ciertos señoritos adinerados a costa de la indignidad de unas pobres mujeres obligadas a parir por encargo. Vamos, lo más opuesto que puede haber al liberalismo y a la moderación. A veces, los políticos nos dan estas sorpresas, acuciados de salir como sea en los telediarios.

Lo que no entiendo es la serie de cautelas que impone la propuesta de Ciudadanos para que se legalice la práctica del alquiler de úteros. Dicen, por ejemplo, que la mujer que se decide por el infame comercio debe tener más de 25 años y haber parido ya algún hijo de forma, digamos, natural…

Hemos llegado a un punto de degeneración moral en el que se puede exhibir un hijo como un triunfo social más. Pues no. Bien está engendrar descendencia, pero nunca como una especie de obligación social…

Comprendo que uno de los graves problemas colectivos de nuestro tiempo es la escasa y declinante natalidad. Pero no se infiere por ello que exista una obligación general de traer hijos al mundo cuando se traspasan los límites de la naturaleza. Existen muchas situaciones dignas en las que no se puede o no se desea tener hijos. Respecto a la mínima natalidad de lo que antes se llamaba raza blanca, cabe el consuelo de que se vea compensada con la alta fecundidad de los inmigrantes de otras etnias. Al final se generalizará el mestizaje, que siempre es cosa buena.

En los casos de infertilidad de la pareja siempre se puede recurrir al expediente de la adopción, tan antigua como la humanidad organizada. En el caso de algunos emperadores romanos, el sistema de adopción resultó muy positivo. Pero, seamos realistas, en general, los hijos adoptados suelen derivar en graves conflictos de personalidad. No digamos cuando se disponga de casos suficientes de personas venidas al mundo a través de inseminación artificial o un útero alquilado. También son ganas de provocar daños y conflictos irresolubles. Aun aceptando la posibilidad de la adopción o del alquiler de útero, tales casos deberían ser solo excepcionales, nunca como un ejercicio de exhibición social. Pero nos encontramos en una sociedad en la que abunda el exhibicionismo en todos los sentidos. Ese es el progenitor B del cordero.

Mens naranja in corpore legislador, de Barbijaputa

El derecho a decidir sobre nuestro cuerpos es para todas: pobres, ricas, blancas, no blancas, jóvenes, menos jóvenes, migrantes o no. Legalizar los vientres de alquiler sólo favorecerá a quien pueda pagarlos y sólo sufrirán las consecuencias físicas y psíquicas las mujeres con menos (o ningún) ingresos.

Es una medida que nace del clasismo, como cualquier idea que salga de una formación liberal, ya que la clase alta no tiene nada que temer. Y también es machista, porque sólo perjudica a mujeres. A las más pobres afecta mucho más, pero el resto también sufriría las consecuencias. Presentar a la mujeres como objetos a los que usar siempre nos afectará a todas, porque el mensaje se manda a toda la sociedad, que es la que luego nos conformará en gran medida.

… Se deshumaniza así a la mujer más de lo que ya está; se nos deja saber, a hombres y mujeres, que usar nuestros cuerpos para desfogue, para gestar los hijos de otros o para lo que dé placer y escape a otros está aceptado, es deseable y oponerse a ello es digno de rechazo social.

… no hay misógino que no sea un tremendo homófobo, ambos van siempre de la mano.

… Los adultos no tienen el derecho de ser padres. Los que sí tienen derechos a una familia son los niños y niñas.

… Luchar para explotar el cuerpo de las mujeres de una nueva forma sólo para gestar a nuevas criaturas cuando el mundo ya está lleno de ellas, sabiendo además que necesitan con urgencia una familia, es liberalismo puro y duro. Egoísmo, individualismo y machismo campando a sus anchas allí donde debería haber diputados y diputadas que legislasen para y por la mayoría, y no contra ella sin ningún tipo de pudor ni empatía.

¿Es posible el altruismo en la gestación subrogada?, de Violeta Assiego

No existe el derecho a tener hijos por mucho que alguien desee cumplir el sueño de ser padre o de ser madre. Sí existe, en cambio, el derecho de la mujer a controlar su propia sexualidad, a decidir libre y responsablemente sobre su cuerpo y a hacerlo de manera informada y autónoma, sin coacción, discriminación ni violencia. Por eso, para hablar de regular la gestación subrogada en España es necesario aceptar y respetar estas premisas. De lo contrario estaremos abriendo la puerta al lado oscuro de esa realidad, el de los vientres de alquiler.

… es necesario controlar una realidad que está dejando de ser un fenómeno social para empezar a convertirse en asunto de orden público. Pero, ¿cómo hacerlo? Reconociendo y garantizando la autonomía, la integridad y la seguridad sexual y reproductiva de la mujer gestante. Poniendo en primer plano su libertad de decidir, incluida la posibilidad de que en cualquier momento se quiera echar atrás…

Otros aspectos determinantes serían que la gestación subrogada tenga lugar en España, que no se realice sin supervisión pública, que se suprima el papel de los intermediarios y, ante todo, que se haga en un marco de solidaridad. Es decir, que la gestación subrogada sea altruista. Pero, ¿por qué tendría que ser altruista? Porque si el objetivo final de la mujer –al renunciar a su maternidad biológica– es entregar un bebé a quienes sí constituirán la filiación biológica, desde un enfoque de derechos del niño, ese acto tiene que estar exento de cualquier tipo de contraprestación económica…

Obviamente, no todo se puede reducir a un acto de buena voluntad porque la puerta a que se cometan excesos y abusos está siendo precisamente no regular la gestación subrogada altruista. Hacerlo implicaría que la gestante pudiera retractarse en cualquier momento de su decisión; que el vínculo existente entre maternidad y mujer deje legalmente de existir; que se incorpore esta técnica de reproducción asistida a las ya existentes y se definan las vías de acceso; que se prohíba definitivamente el turismo procreacional y que, ya puestos, se revise a fondo, tal y como sugiere la tesis doctoral de la investigadora Sara Lafuente Funes, el mercado económico que está organizado en nuestro país por parte de las clínicas privadas en torno a las técnicas de reproducción asistida de todo tipo.

Sea como sea, garantizar los derechos reproductivos de las mujeres gestantes y el altruismo para velar por el interés superior del menor son premisas innegociables a la hora de hablar de una regulación de la gestación por subrogación.

Sobre azafatas, becarios, vientres de alquiler y capitalismo, de Pascual Serrano

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