Tonterías selectas

Lo esencial y lo urgente, de Rosa María Artal

Álvaro Guzmán Bastida entrevista a Nick Srnicek

Hay que tener en cuenta las condiciones materiales que nos han llevado hasta aquí: hemos vivido el deterioro de los movimientos de clase trabajadora que viene desde la Segunda Guerra Mundial, y cuarenta años de neoliberalismo que dan a entender que nada cambia en lo fundamental, y que el sistema está organizado para beneficiar a los más ricos y poderosos. Dadas esas condiciones, es muy entendible que la gente claudique ante las pocas esperanzas para el futuro.

… Las aplicaciones más interesantes ahora mismo tienen que ver con experimentos de imprimir una casa. Habría cemento que viene ya preparado con el aislamiento, el cableado y las tuberías y se pueda imprimir una casa extremadamente barata. Aunque falta mucho por desarrollar, la impresión en 3D ofrece un gran potencial para resolver la crisis de vivienda, desde los guetos de los países pobres a la falta de vivienda social en Londres.

P: Supongo que el problema entonces sería quién es dueño de la impresora y de la tierra.

Sí. Lo más sencillo sería tener una impresora 3D nacional que imprima vivienda social. Nacionalizar las impresoras 3D. Eso es lo que necesitamos.

P: Sobre la cuestión de la propiedad y la escala: incluso con los avances tecnológicos de los que habla, nada de lo que viene describiendo está disponible para la mayoría de la población. ¿Qué nos impide disfrutar de esos avances?

El capitalismo, dicho lisa y llanamente. Tres mil doscientos millones de personas en todo el mundo necesitan trabajar para ganar un salario con el que sobrevivir. Dependen del mercado de trabajo para conseguir cualquier dinero. Esto supone toda una serie de exigencias para los trabajadores: tienen que salir a competir los unos con los otros por el trabajo. Eso hace que bajen los salarios, y a su vez otorga más poder a los propietarios de los medios de producción, los dueños del capital, el 1% de la población que es dueño del 50% de la riqueza. Esas simples relaciones de propiedad tienen repercusiones en el resto de la sociedad. Podríamos vivir en una sociedad en la que la gente no tenga que trabajar. Tenemos la tecnología disponible para ello. Pero también tenemos las relaciones sociales que exigen que la gente trabaje para sobrevivir. Librarse de esas relaciones sociales debería ser el gran proyecto de la izquierda y es alcanzable en las próximas décadas.

P: ¿Qué le hace pensar que lo es?

De nuevo, tiene que ver con las posibilidades materiales. Tradicionalmente, esto hubiera supuesto grandes recortes en calidad de vida. Hoy tenemos la capacidad de mantener nuestro nivel de vida, reducir la huella ecológica y librarnos del trabajo asalariado. Lo más difícil no son las posibilidades materiales, sino construir la capacidad colectiva, especialmente bajo la presión devastadora a la que nos ha sometido el neoliberalismo. Pero lo hemos hecho en el pasado, y volveremos a hacerlo.

… En 2008, cuando la mayor crisis del capitalismo en décadas llegó, parecía una enorme oportunidad para la izquierda. Pero nadie tenía las ideas necesarias para hacer uso de esa oportunidad. Eso contrasta con lo que hicieron los neoliberales en los 70: tenían un análisis del capitalismo keynesiano, los problemas a los que se iba a enfrentar y sus soluciones. Cuando llegó la crisis, la utilizaron como oportunidad. Así que debemos desarrollar una serie de ideas que nos permitan aprovecharnos de lo que inevitablemente será otra crisis en los próximos cinco años, para construir un proyecto más amplio.

… el problema fundamental es que el pleno empleo ya no es posible.

P: ¿Por qué lo dice?

Si analizamos los datos, el capitalismo ya no produce suficientes empleos, ni cuantitativa ni cualitativamente. Desde 2008, todos los empleos netos creados en EE.UU. han sido ‘acuerdos de empleo alternativos’: trabajo temporal, freelance, a tiempo parcial… Uno puede imaginarse al capitalismo produciendo más empleos de ese tipo, pero no son significativos ni suficientes para la gente. Tenemos que construir un sistema social que no dependa del pleno empleo.

… El poder del capital es tal que cualquier grupo con poder, como el sindicato del transporte o el de estibadores en EEUU, va a recibir ataques principalmente por la vía de la automatización.

… es cuestión de que los sindicatos establezcan conexiones con la comunidad, fuera del lugar de trabajo, que pierde potencia como espacio de lucha con la automatización. Hay que pensar en cómo intervenir e interrumpir los procesos sociales más amplios del capitalismo, no solo la producción. El movimiento Black Lives Matter ha entendido esto, al bloquear sistemas de transporte como los trenes y las autopistas. Pero, en último término, se trata de otorgar control público sobre qué se automatiza, en qué tecnologías se invierte y cuáles se utilizan. También hay que construir el sistema social. Si es necesario menos trabajo, reducir la jornada laboral es una manera muy útil de hacerlo. Mi preferencia es recortar un día de trabajo semanal, para llegar a las 32 horas, con los viernes libres y fines de semana de tres días. Ya existen los ‘puentes’, y nos encantan, por lo que creo que podríamos utilizar un sentimiento populista para articular esta demanda.

P: Volviendo a la democracia directa: señala usted que el principal problema de la democracia hoy no es tanto que la gente no tenga capacidad de decisión sobre todos los aspectos de su vida, sino que los asuntos más importantes de nuestras vidas escapan al control democrático. ¿Cómo se reinventa la democracia cuando esos problemas son tan grandes que a menudo trascienden el Estado?

Es una pregunta muy grande. No es cierto que queramos poder decidir sobre cualquier aspecto de nuestras vidas colectivas. Si piensas en la promesa de la privatización del agua, se supone que abrirá la libertad de elección a todo el mundo. Pero la respuesta es obvia: no queremos libertad de elección sobre el agua. Queremos abrir el grifo y que salga agua limpia y saludable siempre que la necesitemos. Sucede lo mismo con muchos de los asuntos básicos de nuestra existencia: queremos estar seguros de tenerlos disponibles, para poder dedicarnos a cuestiones más importantes. Parte del problema es cómo concebir una democracia que nos dé poder no tanto sobre todo sino sobre las cuestiones más importantes. Esto significa tener mecanismos que nos permitan decir que lo que era un asunto mundano pasa a ser político de nuevo.

P: ¿En qué consiste la política que propone como alternativa?

Brevemente, es un proyecto contrahegemónico para construir una sociedad del postrabajo. No es todavía poscapitalista, sino de transición hacia un proyecto de sociedad que pueda serlo. No es la eliminación total del trabajo, algo que sería imposible, sino su reducción masiva. También consiste en eliminar la necesidad de la gente de tener un trabajo para sobrevivir. La renta básica es la mejor manera de lograrlo.

The Velikovsky Heresies: Worlds in Collision and Ancient Catastrophes Revisited

El mercado humano, de Begoña Huertas

En la feria neoliberal todas las piezas están pensadas para encajar y que la rueda del consumo no se detenga. Si el consumidor no tiene recursos para lo anterior siempre podrá sacar cinco euros para comprarse una camiseta. Puedes no tener casa, puedes no tener trabajo, ni coche, pero la moda rápida siempre estará a tu alcance…

La novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada, que describe un mundo donde las mujeres son reducidas a vasijas para la procreación, se plantea en un contexto de sometimiento en una tiranía machista. En la realidad, hoy, podemos ver algo parecido pero en el contexto del neoliberalismo. Un contexto donde todo se vende y donde puedes comprarlo todo si tienes el suficiente dinero.

Los defensores del libre mercado naturalmente no verán inconveniente ninguno. Una vez más se trata de quién puede pagar por ello (países que compran su “derecho” a contaminar más, por ejemplo). Desde otro lado, se apela no a la capacidad económica de los compradores sino a su derecho a la maternidad/paternidad: por qué negar a alguien satisfacer el deseo de un hijo si el avance de la ciencia lo permite. La respuesta a esto último está intrínsecamente ligada con lo anterior: si todas las personas pudieran pagar una maternidad subrogada nadie necesitaría vendérsela –puesto que no necesitarían el dinero–.

Quizás lo que ocurre es que hay que salir del esquema mental del neoliberalismo y admitir que no todo se puede comprar. Y que hay que soportar la frustración, tal vez, de que no puedas tener hijos, porque eres un hombre, o por un problema físico, qué se va a hacer.

En el documental sobre la industria textil que mencioné antes, una de las jóvenes trabajadoras afirmaba que la movía la esperanza de que su hija –con quien no podía vivir precisamente para ir a trabajar– pudiera tener un futuro gracias a ese enterramiento en vida (en fábrica) de ella. Pues es complicado, porque tal como están las cosas si la fábrica está allí es porque allí encuentran semi-esclavos y los beneficios no redundan en ellos sino en los dueños de la empresa, de no ser así se irían a otro sitio. Con lo cual a lo mejor esa hija suya ya no será esclava textil sino vasija de alquiler ¿Un adelanto? La maternidad subrogada es un tema en debate, está permitida en ciertos casos en algunos países mientras que en otros, como Estados Unidos, por ejemplo, no hay ningún límite.

Las noticias de las subidas y bajadas de la bolsa volverán cada jornada, como la salida y la puesta de sol. Estar atascados en ese mundo-mercado donde se apela a la libertad para hacer negocios parece tranquilizarnos. Se trata de una estructura imperturbable, un sistema que nos asegura la estabilidad de lo conocido, pero también la estabilidad de la pobreza y de la desigualdad.

La “superioridad” de la izquierda, de Ignacio Sánchez-Cuenca

La socialdemocracia es el proyecto ideológico y político más beneficioso y virtuoso de todos…

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