Tonterías selectas

Bajar impuestos es la neurosis favorita del PP, de Jesús Mota

Las ocultadas causas políticas del crecimiento de las desigualdades, de Vicenç Navarro

En España no hay libertad de prensa, de David Bollero

Financiación y judicialización corroen a la democracia, de Emir Sader

En la puerta tengo a mil como tú, de Barbijaputa

Bajo el argumento liberal de que quien está ahí es porque quiere (frase manida y además falsa: quien está ahí porque quiere es el explotador, no quienes buscan alternativas al futuro digno que les han robado) intentan justificar lo injustificable, ya que si alguien es indispensable para que el negocio siga adelante (o para que el precio del producto sea lo elevado que en este caso es), no está ahí para aprender, está para trabajar, para producir, y el trabajo se remunera.

No hace falta ser muy avispado para entender que la libertad que defiende el liberalismo es sólo la que tienen los privilegiados, que pueden explotar, o pueden despedir cada vez más barato, o pueden malpagarte, o pueden incluso no pagarte en absoluto. Hasta pueden amenazarte con su frase estrella “si no te gusta, en la puerta tengo a mil como tú”. Eso sí que es libertad para decidir, cuando el sistema te facilita un amplio abanico de oportunidades, a cual más inmoral, dicho sea de paso. Y de esa libertad hablan los liberales, la de los de arriba. Si hablamos de currantes, esa libertad se torna en un “tienes dos opciones: esperar en la puerta de un explotador o irte a tu casa y comer orgullo en vez de caliente”.

El capitalismo, en definitiva, nos lleva comiendo la tostada a los curritos y curritas desde tiempo ha. Ya en 1848, Marx y Engels escribieron en El Manifiesto Comunista: “La existencia […] de la clase burguesa tiene por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. […] Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores”. Habría que actualizarlo, eso sí, por “no puede existir sin el trabajo asalariado o sin asalariar”.

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