Tonterías selectas

La desigualdad económica: orígenes y causas, de Cristian Gómez Martínez, de Economistas sin Fronteras

La Economía, un fraude no tan inocente, de Juan Torres López

Corrupción y régimen neoliberal, de Juan Laborda

Soluciones nuevas y comunes, por la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, la Red Europea contra la Pobreza y WWF, miembros de la plataforma Futuro en Común

Una agenda socio-liberal para el Siglo XXI, de Manuel Alejandro Hidalgo

El socio-liberalismo comparte con el liberalismo la idea de que es importante preservar la libertad individual como base y fundamento del desarrollo de una sociedad. La libertad del individuo es la base para el desarrollo de una sociedad moderna y democrática. Sin embargo comparte también la idea de que estos mismos individuos están obligados a convivir con otros individuos en un marco de relaciones donde la confianza mutua y la convivencia pueden deteriorarse significativamente si aparecen desigualdades excesivas o dinámicas de exclusión social. De nada sirve la libertad individual si esta no se mezcla armoniosamente en el conjunto social donde se desarrolla. En este sentido, la política debe enmarcar dos tipos de intervenciones que por un lado permita expandir la libertad del individuo, facilitarla, y por otro que la encauce por un bien social superior.

… A este liberalismo económico habría que añadir una clara función redistributiva y de supervisión económica. La vertiente social. Marcando algunas diferencias con las políticas socialdemócratas tradicionales, donde las medidas de redistribución son más pasivas, la política social debe ser más proactiva, debe tomar en serio su capacidad para influir y elevar la eficiencia de lo que en los setenta se vino a llamar oferta. Buscando paralelismos con los postulados liberales de aquella época, estas políticas sociales, muchas nada novedosas, deben en parte centrar su atención en cómo mejorar y hacer más eficiente la oferta productiva. Si, como he dicho antes, la desregulación puede ayudar a ello, pero paradójicamente y a diferencia de las propuestas más liberales, mediante su intervención redistributiva el Estado puede hacer mucho bien a la misma.

En este sentido, el Estado debe asegurar la libertad de los ciudadanos en su relación con la actividad económica y laboral. Para ello es fundamental la libertad de opciones, y por lo tanto la igualdad de oportunidades. Son absolutamente necesarias políticas predistributivas, como son las tradicionales de educación y sanidad pública. Pero además son fundamentales políticas que fomenten mediante la redistribución monetaria o en especie, la libertad de decisiones.

… En resumen, tres grandes pilares deben guiar la política pública del futuro, una política de oferta liberal que fomente la eficiencia y el crecimiento económico, una política de oferta “social”, que eleve y mejore la participación laboral de todos los colectivos pero en especial de aquellos que con los recientes cambios pueden verse desplazados y, por último, una política de igualación de oportunidades, y que se concretaría con las tradicionales educación y sanidad públicas.

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