Tonterías selectas

Jeffrey Sachs, asesor económico de la Gestora del PSOE, y su rol en el colapso de la URSS

Los datos que presentaba en mi libro, sin embargo, mostraban que la Revolución Bolchevique había sido un hecho de primera magnitud que afectó positivamente la calidad de vida y el bienestar de las poblaciones de aquel país, desarrollando una fuerza económica que fue capaz en muy poco tiempo de derrotar a una de las mayores potencias económicas en Europa, la Alemania nazi, durante la II Guerra Mundial. Nada menos que Winston Churchill, el dirigente conservador del Reino Unido, reconoció que la URSS fue la potencia que en realidad derrotó a la Alemania nazi en Europa. Ni que decir tiene que las fuerzas aliadas jugaron un papel importante, pero no determinante en la derrota de la Alemania nazi. La intervención soviética sí que fue la determinante. En referencia a su política social, lejos de ser un desastre, proveyó seguridad y protección social a la gran mayoría de la población. Y lo pude ver en mis visitas. En realidad, el grado de protección social y la extensión de la cobertura de sus beneficios en los servicios públicos como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios sociales, vivienda y otros, eran mayores que los existentes en EEUU.

Ahora bien, el punto flaco de aquel sistema dictatorial era que el maridaje del Partido Comunista con el Estado era tal, que el aparato del partido se fue convirtiendo en una nueva clase que controlaba la sociedad a través del Estado, y que utilizaba tal control para optimizar sus intereses como clase, lo cual aparecía también en su Estado del Bienestar. En cada uno de los sectores, desde la sanidad a la educación, así como en las pensiones, había dos niveles y tipos de servicios y transferencias: unos para la clase dirigente y los otros para todos los demás. Esta dicotomía era clara y aparente, y contribuyó a la pérdida de legitimidad del sistema, pues la narrativa oficial de hermandad y solidaridad contrastaba con la práctica: una sociedad con explotación de clase. De ahí que ya anunciara en mi libro escrito en 1977 que el sistema político era inestable y que ocurrirían cambios como consecuencia de la presión popular para que los hubiera. Y así ocurrió. En 1991 la URSS colapsó.

Desmontando el régimen neoliberal (IV), de Juan Laborda

Una potente y eficaz banca pública: garantía de crecimiento inclusivo, de Bruno Estrada, adjunto al Secretario General de CCOO, miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de Podemos

Ana Requena Aguilar entrevista a Eduardo Garzón

… a pesar de que tenemos cada vez mejor capacidad tecnológica, productiva y económica, la riqueza no se distribuye como debería y eso responde a un sistema económico muy particular que tiene un nombre, capitalismo.

… La idea es reducir los espacios que hoy viven regidos por la lógica capitalista –si me sale rentable empiezo una actividad económica y contrato a gente– eliminarla de los sectores estratégicos y más importantes para la actividad económica. La tendencia es desgraciadamente la contraria: el neoliberalismo, que supone ampliar todos esos espacios, reducir salarios para aumentar los beneficios del capital, reducir los espacios públicos de la sanidad, la educación y las pensiones para que el negocio privado pueda hincarle el diente.

… Lo que hay que hacer es que todo aquel trabajo, todo esfuerzo físico o intelectual que redunda en beneficio de nuestros prójimos, tiene que ser considerado empleo. ¿Cómo? Remunerándolo, dignificándolo y repartiéndolo de forma solidaria entre hombres y mujeres. Desde mi punto de vista eso debe hacerse mediante el trabajo garantizado: todas esas actividades trasladándolo en la medida de lo posible al ámbito público, a un empleo remunerado y más cualificado y profesionalizado.

… Creo que la renta básica no debería ser, al menos no toda, en dinero sino en especie. Por ejemplo, la sanidad y la educación ya es renta básica en especie. Tendríamos que hacer lo mismo con la alimentación, el transporte, el alojamiento y podríamos pensar también en la energía o, por qué no, las telecomunicaciones. En lugar de dar dinero y que se busquen las habichuelas en un mercado contaminado por desequilibrios de poder, controlarlo y regularlo a través de decisiones democráticas, transportes, participativas y atendiendo a criterios sociales, ecológicos, de género…

P: Critica el alarmismo sobre las pensiones, pero ¿no cree que con un déficit de 18.000 millones de euros en la Seguridad Social hay ciertas razones para la preocupación?

No, no hay ningún tipo de preocupación desde un punto de vista técnico. Desde el actual sistema, si no se cambia nada, obviamente sí. Pero ya recientemente el Gobierno ha dicho que pasarán un crédito desde el monedero de los ingresos generales al de las pensiones. Eso es un real decreto que se hace en un segundo. ¿Por qué no lo dijeron en un primer momento? Porque había interés en decir que el sistema público es insostenible. El déficit es algo que no nos debería preocupar. Tener déficit público es normal y no es malo per se. De casi 200 países del mundo, 175 tuvieron déficit público en 2015.

P: Pero que la Seguridad Social tenga ese déficit quiere decir que algo pasa en el sistema.

Pero son dos monederos, el de la Seguridad Social y el de los ingresos generales, que también está en déficit, más de hecho, ¿por qué entonces nos preocupamos por el de la Seguridad Social? Juntas los monederos, pasas dinero de uno a otro y ya está solucionado el problema, no se trata de que las pensiones sean insostenibles.

P: Pero si hace falta sacar dinero de otro monedero es porque el de las pensiones no tiene recursos suficientes, ¿no ve necesario entonces hacer ahí algún cambio?

Si respetamos las reglas del juego y decimos que las pensiones se tienen que pagar solo con cotizaciones sociales entonces algo hay que hacer. O puedes optar por pasar dinero de un sitio a otro, como hace el Gobierno. Pero si se quiere reformar eso para que no sea una anomalía constante se puede hacer. No creo que haya que tener dos monederos separados, el de las cotizaciones y el de los ingresos generales. Que haya una caja única que financie todo.

Esteban Hernández entrevista a Eduardo Garzón

… parten de la premisa de que la gente compra los productos que son más baratos, y eso hace que sus investigaciones y análisis den como resultado que es así, y que el precio es el factor determinante.

… En las clases en la facultad nos decían que lo que determinaba el precio de los productos era el coste de la materia prima y el de los salarios, además de los impuestos. Pero un compañero, cuyo padre tenía una tienda de muebles, decía que lo que se hacía en su negocio era fijarse en la competencia para marcar los precios.

… El dinero puede llegar a la gente de dos maneras: o a través de los bancos privados, a los que los bancos centrales les dan facilidades para que presten, y con ello se lucran, o a través del déficit público. Si este se reduce o se prohíbe, no se inyectará dinero en la sociedad, por lo que se estará aumentando la capacidad de las entidades financieras para que sean ellas las que muevan el dinero y consigan beneficio. Por otra parte, cuanta menos capacidad tenga el Estado para incrementar su gasto, menos sanidad, educación y servicios públicos proveerá, lo que le brindará un notable espacio de crecimiento al sector privado. A este le viene muy bien que su competidor público tenga escasa capacidad de desarrollo. Si la sanidad pública es mala y su calidad disminuye, será la privada la que obtenga los réditos. Esa es la intención también del déficit bajo o inexistente.

… Un gobierno no está limitado a la hora de crear dinero, y eso tiene una ventaja muy importante a la hora de aplicar políticas públicas, y es una ventaja que hay que tener en cuenta. Está claro que al entrar en el terreno práctico puede acarrear consecuencias negativas por el simple hecho de ir contra corriente. Sin embargo, cuando hablamos de confianza y de validez de una moneda, hay que tener en cuenta que Francia, por seguir el ejemplo, tiene muchos productos y sus ciudades puede ofrecer muchos servicios de turismo y hostelería, y para pagarlos serían necesarios los francos, al igual que si alguien quisiera invertir en ese país se vería obligado a comprarlos. Todo depende de su desarrollo económico. Un país como Haití tendría muchos problemas para hacer valer su moneda pero Francia no, aunque se deban tener en cuenta los ataques que podría sufrir desde la élite económica europea.

… Si tuviéramos más dinero, se incrementaría la capacidad de nuestra economía, pero eso no haría subir los precios. Eso ocurriría si los negocios estuvieran funcionando a plenos rendimiento, lo que no es el caso. Hay mucho margen para inyectar dinero sin que se generen tensiones inflacionistas.

… Todo en las sociedades capitalistas se enfoca desde la rentabilidad, de forma que la máquina sólo se pone en marcha si al dueño de las fuerzas productivas le resulta rentable. Antes de 2006 lo era, y ahora no, y por eso no la ponen a funcionar a plena capacidad. Pero eso no quiere decir que seamos más pobres: seguimos teniendo maquinaria, conocimientos, capacidad y piernas y brazos. La cuestión es que debemos organizarnos desde otra lógica que no sea la de la mera rentabilidad. Hay que democratizar la economía de modo que seamos nosotros quienes pongamos en marcha la máquina cuando lo decidamos entre todos.

… Al igual que por el mero hecho de haber nacido tenemos derecho a la educación y a la sanidad, podríamos ampliar a la alimentación, la energía o el transporte. Conseguiríamos mucho más que con la renta básica, que al fin y al cabo te deja en una situación en la que los oligopolios pueden abusar de ti. Si te dan dinero pero te abandonan a la lógica de rentabilidad económica, al final careces de poder para evitar que las grandes empresas saquen partido de ti. Si quieres alquilar una vivienda en Madrid y el Estado la garantizase sería muy distinto.

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