La transexualidad y sus polémicas

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Sexo, género y transexualidad

De una forma simplista (y errónea por imprecisa e incompleta) los seres humanos pueden ser clasificados de forma binaria por su sexo biológico en dos clases o categorías (dicotomía): hombres (macho, masculino, varón), o mujeres (hembra, femenino).

Por su anatomía los sexos se distinguen (dimorfismo sexual) por sus diferentes caracteres sexuales primarios y secundarios. Los caracteres sexuales primarios son los del aparato reproductor (sistema genital, órganos sexuales externos e internos): masculino (pene, testículos, próstata y otros) y femenino (ovarios, útero, vagina, vulva con clítoris y labios, y otros).

Los caracteres sexuales secundarios son rasgos anatómicos y funcionales que no son parte directa del sistema reproductor y que se desarrollan con la madurez sexual estimulados por la producción de hormonas típicas de cada sexo (andrógenos masculinos, estrógenos femeninos). El hombre suele tener más masa muscular y fuerza, mayor estatura, más vello corporal y facial, voz más grave, comportamiento más agresivo (rasgo conductual), posible alopecia; la mujer tiene senos desarrollados y pezones mayores, más grasa subcutánea; los tamaños y proporciones anatómicas son diferentes entre hombres y mujeres en diversas partes del cuerpo (cabeza, pies, manos, nariz, hombros, tórax, cintura, cadera). También existen diferencias psicológicas entre hombres y mujeres, tanto en sus capacidades como en sus preferencias: el sexo no está solamente en la anatomía, también está en la mente, en el cerebro. Algunas diferencias en estos caracteres son estadísticas y presentan solapamiento entre la población masculina y la femenina. Según la presencia y actividad de hormonas del sexo opuesto, o por la falta o inactividad de hormonas del propio sexo, puede haber hombres feminizados o mujeres masculinizadas.

La clasificación binaria simple tiene diversos problemas debido a que la realidad es más compleja y gradual. Rasgos que frecuentemente son binarios, bien definidos y excluyentes, presentan excepciones o casos intermedios, mixtos o ambiguos. La diferenciación sexual se da a múltiples niveles o por múltiples factores (genes, cromosomas, gónadas, producción y recepción de hormonas, anatomía, factores ambientales, psique, conducta, interacción social, cultura, costumbres), y estos niveles no siempre concuerdan entre sí: no todos son masculinos o femeninos en un mismo individuo; por ejemplo puede haber un fenotipo femenino (órganos sexuales no desarrollados) con un genotipo o cariotipo masculino (genoma XY), o viceversa (genoma XX con rasgos masculinos, posiblemente por la presencia y actuación de hormonas como la testosterona). La determinación del sexo no depende solamente del genoma: existen también factores ambientales.

Un individuo es intersexual si sus características sexuales son ambiguas o están desajustadas (a veces se habla de tercer sexo). En algunos casos los caracteres sexuales no son claros al nacer y se desarrollan en la pubertad. Algunos individuos pueden ser quimeras resultado de la fusión de dos cigotos o embriones con diferente carga genética, con posible combinación de células masculinas y femeninas, y rasgos sexuales de ambos sexos (normalmente no plenamente desarrollados). Algunas plantas y animales son hermafroditas: tienen órganos reproductivos de ambos sexos, de modo que son capaces de producir gametos masculinos y femeninos; el hermafroditismo auténtico no se da en humanos. Algunos animales pueden cambiar de sexo durante su vida (por cambios ambientales y como estrategia reproductiva) y ser fértiles en ambas condiciones (hermafroditismo secuencial): en humanos el cambio de caracteres sexuales requiere tratamiento hormonal e intervención quirúrgica, y la fertilidad se conserva o pierde según cómo sea el cambio de sexo.

Los términos “sexo” y “género” y muchos otros relacionados con ellos son problemáticos y no hay acuerdo total sobre su uso: el sexo suele referirse a lo genético, innato, natural, biológico, anatómico y reproductivo, mientras que el género es más psicológico, mental, conductual, aprendido, cultural y social; también puede utilizarse el género como la expresión posiblemente diversa de lo sexual, ya que hay animales con diversos tipos de machos y/o hembras.

En el sexo la interacción entre las influencias genéticas (instintivas, innatas, naturales) y las culturales (ambientales, sociales, aprendidas) es compleja y variada: en ocasiones lo cultural acentúa las diferencias o predisposiciones genéticas (roles de hombre muy masculino y mujer muy femenina según vestimenta, maquillaje o no, actitudes y conductas), y en otras ocasiones las atenúa.

La identidad sexual se refiere la definición psíquica de los individuos sobre el sexo y el género: incluye la orientación sexual, el rol de género y la identidad de género.

La orientación sexual de un individuo (también tendencia o inclinación) se refiere al patrón de atracción sexual, erótica, emocional o amorosa según el sexo de los individuos objeto de su deseo: heterosexual (sexo opuesto), homosexual (mismo sexo), bisexual (ambos sexos) o asexual (sin atracción sexual). Es posible que la conducta sexual efectiva no sea acorde con la orientación sexual, como en el caso de un homosexual reprimido que se avergüence de su condición e intente comportarse como un heterosexual. La orientación sexual no incluye solo atracción y placer: también puede implicar repulsión o rechazo (un heterosexual puede sentir asco ante la práctica homosexual propia o ajena). La orientación sexual es probablemente innata al menos en parte (por genética e interacciones hormonales en el útero materno), pero el entorno y el aprendizaje quizás pueden influir sobre ella (cultura, descubrimiento personal mediante la experimentación).

La homosexualidad es una variante minoritaria pero no es rara en la naturaleza: la heterosexualidad no es la única estrategia evolutiva óptima; cierta diversidad puede ser valiosa por múltiples motivos; los homosexuales pueden reproducirse practicando el sexo con suficiente frecuencia con el sexo opuesto; y el sexo no sirve solamente para la reproducción sino que también es muy importante para consolidar lazos afectivos sociales (es muy ilustrativo, pero no único, el caso de los bonobos, parientes evolutivos cercanos de los humanos, con sus prácticas promiscuas y bisexuales). La afirmación de que la homosexualidad no existe en la naturaleza (que es algo exclusivamente humano) o que es algo extremadamente raro o anómalo es una muestra clara de ignorancia o deshonestidad acerca de la realidad.

La homosexualidad no es una enfermedad ni un desorden mental: no tiene mucho sentido hablar de terapias o curas; un homosexual puede sufrir por no aceptar íntimamente su condición (tal vez por alguna creencia religiosa, y entonces el problema podría ser esa creencia y no la orientación sexual), o por ser rechazado por la sociedad debido a su orientación sexual (quizás debiendo ocultarla).

El rol de género es el conjunto de normas que regula las conductas apropiadas para cada sexo en un sistema social: es la opinión mayoritaria o generalizada, la cultura dominante acerca de los roles o funciones de cada sexo o género. Estas ideas pueden ser aprovechadas por los individuos para resaltar su carácter masculino o femenino, pero también pueden ir en contra de los deseos de las personas y limitar sus posibilidades de desarrollo (mujeres que no pueden estudiar, trabajar o ser independientes y deben someterse a un hombre; hombre que no puede expresar inseguridades o afectos).

La identidad de género es la expresión individual del género, la percepción psíquica subjetiva que un individuo tiene sobre su propio género o sexo, cómo una persona se identifica de forma cognitiva y afectiva con uno u otro sexo: si un sujeto se siente hombre, mujer u otra cosa. Un individuo transgénero tiene una identidad de género diferente del sexo o género asignado al nacer. El sexo suele asignarse según los caracteres sexuales anatómicos primarios del bebé (sus genitales), y eventualmente el sujeto transgénero se da cuenta de que no se siente identificado con ese sexo: se siente hombre cuando su apariencia externa es de mujer (o viceversa), o su identificación es mixta, ambigua, fluida o no convencional; su sexo en el cerebro no concuerda con su sexo en los genitales. El individuo transexual se identifica con el sexo opuesto a su sexo biológico y desea vivir y ser aceptado como tal: puede cambiar su apariencia física mediante tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas. La transexualidad es compatible con cualquier orientación sexual (no implica ni homosexualidad ni heterosexualidad, y de hecho puede darse sin orientación sexual como en el caso de niños prepúberes sin deseo sexual).

La consideración de la transexualidad como enfermedad psiquiátrica es problemática, y es común mezclar la patologización con la estigmatización: la disforia de género o trastorno de identidad de género implica un distrés (malestar, sufrimiento, ansiedad) que puede provocar incluso intentos de suicidio, pero este puede ser reducido con apoyo familiar y social y con intervenciones médicas. El sufrimiento es en parte individual (el individuo rechaza su propia anatomía sexual) y en parte social (el individuo se siente marginado, incomprendido, rechazado).

Tanto el sexo como el género en todas sus facetas están relacionados con diversos problemas o conflictos legales: algunas leyes discriminan según sexo o género; algunas leyes indican qué prácticas sexuales están permitidas o prohibidas; quién puede contraer matrimonio; quién puede adoptar hijos; cómo determinar el sexo legal de una persona; cómo emplear el género en el lenguaje; si está permitido o no a agentes privados discriminar según el sexo o género.

Algunas individuos y sociedades, a menudo por creencias religiosas conservadoras, rechazan, discriminan, reprimen o incluso castigan de forma violenta la homosexualidad (homofobia) y/o la transexualidad (transfobia) como perversiones, pecados o fenómenos inmorales. Homosexuales o transexuales, casi siempre minoritarios, pueden ser colectivos vulnerables víctimas de burlas, acoso o agresiones.

La polémica sobre la transexualidad

La organización privada Chrysallis, pequeña asociación de familias de menores transexuales, realizó una campaña de concienciación sobre la transexualidad infantil en marquesinas de autobús y metro en Navarra y el País Vasco financiada por una donación privada anónima de un alto cargo del mundo de las finanzas en Nueva York de origen vasco. Su lema era ‘Niñas con pene y niños con vulva’:

Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo. La mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad. Hablemos de ello. Su felicidad también depende de ti. La tasa de intento de suicidio entre adultos transexuales a quienes se les negó su identidad en la infancia es del 41%. Estudios recientes con menores transexuales a quienes se respeta y acompaña su identidad muestran que sus indicadores de calidad de vida y felicidad son similares a los del resto de la población de su misma edad.

La organización privada conservadora (o ultraconservadora) HazteOir reaccionó con una autocaravana (luego un autobús) con este mensaje:

Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo.

(En la versión en inglés: It’s biology: Boys are boys… and always will be. Girls are girls… and always will be. You can’t change sex. Respect all.)

Esta campaña provocó un intenso debate sobre la educación pública y el adoctrinamiento sexual, la incitación al odio, la libertad de expresión, la censura y la tolerancia en relación con la transfobia. Reconociendo los problemas de la educación pública y los idearios de los colegios, y el derecho de cualquier persona o colectivo a decir lo que quiera, aunque sean falsedades, estupideces o muestras de intolerancia, me parece interesante analizar y criticar el contenido del mensaje y lo que refleja de quienes lo emiten o apoyan.

Una parte del mensaje es un imperativo o apelación a que no te engañen: que no te engañen otros; deja que te engañemos nosotros, o autoengañémonos juntos; el resto del mundo son malos, y nosotros somos los buenos que vamos a decirte la verdad, que casualmente coincide con lo que quieres oír.

Las otras cuatro frases parecen todas profundamente ciertas y de sentido común pero en realidad son todas falsas, tramposas, manipuladoras, carentes de rigor, y sufren de serios problemas lógicos y ontológicos, probablemente fruto de la deshonestidad y de una inteligencia limitada y sesgada. Hay implícita una universalidad que no se cumple por unos pocos casos que resultan ser muy relevantes precisamente para el tema del cual se está hablando. El que afirma una universalidad es el responsable de probarla, y basta un solo caso para falsificarla: les habría bastado un “casi siempre” que no han empleado.

El problema ontológico es que parece muy claro qué es un hombre y qué es una mujer y resulta que no es así, que esa dicotomía simplista no se corresponde con una realidad mucho más compleja. Hablan de naturaleza y biología con una enorme necedad o malicia, y resulta interesante que enfaticen la naturaleza cuando sus creencias religiosas católicas se basan en lo sobrenatural: probablemente apelan a lo natural para ocultar su superstición religiosa como fuente de su ignorancia e intransigencia. Su esencialismo estático y simplista, sin ambigüedades ni problemas de límites difusos, es típico de quienes rechazan la teoría de la evolución, y de quienes confunden la ley natural descriptiva con el derecho natural prescriptivo: las cosas están perfectamente definidas (son blancas o negras), son como deben ser y no pueden cambiar (hay una especie de ley de conservación de la esencia). Es un pensamiento débil que se cree muy fuerte porque aparenta ser rigurosamente lógico cuando lo que en realidad hace es imponer a la fuerza categorías mentales limitadas sobre una realidad más rica.

Hay también un tufo reaccionario falaz: no puedes cambiar lo que eres, como si no existieran las terapias de reasignación de sexo; sólo les falta decir que las cosas son como son, como deben ser, como Dios manda. Son torpes incluso para discriminar entre hombres y mujeres: el hombre que nace hombre es hombre (mezclando el pasado del nacimiento, el presente de una definición y el presente de un estado o valor de un atributo), mientras que la mujer que es mujer seguirá siéndolo.

Conviene preguntarse a quién se dirigen con su mensaje. Si es a sus fieles, les están reforzando una visión simplista, sesgada y falsa del sexo y el género, y quizás también los están tranquilizando sobre su identidad sexual, por si acaso no se sienten muy seguros y temen que alguna influencia externa pudiera cambiarla o pervertirla. Si es a los transexuales, les están diciendo cómo deben ser para considerarse niños o niñas, y además que el sexo no se puede cambiar: sólo importan los genitales, no el cerebro, y si no les gusta deben fastidiarse.

Están negando la existencia de ciertas realidades minoritarias, porque les incomoda aceptar que existen, o porque tienen un miedo atroz a que hablar de ciertos temas pueda influir perjudicialmente sobre los niños: se fijan sólo en los genes o los genitales al hablar de sexo (además sin rigor), pero parecen creer que la identidad sexual es algo muy frágil, que el cerebro de un niño es infinitamente plástico y manipulable y va a ser desorientado, pervertido, confundido o distorsionado por conocer ciertas verdades; la extrema derecha le está dando la razón a la extrema izquierda sobre la influencia de la cultura y el entorno ambiental al temer que se trata de hacer a los niños homosexuales, transexuales o indiferentes. Son contrarios a la educación sexual en la escuela pública (la consideran adoctrinamiento) pero no suelen ser contrarios al adoctrinamiento religioso en la escuela pública (lo consideran educación y un derecho inviolable que han de pagar los demás).

Son profundamente colectivistas y utilizan estos temas (homosexualidad, transexualidad, matrimonio y familia, aborto, reproducción asistida, ingeniería genética, eutanasia) como señales de identificación de su grupo en contraposición a sus enemigos, a quienes con mucha soltura califican como totalitarios o dictatoriales (tal vez se están proyectando). Son conspiranoicos (hablan de adoctrinamiento homosexual, de incitación a la experimentación con prácticas sexuales inadecuadas, de imposición de opciones sexuales, de corrupción de menores), ridículos, intelectualmente patéticos, carcas, reaccionarios, rancios e histéricos. Se creen héroes y tienen la desfachatez de llamar a su autobús “El Bus de la Libertad”.

El colectivo LGTB también tiene muchos problemas merecedores de crítica (grupo de interés con ideología antiliberal, colectivismo típicamente de extrema izquierda, énfasis excesivo en lo cultural y la construcción social, exigencia de privilegios), pero estos no se combaten con la distorsión, la exageración, la ocultación de la verdad, la mentira y la estulticia.

Este caso sirve como buena muestra de que el liberalismo no es conservadurismo, y mucho menos este. Y que acercarse a ciertos conservadores puede resultar tóxico.

Referencias

Un ejemplo interesante de una pensadora liberal excelente que demuestra en su persona que el sexo sí se puede cambiar: Deirdre McCloskey.

Lecturas para aprender algo sobre biología, sexo y psicología: The Red Queen: Sex and the Evolution of Human Nature, de Matt Ridley; Why Is Sex Fun? The Evolution of Human Sexuality, de Jared Diamond; Sex at Dawn: How We Mate, Why We Stray, and What it Means for Modern Relationships, de Christopher Ryan y Cacilda Jethá; Evolution’s Rainbow: Diversity, Gender, and Sexuality in Nature and People, de Joan Roughgarden; Perv: The Sexual Deviant in All of Us, de Jesse Bering.

Un artículo provocativo sobre el libro de HazteOir que dicen que no quieren que leas:

He leído el libro homófobo de HazteOir y me ha convencido, de Juan Soto Ivars

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5 Responses to La transexualidad y sus polémicas

  1. Iván dice:

    Hasta que empezó la parte sobre HO, el artículo me pareció muy bueno. Únicamente echo en falta una explicación más detallada sobre las implicaciones de la identidad sexual, especialmente en la niñez, que no deja de ser el debate de fondo. ¿De qué manera abstrae un niño el concepto de género como para asociarse uno? ¿Qué forma dicha abstracción? ¿Está formada la identidad de género en la niñez?

    Una vez que se empieza a hablar de HO, el artículo deja el juicio para hablar desde el prejuicio. Estando de acuerdo en lo simplista de la afirmación de HO (no menos simplista que la de Chrysallis, por otro lado sin merecer eso ninguna crítica) aquí el debate que plantea HO es si la visión de Chrysallis debe ser enseñada a niños desde los 3 años de manera obligatoria o no. Al menos eso es lo que han explicado en sus intervenciones y en su página, y no ninguna otra cosa. Incluso en sus explicaciones en los medios, nunca han mostrado ninguna muestra de rechazo ni discriminación hacia homosexuales o transexuales, como podría esperarse de un grupo homófobo. No digo que sus ideas e intenciones no sean despreciables. No conozco a esa gente. Pero si me baso solo en lo que dicen y no en prejuicios, solo puedo apoyar su lucha por la libertad de educación, sobre todo en un tema tan complejo, con tantas lagunas científicas y donde cada padre puede tener una idea sobre como debe ser la educación sexual de su hijo

  2. sdds dice:

    Hay que ver la que se ha montado con las proclamas que aparecían en el autobús de la organización Hazte oír que han puesto de manifiesto, entre otras cosas, que en nuestro país y en EE.UU. donde también ha circulado, la tolerancia y el respeto a las opiniones de los demás, se dice pero no se practica.

    En todo este asunto, ha sido magnificado el alcance de los rótulos que portaban en los costados de autobús. Uno era consecuencia del otro: si es cierto que a los escolares se les está manipulando con planteamientos de determinada ideología de diseño, que introduce cuestiones poco científicas, discutibles y poco adecuada en edades escolares, surge el slogan reivindicativo, “no se está respetando el derecho de los padres a la educación de sus hijos y a que en la escuela respete este derecho”.

    Las reacciones sólo al slogan “que no te engañen…”, tanto, de muchos medios de comunicación, de nuestra clase política y otras instancias ha sido poner el grito en el cielo, y por otros reaccionar violentamente. Se han tirado a la “piscina sin considerar que agua había”.

    Desconozco que se haya dado el más mínimo paso para averiguar si en los colegios se estaban inculcando los derechos constitucionales de las familias, como presumiblemente se presupone por la segunda frase: los padres tiene derecho a la educación de sus hijos. Hubiera sido un acto de equidad, pues los niños también tienen su derecho y sensibilidad y no deben ser instrumentos para inculcar ninguna ideología. Y para evitarlo están los padres con el apoyo de los poderes públicos.

    La forma en que se han desarrollado los acontecimientos y sobre todo las reacciones que han magnificado lo denunciado: “que no te engañen los niños…” ocultando lo que se reivindica: el derecho de los padres a la educación… hace pensar que lo que se pretendía era que pasara desapercibido.

    Esta situación pone en evidencia cierta “complicidad”, con las ideologías en boga, de los gobiernos de muchos países occidentales, donde el pensamiento único predomina sobre los derechos individuales y familiares.

    Dentro de esta situación me sorprendió el resultado de una encuesta realizada por un periódico nacional, defensor de determinado colectivo, que preguntaba si consideraba los slogan como libertad de expresión o no. Ganaba lo primero por goleada.

    Más tarde como consecuencia de un artículo publicado, sobre este tema, en el mismo periódico, se inició un foro de opinión y aunque sólo leí algunas opiniones, una gran mayoría ponía de manifiesto, la intolerancia y manipulación, que se estaba produciendo con las posturas “oficiales” de la clase política y de grupos de presión.

  3. Muy interesante, Francisco.

  4. Nombre necesario dice:

    Me quito el sombrero. Maravilloso artículo. Me guardo su página.

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