Tonterías selectas

El embaucador de la infusión: Josep Pàmies ‘cura’ el cáncer, el ébola y el sida con hierbas y lejía

Las reglas de la austeridad, de Montserrat Galceran, concejala de Ahora Madrid

El pan es suyo, la dignidad nuestra, de David Bollero

Cómo Uber o Amazon explotan la miseria ajena para levantar sus monopolios, de Marta Sofía Ruiz

Amancio Ortega y la filantropía, de Edmundo Fayanas Escuer

La historia de Amancio Ortega es como la de mucha de la gente de este país, que se han matado a trabajar, pero en este caso se ha hecho multimillonario, mientras que el 99,999% vive malamente. Valoro la capacidad de su trabajo, su percepción de futuro, la organización logística que ha montado… pero yo me pregunto:

¿Cómo se ha hecho rico y el resto de los mortales no?

… Las donaciones de estos filántropos destacan por su falta de transparencia. Además les proporcionan amplios beneficios fiscales. La realidad es, que estos millonarios suponen un peligro, pues pueden imponer cuáles son sus prioridades sociales del mundo, al margen de los gobiernos y del sistema democrático. La democracia es una mera fachada al servicio de los poderosos.

El papel del Estado para los neoliberales es únicamente garantizar la propiedad privada y el status de los poderosos. El ejército y la policía son básicos en el Estado neoliberal (entenderán así la actual ‘ley mordaza’). La justicia se basa en leyes hechas desde un poder pseudodemocrático que ellos gestionan. Las demás funciones del Estado son para ellos temas menores…

¿Es la filantropía el modelo por el que se debe regir un país?

Evidentemente NO y nunca debemos permitir que el Estado haga dejación de los derechos sociales básicos a favor de la filantropía, porque entonces estaríamos dependiendo de la caridad. Debemos exigir del Estado su papel redistribuidor de la riqueza a través de los impuestos y garante del estado del bienestar.

Como vemos, el neoliberalismo es un sistema que no garantiza una mínima equidad y potencia la llamada filantropía. Consiste en que los ricos, al final de sus vidas, donen algo de sus fortunas para paliar los desastres sociales, que provocan sus prácticas empresariales y el neoliberalismo en su conjunto. De esta forma, pueden justificar el saqueo realizado por estos ricos sobre amplias capas de la población, llevándoles a la miseria y desesperación.

Deberíamos recordar, que su empresa ha sido denunciada por falta de responsabilidad social desde hace años, como por ejemplo el abuso de trabajadores en Bangla Desh y en Marruecos.

Sería fundamental que Amancio Ortega y sus empresas pagaran los impuestos en España y no en Irlanda o en paraísos fiscales. Sus trabajadores disfrutarían de sueldos dignos y de garantías sociales. Inditex no se caracteriza por su responsabilidad social precisamente, ni con la sociedad ni con sus empleados…

¿Debemos estar agradecidos y felicitarles por su caridad?

Todas estas políticas debemos contemplarlas con gran prevención y mostrando nuestro rechazo, como no puede ser de otra forma, pues intentan desdibujar las responsabilidades de los entes públicos sobre la problemática social, planteando medidas que simplemente intentan paliar, con esfuerzos voluntarios y caritativos, situaciones y problemas que son estructurales dentro de la sociedad.

En España, tanto los partidos, como las organizaciones y las personas que luchamos por una mayor justicia e igualdad social debemos reflexionar sobre quién representa lo público y quién tiene que ocuparse principalmente de resolver los problemas sociales.

Debemos asumir que el mundo público no se acaba en el marco institucional y que las entidades y organizaciones sociales también pueden representar los intereses generales. No debemos presentarlos como antagónicos, sino como complementarios, siempre y cuando quede claro la coordinación de ambos y la prevalencia en lo principal del Estado.

Debemos, los progresistas, sumar todas las iniciativas ya sean públicas como privadas, pero NUNCA dependiendo de la caridad, y sí del Estado.

Como se ve, mi prioridad siempre es que el Estado garantice los derechos del estado de bienestar, pero no me opongo a que los filántropos donen, siempre y cuando no signifique que marquen las necesidades del país.

Dos propuestas haría a Amancio Ortega, la primera que tenga en buenas condiciones salariales a sus trabajadores, tanto fuera como dentro de España y les asegure unos buenos convenios sociales y laborales y que acepten el funcionamiento libre de los sindicatos, que por cierto en España están totalmente domesticados.

En segundo lugar, done el 40% de sus ganancias anuales, la mitad de esta donación para sanidad y la otra mitad para que puedan estudiar los hijos de los trabajadores pobres y no como sucede ahora, que cada vez la Universidad se ha vuelto más elitista, teniendo en cuenta que la educación es imprescindible para el desarrollo del país.

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