Recomendaciones

21/03/2017

Animal minds

Contra la Teoría Monetaria Moderna: una fraudulenta solución mágica, de Ignacio Moncada

Desigualdad, crecimiento y sectarismo: réplica a cuatro economistas y un filósofo, de Juan Ramón Rallo

One Woman’s Adventures in Gender Crossing and Civil Disobedience, by Deirdre Nansen McCloskey

Iglesias purga a otros 15 errejonistas

La dirección de Podemos culmina su “ERE encubierto”, que suma 30 despidos. Los cesados deben aceptar que el despido es “disciplinario” y una cláusula de silencio.


Tonterías selectas

21/03/2017

Te hace falta ya una huelga, una huelga…, de Isaac Rosa

Vas a vivir peor que tus padres (¿ya lo sabes?), de Juan Carlos Monedero

¿Liberales o de derechas?, de Pablo Pardo

Uno siempre queda mejor diciendo que echa de menos a John Stuart Mill que a Serrano Suñer. Acaso ésa sea la razón del silencio ostentóreo de muchos liberales patrios y extranjeros ante la guerra al comercio lanzada por Donald Trump. Acaso sea que los que se autoproclaman liberales no son, en realidad, más que de derechas de toda la vida. Y que, como les han dicho que Trump es de derechas, están de su lado.

El silencio es increíble porque la política de Trump, plasmada en el rechazo de EEUU a defender el libre comercio en el G-20, el sábado, implica rechazar el orden mundial liberal vigente en gran parte del mundo desde la Segunda Guerra Mundial…

Lo más lamentable es el espectáculo que están dando los liberales ante esta guerra al comercio. Igual que los progresistas miraban hacia otro lado en los ochenta cuando en plena histeria anti-Reagan se le recordaba que la Unión Soviética era una dictadura y que ocupaba un país, Afganistán, ahora nuestros liberales de vía estrecha callan frente a Trump. Si lo que está haciendo este presidente con la economía mundial lo hiciera un demócrata o, en Europa, un socialdemócrata, estarían poniendo el grito en el cielo. Y con razón. Esta vez no. Lo cual vuelve a plantear la pregunta: ¿Liberales o de derechas?

De la estabilidad al caos, una delgada línea, de Juan Laborda

Vientres de alquiler y aborto, de Beatriz Gimeno

Al comienzo de este debate los argumentos eran puramente intuitivos, porque el asunto llegó como un huracán prácticamente patrocinado por las empresas y sin apenas información/argumentación de la otra parte; pero según se va desarrollando del debate vamos comprendiendo de qué estamos hablando exactamente. Más allá de lo que finalmente decidamos hacer como sociedad es imperativo darnos más tiempo para tener un debate sosegado. Estamos hablando de una cuestión con importantes implicaciones éticas (esto no lo niega nadie excepto, quizá, las empresas), y para la igualdad entre hombres y mujeres… Son las empresas implicadas las que exigen una toma de postura rápida, tomada sin la necesaria reflexión. El problema es que el negocio multimillonario alrededor de este comercio está metiendo prisa porque cada vez son más los países que ponen algún tipo de traba a la cuestión; además, cuanto más se debate, y más seriamente, más posibilidades hay de ir, si no prohibiendo, si dificultando o problematizando, al menos, esta práctica. De ahí las prisas.

… el derecho al aborto, como los derechos fundamentales, no se pueden parcelar, cualquier limitación o aspiración de limitación a un grupo de personas afecta al núcleo del derecho en sí. Regular esta práctica sin tener en cuenta su vinculación con el derecho al aborto, puede significar dejar entrar un caballo de Troya en este derecho tan fundamental para las mujeres de todo el mundo y, por otra parte, tan cuestionado y sometido a presión por los enemigos del feminismo y la igualdad.

… En esta lucha por el derecho al aborto, plenamente vigente en todo el mundo, el lenguaje utilizado es fundamental, así como la consideración de la gestante como dueña de su embarazo o mera portadora. ¿Por qué no pueden abortar las gestantes, según los defensores de esta práctica? “Porque para abortar un hijo que no es suyo hace falta una buena razón y no por capricho. Un embarazo es un asunto muy serio. Las mujeres no somos veletas”. (Palabras textuales) Estas tres frases suponen admitir, para empezar, que un embrión es “un hijo”, una vida que merece la misma consideración que la vida de la gestante, tal como defienden los ultraconservadores. Una vez admitido en una ley que dicho embrión es un hijo, una vida completamente independiente del útero en el que crece, entonces…¿qué importa de quien sea? Una vez admitido que la gestante no tiene pleno derecho sobre su cuerpo y que es la única dueña de su propia gestación, ¿qué más da que sea medio dueña o nada de dueña? El caso es que si dejamos que una voluntad ajena a la mujer gestante pueda reclamar, por una cuestión genética o por una cuestión económica, la continuación del embarazo por encima de la voluntad de la gestante, entonces, el derecho al aborto está en peligro, al menos para las mujeres que no sean ricas. En segundo lugar, una vez que admitimos que para abortar hace falta “una buena razón” entonces la voluntad de la gestante ya no es suficiente, ¿qué más da que sea un contrato mercantil o que haya que justificarse ante una autoridad religiosa o política?  En tercer lugar, si se asume que quien ha puesto material genético en el embarazo puede exigir ante un tribunal que se le indemnice por daños y perjuicios, esto obviamente es aplicable a cualquier padre genético y deja a las mujeres a merced de estos respecto a su voluntad de autorizar o no el aborto o, como poco, de dificultárselo, de judicializar el tema y ya sabemos lo que esto significa para las mujeres; lo hemos visto con la custodia compartida impuesta, que no es lo mismo pero que nos aproxima a la cuestión. Por último, si se asume que para abortar hay que pagar, es obvio que eso funciona como una prohibición de facto o, si se prefiere, un privilegio; una prohibición muy real para quien, precisamente, se ha sometido a una gestación por motivos económicos, y para esto no hace falta ser extremadamente pobre. Muchas de las mujeres norteamericanas de clase media que se someten a esta práctica para pagar, por ejemplo, la universidad de sus hijos, no podría devolver el dinero invertido en el tratamiento de fertilidad más los supuestos “daños y prejuicios” que pueden ser tan altos como dictamine un tribunal.

… No apresuremos un debate fundamental para las mujeres porque eso es lo que quieren las empresas beneficiarias, que nos demos tanta prisa que no nos dé tiempo ni a pensar.


Recomendaciones

19/03/2017

La casta política española bloquea la liberalización de la estiba, de Juan Ramón Rallo

Desigualdad y felicidad: réplica a Manuel Hidalgo, de Juan Ramón Rallo

The Problem With Facts, by Tim Harford

Los mineros de Thatcher, los estibadores de Mariano, de Jesús Cacho

What to Do When Your Girlfriend Is 70 Times Bigger Than You


Tonterías selectas

18/03/2017

Desigualdad y predistribución, de Pau Marí-Klose, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza

¡No hay ‘trilema’!, de Vicente Palacio, politólogo y director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas

Ni un paso atrás en los puertos, de Juan Carlos Escudier

¿Qué es socialismo?, de Vicenç Navarro

Cuerpos de mujeres y derechos humanos: ¿qué debate?, de María Pazos Morán, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales

En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación.

… Junto a la afirmación ” ¡son nuestros hijos!”, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

Esta podría parecer una cuestión nueva, de ahí la impresión de que “hay que abrir el debate”, pero se trata ni más ni menos que del viejo debate sobre la mercantilización del cuerpo. Es sabido que algunas personas con dinero intentan conseguir el uso o la apropiación del cuerpo de otras personas, parcial o totalmente. Por ello, los Estados de Derecho protegen a las posibles víctimas de abusos por encima de los argumentos de la parte interesada y por encima de sus propias declaraciones de voluntariedad o altruismo.

… Algo falla si la Ley actual no alcanza a prevenir esta práctica fraudulenta. ¿Por qué, entonces, no se penaliza al comprador? Y, si la Ley establece que la madre es la mujer gestante, ¿cuál es el argumento para reconocer como progenitores exclusivos a otras personas? ¿No debería negarse esa posibilidad a futuro, con la debida moratoria? Así se impediría, o reduciría al mínimo, este negocio de compra, tráfico y explotación de personas. Sin embargo, en lugar de avanzar en ese sentido, lo que se está intentando es “abrir el debate” para eliminar las escasas protecciones que hoy existen.

Evidentemente que debatir es saludable pero la cuestión es: ¿por qué abrir este debate y no otros igualmente relacionados con la mercantilización del cuerpo? Y, sobre todo, ¿por qué abrirlo sin poner los límites ya establecidos en nuestro ordenamiento jurídico? Aunque se cometen abusos por doquier, no hay duda de que los derechos humanos son la línea roja que ninguna actividad debe traspasar. El problema es que estos criterios, que parecen estar claros en otros casos, no se aplican a los abusos contra los cuerpos de las mujeres.

Es muy curioso que, en países como el nuestro, la falta de rechazo a la mercantilización del cuerpo de las mujeres abarque todo el arco ideológico, afectando incluso a personas que en cuanto a otros fenómenos sí se declaran anti-neoliberales o anti-mercantilización de la vida. Los ingenuos argumentos en torno al alquiler de vientres o a la prostitución, que ignoran todas las evidencias empíricas y todos los principios, tienen su raíz en la insensibilidad colectiva hacia el sufrimiento y hacia los derechos humanos de las mujeres, mayor cuanto más patriarcal es la sociedad.

No es sorprendente que sean los países escandinavos, como  Noruega o Suecia, los abanderados contra  el alquiler de vientres y contra la compra de servicios sexuales. Debatamos, pues, pero sin perder el norte.


Recomendaciones

16/03/2017

Un desplome económico previsible, de Pedro Fraile Balbín

Civilization Is Built on Code, by Philip Auerswald

Desigualdad no es pobreza, de Juan Ramón Rallo

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Wrong Lessons from Canada’s Private Currency, Part 1, by George Selgin


Tonterías selectas

16/03/2017

Si no eres feminista, eres machista, de Javier Gallego

Una España mejor y posible, de José Carlos Díez

Enfangando derechos inalienables, de Juan Laborda

Lo extraño de los estibadores, de Juan M. Asins

Protección para la «protección», de Juan Carlos Corvera, presidente de la Fundación Servanta

… la incidencia de la transexualidad en la mayoría de los países donde se ha medido oscila entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.00 habitantes, según los datos que esos mismos colectivos utilizan en sus documentos. De manera que, siguiendo sus propias estadísticas, haría falta reunir a medio millón de personas para encontrar un transexual.

Es mucho más grande, sin embargo, la proporción de niños que sufren en la preadolescencia lo que antes se denominaba trastorno de identidad sexual y que ahora en políticamente correcto se llama «disforia de género». Según la «American Psychiatric Association» en su «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», cuando un ser humano genéticamente normal, siente que su género no corresponde con su sexo no tiene un origen biológico sino psicológico.

… Por otro lado, no es necesario recurrir a estadísticas para saber que, en las edades de la pre adolescencia y la adolescencia, es habitual que se pueda llegar a tener cierta confusión sobre la propia identidad sexual.

Sin embargo, según el citado estudio, el 98 por ciento de los niños que sufren disforia de género y el 88 por ciento de las niñas, acaban aceptando sin ningún tipo de problema el género que corresponde con su sexo.

Entonces, si para encontrar un niño transexual hace falta reunir a medio millón de niños, perdón por utilizar el neutro… ¿es razonable reunir una clase de 25 ó 30 niños para hablarles de la transexualidad, en muchos casos sin permiso expreso de sus padres?, ¿es conveniente traer «transexuales expertos» a las aulas de primaria y secundaria para hablarles de su experiencia precisamente en esas edades de definición?, ¿es sensato generar de manera artificial un sufrimiento del todo innecesario en muchos de esos niños y sus familias?

De obrar así, ¿no estaremos creando un problema mucho mayor que el que pretendemos abordar?, ¿por qué cuando se legisla para proteger a las minorías, se hace en contra del resto de la sociedad?, ¿no hay detrás un proyecto de ingeniería social?

Todos los niños tienen derechos, todos. Protejamos también el normal desarrollo de la sexualidad de esa inmensa mayoría de niños que nunca tendrán un problema de identidad sexual si se les deja en paz.


Recomendaciones

14/03/2017

La desigualdad no genera infelicidad, de Juan Ramón Rallo

Los animales saben cuándo son tratados injustamente (y no les gusta), de Claudia Wascher

*How Emotions are Made*, by Tyler Cowen

What Emotions Are (and Aren’t), by Lisa Feldman Barrett

The body is the missing link for truly intelligent machines, by Ben Medlock