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Rutger Bregman: “La renta básica universal puede fijarse mañana mismo”

Entrevista a Rutger Bregman

… hemos probado las utopías desde el fascismo hasta el comunismo, el capitalismo ha sido declarado vencedor y todo por lo que tenemos que preocuparnos es por el consumo, el siguiente iPhone y tal vez el medio ambiente; eso es todo. Pero con la crisis de 2008 descubrimos que la historia no había terminado y algunos -seguro que John Gray entre ellos- dijeron que también teníamos que deshacernos de esa última utopía: el neoliberalismo.

… Si todos en España supiesen que la renta básica es una buena idea, los políticos empezarían a apostar por ella.

P. Podemos es el único partido español que realmente ha puesto encima de la mesa la propuesta de la renta básica, aunque durase poco en su programa. ¿Se ha puesto en contacto con ellos?

R. Me temo que no, aunque seguro que les hubiese venido bien. La gente me pregunta cómo financiar la renta básica y mi respuesta siempre es: ¿cómo podemos permitirnos no hacerlo? La pobreza es increíblemente cara, un desperdicio de potencial humano. La izquierda y Podemos se aturullan y solo responden con más impuestos. No son consicentes de que la renta básica no es una medida política más, sino un replanteamiento completo del trabajo con el que se averigua quiénes son los verdaderos creadores de riqueza. Así que, sí, deberían llamarme.

P. Para vender una idea tan radical en política es necesario un relato. ¿Cómo deberían los partidos vender la renta básica a la opinión pública?

R. Tendrían que comenzar con una visión completamente diferente de la naturaleza humana. Los medios de comunicación tan solo se fijan en las excepciones: corrupción, crisis, terrorismo y violencia. Pero el hecho es que la mayoría de la gente es buena. Si les preguntas qué harían con su renta básica, responderán que usarían el dinero con cabeza para cumplir sus sueños y ambiciones. Pero, en cambio, si les preguntas qué harían otros, lo más probable es que digan que lo desperdiciarían en drogas, alcohol o Netflix. Lo más radical que puedes hacer ahora es asumir lo bueno en los demás. Si empezamos a hacer esto en nuestras democracias, sistemas de seguridad social y lugares de trabajo, entonces tendremos una verdadera revolución.

… Se tiene que empezar a hablar de erradicar la pobreza como una inversión que se paga por sí misma. Es el mejor plan de negocios que existe: cada euro que se invierte en una persona sin hogar se recupera por tres veces, ya que hay menos delitos, menor gasto sanitario… Las políticas progresistas son win-win (si a mi vecino le va mejor, a mí también). En cambio, la derecha populista lo presenta como suma cero: si tú coges algo, ya no quedará nada para mí. Por último, también ayudaría presentar la renta básica bajo el lenguaje patriótico, es decir, estar orgulloso de los logros de tu país. La izquierda no entiende la necesidad de abrazar una forma de nacionalismo tolerante y progresista. Di con orgullo: somos del país que más refugiados acoge. El ejemplo es Angela Merkel.

… El enemigo son todos aquellos que ganan mucho pero que no aportan nada de valor a la sociedad. Lo fascinante es que ahora somos más ricos que nunca y, en cambio, cada vez hay más trabajos sin sentido. A medida que avanza la automatización, una y otra vez subestimamos la extraordinaria capacidad del capitalismo para producir empleos inútiles. Y además, suelen ser los mejor remunerados.

… La renta básica… se trata sobre todo de ampliar la libertad individual. La gente tendrá por primera vez en la historia libertad real para decidir por sí misma lo que quiere hacer con sus vidas.

… Hay tan solo un Estado en todo el mundo que tiene renta básica. Alaska da 2.000 dólares a cada persona por año. Si a un político le da por cambiar esto, su carrera habrá acabado. Una vez se introduce la renta básica, es muy difícil deshacerse de ella. La gente ama la libertad. En este sentido, la renta básica otorgará a los profesores, médicos y basureros un mayor poder de negociación. Así que por primera vez en la historia todos tendrán la oportunidad de decir ‘no’ a un trabajo que no quieran hacer.

Los trabajadores dirían: “Me encantaría seguir haciendo mis labores, pero tendrás que pagarme más”. En cambio, aquellos con un empleo inútil (un 37% de los británicos piensa que su trabajo no tendría por qué existir) no tendrán tanto poder de negociación. Me refiero a aquellos sentados en oficinas de nueve a cinco, los que se envían e-mails entre ellos, escriben informes para sí mismos, surfean en Facebook y ganan un buen salario por ello. La renta básica no solo supone una redistribución del dinero, sino también de poder y estatus. Si los basureros o los médicos se pusiesen en huelga, tendríamos un problema. Si lo hacen los banqueros, ni siquiera nos daríamos cuenta. Tan solo los trabajos realmente útiles sobrevivirían.

La educación sería completamente diferente. Si bien ahora está destinada a que los alumnos tengan trabajo y ganen dinero, con la renta básica los niños se atreverían a estudiar artes, humanidades o música. A menudo surgen esas historias de un banquero o un abogado que decide dejar su trabajo para cumplir su sueño. Siempre los presentan como héroes. Yo propongo una sociedad en la que cada uno haga lo que realmente quiera hacer, como ese banquero atrevido.

Sobre Rutger Bregman y “Utopía para realistas”

… tiene la fórmula para acabar con la desigualdad: renta básica universal de unos 14.000 euros, semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras.

Dice del “socialismo perdedor” que olvida que el verdadero problema no es la deuda pública, sino el endeudamiento excesivo de hogares y empresas. “Olvida que combatir la pobreza es una inversión que produce abundantes réditos”. Y, al tiempo, olvida también que los banqueros y abogados “hacen un trabajo superfluo en prejuicio de los basureros y enfermeros”.

“El principal problema del socialismo es que es aburrido, más aburrido que ver crecer la hierba. No tiene nada que contar, ni siquiera un lenguaje con el que hacerlo”.

… cuanto más rica sea nuestra sociedad, menos eficaz será el mercado laboral en la distribución de la riqueza. Para ello, la Política debe ser más radical y proclamar ideas tan impactantes y subversivas que cualquier cosa menos transgresora parezca sensata: “Para hacer razonable lo radical, sólo hay que desplazar los límites de lo radical”.

Milton Friedman y Friedrich Hayek acariciaron el sueño de una renta básica universal. “Y no simplemente durante unos años, o sólo en los países desarrollados, o sólo para los pobres”, sólo dinero gratis para todos. “No como un favor, sino como un derecho”.

“En los EEUU 500 billones de dólares. Costaría 175 millones de dólares erradicar la pobreza. Por eso veo la renta básica como una inversión”, asegura. “Primero lo pagarían los impuestos, y los ricos en mayor medida que los pobres. A largo plazo, los ricos se beneficiarían”, añade.

Sobre los vientres de alquiler (o, en neolengua, gestación subrogada), de Barbijaputa

No es difícil caer en las trampas del liberalismo, y más fácil aún es caer en su frase estrella: “Que cada uno haga lo que quiera”. Parece una expresión lógica, libre, legítima. Sin embargo, el mensaje que lleva implícito es el de: “Que los privilegiados hagan lo que quieran aprovechándose de que la gran parte del mundo no tiene opciones para elegir”.

Lo vemos aplicado a la práctica en multitud de formas. Por ejemplo, en forma de un capitalismo salvaje, donde el “libre mercado” es usado por los primermundistas para exigir precios irrisorios a los productos que encargan al tercer mundo, con el resultado de una mano de obra más que barata y miles de sweat-shops con cientos de personas trabajando hacinadas en ellos. Este ejemplo creo que representa la frase “que cada uno haga lo que quiera” de manera bastante gráfica. Una frase que como resultado tiene a empresarios haciéndose de oro vendiéndonos productos extrañamente baratos, sin que veamos cómo se han hecho y han viajado hasta nuestras manos, o lo que es lo mismo, nos ponemos la camiseta sin saber de cuántas formas han sido explotando las tres cuartas partes restante del planeta.

Obviamente, el que hace en estos casos “lo que quiere” es el que puede elegir, el que tiene los privilegios y el poder. El explotado ha sufrido que la libertad del primero, ya que él sólo ha tenido una opción: bajar los precios hasta donde el privilegiado ha querido, bajo la amenaza de verse sin trabajo si se niega, y ver cómo acaban contratando a otro tercermundista que acepte sus condiciones inhumanas.

En un mundo desigual como el nuestro, la frase “que cada uno haga lo que quiera” que tanto defienden los liberales es más bien un “déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo”. En un hipotético mundo igualitario, esta frase no tendría pega alguna, ya que partiríamos de la base de que todos podemos elegir entre el mismo número de opciones. Los liberales obvian la evidencia de la desigualdad por un interés puramente egoísta, aunque esa corriente de pensamiento sólo haga perpetuar la desigualdad vigente.

Y no hace falta irnos tan lejos, en el primer mundo, las personas que vivimos bajo el capitalismo (incluido, evidentemente, España) lo hemos sufrido de muchas otras maneras: la propia CEOE pide esta misma libertad para los grandes empresarios, que les dejemos hacer y deshacer nuestras condiciones laborales, que expongamos nuestros derechos adquiridos con tantos esfuerzo por generaciones pasadas, y que si no estamos interesados en sus condiciones, vayamos a otro sitio a buscarnos la vida. El “que cada uno haga lo que quiera” también va por nosotros: si no te gusta que te exploten, busca otro trabajo. Al final, lo que obtenemos de esto es un gobierno de derechas (elegido por el propio pueblo) que cede ante la CEOE –y su liberalismo–, y copia al dictado de la patronal las reformas laborales que sufrimos los que no somos privilegiados de clase ni poseemos medios de producción, es decir, los curritos.

Pues bien, este mensaje de aparente libertad vuelve a estar impreso en el discurso de quienes defienden los vientres de alquiler. Incluso le han puesto un nombre menos hostil y agresivo: “gestación subrogada”, porque aunque se empeñen en decir que la forma de hablar es inocua cuando el feminismo pide incorporar el lenguaje inclusivo, lo cierto es que son muy conscientes del poder del lenguaje. Si ahora lo llamamos “gestación subrogada”, parece un procedimiento mucho más legítimo y digno que los “vientres de alquiler”. Pero no, por mucho que lo maquillen siguen siendo vientres de mujeres, mayoritariamente pobres, que alquilan señores ricos.

Con este debate pasa muy a menudo lo que pasa con la prostitución: los liberales intentan vender que las mujeres que ejercen esta actividad la eligen libremente, y para ello sacan a colación casos de prostitutas que ganan más de 3.000 euros al mes. Invisibilizan así la realidad de la mayoría de prostitutas: mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia y, en su mayoría, –y siempre gracias a las leyes migratorias– no disponen de documentación legal en el país donde trabajan, por lo que ni denuncian las agresiones y abusos sufridos, siendo imposible saber ni cuántas son las que ejercen en cada país, ni cuál es la violencia exacta que reciben. Las prostitutas ni siquiera cuentan como víctimas de violencia de género, ya que el cliente que las agrede o las mata no es su pareja sentimental…

Con los vientres de alquiler tienen exactamente el mismo discurso para defenderlo. Tuvimos la oportunidad de verlo este sábado en TeleCinco, donde Kiko Hernández, padre ahora de dos mellizas gestadas por una mujer en EEUU, repitió varias veces que la madre de sus hijas tenía una vida de ensueño, y que si lo hizo, es porque quería ayudar. Ayudar a un hombre rico en el otro pico del mundo al que no había visto nunca, claro. Sólo alguien que te quiere arriesga tanto para ayudarte (él mismo dijo que la mujer casi muere en el parto). Por lo que la única forma legítima de que otra persona geste un bebé por ti debería ir unido al amor que te profese, y no a tu cuenta corriente. Ésta, en mi opinión, es la única forma legítima de gestar un bebé para otra persona que debería debatirse.

Otros hombres famosos y ricos, como Cristiano Ronaldo, Jaime Cantizano y Ricky Martin, han posado en medios con sus hijos gestados en vientres de alquiler, práctica ilegal en España, sin ningún tipo de análisis por parte de quienes publicaban dicho contenido.

Al igual que no está permitida la venta de órganos, y nadie parecer cuestionarlo, no es lícito ni ético alquilar un cuerpo durante nueve meses, con todo lo que conlleva además a nivel psicológico para la mujer. Sin embargo, el sistema patriarcal hace que veamos como preferente el deseo de unos señores privilegiados a esta nueva forma de explotación del cuerpo de las mujeres. De las mujeres más pobres, por supuesto.

No existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, no existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es visiblemente explotación de los privilegiados sobre las oprimidas.

Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia. Aun así, la opción de la adopción es viable, pero no termina de convencer a muchos de los que alquilan vientres. Los bebés no van a parecerse a ellos, no van a tener sus características físicas, por lo que ellos no van a poder eternizarse ni perpetuarse: no interesa. Si siempre hay oportunidad de adoptar (y ya pueden hacerlo desde parejas gays a familias monoparentales), es porque los niños ya nacidos sí tienen el derecho a una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos el derecho a ser padres…

Ese tipo de paternidad donde los hijos o hijas deben llevar los genes de uno o el tema ya no interesa es cuanto menos preocupante. ¿Tan grande es el deseo de estas personas por ser padres y madres cuando necesitan que las criaturas se parezcan a ellos? Parece que la opción elegida por estas personas es aquella donde una mujer que necesita dinero pone su vida y su salud en riesgo mientras el que recibirá a los bebés por encargo se limita a soltar la pasta y esperar. Gran sacrificio…

“Que cada uno haga lo que quiera” nunca debería ser la base de ningún planteamiento que afecte a personas con diferentes situaciones vitales, porque ni las mujeres tienen las mismas opciones que los hombres ni, dentro de las propias mujeres, las más pobres pueden soñar siquiera con las opciones de las más ricas.

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