Tonterías selectas

Si no eres feminista, eres machista, de Javier Gallego

Una España mejor y posible, de José Carlos Díez

Enfangando derechos inalienables, de Juan Laborda

Lo extraño de los estibadores, de Juan M. Asins

Protección para la «protección», de Juan Carlos Corvera, presidente de la Fundación Servanta

… la incidencia de la transexualidad en la mayoría de los países donde se ha medido oscila entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.00 habitantes, según los datos que esos mismos colectivos utilizan en sus documentos. De manera que, siguiendo sus propias estadísticas, haría falta reunir a medio millón de personas para encontrar un transexual.

Es mucho más grande, sin embargo, la proporción de niños que sufren en la preadolescencia lo que antes se denominaba trastorno de identidad sexual y que ahora en políticamente correcto se llama «disforia de género». Según la «American Psychiatric Association» en su «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», cuando un ser humano genéticamente normal, siente que su género no corresponde con su sexo no tiene un origen biológico sino psicológico.

… Por otro lado, no es necesario recurrir a estadísticas para saber que, en las edades de la pre adolescencia y la adolescencia, es habitual que se pueda llegar a tener cierta confusión sobre la propia identidad sexual.

Sin embargo, según el citado estudio, el 98 por ciento de los niños que sufren disforia de género y el 88 por ciento de las niñas, acaban aceptando sin ningún tipo de problema el género que corresponde con su sexo.

Entonces, si para encontrar un niño transexual hace falta reunir a medio millón de niños, perdón por utilizar el neutro… ¿es razonable reunir una clase de 25 ó 30 niños para hablarles de la transexualidad, en muchos casos sin permiso expreso de sus padres?, ¿es conveniente traer «transexuales expertos» a las aulas de primaria y secundaria para hablarles de su experiencia precisamente en esas edades de definición?, ¿es sensato generar de manera artificial un sufrimiento del todo innecesario en muchos de esos niños y sus familias?

De obrar así, ¿no estaremos creando un problema mucho mayor que el que pretendemos abordar?, ¿por qué cuando se legisla para proteger a las minorías, se hace en contra del resto de la sociedad?, ¿no hay detrás un proyecto de ingeniería social?

Todos los niños tienen derechos, todos. Protejamos también el normal desarrollo de la sexualidad de esa inmensa mayoría de niños que nunca tendrán un problema de identidad sexual si se les deja en paz.

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