Tonterías selectas

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La educación ya no garantiza el ascenso social, de Alejandro Inurrieta

En un mundo cada vez más sofisticado, tecnificado y digitalizado es crucial que las sociedades tengan un acceso universal, y en igualdad de oportunidades, a la educación y formación que les capacite para su plena integración social y laboral.

Sin embargo, este principio de igualdad de acceso, que forma parte de los derechos humanos básicos no se cumple en amplias capas de la población mundial, y no solo en países en vías de desarrollo, lo que está generando cada vez más sociedades desiguales…

La vieja idea de que la educación era una vía para el ascenso social, y por ende la progresiva igualdad de oportunidades entre desiguales se ha venido abajo al constatar que el modelo capitalista actual sigue discriminando por origen y no por titulación universitaria. De hecho, la pléyade de Universidades hoy en España es una fábrica de futuros parados, primero por su escaso valor añadido dado el exceso de oferta sin regular; y, en segundo lugar, porque el propio modelo productivo no absorbe esta mano de obra poco cualificada, a pesar de la titulación…

Esta realidad choca con el ideario liberal que parte de la premisa falsa que todos los ciudadanos parten sin ventaja desde la cuna para poder alcanzar el triunfo social, tras una vida de esfuerzo individual. Es decir, según esta corriente, viviríamos en un mundo ideal con idéntica dotación inicial de capital humano y por tanto el origen familiar en nada condiciona nuestro devenir económico u social del futuro…

No hay que olvidar, además, que en España una de las fórmulas más utilizadas para la inserción laboral es el capital relacional, es decir contactos y amistades, lo que, al margen del nepotismo político tan extendido, deja fuera de los mejores puestos a un gran porcentaje de las rentas más bajas. Esto, por tanto, invalida el ideario de los que abogan por que la educación sea una mercancía más y se provea, como en cualquier mercado, siguiendo las normas de mercado lo que supone pagar el precio que se obtenga por el cruce de oferta y demanda…

La realidad social nos muestra todos los días que en España la formación y la sobrecualificación es una rémora para el mercado laboral, como así lo verifican muchos empresarios a la hora de seleccionar al personal. De hecho, se utilizan gran parte de universitarios devaluados en puestos de trabajo de inferior categoría para poder pagarles peor y aprovechar ciertas habilidades que todavía diferencian a un universitario de aquél que no lo es…

En suma, la educación ya no favorece el ascenso social, ya no garantiza un trabajo bien remunerado y produce desempleo, subempleo y emigración. La intervención pública es más necesaria que nunca, ya que el mercado se ha demostrado que no filtra por cualificación, formación y capacidad, sino por origen social y familiar.

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