Tonterías selectas

Por una refundación de la UE

Dificultades no faltan: un viaje a República Dominicana, de Alberto Gómez, voluntario de Oxfam Intermón en Vigo

Doce años como voluntario en Oxfam Intermón dan para mucho. Pero un viaje a República Dominicana ha acabado con mis prejuicios sobre la naturaleza o la definición de la pobreza. Ahora pienso que la pobreza, como tal, quizá no existe. Lo que existe es la pobreza como consecuencia de la mayor lacra que nos invade en pleno siglo XXI: la desigualdad.

Y en República Dominicana todo son ejemplos. En un contexto de crecimiento económico continuo (el mayor de América Latina en los últimos cincuenta años), el nivel de desigualdad no sólo aumenta año tras año, sino que se respira por cada poro de la piel de este bello paraíso caribeño. Si a esto le unimos una presión fiscal descaradamente baja y le sumamos la casi nula aportación del gobierno en educación, sanidad o vivienda, obtenemos una situación insostenible que provoca un triste presente y, lo que es peor, un futuro incierto para millones de dominicanas y dominicanos.

Vientres de alquiler y mercaderes de bebés en Oriente Próximo, de Nazanín Armanian

Desde que en 1.978 la ciencia consiguió engendrar un “bebe-probeta”, también abrió una puerta más a la cosificación de la mujer, poniendo su cuerpo en alquiler.

… El capitalismo más patriarcal y desigualitario, con su institución familiar que gira alrededor de los deseos reproductivos del hombre pone al servicio de las parejas pudientes con problemas de fertilidad a “Mujeres a la carta”, pero sin recursos y desesperadas, dispuestas a arriesgar su vida y su salud física y mental, para sobrevivir, gestando el hijo de otros.

… Las mujeres viudas o divorciadas sin recursos son las que están siendo explotadas en este negocio que mueve al año millones de euros. Los intermediarios son muy convincentes: ¿Qué es mejor: vender un riñón para vivir de su renta unos meses, o alquilar y realquilar tu vientre y ganarte un dinerito? En este maldito mercado libre, donde la pobreza tiene nombre de mujer, la competencia ha bajado el precio de llevar durante nueve eternos meses un  feto que una vez niño deberás entregar a unos desconocidos, sin ni siquiera poder abrazarlo una vez.

… El tráfico de niños a la carta va en aumento. En India, este país de capitalismo más brutal, construido sobre la supremacía de sexo, raza y clase, pone en oferta el cuerpo de sus mujeres más desesperadas. Ellas, afinadas en verdaderas granjas adosadas a las clínicas de fertilidad, son ofrecidas a los hombres y mujeres ricos de todo el mundo para ser inseminadas. Sólo del Reino Unido acuden a la India con éste propósito unos 12.000 individuos al año, a veces en sólo dos viajes.  El negocio de la mercantilización del cuerpo de la mujer, dejó (en 2014) en la India unos 690 millones de dólares.

… Las mujeres, la mayoría de las castas bajas, no son conscientes de los riesgos de este “trabajo”, y suelen prestarse a ello por la coacción de los proxenetas  y maridos vagos (¡que tras firmar el contrato dejan de trabajar!). Ellas sufren irreversibles daños físicos y emocionales, sobre todo cuando su embarazo se complica. Estarán forzadas a abortar los fetos no deseados en un embarazo múltiple, y por otro lado, si sufren abortos involuntarios, no recibirán el dinero.

En algunos casos, las madres subrogadas indias seguirán viviendo en sus propios hogares y en otros, son arrancadas de sus casas para ser encerradas durante nueve meses en centro vigiladas por los mercaderes de bebes. A nadie le importará su sufrimiento al entregar un niño que llevaba en sus entrañas, ni en la depresión postparto, ni en su sentimiento de culpa, ni a cómo se enfrentará al rechazo de los vecinos y familiares.

Las madres suplentes no están utilizando su libertad para hacer con su cuerpo lo que quieran, como afirman algunas supuestas feministas. Es exactamente como la venta de un órgano: sólo lo hacen los pobres, aquellos que la única libertad que se les ha dado el capitalismo ha sido vender su fuerza de trabajo y su cuerpo.

La campaña internacional de “Stop Surrogacy Now” denuncia que el cuerpo y la vida de un grupo de mujeres pobres estén al servicio de una industria que no es menos criminal que la de tráfico de órganos y la de niños.

Y encima, hay cerca de 170 millones de niños huérfanos en el mundo.

Regreso al 2008, de Pablo Pardo

Estado y educación: una respuesta al modelo neoliberal, de José Antonio Marina

La sección de Rallo se titula ‘Laissez faire’ (dejad hacer), que es aparentemente un cántico a la libertad: la libertad consiste en que nadie limite mi capacidad de actuar. La frase completa es “Laissez faire, laissez passer. Le monde va de lui même”. Dejad hacer, dejad que las cosas sucedan. Es mejor que el mundo vaya a su aire. Esto lo dijo un economista francés del siglo XVIII, pero no lo hubiera podido decir un esclavo de Saint-Domingue coetáneo suyo. ¿Se hubiera abolido la esclavitud siguiendo el lema elegido por Rallo? Volviendo al presente, en buena lógica neoliberal, el sistema financiero debe estar desregulado. Y si sucede una crisis como la de 2008, el Estado no debe intervenir, sino dejar que los bancos ineficaces quiebren y desaparezcan. En este darwinismo financiero se olvida un detalle: los más perjudicados no serían los responsables del desastre, sino las víctimas inocentes.

… Por desgracia, la ficción de la mano invisible no funciona. ¿Alguien piensa que se hubieran conseguido las tasas actuales de alfabetización espontáneamente, sin la acción del Estado? ¿Se hubiera conseguido la igualdad educativa de la mujer? ¿Va a arreglar el mercado la accesibilidad a niveles educativos de alto nivel? En Estados Unidos, 40 millones de graduados acumulan una deuda de 1,3 billones de dólares por sus estudios universitarios. ¿Es una buena solución?

El problema que hay en el fondo del neoliberalismo es una sectaria —y por eso falsa— idea de libertad. Considera que los hombres son libres por naturaleza, y que es el Estado quien coarta su ‘free choice’, su libertad de elección. Identifica la libertad con la libertad política y olvida que la libertad de elección procede, entre otras cosas, del conocimiento, es decir, de la educación. En una democracia, una persona sin educación y sin trabajo es jurídicamente libre, pero ¿lo es en cuanto a su capacidad de decisión? La educación capacita para la libertad y, por eso, los buenos liberales de antaño la defendieron a ultranza. El Estado no debe limitarse a proteger las libertades, sino a promover las libertades. Ese fue el lema de la Ilustración.

Admitir un Estado promotor resolvería alguno de los puntos oscuros del neoliberalismo. Por ejemplo, la economía neoliberal elogia —y ahora con Trump más— la capacidad de las empresas norteamericanas para innovar en un mercado competitivo y no regulado. Olvida que la investigación básica que después han aprovechado gratuitamente esas empresas punteras ha sido financiada con fondos estatales, como ha señalado Mariana Mazzucato en su libro ‘El Estado promotor’.

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