Tonterías selectas

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La nueva economía, de Javier Mato, periodista y profesor en el Cesag

Las nuevas tecnologías han sido el vehículo para que la economía hipercapitalista reemplace a la economía industrial. McDonald’s, por ejemplo, está implantado en todo el mundo las pantallas táctiles que permiten hacer la comanda sin necesidad de que miles de jóvenes tengan su primera experiencia de explotación laboral…

Esa economía tecnológica tiene por supuesto una potente vertiente financiera: nunca los beneficios habían sido tan descomunales como ahora. Los jóvenes ejecutivos formados en las escuelas de negocios han desplazado a aquellos viejos empresarios que invertían, tenían empleados y daban beneficios del 10 por ciento. Las nuevas luminarias llegan, reestructuran, modernizan, tecnifican, subcontratan, externalizan, deslocalizan y generan mucho más beneficios, haciéndose millonarios en un plis-plas, porque por supuesto sus retribuciones son estratosféricas. Las víctimas de todo esto, en cambio, sólo han visto despidos, precarización, deshumanización, búsqueda salvaje del dinero, lamentos con los que no irán a ningún sitio.

Como los que no se benefician de esta nueva economía son mayoría, el capitalismo está empezando a generar un profundo desencanto. … aunque nadie sabe a favor de qué vota, si tienen claro que votan en contra de algo que no funciona, que es abusivo, que es injusto, que deshumaniza, que nos aplasta.

La economía capitalista es óptima en asignar recursos, pero tiene disfunciones. Una de las más controvertidas es que se basa en el crecimiento permanente, con lo que hemos ido conquistando territorios, consumidores, para saciar esa alocada necesidad expansiva. Obviamente, insostenible: el crecimiento permanente no es viable, no puede serlo. Pero, encima, la tecnología ha sido conquistada por la economía y puesta a su servicio para alimentar su insaciable necesidad de consumo, para acelerar los ciclos y llegar antes a la destrucción total.

Ahora las empresas ya no venden productos como hacían antes, ahora no tiene sentido anunciar lo que se fabrica; ahora se compran clientes, se fisgonea en su historia online y les conminamos a que compren, porque sabemos qué buscan, qué quieren. El mensaje viene a ser «no te resistas, sabemos que quieres nuestro producto». Nos crean las necesidades porque nos tienen identificados, dado que hemos perdido la privacidad, ahora en manos de las grandes tecnológicas. Así, algún ejecutivo de escuela de negocios podrá multiplicar mil veces los resultados de su empresa y llevarse bonus multimillonarios. Este es el mundo contemporáneo de la nueva economía; este es el ultracapitalismo en el que nos hemos sumido. Fantástico salvo para sus víctimas: los empleados y los consumidores. Casi nada. Cada día es más evidente que hay que repensar hacia donde va nuestra economía. Pero no tenemos líderes capaces, en parte porque también ellos son un producto de esta economía y en parte porque los desafíos son especialmente complejos. Determinar dónde y cómo actuar exige comprensión de realidades tremendamente enrevesadas, rigor, cualificación, sutileza en la búsqueda de soluciones y algo aún más escaso: valentía.

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