Cooperación y competencia

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Cooperación y competencia

Con su capacidad de actuar y cambiar la realidad, un agente puede beneficiar o perjudicar a otros, ayudarlos o dañarlos, contribuir a que consigan sus objetivos o impedírselo, afectar a sus intereses. Algunas de las relaciones entre agentes que implican beneficios o daños son relaciones de cooperación o relaciones de competencia. Dos (o más) agentes cooperan si intentan beneficiarse mutuamente o de forma conjunta. Dos (o más) agentes compiten si intentan dañarse mutuamente, o si se esfuerzan en conseguir algo valioso que no queda disponible para el otro (o los otros).

Cooperar es actuar con, por o para otro u otros, para el beneficio mutuo de las partes o del conjunto si se trata de un grupo: los colaboradores se coordinan de algún modo, ajustan sus conductas, trabajan juntos o dividen el trabajo, se ayudan mutuamente, comparten o intercambian lo que producen, y todos salen ganando si la cooperación se hace bien. Los frutos del trabajo cooperativo se comparten (bienes comunes de un grupo, como una tribu o una empresa) o se intercambian entre diferentes unidades como productores y consumidores (compraventas en el mercado). Ejemplos: las hormigas de una colonia construyen y comparten un nido; los cazadores abaten juntos una presa y la reparten; en el mercado compradores y vendedores intercambian los bienes y servicios que producen.

Competir es actuar contra otro (u otros) para conseguir algo exclusivo o excluyente, que cuando uno lo consigue no está disponible para el resto: uno gana y otro pierde, y en casos de competencia destructiva ambos pueden resultar perdedores netos. Ejemplos: los organismos compiten por los recursos escasos en el entorno, como el alimento o el control del territorio; varios aspirantes compiten por el amor de una dama; dos jugadores se enfrentan para ganar un torneo; los comercios intentan captar clientes; un depredador intenta cazar y comerse a una presa.

La capacidad de los agentes para cooperar o competir depende de cuánto valor o beneficios pueden aportar o cuánto daño o pérdidas pueden causar. Los agentes pueden tener diferentes capacidades de beneficiar o dañar a otros, y de este modo son mejores o peores cooperadores o competidores. En la medida en que pueden elegir, los individuos tratan de asociarse con los mejores cooperadores y evitan enfrentarse a los mejores competidores.

El éxito en la competencia depende de las capacidades relativas de los contendientes: es posible incrementar la probabilidad de victoria mejorando uno mismo o empeorando al rival. Ejemplos: el boxeador puede entrenar o conseguir que su rival no pueda hacerlo; el ejército puede unirse, cohesionarse, o conseguir que el rival se disgregue (divide y vencerás). La competencia violenta o destructiva es común porque a menudo resulta más fácil destruir que construir.

Las interacciones cooperativas y competitivas pueden combinarse de múltiples formas y anidarse en múltiples niveles de forma recursiva: es posible cooperar con unos para competir con otros (soldados en ejércitos rivales), competir con unos para cooperar con otros (candidatos a un puesto de trabajo en una empresa), cooperar con unos para cooperar con otros (diversas unidades a diferentes niveles dentro de la jerarquía de un ejército o empresa), o competir con unos para competir con otros (partidos entre deportistas en un torneo por eliminatorias).

La apariencia de la interacción no siempre coincide con la realidad: es posible simular que compites cuando en realidad cooperas (comercios que se ponen de acuerdo para fijar precios y repartirse el mercado sin que los consumidores lo sepan), o simular que cooperas cuando en realidad compites (un espía en el país enemigo).

Los cooperadores (socios, colaboradores, aliados, camaradas, amigos) se benefician mutuamente, prosperan juntos y suelen gustarse (afectos positivos) porque son buenos unos para otros: pueden incluso amarse (como en la cooperación para la reproducción sexual). Los competidores (rivales, antagonistas, adversarios, contrincantes, enemigos) se perjudican mutuamente, prosperan unos a costa de otros y suelen detestarse (afectos negativos) porque son malos unos para otros: pueden incluso odiarse (como los enemigos a muerte).

La cooperación tiene aspectos negativos y la competencia tiene aspectos positivos: la cooperación tiene costes y riesgos que hacen que no estén garantizados los beneficios para todos; las pérdidas son posibles y tal vez no merezca la pena cooperar. La competencia puede servir de incentivo o mecanismo de mejora de los agentes (innovación, creatividad), y la existencia de alternativas en competencia posibilita la elección entre las mismas. Además las cosas no son buenas o malas, sino que son buenas o malas para algo o para alguien: tanto cooperación como competencia pueden ser buenas para algunos y malas para otros.

La cooperación no siempre es buena para todos, porque es posible cooperar con unos para competir contra otros y dañar a esos otros; y la competencia no siempre es mala para todos, porque es posible competir contra unos para servir a otros y cooperar con esos otros. Desde el punto de vista de terceros la cooperación es mala cuando es contra ellos, y la competencia es buena cuando es a su favor: la cooperación es buena para los cooperadores (cuando es exitosa), pero puede ser mala para terceros; la competencia es mala para los competidores (al menos para los perdedores), pero puede ser buena para terceros. Ejemplos: los jugadores de un equipo cooperan para vencer al equipo rival; los trabajadores de una empresa colaboran para ser más competitivos que las empresas rivales; las empresas compiten unas con otras para satisfacer mejor a sus clientes; los machos compiten para aparearse con las hembras.

Lenguaje sobre cooperación y competencia

La cooperación parece algo necesariamente positivo y la competencia parece algo necesariamente negativo, y frecuentemente se insiste en la necesidad de fomentar la cooperación y limitar la competencia. La cooperación sería algo social, altruista, bueno, constructivo, eficiente; la competencia sería algo individual, egoísta, malo, destructivo, ineficiente.

Aunque es cierto que la competencia puede ser violenta y que implica algún tipo de pérdida o derrota, frecuentemente se olvida que la cooperación puede salir mal, con las pérdidas consecuentes, o ser una disculpa o fachada para el parasitismo (exigencias de solidaridad, sistemas de redistribución coactiva de riqueza).

Es normal que en el lenguaje predominen las apelaciones a la cooperación y que estas resulten atractivas: uno tiende a relacionarse y hablar más con cooperadores reales y potenciales (quizás los miembros del propio grupo con quienes uno quiere llevarse bien), y al hacerlo intenta ser positivo y resaltar los beneficios de la asociación; además el discurso a favor de la cooperación puede mejorar la imagen y la reputación del hablante. El lenguaje competitivo es más hostil, está dirigido a los enemigos o se refiere a ellos, y puede ser ofensivo o incluso amenazante.

No es lo mismo hablar de cooperar y de los beneficios de la cooperación (algo fácil y barato) que realmente cooperar y aportar valor (algo difícil y costoso). Las apelaciones a la cooperación pueden ser simples declaraciones hipócritas para mejorar la imagen pública y gustar a los demás, o incluso engaños de parásitos para acercarse a sus víctimas y ocultar la realidad de la interacción: los tramposos o estafadores proponen cooperar pero lo que realmente pretenden es aprovecharse del otro, recibir sin dar o conseguir mucho más que lo que contribuyen. Esto puede suceder en interacciones bilaterales si el tramposo puede escapar sin ser castigado, o en relaciones multilaterales complejas (sociedades con muchos individuos e interacciones) en las cuales es difícil vigilar y detectar a los parásitos.

Las apelaciones a la competencia también pueden ser engañosas o manipuladoras: es posible resaltar los problemas que pueden causar los enemigos externos de un grupo, enfatizando la necesidad de cohesión social contra ellos, para ocultar o que se olviden problemas o conflictos internos, quizás causados por los mismos que enfatizan la rivalidad y la competencia contra los otros.

Evolución, aptitud y mente

Tanto la cooperación como la competencia son fenómenos esenciales en el proceso de la evolución biológica. La competencia entre seres vivos es una presión evolutiva que tiende a producir mejoras relativas de aptitud entre estos, ya que los menos capaces desaparecen o se reproducen en menor proporción. Esta competencia no consiste meramente en luchar de forma violenta, de modo que no se trata solamente de ser más fuerte y destructivo, sino de realizar de forma más eficiente las tareas necesarias para la supervivencia y el desarrollo. La competencia es esencial en los procesos evolutivos y no desaparece prácticamente nunca porque los recursos son limitados y escasos, pero también existe la posibilidad de asociarse y cooperar con otros, lo cual resulta ser una estrategia evolutiva adaptativa altamente exitosa. Los seres vivos cooperan para competir mejor contra otros equipos de cooperadores, y compiten para ser elegidos como miembros de buenos equipos de cooperadores.

Los agentes no necesitan ser conscientes o saber que están cooperando o compitiendo, pero la posibilidad de cooperar y competir tiende a producir inteligencia y consciencia: la importancia de los procesos de cooperación y competencia para la supervivencia y el éxito vital de los organismos es una fuerte presión evolutiva que contribuye al desarrollo progresivo de capacidades cognitivas y emocionales adaptativas como la inteligencia estratégica, el lenguaje comunicativo para la coordinación y los sentimientos morales como protectores y garantías de la cooperación. La mente es una poderosa herramienta para el control de la interacciones de cooperación y competencia con otros agentes.

Ayuda o daño unilateral frente a cooperación y competencia

Tanto cooperación como competencia son interacciones al menos bilaterales: involucran a dos (o más) agentes, y ambos participan activamente, actúan para o contra el otro o los otros. En algunas relaciones sólo uno actúa y el otro solamente recibe los efectos positivos o negativos de esa acción: no hay acciones en ambos sentidos, no hay reciprocidad, sino que se trata de conductas unilaterales (no son realmente interacciones de un agente a otro y viceversa); la ayuda o el daño suceden en una única dirección de forma asimétrica.

Aunque no todas las relaciones entre agentes son estrictamente de cooperación o competencia, muchas sí lo son porque quienes dan ayuda no suelen hacerlo gratis sino que les interesa recibir algo valioso a cambio de los costes asumidos (reciprocidad), y quienes son agredidos suelen intentar defenderse de su agresor para conseguir sobrevivir: la ayuda unilateral se transforma en cooperación, y el daño unilateral se transforma en competencia.

La competencia puede ser asimétrica en el sentido de que un agente puede intentar causar un daño a otro sin que este otro haga nada más que intentar defenderse de la agresión, como en el caso de un depredador y su presa, un parásito y su huésped, o un asesino y su víctima. Las víctimas de daños por agresión no tienden a quedarse pasivas sino que suelen intentar hacer algo para evitarlos en la medida de sus posibilidades. La competencia también puede ser muy asimétrica o desequilibrada si un agente agresor es mucho más fuerte que una víctima que apenas puede hacer nada.

La ayuda supone un coste a quien la da y un beneficio al receptor, de modo que el que ayuda pierde poder y tiene menos posibilidades de éxito vital, y el receptor, que podría ser un competidor, gana en poder: la ayuda unilateral del altruismo no parece una conducta adaptativa. Existe una relación especial de ayuda casi totalmente asimétrica que es la reproducción de los organismos, que implica costes para los progenitores sin recibir nada a cambio de las crías (en algunos animales sociales pueden contribuir como fuerza de trabajo subordinada a los progenitores o cuidar de ellos cuando sean ancianos). Esta relación altruista tiene sentido si se considera desde el punto de vista de los genes que se reproducen y son compartidos por progenitores y crías (aptitud inclusiva, que también considera a otros parientes como tíos, hermanos, abuelos, primos).

La ayuda unilateral puede ser parte de un proceso de cooperación extendido en el tiempo o diferido: un agente entrega algo valioso hoy a cambio de recibir algo valioso en el futuro. La ayuda unilateral (entendida a menudo como caridad) puede servir para mejorar la reputación y prestigio de quien ayuda, y también para generar sentimientos de deuda y agradecimiento en los receptores que quizás puedan devolver el favor en el futuro, transformando así la relación en cooperación bilateral. Algunas relaciones de cooperación son asimétricas en el sentido de que una parte contribuye mucho más que la otra o las otras y no se beneficia de forma proporcional: en algunos casos se disfraza de cooperación lo que en realidad es caridad para no humillar a la parte receptora neta de ayuda, o para que los más débiles se sientan parte de un grupo aunque individualmente aporten poco.

Dentro de algunos grupos de cooperadores con relaciones multilaterales la reciprocidad no tiene por qué ser directa (intercambio entre solamente dos agentes en el cual ambos dan y reciben), sino que puede ser indirecta: un agente ayuda a otro pero recibe ayuda de un tercero. Los miembros del grupo ayudan a otros miembros del grupo sin fijarse en su carácter  individual.

Competencia

La competencia puede ser violenta (conflicto entre depredador y presa, combate entre machos que pelean por hembras) o no violenta (comercios que buscan clientes, machos de aves que intentan atraer a las hembras mostrando sus cualidades como belleza o habilidad para el canto, el baile o la construcción de nidos). La competencia puede suceder con contacto físico con el rival o no, o sabiendo que existen rivales o no: las ardillas compiten por nueces sin necesidad de ver a otras ardillas, saber que existen o pelarse con ellas.

La competencia contra otro le causa algún daño físico (el depredador mata a la presa) o le priva de la posibilidad de algún beneficio, le arrebata alguna oportunidad (competencia entre comercios que venden productos iguales o semejantes; competencia entre animales que buscan el mismo alimento). En algunos casos pueden darse ambos fenómenos: los boxeadores intentan hacerse daño y ganar un trofeo que el otro pierde; los machos pelean, se causan heridas hasta que uno se rinde, y el vencedor se aparea en exclusiva con las hembras.

La competencia puede estar sometida a algún tipo de reglas (competencia en el mercado con respeto a los derechos de propiedad y los contratos libremente acordados) o no (competencia en conflictos violentos). Incluso en los conflictos violentos es posible recurrir a algún tipo de reglas (que luego pueden cumplirse o no) para intentar reducir los daños posibles, como es el caso de las leyes de la guerra (qué hacer con los prisioneros, los heridos, los civiles; qué tipo de armas usar).

Algunos casos de aparente competencia son en el fondo cooperación: un corredor que hace de liebre marca un ritmo rápido para animar y acelerar una carrera que él no pretende ganar; un rival deportivo puede servir para entrenarse y mejorar las propias capacidades; las competiciones deportivas pueden ser una forma cooperativa de entretenimiento para los participantes.

La cooperación forzada es en el fondo competencia: una parte debe utilizar la violencia para imponer su voluntad a la otra, como en el caso de la esclavitud. En una relación de esclavitud o servidumbre involuntaria y forzosa la parte sometida ayuda al opresor a cambio de que este renuncie a hacerle un daño del cual es capaz: el esclavo no recibe valor a cambio de su trabajo (quizás alimento, alojamiento, vestido), pero al menos evita un perjuicio mayor (castigos físicos, torturas o muerte). Hay una apariencia de cooperación pero la relación fundamental es de competencia por el control de la capacidad de trabajo del esclavo. La auténtica cooperación no requiere de la fuerza de una parte para imponerse sobre la otra.

Aunque la competencia implica la posibilidad de perder o sufrir daños, el acicate de la competición, el espíritu competitivo, el deseo de igualar o superar a otros, pueden servir de estímulo para mejorar las capacidades propias y así ser más apto, competente y competitivo. De forma alegórica puede hablarse de competir contra uno mismo para referirse al deseo de superación personal que puede servir para mejorar individualmente. Esta forma de perfeccionamiento tiene dos problemas: un agente en solitario tal vez no pueda saber qué nivel de aptitud es posible alcanzar y quizás se conforme con poco; y la ausencia de auténticos rivales puede significar que las emociones competitivas no se activan de forma adecuada y el esfuerzo realizado es insuficiente. La competencia contra otros permite disponer de referencias de lo que es posible y de modelos a imitar, y además despierta deseos intensos de victoria que incentivan el rendimiento propio. Los humanos son agentes muy preocupados por su estatus social, y en algunos ámbitos este se consigue al superar a otros (combates, competiciones deportivas, éxito profesional).

Cooperación

La cooperación se realiza cuando se espera que sea eficiente, beneficiosa, que incremente los rendimientos del trabajo aislado o autónomo, que aproveche sinergias. La cooperación no siempre es beneficiosa porque aunque es posible conseguir más al cooperar varios agentes, ese resultado hay que repartirlo o dividirlo entre más individuos, y la cooperación no siempre es más eficiente porque tiene costes de búsqueda (encontrar al cooperador, comprobar competencia y fiabilidad) y coordinación (costes de transacción, de gestión, de vigilancia, de contabilidad). La cooperación puede estar mal coordinada y siempre es posible el fracaso.

La acción individual puede fallar, y la cooperación entre individuos puede fallar por más motivos: porque falle alguna acción individual o porque falle el ajuste o coordinación entre ellas. La cooperación a menudo es difícil y puede salir mal: malentendidos, mala ejecución, errores, trampas (incumplimiento de lo acordado), expectativas frustradas. El fracaso o la ruptura de la cooperación puede ser muy costoso y doloroso, incluso llevando del amor al odio (proceso típico en relaciones afectivas sexuales y otras alianzas rotas o traicionadas).

La cooperación puede ser beneficiosa para unos pero no para otros según lo que se aporte a la cooperación y lo que se reciba de ella. Un problema esencial es la asociación con tramposos o parásitos que reciben pero no aportan valor: conviene detectarlos y evitarlos, y comunicar fielmente a los otros que uno es un buen cooperador mediante señales honestas costosas de reputación, honorabilidad y competencia. Las posibilidades de cooperación dependen mucho de la confianza, del carácter moral de los individuos y de las instituciones sociales que velan por el cumplimiento de los acuerdos.

Los agentes pueden tener diferentes habilidades y capacidades de realizar trabajo (energía o potencia si es por unidad de tiempo). Las acciones son de diferentes tipos, requieren diversas habilidades y pueden ejecutarse con diferente intensidad. La cooperación incrementa la capacidad total de acción tanto en fuerza total como en habilidad. Tareas difíciles o imposibles para uno solo (por no disponer de la fuerza, velocidad, o combinación de habilidades suficientes), son accesibles a dos o más cooperadores.

La cooperación puede realizarse mediante la unión de esfuerzos iguales o mediante la división en funciones diferentes complementarias. Ambos tipos requieren de una adecuada coordinación para que la cooperación sea efectiva y eficiente.

Al unir esfuerzos iguales varios cooperadores hacen lo mismo, suman el mismo tipo de trabajo (quizás con diferente intensidad y habilidad) y consiguen un efecto total mayor cuantos más sean y más se esfuerce cada uno. Ejemplos: varios individuos empujan o tiran de un objeto; una cadena de transporte de cubos de agua; múltiples soldados de un mismo tipo como arqueros o fusileros; varios vigías observando; remeros en una barca. El resultado total puede ser una simple suma lineal de los resultados individuales (suma vectorial de fuerzas), pero también puede ser mayor (levantar entre varios algo muy pesado que uno solo no puede; desplazar un objeto al superar el umbral de rozamiento; hacer suficiente daño a un enemigo como para anularlo), o menor (si los esfuerzos interfieren de forma destructiva o no se aprovechan en su totalidad, como unos remeros estorbándose al golpearse sus remos o remando en sentidos opuestos, soldados que disparan contra el mismo enemigo ya muerto, soldados que disparan contra otros soldados del mismo ejército).

Al dividir el trabajo los agentes realizan tareas especializadas diferentes y complementarias: distintos trabajadores de una empresa, soldados diferentes en un mismo ejército como infantería o caballería. La división del trabajo a la que se refiere la ciencia económica no consiste en repartir un mismo trabajo entre varios agentes en unidades más pequeñas (dos traductores que se encargan de dos partes de un libro, dos trabajadores que cavan trozos de una zanja), sino en hacer cosas distintas.

La división del trabajo puede incrementar los rendimientos del mismo porque permite a los agentes descansar de una tarea mientras realizan otra (cavar una madriguera, vigilar en busca de peligros, cuidar de las crías, buscar alimento), o porque los agentes pueden entrenarse y especializarse en una función concreta; los trabajadores humanos además pueden producir y aprender a usar herramientas específicas para muy diversas tareas (bienes de capital duraderos).

La cooperación puede ser puntual, basada en relaciones no duraderas (intercambios comida por sexo en animales; intercambios comerciales en los mercados), o puede realizarse de forma estable, continua en el tiempo, repetida, en grupos organizados internamente (tribu, empresa): estos pueden tener un patrimonio compartido, actúan colectivamente con algunos intereses comunes, y los miembros se ayudan unos a otros. Es común considerar que la cooperación sólo se da entre miembros de un grupo estable, o con trabajadores físicamente próximos o unidos de algún modo o con un interés común, pero los intercambios puntuales entre desconocidos también son cooperativos.

Negociación

Las condiciones de la cooperación pueden formalizarse mediante un contrato o sistema de reglas. La cooperación puede requerir algún tipo de negociación para acordar qué recibe y da cada parte, cuáles son las condiciones de la cooperación. La negociación es un proceso parcialmente competitivo y sin garantías de éxito en el cual las partes piden (o exigen) y dan (o conceden), empujan y ceden, obtienen derechos y asumen deberes, normalmente intentando conseguir las mejores condiciones posibles, obtener más y renunciar a menos, pero sin forzar tanto que la cooperación no se lleve a cabo o se rompa.

El poder y habilidad de negociación de las partes puede ser diferente: depende de cuánto se necesite la relación cooperativa y de si existen o no otros cooperadores alternativos posibles. Una estrategia común de negociación incluye no mostrar cuánto desea uno un acuerdo (hacer creer que interesa poco, proponer como comprador un precio bajo, mencionar alternativas), enfatizar o exagerar los sacrificios propios, y convencer al otro de que un intercambio o pacto es muy beneficioso para él. En la negociación es muy útil conocer a la otra parte, saber qué quiere conseguir y qué puede aportar.

La negociación puede suceder antes de la cooperación o durante la misma si esta es duradera, cambiando las condiciones. La negociación puede tener componentes de competencia violenta, como cuando una parte amenaza a la otra con algún tipo de daño si no acepta ciertas condiciones (acuerdos con mafiosos, piquetes sindicales). Durante la cooperación o tras la misma pueden presentarse reclamaciones para aclarar las condiciones o reclamar incumplimientos de lo pactado.

Grupos

Las relaciones cooperativas tienden a producir grupos relativamente persistentes y cohesionados de individuos que conviven y comparten intereses: son alianzas duraderas que pueden reducir costes de búsqueda y transacción y riesgos o problemas de confianza y lealtad. Los grupos no son sólo unidades internamente cooperativas: externamente suelen ser unidades competitivas contra otros grupos, especialmente en el caso de los seres humanos y la guerra.

Dentro de un grupo puede haber relaciones de cooperación y competencia entre los mismos agentes: los trabajadores cooperan y cumplen sus funciones para la empresa, pero compiten por un ascenso, por poder, por influencia; los jugadores dentro de un equipo cooperan para derrotar al rival pero compiten para ser titulares y no reservas, para ser más importantes, tener más protagonismo y recibir más atención, y para conseguir mejores condiciones contractuales (recompensa salarial); los equipos de una liga deportiva compiten para ganar partidos, campeonatos y los premios asociados, pero cooperan para ofrecer un espectáculo interesante a los espectadores; las empresas de un determinado sector compiten por trabajadores, proveedores y clientes, pero pueden cooperar para obtener alguna subvención o protección para el sector.

Los grupos son unidades cooperativas que pueden verse dañadas si existe demasiada competencia interna destructiva. Para evitarla o limitarla los grupos suelen utilizar reglas que prohíban o encaucen las actividades competitivas. Las agresiones internas están prohibidas y son castigadas. La búsqueda individual de estatus social se regula para que beneficie en lo posible al grupo: los honores (premios, reconocimientos, nobleza) y los ascensos en la jerarquía del poder (cargos de gobierno, autoridades) están condicionados (al menos en principio) a los servicios prestados al colectivo. Algunos grupos fomentan la igualdad o la uniformidad, e incluso pueden desincentivar o evitar las muestras ostentosas de superioridad de belleza o riqueza (normas religiosas de vestimenta, de modestia, humildad, discreción, recato, decoro) para así evitar costes de señalización y riesgos por envidias y rencores entre los miembros.

Sociedad, mercado y libertad

Las sociedades libres tienden a producir combinaciones adecuadas de cooperación y competencia dentro de marcos normativos respetuosos de los derechos individuales de propiedad: tanto la cooperación como la competencia se deciden de forma voluntaria, y la competencia legítima es no violenta. Los contratos recogen acuerdos que regulan relaciones cooperativas duraderas. La existencia de alternativas en competencia permite elegir con quién cooperar. La competencia, o la posibilidad de la misma, estimula o incentiva a trabajar bien, a ser eficiente, a mejorar, a innovar: es un proceso de descubrimiento de los productores de cómo satisfacer a los consumidores y de cómo realizar procesos productivos de bienes y servicios de forma más eficiente.

Nadie está obligado a cooperar o competir, la cooperación no está prohibida, y sólo la competencia violenta está prohibida. Obligar a cooperar puede unir a individuos que no quieren asociarse. Prohibir o limitar la competencia puede implicar que no te dejen elegir libremente con quién cooperar. Es posible que quienes quieren obligar a otros a cooperar sean malos cooperadores (y por eso no son elegidos libremente como asociados), y que quienes quieren prohibir la competencia sean incompetentes o malos competidores (y por eso tienden a fracasar o ser derrotados por otros en un mercado libre).

Anuncios

6 Responses to Cooperación y competencia

  1. angel luis rodriguez dice:

    Magnífico trabajo,yo diría que exhaustivo sobre los temas tratados.Mi felicitación más sincera

    • Francisco Capella dice:

      Muchas gracias, Ángel Luis. Es parte de un trabajo más amplio, espero continuar con el problema de la coordinación.
      Saludos
      Paco Capella

  2. Colombo dice:

    ¡Bravo!

    Cuando el otro día hablabas de las guerras como procesos de competencia me parecía muy fuerte el término, sin embargo al diferenciar entre procesos violentos y no, me ha gustado mucho como resuelves el problema.

    Yo de hecho, hubiese dicho que hay cuatro tipos de procesos: 1. Colaboración 2. Competencia 3. Coacción/violencia – no sé muy bien cómo lo habría llamado – y 4. Neutralidad.

    Pero al introducir tu matiz me gusta más el resultado de la división. Sigo pensando que habría un tercer estado: neutralidad. Y que estos tres procesos a su vez pueden ser voluntarios/libres o violentos/impuestos.

    Y conforme he leído el artículo he visto el ejemplo de la esclavitud, que para mí es colaboración violenta. La verdad que no he entendido mucho tu argumentación… Y me descuadra todo un poco.

    Respecto a la Neutralidad creo que habría que tenerla en cuenta, ¿no? Incluso se podría decir que también puede ser voluntaria o violenta. Un ejemplo de neutralidad violenta es que leyes impuestas me obliguen a discriminar a quien no quiero discriminar. Por ejemplo: leyes racistas me impiden vender, comprar, amparar, contratar, etc a esos colectivos raciales.

    Un saludo. Esperando la siguiente parte.

    • Francisco Capella dice:

      Hola Colombo. Los economistas están mal acostumbrados a entender por competencia la del mercado. La violencia es una forma de competencia porque el agredido suele intentar defenderse, van uno contra el otro. La neutralidad es básicamente la no interacción, no la trato porque no hay mucho que decir salvo que no hay interacción, es verdad que tal vez porque esté prohibida, entonces es prohibición de la cooperación o de la competencia. La esclavitud es obviamente violenta: parece cooperación, pero el esclavo intenta escapar y liberarse y defenderse o evitar la agresión del esclavista. Más adelante trataré más el tema de la competencia violenta o conflicto violento.
      Saludos
      Paco Capella

      • Colombo dice:

        Ok, ya lo he entendido. Saludos y gracias.

      • Colombo dice:

        Esclavitud = competencia violenta intragrupo. Se te obliga a pertenecer a un grupo y colaborar con él con un fin determinado. Un esclavo – concepto clásico – se retiene su fuerza de trabajo para crear riqueza para el grupo que lo retiene. En un rescate público se retiene el dinero de contribuyentes para ser accionistas de determinado grupo empresarial. En ambos casos se compite de forma violenta por conseguir tu fuerza de trabajo o tus ahorros/capital para pertenecer a determinado grupo. Además de otros efectos, como no percibir salario, dividendos, etc etc.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: