Tonterías selectas

El mito del Estado mastodóntico, de Juan Carlos Barba

Es evidente que el sector público podría ser más pequeño. Podrían privatizarse las redes de saneamiento, la Educación, la Sanidad o incluso buena parte de la Administración pública. Podríamos bajar los impuestos y que los ciudadanos pagáramos por todos esos servicios. Otras actividades que no generan valor añadido, como el pago de las pensiones, podríamos también ir extinguiéndolas y que cada persona se buscara la vida haciendo una previsión para su vejez o por si un día no pudiera trabajar. Los que reclaman esto denuncian la ineficiencia de lo público y también la necesidad de que las personas sean más responsables de sus vidas. También la injusticia que supone el que se les quite a muchas personas sin su consentimiento buena parte de lo que ganan para cubrir el Presupuesto público.

Respecto a la primera queja, hay que decir que esa supuesta ineficiencia es difícil de demostrar. En la sanidad, por ejemplo, vemos cómo si esta es en su mayoría privada, como ocurre en EEUU, no solo es mucho más cara para las familias, sino que además se producen fenómenos de inseguridad y desamparo y peores cifras de morbilidad y mortalidad. Respecto a la educación, es complicado decir nada, pues no existen países que no tengan una educación pública amplia, hecho que debería hacernos reflexionar sobre por qué ocurre esto. Hay razones históricas muy importantes para ello.

Sobre el hecho de que muchas personas no están conformes con la carga impositiva que tienen y que se necesita para cubrir el Presupuesto público, resulta una queja que simplemente encubre un individualismo casi enfermizo, una falta de respeto absoluta por la democracia o bien simplemente una justificación de los intereses egoístas de personas que piensan que salen perdiendo al estar económicamente en una situación mejor que la media.

Respecto a la necesidad de que las personas sean más responsables que reclaman los ultraliberales, esta demanda responde a un concepto idealizado del ser humano como una máquina de procesar la información perfectamente racional, un concepto que proviene de la Ilustración y especialmente de Descartes. Sin embargo, como demuestran tanto la experiencia como las aplastantes pruebas empíricas de la psicología moderna, esto para nada es así. La racionalidad no es sino una capa superficial que transcurre en la conciencia humana y que oculta la mayor parte de la actividad psicológica de las personas. Si surgieron todos los sistemas de coberturas sociales, no fue más que en pequeña medida porque algunas personas pudieran tener una enorme mala suerte y quedarse desamparadas aun sin haberlo podido prever, sino porque de hecho muchas personas actúan de forma irracional a la hora de anticipar hechos que podrían pasar o hechos (como la vejez) que pasarán dentro de mucho tiempo. Ni el adoctrinamiento ni el ejemplo en cabeza ajena persuadirán a una gran cantidad de personas para que actúen como un ser perfectamente racional y previsor. Esta evidencia fue la que históricamente determinó, cuando hubo suficiente riqueza en la sociedad, que se instauraran los programas sociales y servicios públicos que conocemos.

Por otra parte, también se hizo evidente que determinados servicios de las sociedades complejas no surgían de forma espontánea por la iniciativa privada y que tenían que ser los poderes públicos los que los proveyeran. Este hecho también parecen olvidarlo los ultraliberales. Esta ofensiva de una ideología caduca y que parecía ampliamente superada, a mi modo de ver, tiene un motivo claro, y es la cooptación cada vez mayor de las instituciones democráticas por los poderes económicos. Es decir, que estos economistas solo son las correas de transmisión ideológica de la codicia sin límites de personas extremadamente poderosas que buscan una justificación ante la ciudadanía para llevar a cabo sus objetivos. Con ello están llevando a la sociedad a una situación en que todos tendremos peores servicios y más caros, tendremos más inseguridad en nuestras vidas y muchas personas se verán abocadas a una situación personal pésima sin necesidad alguna.

Medallion, la empresa que es una máquina de ganar dinero, de Esteban Hernández

La tarea de Medallion, y para eso cuenta con sus científicos, es trazar modelos predictivos, que pueden ser tan peregrinos como que haga sol o que las mareas suban, con vistas a anticipar mejor el futuro.

Por decirlo con otras palabras, tienen a un montón de cerebros encerrados día tras día tratando de leer las señales de que un bien o un activo subirán o bajarán de precio, que es lo mismo que decir que tienen a un montón de gente preparadísima metida en el casino tratando de averiguar qué carta saldrá a continuación de la mano del crupier. Esto es curioso, porque es una actividad que resulta tremendamente rentable, pero que no deja de asemejarse a lo que hacían los sacerdotes de la antigüedad, que utilizaban diversos métodos para escrutar los designios divinos, solo que utilizando ordenadores, algoritmos, código y elementos similares.

La crítica principal no es que esta actividad no funcione, que no se puedan descubrir fallas en los procesos de las que sacar ventaja, o que no se pueda anticipar el precio de los bienes; se trata, más bien, de que a veces funciona, y de que cuanto mejor se puedan anticipar estas variaciones, peor resultará para todos. El problema de fondo es que estas actividades se han convertido en el centro de la generación de ingresos, que adivinar el futuro es mucho más la tarea de los fondos que el poner el capital a producir cualquier tipo de bien. Y eso es un gran problema que genera dos clases de disfunciones.

La primera es obvia: dado que estos fondos ganan mucho dinero, un buen número de personas profesionalmente brillantes deciden formar parte de su plantilla atraídas por los elevados salarios, lo cual significa que buena parte del talento contemporáneo se destina a actividades esotéricas en lugar de a mejorar sus campos profesionales y a la sociedad misma.

La segunda es que, dado que estas firmas manejan muchísimos recursos, tienen influencia sobre la economía y la política, están empujando a ambas hacia una reconfiguración poco adecuada para las necesidades sociales y personales. ¿Quiénes estaban apoyando activamente a Trump durante su campaña? Efectivamente, los ‘hedge funds’.

El salario mínimo y la Derecha, de José García Domínguez

La situación escandalosa de Gas Natural Fenosa y su responsabilidad en la creación de pobreza energética, de Vicenç Navarro

Desinforma, que si es acerca de la prostitución seguro que cuela, de Beatriz Gimeno

Que sea un deseo fuerte no lo convierte en un derecho. Y eso mismo lo podíamos hacer extensivo a otros deseos o necesidades, pero no voy a entrar en la razón neoliberal que convierte cualquier deseo individual en un derecho al que se puede acceder por precio. Pero sí quiero entrar en que no son los seres humanos los que compran sexo porque tienen deseos fuertes y ubicuos, son los seres humanos hombres.

¿Las mujeres no tenemos deseos sexuales fuertes y ubicuos? Resulta que sí los tenemos, pero que eso no nos da derecho a comprar sexo, porque comprar sexo es, en realidad, un privilegio sexual masculino. Escribir un artículo sobre prostitución y no hablar de que es una actividad absolutamente generizada, en la que las mujeres son la mercancía y los hombres los que compran, descalifica el artículo. El autor se empeña en hablar de “personas” y ni una sola vez, ni una sola, habla de mujeres y hombres.

Porque si es una actividad generizada es de eso de lo que hay que hablar en primer lugar. Preguntarse por qué los hombres compran sexo, por qué hay millones de mujeres en el mundo dispuestas u obligadas a venderlo pero, sobre todo, qué consecuencias tiene la existencia de ese mercado en las relaciones de género. Este artículo no permite extenderse en dichas consecuencias pero de manera muy simple ayer en Podemos denunciábamos las consecuencias que tienen los artículos sobre deportes, muy machistas, en dichas relaciones; denunciamos también en Murcia que una empresa de transporte se anuncia con una mujer desnuda y eso nos parece que incide negativamente en la igualdad; nos parece también que el amor romántico apuntala relaciones desiguales…

¿Y la prostitución no incide? ¿No tiene absolutamente ninguna consecuencia para la igualdad el hecho de que un varón, por el hecho de serlo, rico o pobre, europeo o asiático, de cualquier edad y condición, sepa, desde que tiene uso de razón que por el hecho de ser varón goza del privilegio de poder acceder por precio al cuerpo de una mujer? La foto de una mujer desnuda en un camión, un artículo sobre deportes, son perjudiciales para la igualdad y resulta que el privilegio masculino de poder acceder por precio al cuerpo de una mujer…¿eso no incide en la idea que los chicos se hacen de las relaciones igualitarias?

… Muchas trabajadoras sexuales no están por apoyar que el Estado favorezca aún más a la industria del sexo, sino que piden al estado que las libere de ella. El autor confunde sin parar legalizar, prohibir, regular, penalizar, no sabe de qué habla.

… Dice el autor también que una de las razones de legalizar es evitar la corrupción policial. Miente. En España la prostitución no es ilegal (es obvio, esa sí que es ubicua) y a pesar de eso, la corrupción policial alrededor de la misma es grande y así lo han denunciado los medios a menudo, igual que en otros países donde está regulada. También dice que la prohibición del trabajo sexual vuelve mucho más peligroso para quienes lo ejercen pedir ayuda a las autoridades. De nuevo miente.

… Si consideramos que la igualdad entre hombres y mujeres es lo mejor para la sociedad en su conjunto, ¿puede explicar alguien cómo la prostitución mejora a la sociedad en su conjunto? ¿Cómo mejora la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres?

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