Tonterías selectas

El problema de las mujeres es un problema de los hombres, de Javier Gallego Crudo

Entrevista a Raoul Martínez

Aunque está claro que tenemos derecho a protegernos a nosotros mismos, la idea de la retribución (el hecho de que esté bien hacer daño a alguien porque ha hecho algo malo) no tiene ningún tipo de sentido ya. La clave es reestructurar el sistema penal. Creo que necesitamos sentencias más cortas y prisiones más humanas y seguras.

Otra cosa que me gustaría subrayar, en un sentido más profundo, es que el acto terrible de un criminal no pertenece solo al criminal, sino a toda la sociedad, porque todo acto es un resultado de las condiciones económicas, políticas, sociológicas, culturales… y todos contribuimos a la hora de reproducir estas cosas.

Yo creo en la rehabilitación, la cual requiere financiación. Por ejemplo, programas de educación, tratamientos para adictos, y justicia restaurativa (la cual consiste en unir a los criminales y a sus víctimas para discutir qué ha pasado, como seres humanos, lo cual ha llegado a ser muy útil para las víctimas, muy empoderador). Los estudios han demostrado que todos estos enfoques, a pesar de que requieren inversión, a largo plazo ahorran dinero. Uno de los enfoques de la justicia restaurativa muestra que por un euro que te gastas, ahorras cuatro. Así que sí, invertiría en cambiar el funcionamiento de las cárceles, y esto es una de las caras de la ecuación. La otra cara consiste en redistribuir la riqueza en la sociedad, y generar así una sociedad justa, lo que nos libraría de las condiciones que alentan el crimen.

P: Hablas de la propiedad de las cosas como un “eje de control sobre el resto de las personas”. Así que, ¿no debería haber propiedad privada? ¿Qué opinas de los desahucios y de los okupas?

R: Creo que son síntomas de una sociedad con demasiada desigualdad. Considero que hay claramente algo terrible cuando ves cómo desahucian a personas. No ayuda a la sociedad y crea muchos problemas. Cuando ves la causa de los problemas a los que se enfrentan estas personas, te das cuenta de que sus acciones no son las culpables de que no puedan pagar su casa. Hace unos años, la culpable fue la crisis económica y financiera. Los banqueros la cagaron con la economía global, pero ninguno acabó en la cárcel. La vida de muchas personas, que no tenían nada que ver con la crisis, fueron destruidas. Así que estoy muy en desacuerdo con el hecho de desahuciar a las personas de sus hogares.

Yo estaba a favor de hacer un rescate a las personas en vez de uno bancario. En lugar de poner el dinero en la banca, invertirlo directamente en las cuentas bancarias de la gente. Si no hay trabajo, no es la culpa de las personas. Estos problemas son el síntoma de una ideología económica que está fracasando. Y la solución es cambiar la ideología, no castigar a los individuos.

Y respecto a los okupas, es algo natural debido a la clase de sistema que tenemos. Es la única solución que tienen muchas personas, cobijarse y darse una casa. Así que, cuando los derechos de propiedad chocan con los derechos humanos, yo apoyo los segundos.

P: En ese caso, si alguien tiene una casa y ve que está ocupada por otros, ¿qué hacemos? ¿De qué lado estamos si ambas partes son personas?

R: ¿Hablamos de casos de personas cuya casa ocupada es la segunda o tercera vivienda?

P: Eso es indiferente. Hablamos, por ejemplo, de alguien que ha viajado al extranjero y vuelve a España y de pronto ve que su casa está ocupada. ¿Qué hacemos entonces?

R: Es un problema. Llegados a ese punto, entiendo que el dueño de esa casa quiera reclamarla para sí mismo. Pero en el momento en que esos hogares están desocupados, y como solución temporal, no me parece que sea un enfoque problemático. Nada de esto es ideal, pero si la alternativa es que la gente esté viviendo en calles, abogo por llenar las casas vacías hasta que podamos centrarnos en el problema de base.

P: En un capítulo del libro hablas de la “presunta obligación moral de pagar la deuda” a los bancos. ¿Acaso no tenemos la obligación de devolver el dinero prestado? ¿Crees que no deberíamos pagar las hipotecas?

R: La deuda es algo que se remonta años atrás. El antropólogo David Graeber escribió un libro en el que expone que el sentido de obligación que sentimos cuando tomamos prestado algo ha sido explotado por los sistemas de poder para poner a las personas en una posición de servidumbre, y es comprensible que nos sintamos obligados a pagar la deuda que hemos contraído. Pero, un análisis moral profundo nos lleva a mirar al contexto más amplio: ¿por qué la gente necesita contraer una deuda? En muchos casos, las opciones que tienen son extremadamente limitadas.

La gente, a menudo, se encuentra en la tesitura de que para tener un techo sobre sus cabezas, una educación, medicamentos o una operación, se ven obligados a pedir un préstamo. Así que, ¿cuál sería la obligación moral más profunda: los derechos humanos de estas personas o saldar la deuda con los bancos que han creado el problema y no necesitan el dinero? Estas son las preguntas que deberíamos hacernos.

P: Entonces, la gente que ha contraído hipotecas, ¿deben saldar su deuda o no?

R: No hablo de eso en el libro. La pregunta importante es que la gente no tiene elección, y que esa decisión es muy poco atractiva. ¿Una familia debería saldar su deuda? No podría contestar, depende del contexto. Sería muy eficaz que muchas familias decidieran organizarse para decidir no pagar, a la vez. Si un millón de personas lo hiciesen, o 100.000, entonces habría una gran fuerza. Pero una familia sola no serviría de nada.

P: También dedicas un capítulo a los medios de comunicación, que son empresas y a la vez cumplen un servicio a la sociedad. Entonces, ¿cómo pueden ser libres?

R: Creo que tenemos que cambiar todo el modelo de negocio. Los mercados generan un subjetividad política, un cierto sesgo, en el libro explico cómo, pero tu pregunta es qué deberíamos hacer. Una propuesta es un sistema de ‘vales por’ en el que a todos los ciudadanos se les otorga un vale por 30 euros que solo se puede gastar en medios de comunicación. Estas empresas de media podrán acceder a ese dinero solo si rechazan las otras formas de financiación. Así, puedes tener o lo uno o lo otro; o los anuncios o ser públicamente financiado (no como una manera de otorgar mucho poder al estado, pero sí como forma de descentralizar el poder). A mí me parece una idea prometedora.

P: En España la mayoría de los medios son propiedad de accionistas, empresas, bancos o fondos de inversión. ¿Cómo de libre podría ser un medio así?

R: No creo que sea posible que ningún medio así fuese libre. (Sonríe). Es imposible. Ellos generarán informaciones que favorezcan sus propios intereses y refleje su propia visión del mundo. Un experimento es imaginarse que todos los medios españoles fuesen controlados por comunistas. El impacto que podría tener sería enorme. La realidad es que actualmente tenemos un grupo de multimillonarios que controlan los medios, así que sería muy inocente pensar que el accionariado del medio no tiene un impacto destacado en las noticias que se producen.

Segregación sexual: ¿a favor o en contra?, de María Pazos Morán

¿Por qué hay cada vez más contaminación?, de Antonio Ruiz de Elvira

Otra vez la vieja política sobre violencia machista, de  Rosa Cobo Bedia, directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de La Coruña

El feminismo radical puso la lupa en la familia patriarcal y descubrió que esa institución no era el mundo de amor y felicidad que nos habían contado sino que su interior albergaba abusos sexuales, violencia y explotación económica.

… La violencia patriarcal está hondamente anclada en las estructuras materiales y simbólicas de cada sociedad. Niñas y niños, jóvenes adolescentes de ambos sexos, mujeres y hombres, reciben mandatos socializadores que están en la raíz de la violencia patriarcal. Estos mandatos socializadores están impregnados de una ideología de la superioridad masculina que desemboca en formas de control y violencia sobre las mujeres.

… El poderoso curriculum oculto de género en la escuela, la brecha salarial, el trabajo gratuito de las mujeres en el hogar o la expulsión de las mujeres de los espacios de decisión, recursos y poder muestra que las mujeres son consideradas en las sociedades patriarcales como el segundo sexo. Y en esta consideración se encuentra el origen de la violencia masculina. De modo que hay que identificar una violencia invisible, estructural, oculta, que ha sido conceptualizada como si formarse parte de un orden natural de las cosas y también una violencia más visible, imposible de negar, que es sobre la se articulan las leyes contra la violencia patriarcal.

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