Respuesta a Eladio García García sobre anarcocapitalismo y minarquismo

28/09/2016

Eladio García García cree que Rallo y yo acertamos al criticar al anarcocapitalismo, pero que tampoco tenemos razón al ser anarcocapitalistas “pragmáticos”. Su artículo sirve como ejemplo de la debilidad de los argumentos de algunos críticos del anarcocapitalismo.

Eladio piensa de forma excesivamente simple y rígida y se expresa mal con frecuencia (seguramente por escribir deprisa y no revisar de forma crítica y cuidadosa). Presume de practicar la metafísica (según él como antídoto del cientismo) y cree que en el ámbito de las ciencias sociales sólo vale la lógica, la deducción a partir de principios axiomáticos autoevidentes, lo que de forma ingenua confunde con la filosofía, como si la filosofía fuera eso y solamente eso.

En su forma de pensar y escribir Eladio suele ofrecer clasificaciones definitivas con pocos criterios independientes y complementarios que resultan en particiones únicas, perfectas y completas del mundo sin problemas de límites, matices o interpretación: son categorizaciones que atraen a la mente por su simplicidad y aparente perfección, pero peligrosas porque ocultan o ignoran sus propios defectos y no suelen considerar alternativas posibles.

A Eladio le gustan las expresiones grandilocuentes, rotundas, tajantes, apodícticas: presenta el mundo como blanco y negro, sí o no, todo o nada, verdadero o falso. O filosofía o ciencia; o lógica o empirismo; o deducción u observación. Son alternativas excluyentes, no pueden ocurrir juntas: o esto o lo otro, pero no las dos cosas a la vez y nada en medio. Se trata de una lógica proposicional muy elemental que ofrece una sensación de certeza y solidez: si el mundo real es más complicado, que se fastidie la realidad.

Nos pone como ejemplo a Rallo y a mí, como anarcocapitalistas pragmáticos (mejor sensatos), de todos los males cientistas, cientifistas o cientificistas: según él somos obsesos maniacos de la ciencia. No se da cuenta de que está proyectando su manía y obsesión por lo que él llama filosofía: ya se lo he explicado en más de una ocasión, pero da igual.

Sus acusaciones a menudo son ridículas: si afirmo que “tal vez no exista una respuesta clara a cuál de los dos sistemas funciona mejor” (anarcocapitalismo o minarquismo), él detecta un tufillo cientista a “investigación progresiva y siempre inacabada”. Sin embargo un análisis más “científico” (¿cientista?) propondría algún tipo de métrica o criterio cuantitativo y no meramente lógico para evaluar ambos sistemas y obtener alguna respuesta numérica, algo que podría ser interesante pero yo no hago: planteo una posibilidad de que no haya una respuesta clara precisamente porque veo que a ambos lados del debate hay mucho ingenuo que tiene respuestas muy claras con argumentos muy flojos; si la respuesta no está clara habrá que seguir investigando en lugar de creer, como buen fanático sectario, que el tema está cerrado y ya sabemos todo lo necesario.

Más ejemplos de mala expresión o argumentación:

Según él para la Escuela Austriaca de Economía “la oposición al socialismo [es] la única justificación lógica que da sentido y coherencia a todos sus argumentos”. O sea que la EAE sólo tiene sentido por aquello a lo cual se opone (el socialismo), y no tendría justificación lógica ni coherencia interna sin ese factor externo: la EAE no puede ser autoconsistente, necesita al socialismo (o al menos la idea del socialismo) como apoyo o muleta para sobrevivir y significar algo.

Si no podemos actuar sobre la sociedad empíricamente…

¿Qué es eso de “actuar empíricamente”?

… se empeñan continuamente en aplicar el análisis fáctico a todos los órdenes del conocimiento.

O sea que mejor no analizamos los hechos: analicemos lo que no son hechos, lo que no es real o lo que es meramente ideal (yo solo en mi mente con mis ideas me siento tan bien sin necesidad de tocar el mundo real…).

Para un cientista solo existe una vía al conocimiento, la vía inductiva y empírica.

O sea que ni Rallo ni yo somos cientistas (aunque nos acuse de ello, que está muy feo), porque también utilizamos a menudo la lógica y la deducción, como seguramente sabe porque nos ha leído aunque quizás no comprendido.

En mala hora aseguró Capella que hay que contemplar todas las jerarquías y circunstancias de una sociedad, si luego se olvida de la categoría epistémica que mejor define a la Escuela Austriaca de Economía, aquella que describe también una buena parte de la realidad: los axiomas y el deduccionismo austriaco que desarrolla los mismos.

Aquí mezcla jerarquías de organización y agregación y circunstancias concretas con las herramientas lógicas de los axiomas y deducción, que es a donde siempre quiere ir por el amor maniático obsesivo que les tiene.

…[Capella] es incapaz de aplicar estas reflexiones al ámbito de la epistemología y el anarquismo, evaluando de la misma manera las dos posibilidades que tenemos de conocer la realidad y ordenar la sociedad, la inducción científica y la deducción filosófica, la que analiza hechos complejos y se aplica en demostrarlos fácticamente, y la que parte de hechos sumamente sencillos y necesarios, que no tienen alternativa y que por tanto no requieren de ningún probatorio.

Cualquier cosa que se diga, cualquier tema que se estudie, Eladio no está contento si no hacemos un análisis metodológico que distinga claramente la inducción científica de la deducción filosófica; y según él esto último es lo único válido en este ámbito. ¿Por qué? Esencialmente porque sí, porque lo dice él.

Capella aplica el criticismo (o cretinismo) científico a todas las formas de gobierno, tanto si se trata de anarquismo como si se trata de minarquismo. Lleva el método científico a todas las áreas del pensamiento; todo está sujeto a revisión permanente. De lo que no se da cuenta es que el minarquismo representa precisamente esa solución política que él pospone para dentro de cien años.

Cuando escribí mi artículo no pensé que estaba haciendo crítica “científica” sino simplemente criticando unos malos argumentos y mostrando sus problemas, combinando lógica y observación. Pero a Eladio le molesta que lo científico invada ámbitos donde según él no puede entrar. Se inventa por la cara lo de posponer la solución cien años. Y efectivamente es difícil que me dé cuenta de cosas que… no son ciertas.

Los problemas que entraña la falta de gobierno central solo pueden subsanarse con la instauración de un gobierno central.

Aquí haría falta algo más de detalle en el análisis. Tal vez algunos problemas de la falta de gobierno central no tienen solución, o se agravan con el gobierno central.

Y los problemas que resultan del gobierno central solo pueden corregirse limitando al máximo las funciones del mismo.

¿Y eso cómo se consigue? ¿Cuál es ese límite máximo o mínimo al que hay que llegar? ¿Cómo sabemos si lo hemos alcanzado o si nos hemos excedido?

El minarquismo es la única teoría verdaderamente inclusiva, la única que es consciente de los problemas que existen a uno y otro lado del espectro ideológico, y la única que aboga por una solución intermedia, que repare ambos tipos de problemas, haciendo uso de todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición, permitiendo el libre mercado allí donde este opera mejor, y reservando algunas funciones claves para el Estado, concretamente aquellas que desempeñan un papel colectivo insustituible, la garantía de los derechos individuales y la defensa del territorio y el marco institucional que sirven para poner en práctica esos derechos.

¡Viva el minarquismo, que es lo más grande! ¡El minarquista es el único consciente, el que lo repara todo de forma realista! Suena todo muy bien, pero: ¿quiénes son los individuos que forman parte de cada Estado?; ¿por qué unos sí y otros no?; ¿qué territorio corresponde a cada Estado?; ¿por qué los minarquistas evitan sistemáticamente contestar a estas sencillas preguntas?

Resulta absurdo que Capella reivindique el valor de contemplar adecuadamente todos los niveles jerárquicos y todos los problemas, y luego ponga en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, toda vez que el primero manifiesta un grave déficit de soluciones, mientras que el segundo intenta poner en práctica todos los arreglos posibles, los que resultan de la acción en el nivel individual y los que avienen con el ordenamiento común y la jerarquía general.

Pero es que yo no he puesto en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, de hecho mi artículo se concentra en criticar argumentos flojos o erróneos en favor del anarcocapitalismo, pero parece que Eladio me exige que reconozca la según él indudable superioridad del minarquismo.

El único sistema capaz de optimizar al máximo las energías de una sociedad capitalista es el sistema minarquista. Esta es una afirmación invariable que no depende de demostración alguna.

En un periódico esto aparecería como contenido patrocinado o directamente publicidad; en una película de esas con pretensiones sería el mensaje del autor. Mensaje invariable (es verdad que Eladio parece incapaz de cambiar de idea aunque se lo expliques) y que no depende de demostración alguna: o sea que porque sí, vamos.

Parece evidente que no acaban de entender la diferencia que existe entre filosofía y ciencia.

Yo sí la entiendo, e intento hacer ambas… bien.

La minarquía por tanto es el único sistema que contempla esa división esencial que distingue los fenómenos complejos, que no pueden dirigirse de forma centralizada y que dependen en cualquier caso de los gustos, los experimentos, las acciones y las decisiones de los particulares, de aquellos otros hechos que son tan claros y necesarios que constituyen las condiciones de posibilidad de todo el sistema, y que por tanto deben estar representados y asegurados por un único órgano central, al que llamamos gobierno limitado o estado mínimo. La minarquía es la única solución al problema del gobierno, la única que da muestras de alcanzar una mayor operatividad y optimización, la única interpretación de la realidad que tiene en consideración todos los niveles jerárquicos, todos los grados de complejidad, todas las formas posibles de gobernabilidad, y todas las heurísticas del conocimiento.

Por si no había quedado todo claro, vamos a repetirlo con rotundidad y firmeza; no mencionemos ni estudiemos un poco en serio los problemas que pudiera tener el minarquismo. La minarquía es única y además es la mejor.

… la justificación del liberalismo y la ética política que éste avala, solo hallarán una defensa definitiva si consiguen demostrar la íntima relación que les une con los principios mas básicos de la realidad, los cuales solo encuentran asiento en el interior de las formaciones kársticas que dibuja el terreno de la filosofía.

Bajo todo y sobre todo, filosofía, con las formaciones kársticas dibujando su terreno… ¿Se molesta Eladio en leer lo que escribe? A mí me fascinan las formaciones kársticas, pero no creo que sean una buena metáfora (dejo como ejercicio el por qué).

Es este cientismo una enfermedad tan extendida en la población que afecta incluso a la casta mejor preparada, la de los liberales austriacos, aquellos que tienen en sus manos unos argumentos filosóficos impecables, el sistema axiomático de Mises y Rothbard, la alternativa al historicismo, el cientismo, y el constructivismo social.

Rallo y yo estamos muy bien preparados pero estamos enfermos: necesitamos la medicina del sistema axiomático austriaco. Cree el loco que todos los demás están locos. Tal vez incluso cree que no conocemos o dominamos los “axiomatismos” austriacos.

La minarquía aporta todas las soluciones posibles al problema, es una visión del mundo más acertada, completa e inclusiva. Los problemas que resultan de la falta de gobierno se solucionan con un Estado mínimo, y los problemas que nacen del exceso de gobierno se amortiguan también con un Estado controlado y pequeño. Además, la minarquía es la única teoría política realmente consecuente con los principios axiomáticos, precisamente aquellos que definen a la escuela austriaca de economía.

La gente suele creer que las cosas son más verdad si aparecen repetidas, así que repitamos.

Este artículo de Eladio García García me sirve como ejemplo o evidencia (obviamente anecdótica y parcial) de que la Escuela Austriaca de Economía, en su versión más lógica apodíctica integrista, es como un agujero negro que captura a la gente y no la deja escapar: tiene una serie de mantras tópicos que se repiten para tranquilizar al individuo; es imposible no tener razón si deducimos a partir de axiomas necesarios autoevidentes y sin alternativas posibles; nos importa más decir algo estrictamente verdadero y cierto, aunque sea muy simple y genérico, que complicar el modelo teórico para que sea más preciso, específico y realista; y si nos equivocamos, en lugar de reconocer nuestro error lo repetimos de forma más rotunda.

Una vez que tienes ciertas ideas (o que esas ideas te tienen a ti) cuya solidez es infinita e indudable, lo demás es poco relevante. La lógica pasa de ser necesaria (no contradecirse, construir teorías consistentes) a ser suficiente: es lo único válido y además es omnipotente.

Eladio menciona la posible soberbia del científico y los graves problemas que puede causar cuando se equivoca. Sin embargo, aunque es posible que la ciencia cometa excesos al estudiar la sociedad, esto no significa que la ciencia no pueda utilizarse en absoluto para estudiar la sociedad. Sobre todo si por ciencia entendemos pensar, observar, experimentar, medir, contar, criticar, modelizar, siendo consciente de las limitaciones e imperfecciones de todas esas actividades.

Eladio acusa a quienes invocan “la unilateral defensa del empirismo como única herramienta de análisis y monopolio de la razón”. Pero no da ningún ejemplo, no aclara a quién en concreto se refiere; además hace trampa porque no creo que haya nadie que defienda que el empirismo sea la única herramienta de análisis (además de observar suele ser necesario pensar, teoría e historia van de la mano); y de nuevo no está claro qué es eso de que el empirismo sea el monopolio de la razón cuando normalmente empirismo y racionalismo son doctrinas opuestas.

Eladio propone una caricatura del científico “consagrado a la tarea de manipular las muestras que tiene delante de sus narices y que ha preparado él mismo para invocar alguna función concreta”. Sin embargo no está muy claro qué es eso de “invocar alguna función concreta”, si es que significa algo; algunos científicos manipulan muestras, pero otros analizan muestras preexistentes (sólo observan, no experimentan) o generadas por otros científicos; las muestras utilizadas no siempre están delante de las narices, sino que a veces están muy lejos (astrofísica, cosmología).

Según él la sociedad no puede estudiarse de forma científica, porque “es un sistema altamente complejo”. Supongo que entonces las sociedades no humanas tampoco pueden estudiarse de forma científica porque son órdenes complejos (y la sociobiología no sería científica); y el ser humano como sistema complejo tampoco puede estudiarse de forma científica. La psicología y la medicina tampoco son ciencias, y no existen las ciencias de los sitemas complejos.

Una recomendación final: lean también la crítica devastadora que le hace Ismael Rodríguez en los comentarios al artículo. Y recuerden que, aunque no lo parezca, Ismael y yo somos amigos de Eladio. A mí Eladio me cae muy bien, me hizo una entrevista muy jugosa, muestra interés por lo que investigo y escribo, y él mismo intenta construir una integración entre ciencias naturales y ciencias humanas y sociales parecida a la que yo mismo estoy intentando.


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