Respuesta a Daniel Mondéjar sobre anarcocapitalismo y cuñadismo liberal

Según Daniel Mondéjar soy “el cuñado del liberalismo”. Escribiendo en primera persona del plural, como si representara a alguien más no identificado (tal vez a “la gran familia de libertarios y liberales” de la que habla), o como si tuviera cierta inseguridad personal y necesidad de apoyos externos, se refiere a mí como “nuestro cuñado” o “nuestro querido ejemplar de ‘cuñadismo liberal’”. Por si no estuviera claro que se trata del insulto despectivo de moda (algo no muy original) lo aclara explícitamente:

Hablamos de ese individuo vivo, locuaz, que con sus discursos y lecciones ameniza los almuerzos y saraos familiares. Habla por los codos, ¡qué digo codos!, hasta por las rodillas, nudillos y todas las articulaciones del cuerpo humano. Habla mucho, demasiado, tanto que no tiene tiempo de pensar lo que dice y suelta lo primero que se le pasa por la cabeza.

O sea un payaso, un bocazas, un idiota que no sabe de qué habla: ¡cuñaaaaaoooo! Alguien a quien insultas y de quien te burlas al mismo tiempo que aseguras, con displicente superioridad, que lo quieres, como se tiene afecto a un pobre tonto: “nuestro querido cuñado”, “mi querido Capella”, “nuestro querido cuñado Francisco Capella”. Alguien a quien no sabes cómo dirigirte porque mezclas de forma confusa e incoherente la segunda y la tercera persona.

Es interesante que mencione lo mucho que hablo, quizás sin saber que el artículo que critica lo escribí precisamente para no extenderme en los comentarios al debate sobre anarcocapitalismo entre Rallo y Bastos en la Universidad de Verano del IJM: no sé si tiene mucho sentido ser “cuñado” por escrito, sin forzar a nadie a leerte y aguantarte, y sin pretender entretener a nadie con gracietas. También se refiere a reuniones familiares en las que no recuerdo que hayamos coincidido porque no lo conozco de nada. Sin embargo él sí parece conocerme íntimamente a mí, tanto que sabe qué pienso y dejo de pensar cuando hablo o escribo: vive dentro de mi cabeza y yo sin saberlo.

Cree Mondéjar que “Es bien digno que se someta a un microscopio toda la relación de disparates que suelta” Capella, refiriéndose a mi artículo Más problemas del anarcocapitalismo. ¿Bien digno? ¿Qué significa eso? ¿Sabe Mondéjar, que es muy de letras, utilizar un microscopio? ¿Está tan mal de la vista que necesita un microscopio para leer e intentar entender lo que escribo? ¿Tiene la inteligencia necesaria como para detectar disparates? ¿Si es tan importante resaltar todos los disparates que presuntamente suelto, por qué luego solamente analiza seis puntos de los diez que hay según sus propias cuentas? ¿Se cansa con facilidad de su “deconstrucción y análisis”?

Nuestro cuñado analiza detenidamente los argumentos a favor del anarcocapitalismo y todas las críticas que él hace.

A ver si aprendemos a pensar y escribir, sobre todo siendo de letras: no tiene mucho sentido lo de “analiza detenidamente… todas las críticas que él hace”; uno suele escribir (sintetizar, pero no en el sentido de resumir) lo suyo propio y analizar lo que escriben o dicen otros.

Y a ver si aprendemos a leer y entender: en mi artículo no pretendo analizar (todos) los argumentos a favor del anarcocapitalismo, sino justamente aquellos en los que veo problemas y de los cuales me he acordado al escribir el artículo (quizás no estén todos). No es en absoluto un análisis exhaustivo acerca del anarcocapitalismo, sus pros y contras.

Sobre el problema del argumento de que no hay gobierno dentro del gobierno, Mondéjar me da la razón. Pero afirma que “No hay anarcocapitalista serio que critique al Estado diciendo que no existe un Estado dentro del Estado”. O sea que Mondéjar conoce a todos los anarcocapitalistas y sabe cuáles son serios y cuáles no y qué defiende cada uno; o plantea un requisito necesario para ser un anarcocapitalista serio; según él Miguel Anxo Bastos no sería un anarcocapitalista serio. Se trata de la falacia del no true scotsman, y curiosamente nada más cometerla me acusa a mí de construir hombres de paja, falacia que se molesta en explicar por si acaso sus lectores no lo saben (me pregunto quién cree que lo lee).

Según Mondéjar yo hago trampa con este argumento, ya que “lo [hago] pasar por un argumento central del anarcocapitalismo”: realmente no ha entendido que en mi artículo hay, entre otras cosas, una lista de argumentos problemáticos sin ningún orden particular, y sin evaluar si son centrales o no. Pero él necesita inventarse que lo veo como un argumento central, “agresivo, fuerte”, para hacerme el héroe triunfador ante un terrible enemigo: “nuestro cuñado-héroe desenvaina la espada contra el fiero enemigo armado y lo vence”.

Sobre el argumento de que la sociedad extensa funciona sin necesidad e Estado, Mondéjar escribe seis largos párrafos donde explica con cierta erudición qué es el anarcocapitalismo, con algunos ejemplos y defensores, todo ello de sobra conocido para cualquiera que conozca el tema. Se hace un pequeño lío al hablar de “las empresas [que] sería (sic) dueñas de un territorio. Este territorio puede ser a modo de comunidad de propietarios”: una comunidad de propietarios es una entidad jurídica caracterizada por colectivizar el disfrute o gestión de unos bienes y servicios comunes, pero no es una empresa que ofrece bienes y servicios a otros.

Su maniobra tramposa en este caso es de distracción de la atención, hablando un buen rato de algo que no era el asunto a discutir, que es la diferencia entre una sociedad extensa y un grupo específico. Yo había escrito esto:

La sociedad extensa no es lo mismo que un grupo delimitado específico: la sociedad extensa está constituida por una multiplicidad flexible de personas, grupos y relaciones entre los mismos, no tiene un interés común, ni fronteras o barreras de entrada y salida; un grupo tiene un interés común para sus miembros, mecanismos de identificación, límites y barreras de entrada y salida, y algún sistema de gobierno para gestionar sus activos comunes y el cumplimiento de sus funciones. Además un grupo sólo puede tener un gobierno centralizado, no puede tener varios potencialmente en conflicto: por ejemplo una comunidad de vecinos o un club deportivo sólo tienen una junta directiva; la naturaleza única o monopólica del gobierno no es una prohibición ilegítima de la competencia sino un requisito funcional.

Según Mondéjar:

Pues aquí llega Capella y suelta: «la naturaleza única o monopólica del gobierno no es una prohibición ilegítima de la competencia sino un requisito funcional». ¿Por qué? Capella no especifica. Simplemente, lo suelta y se queda tan ancho. ¡Típico de cuñados soltar la frase lapidaria sin un argumentario que lo respalde! A ver, Paco, ¿por qué en un territorio determinado no se podría reunir suficientes condiciones para hacer posible que materialmente haya un libre mercado de ordenamientos jurídicos?

Yo me refiero al gobierno de un grupo con una funcionalidad clara y Mondéjar habla de un territorio (quizás no entiende la diferencia): encima corta por la cara gran parte de la explicación y los ejemplos que según él no existen (o quizás es que no le valen como argumentos y por eso los esconde).

Sobre el argumento de que el Estado no existe resulta que yo tengo razón y Bastos se equivoca. Al final va a resultar que no hay tanto disparate por mi parte.

Sobre el argumento de que no hay o no puede haber ningún contrato para legitimar un Estado, Mondéjar cree que me ando por las ramas (quizás su excusa para no esforzarse en entender y analizar los argumentos) y se inventa que creo que “no es necesario explicitar tal contrato social”, naturalmente sin dar ninguna cita para demostrarlo. Este es un tema complejo (incluye la evolución espontánea de las normas en los grupos y todo el contractualismo ético de Rawls), pero lo despacha rápidamente y sin más asegurando que “tal contrato social no existe ni tan siquiera de forma implícita”.

Sobre el argumento de que el Estado no puede determinar qué cantidad y calidad de servicios de seguridad es óptima, Mondéjar me recomienda de forma paternalista que no use términos absolutos, lo cual naturalmente no he hecho, y luego plantea que los colectivos de defensa sean sociedades por acciones: de nuevo no ve la diferencia entre una comunidad de bienes y convivencia (donde no puedes vender tu participación, como mucho puedes irte) y un grupo de socios que se constituye para un proyecto empresarial de prestación de servicios o producción de bienes para terceros.

Sobre el argumento de que la defensa puede ser proporcionada por mercenarios o por asociaciones de entidades políticamente independientes, Mondéjar afirma estar bastante de acuerdo conmigo, pero luego se lía buscando pegas y hablando de ciudades (las cuales yo he mencionado), ejércitos (igualmente) y su posible carácter privado: menciona que Singapur es una ciudad con un ejército, sí, pero resulta que también es un Estado, no es un territorio privado en absoluto.

No sé si el problema de Mondéjar es la falta de inteligencia o la desvergüenza (o tal vez sí lo sé):

[…] es falso pensar que con anarcocapitalismo no habría ejércitos y solo mercenarios y guerrillas. Por último, una guerra puede justificar una organización central mayor entre unidades. Una guerra puede hacer que diversos territorios se unan en una entidad superior para defenderse. Pero, nuestro Estado actual no está justificado por una guerra exterior. Ahora tú te escondes en una patraña, mi querido Capella.

¿He afirmado yo en algún sitio que con el anarcocapitalismo no habría ejércitos y solo mercenarios y guerrillas? ¿He afirmado yo que el Estado actual esté justificado por una guerra exterior? ¿Y acaso no he escrito yo mismo que la guerra provoca las uniones y organizaciones de mayor tamaño? ¿Dónde está la patraña? ¿Sabe Mondéjar lo que es el fenómeno psicológico de la proyección? ¿Cree el ladrón que todos son de su condición?

En sus conclusiones Mondéjar describe de forma muy simplista lo que para él es el anarcocapitalismo (poder elegir) y vuelve a acusarme de ser responsable de una “burda representación”, que naturalmente él se ha encargado de inventar.

Si entiendes, querido cuñado, que el anarcocapitalismo es la sarta de perversiones del economista Murray Rothbard, entonces sí: ¡por favor, que nos conquisten y nos domine un Estado!

Mondéjar no sólo tiene serios problemas con la inteligencia, el rigor y la honestidad intelectual: además tampoco tiene gracia; pero esto último podría ser una apreciación particular mía, un problema subjetivo de falta de sentido del humor.

O quizás, vaya usted a saber… es él el cuñao.

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