Respuesta a José Hernández Cabrera sobre el anarcocapitalismo

José Hernández Cabrera cree que comienzo mal mi artículo Más problemas del anarcocapitalismo porque afirmo que “Independientemente de la corrección o validez de sus ideas, el anarcocapitalismo es una teoría política (o antipolítica) extrema, muy minoritaria, y con un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores”.

¿Por qué le parece un mal comienzo? Según él:

Mal comienzo sin duda porque la esencia de un debate intelectual, precisamente, es la corrección y validez de los argumentos presentados y no el número de seguidores que tengan ciertas ideas.

No hay duda de que es un mal comienzo: es algo apodíctico, de certeza absoluta; las valoraciones resultan no ser subjetivas. Parece que sólo se puede hablar de las ideas, de su corrección y validez (o incorrección o invalidez), y no de cuánta gente las defiende, qué tipo de gente las defiende, o por qué lo hace: la sociología y psicología de las ideas y la cultura no existen o está mal hablar de ellas; típico de cierto sector austriaco integrista.

No es epistemológicamente aceptable apelar a una pretensión democrática de la verdad, regla que nuestro autor evidentemente olvida cuando se trata de comparar el número de liberales con el de socialistas.

Que Hernández Cabrera pretenda darme lecciones de epistemología me parece un poco atrevido a la par que divertido. Además me acusa de “apelar a una pretensión democrática de la verdad”, lo cual no he hecho en absoluto: se lo está inventando con bastante desfachatez o quizás tiene problemas de comprensión lectora. Lo que he hecho es resaltar que, independientemente de que sus ideas sean verdaderas o falsas, correctas o incorrectas (algo que se analiza en parte luego en el artículo), los anarcocapitalistas son pocos y muchos tienen, a mi juicio por los muchos años que llevo tratándolos muy de cerca, ciertos rasgos de fanatismo e ingenuidad (y no soy yo el único que lo ve así). Y que cuando te equivocas con fanatismo puedes causar graves problemas y quedar en ridículo.

Hace pocas semanas Capella impartió en Málaga una magnífica conferencia TEDx donde afirmaba que la ausencia de libertad –el socialismo– era imposible que funcionara (Mises, 1920), por eso, no entendemos que ahora diga, de otro modo y en otro foro, que un “poquito” de socialismo (minarquismo) sí es posible porque la ausencia total de socialismo (anarcocapitalismo) no es posible. ¿Ustedes entienden esto?

Muchas gracias por su amable buena valoración de mi charla TED. Sin embargo yo no he dicho ni escrito que el anarcocapitalismo no sea posible, ni que el minarquismo sea posible (ni deseable), sino que me he concentrado en ver los problemas que tienen ciertos argumentos de defensa del anarcocapitalismo (como también los tienen los que defienden el minarquismo). En vez de posibilidad o imposibilidad prefiero hablar de dificultades y problemas de implementación concreta.

Además el minarquismo no es un poquito de socialismo: el socialismo es la planificación centralizada y coactiva de toda una sociedad y su economía, la propiedad estatal o pública de todos los medios de producción; el minarquismo sólo insiste en la necesidad de un Estado mínimo para mantener una sociedad ordenada ante ataques externos (defensa) y desórdenes internos (policía, justicia) y defender la propiedad privada y el cumplimiento de los acuerdos contractuales. Hernández Cabrera busca una contradicción donde no la hay.

Cuando di esa misma charla con más calma y tiempo en la universidad de verano del IJM le pedí a la gente que se fijara en un tema importante sobre la oposición o las pegas a la libertad que yo intencionalmente no iba a mencionar pero que es importante: nadie lo vio, o al menos nadie dijo nada al respecto, y es el tema de los bienes públicos, entre los cuales está o puede estar la defensa y el aparato estatal mínimo que los minarquistas insisten que es necesario para el mantenimiento del orden, la gestión de lo común y la provisión de los bienes públicos necesarios.

A la pregunta de si ustedes entienden esto, espero que esos lectores inteligentes que el Herald Post dice tener contesten que sí: una charla TEDx se da en 18 minutos a gente que quizás no haya oído hablar del liberalismo con ninguna profundidad, ni de por qué el socialismo no puede funcionar; una conferencia o un artículo en el Instituto Juan de Mariana tienen otra extensión y otro público con una formación y un contexto compartido muy diferentes.

De todos modos cuando Hernández Cabrera dice que él no entiende algo, yo le creo: quizás deba estudiarlo y pensarlo un poco mejor. Lo que me resulta extraño es que use la primera persona del plural para afirmar que son varios los que no lo entienden: ¿en nombre de quiénes más escribe?; ¿o está simplemente usando un plural mayestático para aparentar que no es él solo quien escribe y no entiende?

Apelando al argumento de Thomas Hobbesel hombre es un lobo para el hombre– Capella opina que el monopolio de la violencia estatal es un mal menor que debemos asumir y, por ello, algunos sectores económicos como Defensa, Seguridad y Justicia deben seguir en manos de un “Gran Lobo” que es más fiable que muchos pequeños lobos actuando libremente en el mercado.

¿Podría Hernández Cabrera señalar alguna cita o referencia mía en la que me base en Hobbes y apele a ese argumento y mencione a los lobos grandes y pequeños? Seguramente no puede porque se lo está inventando, igual que se inventa que yo opine que “la violencia estatal es un mal menor que debemos asumir”. Esa frase es muy distinta de esta otra que tiene más sentido: “tal vez (hipótesis, posibilidad a estudiar, o sea algo no apodíctico) el Estado es un mal menor necesario para sobrevivir como grupo en ciertas circunstancias”. De nuevo esto es un síntoma de serios problemas de comprensión lectora o de construcción de hombres de paja.

Continúa Hernández Cabrera diciendo que no va insistir en “la endeble teoría samuelsoniana de los bienes públicos, externalidades y free riders” como justificación de la existencia del Estado. Sin embargo que esas teorías tengan problemas, que los tienen, no quiere decir que sean totalmente inválidas, que no lo son, y tampoco que los argumentos a favor del anarcocapitalismo no tengan ningún problema, que los tienen. Es interesante cómo repite el ejemplo anecdótico de los fuegos artificiales como si con él se invalidara el asunto de los bienes públicos en todos los casos, al tiempo que evita cuidadosamente tratar específicamente el tema de la defensa… ¡cuando él es o ha sido militar profesional!

Especialmente preocupante es esta frase:

… si la gente demuestra cooperar económicamente, al margen del free rider, en asuntos poco relevantes para su vida, ¿por qué no habría de cooperar en otras cuestiones vitales?

¿Por qué me das una pequeña limosna pero no toda tu riqueza? ¿Por qué me ayudas a llevar esta maleta unos metros pero no con la mudanza de toda la casa al extranjero? ¿Por qué será que salimos con mucha gente pero nos casamos con muy pocos? ¿Por qué te asocias conmigo para un pequeño negocio pero no para uno mucho más grande?

¿Quizás porque los problemas de posibles riesgos, beneficios y costes son muy diferentes? ¿Porque una cosa es dar un poco de dinero y otra jugarte la vida? ¿Porque no se trata de si cooperar o no, sino de qué reglas, sistemas o instituciones de cooperación se usan según las circunstancias, si descentralizados y espontáneos o centralizados y planificados, y cuál es mejor en cada caso?

Sigue Hernández Cabrera protestando (methinks too much):

Lo que resulta inadmisible del artículo de Capella es su elenco de descalificaciones, algo impropio de quien imparte clases de comunicación de las ideas. Es una falacia ad hominem calificar a los ancaps como un grupo de “radicales”, “fanáticos”, “ingenuos”, “fundamentalistas”, “integristas” y “adolescentes inmaduros”.

Antes lo que yo hacía era “epistemológicamente inaceptable”: ahora es inadmisible e impropio; no es que no le guste a él de forma particular y subjetiva.

Me temo que Hernández Cabrera no domina lo que es una falacia ad hominem. Tampoco ha interpretado con cuidado lo que digo de “un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores” (del anarcocapitalismo): esto obviamente no los incluye a todos, como él parece sugerir, así que cualquiera puede asegurar que él no es de esos o simplemente que no comparte mi opinión. Lo de fanáticos no es necesariamente ningún insulto o descalificación: es simplemente alguien muy apasionado y entregado a algo; igual que lo de radical (que además aparece como adjetivo calificativo de la idea de anarcocapitalismo), que yo lo soy sin duda en muchas de mis ideas. Lo de ingenuos sí que pretende expresar que hay bastantes cosas de las que no se dan cuenta, como él mismo demuestra. Lo de adolescentes inmaduros es una descripción a mi juicio acertada de mucha gente a quienes les falta eso, madurar, desarrollar los lóbulos frontales ejecutivos y reflexionar de forma crítica e imparcial. El integrismo y el fundamentalismo los veo a menudo y llevo muchos años en esto: y no soy el único que los ve y critica.

El anarcocapitalismo, como decía Rothbard, no es otra cosa que llevar los principios de libertad, propiedad y no agresión hasta sus últimas consecuencias lógicas.

Sí, esto es muy obvio, pero conviene hacerlo bien y reconocer sus problemas y limitaciones. Y no sólo usar esa presunta lógica universal e infalible (la misma que lleva a Rothbard, Hoppe, Huerta de Soto y Bastos a la monumental pifia de la crítica a la reserva fraccionaria de la banca), sino también el sentido común, la crítica reflexiva y la observación de la realidad.

Vuelve a equivocarse Capella apelando a una supuesta evolución positiva del pensamiento que discurre desde posturas radicales hacia otras más equilibradas, como si ello fuera sinónimo de “progresismo” intelectual o como si la verdad estuviera en algún sitio intermedio entre ideas opuestas. El hecho es que muchos ancaps no lo fueron en sus tiempos mozos y sólo abrazaron la anarquía de mercado en su madurez intelectual, tal ha sido el caso de Rothbard, Hoppe, Huerta de Soto y Bastos, entre otros. Capella presume de haber “evolucionado” hacia la sensatez y de haber influido (tal vez) en Rallo en este sentido.

Parece obsesionado Hernández Cabrera en conseguir demostrar lo mucho que me equivoco, para lo cual no duda en inventarse lo que haga falta. El pensamiento humano puede mejorar o empeorar con el tiempo, y puede hacerlo radicalizándose o moderándose. Alguna gente madura con la edad, otros chochean o tienen crisis de segunda adolescencia. Yo no presumo de mi evolución o desarrollo (reconocer que uno se ha equivocado tiene su parte de humillación), sino que informo de los problemas que voy viendo, de las cosas que voy aprendiendo, y me critico a mí mismo si hace falta: y sí que me parezco a mí mismo bastante sensato en un ambiente en el que abundan las insensateces no corregidas y la repetición de mantras tópicos irreflexivos y superficiales.

5 respuestas a Respuesta a José Hernández Cabrera sobre el anarcocapitalismo

  1. Gracias por tu réplica. Algunas cuestiones que hemos tratado son discutibles. No quiero ser pesado, excepto en una cosa: Defensa, Seguridad y Justicia son monopolios estatales bajo planificación central, es decir, constituyen islas de socialismo dentro del Estado.

    • Francisco Capella dice:

      De nada. Según tu línea argumental, las empresas privadas, como tienen internamente planificación central, son ejemplos de socialismo, y además funcionan. Reservemos el término “socialismo” para lo que realmente es.

      • No mezclemos estos dos tipos de planificación. Precisamente porque el socialismo es un concepto político debes reservarlo a su ámbito estatal y no poner de ejemplo a las empresas privadas.

        Al fin y al cabo, todos planificamos. El taxista también planifica su trabajo y no por ello es un productor socialista.

        La cuestión no es si hay o no planificación, sino “quién” planifica “qué”. En el mercado tú planificas tu propio consumo, con tus propios recursos. Bajo el socialismo, otros planifican, con tu dinero, lo que forzosamente debes consumir.

        Todos los Estados, en menor o mayor medida, son socialistas. El socialismo es gradual.

      • Francisco Capella dice:

        El socialismo es un concepto político y económico. Lo político es lo que sucede cuando hay colectivos con intereses comunes y coordinación de la acción. Una empresa es un colectivo de accionistas y proveedores externos más o menos estables. El ejemplo que pones del mercado no vale porque sólo pones un individuo; en la empresa (en el mercado) los directivos planifican para que los trabajadores ejecuten.

  2. Lo importante no es el número de planificadores (da igual 1 que 100). Inditex no es una entidad socialista porque varios cientos de técnicos planifiquen el trabajo de muchos miles.

    Lo esencial es entender quién orienta (o dicta) el trabajo de los planificadores. Por ejemplo, el planificador de PROSEGUR debe servir los intereses de los consumidores mientras que el Estado Mayor de la Defensa sirve a los intereses del Gobierno.

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